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La Orden De Montelupo II (Crónica Veraldi)

La Orden De Montelupo II (Crónica Veraldi)

Status: En proceso
Genre:Amor-odio
Popularitas:846
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

La Flor de los Veraldi
Clara, una dulce florista, se enamora de Alessio Veraldi, un mafioso de ojos verde olivo. Su relación es acechada por Maximiliano, el patriarca de la familia, quien desprecia el origen de Clara y cuenta con la complicidad silenciosa de Bianca, la gemela de ojos grises de Alessio.
Al descubrir que Clara está embarazada, Maximiliano la obliga a desaparecer bajo una identidad falsa a cambio de dinero. Años después, la frágil joven se ha transformado en una loba implacable: una madre poderosa que ha criado a su hijo en las sombras, lista para volver y enfrentar el imperio que intentó destruirla.

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XIX- el aliento del desierto

El aire que me recibió al bajar del jet en Dubái no era aire; era una bofetada de fuego seco que cargaba el olor a queroseno y a dinero antiguo. El asfalto de la pista privada vibraba bajo el sol implacable de los Emiratos Árabes Unidos. Ajusté mis gafas de sol, sintiendo el peso de mi traje a medida, mientras una hilera de camionetas negras blindadas nos esperaba con los motores en marcha.

A mi lado, dos de mis mejores hombres cargaban los maletines con la tecnología de encriptación. Pero mi mente, traicionera, seguía en esa florería. Sacudí la cabeza. Aquí no era Alessio el hombre que extrañaba a su ratoncito; aquí era el heredero Veraldi, el carnicero de Europa.

Llegamos a la fortaleza privada de Malik Al-Fayed. El lugar era una oda al exceso: mármol blanco, fuentes que desafiaban al desierto y guardias armados con rifles chapados en oro. Malik me esperaba en una terraza que dominaba el horizonte de rascacielos.

—Welcome to my sanctuary, Alessio. You look like a man who has traveled a long way to bury a ghost, —dijo Malik, extendiendo una mano adornada con un anillo de rubí del tamaño de un ojo humano.

(Traducción: Bienvenido a mi santuario, Alessio. Pareces un hombre que ha viajado un largo camino para enterrar a un fantasma).

Me tensé. Malik siempre había tenido una intuición peligrosa.

—I didn’t come here for ghosts, Malik. I came for business. Let’s talk about the shipment, —respondí, sentándome frente a él con una frialdad absoluta.

(Traducción: No vine aquí por fantasmas, Malik. Vine por negocios. Hablemos del cargamento).

Malik sonrió, una expresión de hiena que nunca llegaba a sus ojos. Hizo una seña y sus hombres desplegaron los mapas de las rutas marítimas.

—My men are burning through the supply. I need the synthetic heroin to be increased by forty percent this month. And the anti-tank missiles... I want the new Veraldi models, those that can pierce through any armor, —exigió, mientras un sirviente nos servía café amargo.

(Traducción: Mis hombres están consumiendo los suministros rápido. Necesito que la heroína sintética aumente un cuarenta por ciento este mes. Y los misiles antitanque... quiero los nuevos modelos Veraldi, esos que pueden atravesar cualquier blindaje).

—The price for that level of firepower is steep, Malik. We need new laundering hubs in Cyprus to move the cash. If you provide the territory, the Veraldi family will provide the sting, —le dije, inclinándome hacia adelante, mi voz resonando con la autoridad de mi padre.

(Traducción: El precio por ese nivel de potencia de fuego es alto, Malik. Necesitamos nuevos centros de lavado en Chipre para mover el efectivo. Si tú pones el territorio, la familia Veraldi pondrá el aguijón).

—Agreed. But remember, Alessio... a king with a distracted heart is a king with a target on his back. Don’t let your personal affairs stain our gold, —sentenció él, mirándome fijamente.

(Traducción: De acuerdo. Pero recuerda, Alessio... un rey con el corazón distraído es un rey con un blanco en su espalda. No dejes que tus asuntos personales manchen nuestro oro).

Apreté la mandíbula. El trato estaba cerrado. Millones de dólares, toneladas de veneno y acero iban a empezar a moverse por el mundo bajo mis órdenes. Pero mientras Malik hablaba de misiles, yo solo podía pensar en que, a miles de kilómetros de aquí, ese "corazón distraído" seguía latiendo con el nombre de Clara.

(dos horas despues)

La noche en Dubái cayó como un manto de seda negra sobre el desierto, pero dentro del palacio de Malik, el mundo ardía en un exceso que rozaba lo pecaminoso. El aire estaba pesado con el aroma del sándalo, el narguile y el perfume de las mujeres que Malik consideraba simples accesorios de su poder.

Me encontraba en un salón privado, rodeado de cojines bordados en oro y botellas de cristal que valían más que la vida de cualquier hombre común. Malik se reclinó, observando cómo un grupo de mujeres de bellezas exóticas —traídas de cada rincón del mapa— bailaban para nosotros con movimientos lentos y sugerentes.

—Forget the cold winds of Europe, Alessio. Tonight, you are in the land of fire, —dijo Malik, haciendo una seña hacia dos mujeres de ojos almendrados que se acercaron a mí—. These are my gifts to you. They are trained to make a man forget even his own name. Let them erase whatever is haunting your mind.

(Traducción: Olvida los vientos fríos de Europa, Alessio. Esta noche, estás en la tierra del fuego. Estos son mis regalos para ti. Están entrenadas para hacer que un hombre olvide incluso su propio nombre. Deja que ellas borren cualquier cosa que esté acechando tu mente).

Una de ellas deslizó su mano por mi hombro, sus dedos rozando la tela de mi camisa con una delicadeza experta. Me miró con una devoción artificial que me revolvió el estómago. Sentí mis 34 centímetros reaccionar por puro instinto biológico, pero mi mente estaba en otro lugar, en una florería polvorienta con olor a jazmín.

—I appreciate the hospitality, Malik. But my mind is always on the numbers, —respondí, apartando suavemente la mano de la mujer mientras me servía más whisky—. Let’s finalize the cut. I want thirty-four percent of the total revenue from the new routes. No less.

(Traducción: Agradezco la hospitalidad, Malik. Pero mi mente siempre está en los números. Finalicemos la parte. Quiero el treinta y cuatro por ciento de los ingresos totales de las nuevas rutas. Nada menos).

Malik soltó una carcajada que resonó en las paredes de mármol. Me miró con una mezcla de respeto y advertencia.

—Thirty-four percent? That is a lion’s share, Alessio. You are as greedy as your father, —dijo, pero luego asintió lentamente—. Fine. Since you refuse my "distractions" and stay focused on the gold, you shall have it. Thirty-four percent for the Veraldi family. The deal is sealed in blood and profit.

(Traducción: ¿Treinta y cuatro por ciento? Esa es la parte del león, Alessio. Eres tan codicioso como tu padre. Está bien. Ya que rechazas mis "distracciones" y te mantienes enfocado en el oro, lo tendrás. Treinta y cuatro por ciento para la familia Veraldi. El trato está cerrado en sangre y ganancias).

Él levantó su copa hacia mí. Yo choqué la mía, sintiendo el triunfo del negocio, pero el vacío en mi pecho seguía ahí, intacto. Las mujeres seguían bailando, intentando seducirme con miradas que no significaban nada. Podía tener a cualquiera de ellas, podía tener el mundo a mis pies y el 34% de una fortuna incalculable en mis bolsillos.

Pero mientras el alcohol quemaba mi garganta, lo único que podía pensar era que daría cada maldito porcentaje de este trato solo por sentir, una vez más, el desprecio real y ardiente en los ojos verdes de mi ratoncito.

(horas despues)

El salón privado se sentía cada vez más sofocante. Una de las mujeres, una belleza de rasgos persas con piel del color de la miel y ojos que prometían pecados que aún no se habían inventado, se arrodilló entre mis piernas. Sus dedos expertos desabrocharon mi cinturón mientras Malik observaba con una sonrisa de suficiencia.

—You are too tense, Alessio, —susurró ella, su aliento cálido golpeando mi regazo—. Let me take you to the suite. I will show you that there are heavens you haven’t visited yet.

(Traducción: Estás demasiado tenso, Alessio. Déjame llevarte a la suite. Te mostraré que hay cielos que aún no has visitado).

Me puse de pie, ignorando la risa de Malik, y la tomé del brazo con una brusquedad que la hizo soltar un jadeo excitado. Necesitaba apagar el incendio en mi cabeza. En cuanto entramos en la suite de mármol y seda, la empujé contra la puerta y le arranqué la seda que cubría su cuerpo.

No hubo ternura. No hubo jazmín. Solo carne y necesidad.

—Forget everything else. Tonight, I am your god, —gruñí, bajando sus manos para que sintiera la magnitud de mi erección.

(Traducción: Olvida todo lo demás. Esta noche, yo soy tu dios).

La tiré sobre la cama de hilos de oro y me deshice de mi ropa. Mis 34 centímetros saltaron, vibrando con una furia contenida. Ella abrió los ojos de par en par, soltando un gemido de pura anticipación. Me puse entre sus piernas y, sin preámbulos, la penetré con una estocada brutal que la hizo arquear la espalda y gritar hacia el techo artesonado.

—Oh God, Alessio! You are tearing me apart... Give me more! —gritaba ella, sus uñas clavándose en mis glúteos.

(Traducción: ¡Oh Dios, Alessio! Me estás partiendo... ¡Dame más!).

En ese momento, el recuerdo de Clara se evaporó. Su rostro, su traición, su maldito aroma... todo fue reemplazado por la visión de esta mujer devorando mi verga. La giré, poniéndola en cuatro, y la agarré del cabello para inclinar su cabeza hacia atrás. La embestí con una violencia animal, cada golpe de mi pelvis contra sus nalgas sonaba como un latigazo en la habitación silenciosa.

—Is this what you wanted? Tell me how it feels to be filled by a Veraldi! —le exigí, mi voz rota por el esfuerzo.

(Traducción: ¿Es esto lo que querías? ¡Dime qué se siente ser llenada por un Veraldi!).

—It’s too much... it’s perfect! Fuck me harder, please! —suplicaba ella, mientras su coño me apretaba con espasmos frenéticos.

(Traducción: Es demasiado... ¡es perfecto! ¡Fóllame más duro, por favor!).

Cambié de posición, subiendo sus piernas a mis hombros para entrar todavía más profundo, sintiendo cómo mi glande golpeaba su cuello uterino. La follé sin piedad, perdiendo la noción del tiempo y del espacio. No había amor, no había odio, solo el éxtasis químico de mis 34 centímetros reclamando su tributo. Me corrí dentro de ella con una descarga violenta que me dejó vacío, mi semen inundándola mientras ella colapsaba en un clímax que la dejó temblando.

Me desplomé a su lado, sudoroso y agitado. Por primera vez en semanas, mi mente estaba en blanco. No había ratoncitos. No había flores. Solo el silencio del desierto y el sabor amargo de una victoria que, aunque carnal, me hacía sentir que finalmente volvía a tener el control.

El eco de los gemidos aún flotaba en el aire de la suite cuando ella se arrastró por la cama, su piel húmeda rozando la mía. No se alejó para buscar refugio en las sábanas; en cambio, se montó a horcajadas sobre mis muslos, obligándome a mirarla. Sus ojos persas brillaban con una malicia suave mientras sus dedos trazaban círculos sobre mi pecho, justo encima del corazón.

—You are a mountain of a man, Alessio... —susurró ella, inclinándose hasta que sus labios rozaron mi oreja—. But Malik wants you to know something. He said that a man who can conquer himself is more powerful than a man who conquers cities. He told me to tell you that the "rat" in the basement has already been dealt with. The path is clear for your empire.

(Traducción: Eres una montaña de hombre, Alessio... Pero Malik quiere que sepas algo. Dijo que un hombre que puede conquistarse a sí mismo es más poderoso que un hombre que conquista ciudades. Me dijo que te dijera que la "rata" en el sótano ya ha sido atendida. El camino está despejado para tu imperio).

Me quedé helado por un segundo. Sabía a qué se refería. Malik no dejaba cabos sueltos, y si había decidido limpiar mis problemas por mí, el trato del 34% acababa de volverse mucho más sangriento. Pero lo que sucedió después fue lo que realmente rompió mis propias reglas.

Ella me tomó de la mandíbula y me obligó a bajar la cabeza. Me besó. No fue un beso mecánico de una mujer pagada; fue un beso cargado de un hambre real, lento y profundo. Y yo, el hombre que nunca permitía que nadie se acercara lo suficiente como para tocar mis labios después del sexo, el hombre que guardaba esa intimidad bajo llave, me dejé llevar.

Sentí una ligereza extraña. Mi mente estaba limpia, como si el desierto hubiera soplado y borrado cada rastro de esos ojos verdes y ese perfume de jazmín que me atormentaba. Ya no había espacio para recuerdos débiles. El vacío había sido llenado por el poder y la carne.

Incliné la cabeza y, por primera vez en años con una extraña, sonreí en medio del beso. Una sonrisa ladeada, oscura y llena de una satisfacción nueva.

—Tell Malik that I appreciate his efficiency, —dije contra sus labios, mi voz vibrando con una confianza renovada—. And tell him that from now on, there are no distractions. Only the crown.

(Traducción: Dile a Malik que agradezco su eficiencia. Y dile que a partir de ahora, no hay distracciones. Solo la corona).

La volví a tumbar en el colchón, mis 34 centímetros despertando de nuevo ante la idea de este nuevo mundo donde yo era el único dueño de mis deseos. El pasado estaba muerto, enterrado bajo las dunas de Dubái. Me sentía invencible, libre de las cadenas de un sentimiento que nunca debí permitirme.

—Kiss me again, —le ordené en un susurro ronco—. I want to taste the future.

(Traducción: Bésame otra vez. Quiero saborear el futuro).

La mención de Malik sobre la "rata en el sótano" no era una metáfora sobre el tipo de la fundición; era algo mucho más antiguo, una herida infectada que finalmente había sido extirpada. Mientras la mujer seguía recorriendo mi piel con sus labios, mi mente se fijó en un solo nombre: Vincenzo Scalia.

Vincenzo. El hombre que durante años se había movido en las sombras de nuestra organización como un parásito inteligente. No era un soldado, era un manipulador de guante blanco, el tipo de serpiente que siempre lograba poner a mis propios hombres en mi contra con susurros venenosos a mis espaldas. Él fue quien filtró las rutas de transporte en los muelles hace tres años, el que causó que perdiéramos un cargamento millonario y, lo que era peor, el que casi logra que Maximiliano dudara de mi capacidad para liderar.

—So, Scalia is finally gone... —murmuré contra los labios de la mujer, sintiendo una oleada de alivio que me hizo soltar una carcajada baja y peligrosa—. That snake thought he could hide in the desert forever.

(Traducción: Así que Scalia finalmente se ha ido... Esa serpiente pensó que podría esconderse en el desierto para siempre).

—Malik doesn't like competition, Alessio, —respondió ella, besando mi mandíbula mientras yo sonreía con una satisfacción gélida—. And he likes his partners to have a clear mind. No more whispers, no more traitors.

(Traducción: A Malik no le gusta la competencia, Alessio. Y le gusta que sus socios tengan la mente clara. No más susurros, no más traidores).

Me dejé besar, disfrutando de la sensación de victoria. Vincenzo Scalia había sido el arquitecto de mis peores dolores de cabeza, el hombre que manipulaba cada situación para hacerme quedar como un heredero impulsivo ante los ojos de los otros clanes. Saber que Malik lo había localizado y eliminado en su propio territorio era el mejor regalo de bodas de sangre que podía recibir.

Mi mente estaba ahora en un estado de claridad absoluta. Sin Scalia moviendo los hilos y con mi deseo saciado en esta cama, sentía que recuperaba el trono de mi propia psique. Los problemas que antes me parecían montañas, como esa florería y su dueña, ahora me parecían simples hormigas que podía aplastar en cualquier momento o, mejor aún, ignorar desde mi altura.

—You’ve done well, —le dije a la chica, atrapando su labio inferior entre mis dientes en un gesto posesivo—. Now, make me forget that the word "mercy" ever existed.

(Traducción: Lo has hecho bien. Ahora, hazme olvidar que la palabra "misericordia" alguna vez existió).

La volví a poseer con una fuerza renovada, celebrando la muerte de mi mayor enemigo personal. Los 34 centímetros de poder que me definían golpeaban contra ella con el ritmo de un martillo hidráulico. Scalia estaba muerto. El trato estaba cerrado. Y yo, Alessio Veraldi, finalmente volvía a ser el monstruo perfecto que el imperio necesitaba.

Clara:

El aroma de los lirios y el jazmín era lo único que mantenía mis nervios en su sitio. Habían pasado días desde que Alessio se fue, y aunque intentaba convencerme de que el aire era más puro sin él, mi cuerpo me seguía traicionando con espasmos de un recuerdo que no quería tener.

Estaba de espaldas, acomodando unos helechos, cuando la campanilla anunció un nuevo cliente. Me giré con mi mejor sonrisa profesional, pero esta se congeló al instante.

Bianca Veraldi estaba allí, de pie entre mis flores.

Su sola presencia gritaba peligro y sofisticación. Vestía un traje de seda color marfil que contrastaba con su cabello oscuro y esa mirada que parecía estar escaneando cada rincón de mi alma para encontrar una debilidad. Mi corazón empezó a latir con fuerza, pero esta vez era por puro instinto de supervivencia.

—Una sola rosa, Clara —dijo ella, su voz suave pero con un filo de autoridad—. La más roja que tengas.

Caminé hacia el expositor con las manos temblorosas y elegí una rosa perfecta, de un carmesí tan intenso que parecía sangrar. Se la extendí con cautela, esperando el veneno, la amenaza o el recordatorio de que seguía bajo su vigilancia.

—Es para ti —soltó ella, sin tomar la flor, mirándome fijamente a los ojos—. En realidad, vengo a decirte algo que... bueno, que él no sería capaz de decir con palabras.

Me quedé inmóvil, sosteniendo la rosa entre las dos.

—Alessio me pidió que te pidiera perdón, de su parte —continuó Bianca, y por un segundo vi una chispa de algo parecido a la empatía en sus ojos de acero—. Por todo. Por la irrupción, por las palabras, por no saber cómo dejar que el pasado sea pasado. Está lejos, tratando de ser el hombre que la familia necesita, y quería que supieras que... lo siente.

El aire se escapó de mis pulmones. ¿Alessio Veraldi pidiendo perdón? Era lo último que esperaba de un monstruo como él. Por un momento, el nudo en mi pecho se aflojó. Sentí que, tal vez, esa distancia en Dubái le estaba devolviendo un rastro de humanidad, o al menos el suficiente juicio para saber que me había roto.

—Acepto sus disculpas, Bianca —respondí, bajando la vista hacia la rosa—. Dile que se agradece el gesto.

Bianca asintió, satisfecha, y dejó un billete de cien dólares sobre el mostrador antes de dar media vuelta.

—Me alegra oírlo, Clara. Tal vez así todos podamos dormir mejor.

La vi salir y desaparecer en su coche blindado. Me quedé sola con la rosa roja en la mano. Acepté el perdón, sí, porque necesitaba esa paz para seguir respirando, para seguir con mi vida junto a Rocco. Pero mientras apretaba el tallo y sentía una espina clavándose en mi pulgar, la verdad volvió a quemarme por dentro.

Lo perdonaba, pero seguía odiándolo. Odiaba que un simple mensaje suyo pudiera desestabilizarme así. Odiaba que su hermana tuviera que dar la cara por él. Y sobre todo, odiaba que, a pesar del perdón y de la distancia, su nombre seguía siendo el único incendio que mis flores no podían apagar.

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Anonymous
me encantó!! bendiciones 🙏
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