"...En un mundo dónde la magia es posible, hadas, dragones, brujas y magos. Dónde las princesas con bellos vestidos son felices al cuidado de su príncipe azul, existió un reino gobernado por una pareja de reyes que se amaban mutuamente.
La paz reinaba hasta que un día un malvado brujo de cabellos de plata quiso hacerse del reino y de la bellísima primera princesa..."
Fue una novela que Nick leyó para transformar su mundo por completo.
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Tensión y magia
La atmósfera casi se vovía sólida por la tensión entre el dragón y el brujo.
-Finalmente, eres mío.- Ambos repetían en su mente como un mantra.
No era un beso suave, era salvaje, reclamando por tan larga espera. Brante con el choque de fuego volcánico qué se contuvo mucho tiempo bajo las escamas y Nick responde con precisión gélida y elegante de su magnetismo lunar.
Se olvidaron completamente de la misión.
Los ojos del Emperador Dragón se transforman completamente a un dorado líquido con línea vertical negra, tan salvaje, como si quisiera devorarlo.
La luz del brujo brilla de manera lunar plateada, sus ojos se vuelven como el cosmos mismo, no retrocede, lo acepta como su depredador e igual.
Cada roce, cada caricia desprendían chispas, sus auras se mezclaban con tal precisión que se volvieron una. Las paredes de la gruta vibraban.
El dragón hacía caer la túnica de hilo de plata al suelo al mismo tiempo que besaba cada centímetro del cuerpo del brujo. Una vez que lo tuvo desnudo admiró su belleza solo un segundo, un cuerpo aparentemente frágil, pero con un gran poder ancestral, alterando el magnetismo del lugar.
Su piel, tan blanca como la porcelana fina, una luminiscencia lunar, fría al tacto, pero que irradia magia electrizante. Su cabello cae por su cuerpo como cascada de plata y mercurio, que refleja el fuego del dragón. Acostumbrado a tejer con sus hilos de plata mágica, sus dedos eran finos y largos. Mirarlo a los ojos en este momento de pasión era como perderse en una galaxia. Un cuerpo andrógeno que aparenta fragilidad pero con un poder infinito.
El dragón recorre el cuerpo del brujo con urgencia, dejando marcas de manera posesiva, dejando marcas rojas por doquier, como si el fuego intentara fundir el metal. Desciende por la mandíbula del brujo con besos hambrientos hasta llegar a su cuello, marcándolo con sus colmillos, reclamándolo suyo, escuchando muy de cerca los gemidos ahogados, haciendo eco en el lugar. Sus manos viajaban de un lado a otro, y sus besos se desviaban a sus delicados hombros, bajando hasta su pecho. El cuerpo andrógeno se eriza al sentir la sobrecarga de placer cuando sientes dedos asomarse en su entrada empanados con saliva, masajeaba de manera suave y fue introduciendo uno y luego dos más. Sólo con el movimiento de sus dedos el brujo llegó al climax por primera vez.
Brante, el dragón, musculatura poderosa y definida, un monumento de fuego y oro. En sus hombros, espalda y antebrazo se percibe pequeñas escamas de obsidiana cálidas al tacto. Sus hermosos ojos cambiaron en un pozo profundo de oro líquido con una pupila vertical qué cada vez que probaba la piel del Brujo de Plata se dilataban. Era como ver a una bestia devorando a su presa. Su melena negra caía por sus anchos hombros donde el brujo enredaba sus dedos.
Al conectar sus miradas el oro de sus ojos brillaban fundiéndose en el cosmos de Nick.
Luego de que el dragón preparó el cuerpo del brujo para la intromisión de su miembro, tomó sus muñecas con fuerza delicada para no lastimarlo y las sostuvo en el suelo de cristal.
-He esperado meses para este momento, abre más tus piernas.- Susurra en un gruñido bajo contra el oído de Nick. -Tu belleza lunar me vuelve loco.- Eran confesiones arrancadas por el fuego volcánico de su interior.
-Mi cuerpo de plata y mercurio necesita el calor del tuyo.- Apenas hablaba entre gemidos. -Te lo suplico dragón... cómeme.- Sin dudar expandió sus piernas aceptando a Brante.
Al momento de penetrarlo lo hizo lento para no lastimarlo y se mantuvo quieto por un momento.
-Muévete ahora, lo disfrutaré en un instante.- Ahogó un gemido el brujo.
Entre besos y caricias el ritmo del choque entre carnes fue en aumento. Nick arqueaba su espalda al sentir la electricidad recorrer su cuerpo mientras el dragón presionaba sus escamas en la piel blanquecina, sentía el gran miembro caliente y palpitante en su interior frío.
Cada embestida era rítmica y con urgencia reclamando pasión. El dragón se bebía el sudor y saliva de Nick. Era momento de cambiar de posición, tembloroso por la adrenalina el brujo se inclinó hacia el pene del dragón, sintiendo devoción en cada gesto, posó sus labios sobre el glande y lentamente se lo introdujo a la boca, tocaba con sus delicados dedos la piel caliente y sus ojos al hacer contacto brillaban de deseo. El éxtasis crecía con la conexión íntima, la adrenalina se mezcla con la pasión acumulada. Succionaba y daba pequeñas mordidas hasta donde alcanzó. El dragón disfrutaba del placer. Ya no pudo contenerse y se liberó en la boca del brujo. Ver que se escurrían sus semillas de la boca de Nick hizo que el fuego volviera a encenderse. Esta vez, el dragón comenzó a acariciar el miembro del brujo, despertaba oleadas de placer magnéticas al sentir la lengua que quemaba al recorrer desde la punta a la base, cada embestida tocaba más profundo en la garganta de Brante, se contuvo y empujó suavemente al dragón al suelo.
El brujo se monta y posiciona el miembro para que pueda entrar en su agujero.
-Siento el fuego palpitar dentro de mí.- Decía el brujo mientras introduce cada vez más adentro el pene del dragón.
El Emperador Dragón ruge desde su interior y toma las definidas caderas del Brujo de Plata, para empujar la suya hacia arriba haciendo que ambos se perdieran en el placer.
Fluidos corporales, lágrimas de placer con un toque de dolor, salivas y gemidos ahogados, el brujo estaba hecho un desastre y el dragón lo miraba como si fuera el tesoro que siempre buscó.
Estaban tan entregados que no vieron como La Piedra de Selania brillaba con luz cegadora, absorbiendo el aura de plata y fuego.
El dragón tenía sometido al brujo bajo él, besaba y mordía su espalda, de repente el cabello del brujo flota con el aire cargado de estática y las escamas del dragón se vuelven a un verde intenso y resplandeciente. Cuando el dragón observa, nota que pequeños pedazos de cristales orbitan a su alrededor, se debía a la tensión y la magia. Llegaron juntos al clímax.
Sus cuerpos conectados convulsionaban. Nick se voltea para unir su boca al del dragón. Y siguieron entregándose al deseo y placer hasta la mañana siguiente.
que le isieron ?