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Mariana

Mariana

Status: Terminada
Genre:Terror / Completas
Popularitas:73
Nilai: 5
nombre de autor: Campos Fernando

Sara regresa a la granja de sus padres para cuidar a su madre en campania de su esposo Alejandro,
Al llegar Sara comienza a ver el fantasma de una niña en sus sueños y comienza a caminar dormida, despertando cada mañana, en un lugar diferente, cada vez más alejada de la granja
Alejandro pronto trata de investigar lo que esta pasando y poco a poco comienza a descubrir los oscuros secretos del pasado que oculta su Esposa

NovelToon tiene autorización de Campos Fernando para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

TAN CERCA DE LA VERDAD

La risa infantil resonaba en la habitación, un eco inquietante que se entrelazaba con el terror palpable en el aire. Sara, aún aferrada a Alejandro, sintió que su corazón latía con fuerza, como si intentara escapar de su pecho. "¿Qué está pasando?", murmuró, su voz apenas un susurro. Alejandro, con los ojos desorbitados, no podía apartar la vista del tablero de Ouija, que parecía brillar con una luz propia. "No lo sé, pero tenemos que salir de aquí", respondió, su tono lleno de urgencia.

De repente, como si el universo hubiera decidido devolver la calma, el estruendo cesó. La risa se desvaneció y las luces parpadearon suavemente, regresando a su estado normal. Sara se separó de Alejandro, aún temblando. "¿Qué fue eso?", preguntó, su voz temblando de miedo y confusión. "No lo sé, pero no puedo seguir así", replicó él, su mirada fija en ella. "Tienes que decirme qué está pasando, Sara. ¿Por qué Mariana quiere acercarse a ti?"

Sara frunció el ceño, su mente aún procesando lo ocurrido. "¿Por qué compraste la Ouija sin decírmelo, Alejandro?", exigió, su voz elevándose en un grito de indignación. "¡Es un juego peligroso! No deberías haberlo hecho". Alejandro se sintió acorralado. "Lo hice porque pensé que podríamos encontrar respuestas. No sabía que esto sucedería", respondió, su voz llena de frustración. "¡No se trata de respuestas! Se trata de tu falta de respeto hacia mí", replicó Sara, cruzando los brazos, su mirada fija en el suelo.

La tensión en la habitación era palpable. Alejandro se pasó una mano por el cabello, sintiendo la desesperación apoderarse de él. "Sara, no entiendo por qué estás tan enojada. Solo quería ayudarte", insistió, su tono más suave. "¿Ayudarme? ¿O querías jugar con fuerzas que no comprendes?", replicó ella, su voz temblando de rabia y miedo. "No puedes simplemente ignorar lo que hemos visto esta noche. Esto es real, Alejandro. Mariana es real".

Mientras la discusión continuaba, el teléfono de Alejandro sonó, interrumpiendo el clima tenso. "Es mi amigo, Carlos", dijo, mirando la pantalla. "Voy a contestar". Se alejó un poco, pero Sara podía escuchar su voz ansiosa. "¿Qué has encontrado sobre Víctor y Diego?", preguntó Alejandro, su expresión cambiando a una de preocupación. "¿Qué? ¿Ambos están muertos?", exclamó, su voz resonando en la habitación. Sara, al escuchar el nombre de sus amigos, se sintió helada.

Alejandro escuchó atentamente, su corazón acelerándose. "¿Un infarto a los 28 años? ¿Y Diego en una explosión?", murmuró, su mente girando en torno a la idea de que sus amigos de la infancia ya no estaban. "¿Entonces solo quedan Nazario y Sara?", preguntó, el tono de su voz ahora lleno de gravedad. "Sí, y Mariana parece tener un interés particular en ellos", dijo el amigo de Alejandro, su voz grave al otro lado de la línea. Alejandro sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Era posible que ellos fueran los siguientes en la lista de Mariana?

Descolgó el teléfono, su mente llena de imágenes de los dos amigos que habían compartido risas y secretos en la infancia. “Sara, tenemos que hablar”, dijo, volviendo a la habitación donde ella aún estaba, con los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo. “¿De qué?”, replicó ella, su voz aún cargada de desconfianza. “De Víctor y Diego. Están muertos. Carlos me lo acaba de decir”. La expresión de Sara se tornó sombría, y el aire se volvió aún más pesado entre ellos.

“¿Qué significa esto, Alejandro?”, preguntó, su voz ahora temblando de nuevo. “Significa que estamos solos”, respondió él, su mirada fija en ella. “Quiero decir, los únicos que quedan de su grupo eres tú y Nazario. Mariana quiere algo de ustedes, y no sé qué es, pero tengo miedo”. Sara sintió un nudo en el estómago, un miedo que la paralizaba. “No podemos dejar que esto nos consuma”, dijo, su voz más firme. “Pero ¿qué hacemos?”, preguntó Alejandro, sintiéndose impotente.

“Necesitamos respuestas. Quizás Morgana, la curandera del pueblo, pueda ayudarnos”, sugirió Sara, su mente trabajando rápidamente. Alejandro asintió, sintiendo que era la única opción viable. “Voy a hablar con ella. Hay algo que no le pudo decir a Sara, y necesito saber lo que Mariana quiere”, dijo, su voz llena de determinación. Mientras se preparaba para salir, sintió que el aire se volvía más denso a su alrededor, como si una sombra se cerniera sobre ellos.

La noche se había vuelto oscura y opresiva, y Alejandro se sintió pequeño ante la inmensidad de lo desconocido. Caminó hacia la puerta, sintiendo el peso de la Ouija en la mesa del estudio, como un recordatorio constante de que habían cruzado una línea peligrosa. “Sara, espera aquí. No quiero que te pase nada”, dijo, girándose hacia ella. “No voy a quedarme aquí sola”, replicó ella, su voz firme. “Si hay un peligro, quiero enfrentarlo contigo”.

Ambos se miraron, pero Alejandro insistió argumentando que no podía sufrir más emociones fuertes por su embarazo, sara aceptaría minutos después, Alejandro le prometería regresar con respuestas, pero una inquietante preocupación invadía a sara, como si tuviera miedo que algo se descubriera.

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