Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
NovelToon tiene autorización de ArianQuino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
7.
Consiguió salir del comedor sin tantos problemas después de cenar.
Aunque todavía sentía los ojos de su hermano clavados en su espalda. Se preguntaba qué le había llamado tanto la atención como para no dejar de mirarla. Lo descubriría en otra ocasión, supuso. Volvió a su habitación, donde planeó seguir investigando.
Aun así, cuando se sentó en el escritorio, en lugar de volver a revisar las cosas de la maleta, tomó el celular viejo que aún estaba conectado a la corriente. El aparato había cargado en su totalidad y se encendió en cuanto apretó el botón del costado.
El fondo de bloqueo era la imagen de una ancianita junto a la original. Apenas el aparato agarró la señal del wifi de la casa, un montón de notificaciones cifradas llenaron la pantalla y el celular se congeló. Pasaron al menos 5 minutos hasta que la llegada de notificaciones cesó y el táctil volvió a funcionar.
Aunque estaba bloqueado, utilizó la misma contraseña que había conseguido antes del dispositivo más nuevo y el sistema lo aceptó.
Encontró muchas cosas allí. Empezando con el fondo de la pantalla principal tenía la imagen de lo que parecía el póster digital de una serie o película. El color y el tema de las aplicaciones estaban personalizados, incluso tenía un widget interactivo que jugaba con ellas y le robaba las notas de texto. También había muchas aplicaciones de streaming, de lectura y redes sociales.
Lo sorprendente para Julia es que conocía todas esas aplicaciones.
Cuando era joven, había estado muy metida en la comunidad fanática de más de una docena de medios audiovisuales. Con el tiempo, fue perdiendo interés en algunos de ellos o reduciendo la cantidad de consumo para convertirse en creadora del contenido fanático.
Incluso encontró las pestañas abiertas de sitios de dudosa seguridad digital y con anuncios subidos de tono por los márgenes. Cientos de pestañas.
Reconociendo a una amiga afín, se lanzó a su cama para explorar cómodamente todo el mundo interior de la original. Tenía demasiado contenido desconocido para ponerse al tanto ahora que estaba aquí, no podía desperdiciarlo en dormir.
...****************...
Fue mala idea.
Encontró una miniserie en sus archivos, tenía a un actor muy guapo y no pudo resistirse a mirar el primer episodio.
Pensó que como todavía no era medianoche y el primer capítulo duraba solo media hora, podría ver solo uno y dejar el resto para mañana. No solo fue mala idea, sino que también fue como intentar mentirse a sí misma. Cuando se acabaron los doce capítulos, la luz anaranjada del amanecer ya traspasaba las cortinas y hasta había conectado ambos celulares dos veces. La primera vez que se le apagó fue casi al final del tercer episodio, utilizó el más nuevo como remplazo mientras el viejo cargaba. El nuevo se quedó sin batería justo cuando estaba a mitad de la novena entrega y tuvo que volver a cambiar de dispositivo para seguir mirando.
La culpa cayó totalmente sobre sí misma cuando escuchó el primer movimiento en la casa y se encontró con que todavía no había pegado un ojo en toda la noche. Tuvo que poner una alarma para despertar en una hora. Rezó para no perdérsela antes de que el ama de llaves sirviera el desayuno.
Así que cuando despertó una hora después, con demasiado sueño y el cuerpo pesado, no fue ninguna sorpresa.
Se sentía tan agotada, que levantarse de la cama pareció más como arrastrar las anclas de un barco en lugar de extremidades. Peor fue cuando, después de asearse, se vio al espejo y notó las enormes ojeras oscuras que ocupaban la parte inferior de las cuencas del ojo. Estaba lejos de ser una persona decente para salir a la sociedad.
Sin embargo, con la bendición de tener una gran cantidad de cosméticos a mano, se cubrió las ojeras con corrector, pero después de ver la disparidad de colores, decidió dedicarle más tiempo y hacerse algo completo. Mientras se aplicaba el protector solar, pensó que tenía tiempo suficiente antes de que la llamaran a desayunar.
Julia estaba acostumbrada al maquillaje espeso. De esos que podían cambiar los rasgos de cualquier persona, de quien quisiera intentar vestirse como alguien más y personificar su existencia.
En su tiempo libre, había aprendido muchas técnicas para cambiar sus facciones para encajar mejor en los personajes. Le gustaba mucho. Aprendió colorimetría aplicada en maquillaje, vestuario y cabello por su cuenta. No tenía dinero para contratar a gente dedicada a eso, así que tenía que hacerlo todo ella misma.
El resultado fue un maquillaje algo recargado, pero con un estilo fresco y con tonalidades claras. También su vestuario fue elegido siguiendo un estilo que combinara con su maquillaje y peinado: un enterizo largo de tela fresca y sin mangas, con el cabello trenzado y recogido en la parte posterior de la cabeza. Todo combinado con una gargantilla, un par de pendientes a juego y un reloj pulsera.
En los cajones del baño había rizadores, planchas para el cabello y muchos otros accesorios que no sabía ni cómo usar.
Julia pensó que era una lástima. Se había emocionado con la cantidad de productos que siempre había querido probar, y ahora que los usó, parecía como si estuviera lista para salir a algún lado.
Un pensamiento voló por su mente antes de que pudiera atraparlo.
Bajó a la sala de estar, contenta con el clima que había sido misericordioso y le había dado una mañana agradable. Los empleados ya se movían de aquí para allá, arreglando floreros y limpiando superficies, con las ventanas abiertas para ventilar la casa con el frescor matutino.
En el comedor, estaba su hermano mayor bebiendo un café mientras leía algo en una tableta. Había tenido la idea de salir al jardín para recostarse en una de las reposeras hasta que estuviera el desayuno, pero el otro joven ya la había visto. Se vería muy descortés ignorarlo.
—Buenos días —le saludó apenas. La cara del hombre era bastante inexpresiva mientras escaneaba todo el atuendo de la chica.
Al notar la misma mirada de ayer, Julia se sintió molesta. Tuvo un impulso de tomar el tenedor y hacer algo para que dejara de mirar.
—Te ves bastante decente. —Asintió el hermano, sin siquiera devolver el saludo.
Efectivamente, quería golpearlo hasta que se le quitara lo grosero.