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Más Astuta Que Tú

Más Astuta Que Tú

Status: Terminada
Genre:Escuela / Timetravel / Venganza / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:290
Nilai: 5
nombre de autor: Klarina_za29

Aranza Jordán murió atropellada cuando huía de un matrimonio arreglado... y de un amigo que la dejó desangrándose en plena calle.

Despierta en el cuerpo de Renata Anastasia Salvatierra, la nieta consentida de dos de las familias más poderosas del país. El problema: Renata es el personaje de relleno de una novela que Aranza nunca terminó de leer, la chica ingenua que, en la historia original, acaba muerta por culpa de su prima Selena.

Pero Aranza ya no está dispuesta a ser una víctima. Con una sonrisa dulce que no le llega a los ojos, una inteligencia afilada y un talento oculto para el hackeo, Renata se pone la máscara de la inocencia y juega con las cartas que la novela le dio. Ahora conoce el guion de todos: la prima que finge ser su amiga, la rival que la humilla, el protagonista que aún no sabe lo que se le viene encima.

Cinco primos que la adoran, abuelos que daría la vida por ella, un hacker de mirada fría que parece ver a través de su máscara... y enemigos que están a punto de descubrir que subestimar a la nueva Renata fue el peor error de sus vidas.

¿Astuta tú? Ella lo es más.

NovelToon tiene autorización de Klarina_za29 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿El mundo de la novela? Ahí voy...

—Cariño, prométeme que nos vas a llamar todos los días a tu papá y a mí —dijo Vanesa, abrazando a su hija con ternura.

Renata sonrió y le devolvió el abrazo.

—Claro que sí, mamá. Los llamaré a los dos —respondió, para que su madre no se preocupara.

Ya estaban en el aeropuerto, los tres. Después de pasar tanto rato con Paula esa tarde, Renata no había imaginado que saldría de viaje apenas llegara a casa.

Se separó de su mamá y se acercó a su papá.

Arturo le acarició el pelo.

—Cuídate mucho allá, Renata. Y otra cosa, cariño: no puedes tardar demasiado en decirle al resto de la familia que estás allá —le advirtió.

Renata soltó una risita.

—Entendido, papá... solo quiero darles una sorpresa a la abuela y a los demás —dijo.

Arturo y Vanesa sonrieron, pero Renata alcanzó a ver la tristeza en los ojos de ambos.

Claro, ¿qué padres querrían separarse de su hija? Salvo los que había tenido siendo Aranza, que la habían vendido en nombre de un compromiso arreglado.

Pero ahora todo era distinto. Aunque solo llevaba unos días con ellos, Renata sentía de verdad el cariño de los dos.

Todavía de pie frente a la zona de control, los abrazó a ambos, uno tras otro, con fuerza. Los consejos de su padre seguían fluyendo despacio, como si quisiera frenar el tiempo para que no pasara tan rápido.

Pero el momento tan emotivo se cortó de golpe cuando el llamado del vuelo resonó por todo el techo de la terminal.

"Último llamado para todos los pasajeros del vuelo 087 con destino a Santa Aurelia. Por favor, aborden la aeronave de inmediato por la puerta 22."

El anuncio, firme, indicaba que la puerta del avión estaba a punto de cerrarse.

Renata se mordió el labio inferior y soltó, a regañadientes, la mano de su mamá.

—Tengo que pasar ya —susurró, antes de echar a andar con su maleta de mano.

Vanesa y Arturo la siguieron con la mirada, apenados, viendo irse a su única hija.

—Mi amor, prométeme que vas a terminar el trabajo cuanto antes —dijo Vanesa, sin quitarle los ojos de encima mientras Renata se alejaba.

Arturo la rodeó por los hombros.

—Te lo prometo. En dos años la empresa estará estable. Y entonces estaremos siempre con nuestra hija —aseguró.

Vanesa solo asintió, deseando que su marido tuviera razón. El futuro era largo y no sabían qué podía pasar. Pero seguirían luchando por su pequeña familia.

* * *

Dentro del avión, Renata miraba por la ventanilla con calma. Sus ojos recorrían el cielo y las nubes, tan hermosos, pero la cabeza la tenía llena de la trama de la novela que había leído.

Como personaje de relleno, no tenía mucho peso en la historia. Aun así, su papel era importante: era Selena quien la iba a reemplazar como la consentida de las dos familias.

La Renata de antes habría dejado que Selena hiciera lo que quisiera. Ahora todo era distinto. Aquella Renata dulce y frágil había muerto, y en su lugar estaba ella.

Solo tenía que desbaratar el plan de Selena, y con eso su vida estaría a salvo.

En cuanto a los protagonistas, primero vería si se metía o no.

Más aún porque el protagonista masculino era su primo mayor. Antes tendría que dejar de hacerse la muerta, y solo entonces podría actuar.

Los ojos empezaron a pesarle, y decidió descansar un rato.

Las más de diez horas de vuelo sobre las nubes pasaron como un sueño largo. Renata soltó un suspiro de alivio al sentir el suave golpe de las ruedas contra la pista. El entumecimiento del cuerpo se evaporó a medida que el avión iba frenando.

Sonó el timbre de seguridad y enseguida la voz cálida de los altavoces de la cabina.

"Bienvenidos al Aeropuerto Internacional de Santa Aurelia. Hemos aterrizado en la capital..."

Renata miró por la ventanilla. El cielo cálido y húmedo de su país la recibió.

En cuanto salió por la puerta del avión, el contraste de temperatura le pegó en la piel, tan distinto del frío de Londres, que había dejado apenas unas horas antes.

El bullicio de la gente hablando en su idioma por todo el pasillo de llegadas le fue dibujando una sonrisa. Sus pasos se sentían más ligeros rumbo al control de pasaportes. El cansancio del desfase horario perdió contra el calor que le envolvía el corazón.

Ahhh, cuánto extrañaba este ambiente. Mundo de la novela... aquí voy, pensó, feliz.

En realidad le sorprendía todo aquello. Había creído que este lugar sería distinto del mundo real.

Se había equivocado: era exactamente igual al país de verdad. La autora de la historia era buenísima si había descrito el lugar con tanta fidelidad, pensó.

Cuando se hartó de mirar, buscó un sitio donde sentarse y pidió un taxi por aplicación. Viviría una temporada en un departamento cerca del colegio de su primo, por parte de su padre.

Así podría poner en marcha su plan inicial. Ya no veía la hora de encontrarse con todos ellos.

Sobre todo, quería ver si los personajes de la novela eran como los recordaba.

Muy distinto era lo que se vivía, mientras tanto, en Inglaterra, en el colegio internacional donde Renata había estudiado. Reinaba el caos.

Sergio estaba furioso en la cafetería, harto de que Alina lo siguiera molestando. Y encima no había encontrado a Renata en el colegio, lo que le ponía el ánimo todavía peor.

—¡Vete, Alina! —dijo con aspereza.

Pero Alina no le hizo caso. Terca, se sentó a su lado.

—Sergio... dame unos días para explicarte todo. Estoy buscando las pruebas. Créeme —dijo en voz bastante alta, con expresión seria.

Hablaba tan fuerte que todos los alumnos de la cafetería oyeron cada palabra.

—¿Alina se volvió loca?

—Renata ni siquiera está aquí y ella sigue calumniándola...

—Yo creo que Alina está obsesionada con Renata.

—Tienes razón, no quiere perder contra ella —comentó otro.

Alina, que lo oyó, miró a los alumnos que hablaban de ella y los fulminó con la mirada, amenazándolos para que se callaran.

Paula, que también lo había oído todo, se limitó a guardar silencio, triste. No por lo que decían, sino porque recordaba que Renata ya no estudiaba allí.

Suspiró y se quedó con la mirada perdida.

Toc...

Paula frunció el ceño al ver que los amigos de Sergio se habían pasado a su mesa.

—Nos sentamos aquí, ¿les parece? —dijo Bastián, acomodándose tan tranquilo a su lado.

Paula resopló.

—Como quieran —respondió.

Comieron en silencio lo que les habían servido, aunque las voces de la otra mesa se oían con claridad.

Sobre todo la de Alina, que no dejaba de acercarse a Sergio. No es que él no quisiera pararla: le había prometido cuidarla, y por eso todavía le toleraba todo esto.

Hasta que entró un mensaje en los celulares de todos los alumnos.

Uno tras otro lo fueron abriendo. Con cara de asombro, miraron a Alina sin poder creerlo.

Alina tragó saliva. ¿Qué había pasado ahora?, pensó.

Movida por la curiosidad, abrió su propio celular para ver de qué se trataba. Cuando encontró el mensaje, se puso pálida.

—¿Qué es esto...? —murmuró, sin poder creerlo.

¡Plaf!

La cara de Alina giró hacia la derecha por la fuerte bofetada de Sergio. Ella sabía por qué lo había hecho, pero el mensaje de la red social era falso.

—¡¿Le pediste a Renata que se cambiara de colegio?! —gritó Sergio, con el rostro endurecido.

Alina, ya llorando, negó con la cabeza.

—N-no, yo nunca hice eso. El mensaje es falso, Sergio, créeme... —suplicó.

Esta vez decía la verdad: jamás le había enviado ese mensaje a Renata. Pero ¿por qué nadie le creía?

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