en un mundo alternó, entre guerras de imperios la pas solo se logrará con alianzas matrimoniales y Zaidymar decide sacrificarse por su padre y hermano.
el emperador del reino frio casi los mata en la batalla y ahora ese emperador lo que más desea es matar a su padre.
no pudo humillarlo en el campo de batalla, pero tratará de hacerlo con su hija, verlos arrodillados a sus pies es lo que más desea.
¿lo logrará o Zaidymar será su dolor de cabeza?
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CAPÍTULO 12
Zaidymar no esperaba llegar a los aposentos de Dante y se dio cuenta que era su habitación porque en una de las sillas estaba la ropa con que lo miro la última vez que estuvo con él.
Daba gracias a que él no estuviera ahí, pero tenía que salir rápido, alejarse de ese lugar; estaba por darse media vuelta cuando escucho la voz de Dante diciendo.
-Despide a esa mujer, no la quiero volver a ver, es alguien molesta y lo que hoy paso en el despacho, si alguien más lo intenta lo matare sin contemplaciones, díselo a todos para que piensen en sus acciones futuras y no me molesten. –
Zaidymar rápido empieza a ver a todos lados para ver donde esconderse, estaba desesperada, no encontraba donde meterse para que no la viera, solo le quedo ir a la ventana.
La cortina llegaba hasta suelo y eran gruesas, se escondió entre las cortinas, esperando que él no se diera cuenta, porque al escuchar su voz se dio cuenta que ya estaba de malas y si la miraba ahí eso no iba a ser nada bueno para ella.
Se quedo escondida, quieta para que no se diera cuenta de que estaba ahí y lo mejor era que podía ver todo el lugar desde donde estaba; quedo justo en donde las dos cortinas se unían, mira cuando Dante entra y el ama de llaves entra detrás de él.
Dante respira profundamente al entrar a su habitación, por un momento se queda callado, había un olor diferente y le parecía familia, pero no recordaba donde lo había olido; mira todo el lugar, buscando de donde venia ese olor, pero todo parecía estar en orden, no había nada fuera de su lugar.
El amaba de llaves al verlo quieto sin moverse y mirando a todos lados, algo insegura le dice.
-Emperador, ¿Pasa algo? –
Dante sacude su cabeza para decirle que no y le ordena que llenen la tina de agua para bañarse.
El ama de llaves rápido hizo lo que le ordeno, salió de la habitación para ordenarle algunos empelados para acarrea el agua y calentar el agua; en el momento que Dante se quedó solo, se sentó en una de las sillas que estaban alrededor de una mesa redonda que estaba enfrente de su cama.
Se quito las botas y se recarga en el respaldo de la silla, cierra sus ojos en ese momento pensó «maldita sea no puedo dejar de pensar en esa maldita mujer, deseo tanto volver a probar esos labios, quiero tanto tenerla entre mis brazos y ese olor tan dulce que tiene me encanta.
Ahora que lo pienso bien es el mismo olor que estaba en la habitación cuando entre, ahora si que estoy perdiendo la cabeza, es imposible que ella estuviera aquí; tal vez debería ir a verla para asegurarme de que no desobedezca mis ordenes, tiene que quedarse en esa torre, sino lo hace esta vez sí pienso castigarla, ya no le puedo permitir tantas insolencias»
Sus pensamientos fueron interrumpidos al momento que la puerta se abrió y entraron varios hombres con las cubetas de agua para llenar la tina; los miro entrar a la habitación que servía como baño, una vez que terminaron se retiraron dejándolo solo.
En el momento que la puerta se cerró Dante se empezó a quitar la ropa, empezó por la camisa. Zaidymar lo miraba sin despegarle la vista, le gustaba lo que miraba, tenía un cuerpo tan hermoso, tanto que ella no podía quitarle la vista de encima, contaba los cuadros de su abdomen, al mismo tiempo que mordía sus labios por el deseo que sentía.
Estaba encantada y en ese momento cuando él estaba por quitarse el pantalón, ella sin querer jala la cortina se la trajo encima, cayó al suelo, el golpe en sus rodillas la hizo gritar por el dolor.
Dante se acerca a ver quién era, la cortina la había cubierto, tomo su daga que siempre traia con él, metida en su bota; quita la cortina de golpe, se sorprende al verla.
Al mirarla se da cuenta que su nariz estaba sangrando, preocupado la levanta en sus brazos la sienta en una de las sillas, y toma su pañuelo, se lo pone en su nariz para detener el sangrado.
Ella se le queda mirando, le parecía lindo verlo así de preocupado, no esperaba que tuviera ese lado tan lindo; se quedó quieta, dejo que la cuidara y esperando que le dijera algo, estaba tan emocionada que por un momento se le olvido que había entrado a sus aposentes sin su permiso, que debía estar preocupada por lo que pudiera hacerle por que nuevamente había desobedecido sus órdenes.
Pasaron casi 20 minutos y cuando se dio cuenta de que ya estaba bien, se sintió aliviado, no entendía lo que le pasaba, pero le dolió verla sangrando, fue todo tan rápido que no se dio ni cuenta de la angustia que sintió al verla así; estaba parado a su lado y en el momento que quita el pañuelo de su nariz sus miradas se cruzaron.
Esa hermosa mujer de ojos grises lo hacían suspirar sin razón, acaricia su rostro hasta llegar a su cabello, ese color rojo era tan intenso que se parecía al fuego; tomo un mecho y lo acerco a su nariz, su olor era embriagador, le gustaba en ese momento la escucho decir.
-este lugar es bastante grande, me gusta y tú eres mi hombre, deberías de ser considerado, intercambiemos.
Tú te vas a la torre y yo me quedo en este lugar, recuerda soy mujer, necesito más comodidades, más cuidados de parte de mi hombre; mírame por los malos cuidados que me das ahora sangro de mi nariz, esto debe ser por debilidad, por el exceso de trabajo y ese frio que me atormenta todo el día en esa torre abandonada, que tiene hoyos por todos lados, dejando que lo caliente de la chimenea se escape.
Anoche estaba haciendo tanto frio, que mi doncella y yo tuvimos que dormir a un lado de la chimenea para poder calentarnos, el suelo estaba frio, duro, fue una tortura para nosotros; se supone que soy tu concubina, deberías tratarme bien y consentirme un poco, tal vez no soy tu favorita, pero si me dejas puedo hacerte sentir bien. –
Dante se le queda mirando, pensaba que su cinismo era cada vez más descarado, pero extrañamente no le molestaba, le gustaba ese carácter fuerte, que no le tuviera miedo y que siempre que lo mirara le sonreía como si realmente estuviera alegre de estar a su lado, eso lo hacía sentir feliz.
Zaidymar se le quedo mirando, le gustaba la forma en que la miraba y por primera vez lo mira sonreír, era tan seductor que sin pensarlo levanta su mano toca su rostro, con las yemas de sus dedos recorre sus cejas, sus ojos hasta llegar a sus labios.
Sin pensarlo dejándose llevar por el deseo, se levanta un poco, sus manos las pasa por su cuello y pega sus labios a los de él, quería otro beso, volver a probar ese sabor dulce, sentir esa vibración en su cuerpo.
Dante no se esperaba ese beso, pero era algo que había deseado, que soñaba por volver a tener, su invitación ¿Cómo podía despreciarla?