✅️Tras ser traicionado y reducido a una sombra, el brillo de Ian se apagó. Pero Ronen, un alfa de fuerza serena, llega para ser su escudo. Entre acordes rotos y traumas del pasado, su amor incondicional será la melodía que cure al omega, devolviéndole su voz y su lugar bajo el sol.
Esto puro amor😍✅️
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El amor no duele
El trayecto hacia la casa de las madres de Ronen fue una prueba de nervios. Ian miraba por el retrovisor cómo dos camionetas de prensa los seguían de cerca, el destello de los flashes rebotando en el cristal. Sentía que el aire se le escapaba, que su aroma a lavanda se volvía errático, disparando pequeñas notas de pánico que llenaban el interior del vehículo.
El alfa, con una mano firme en el volante, extendió la otra hacia la rodilla de Ian. Sus dedos apretaron con suavidad, un gesto de anclaje que buscaba calmar al lobo del omega.
-No mires atrás, pequeño.- Dijo el hombre, su voz vibrando con una calma absoluta -Mira hacia adelante. Allí es donde está tu futuro. Ellos solo son ruido, nosotros somos la música.-
Cuando llegaron a la propiedad de las madre del hombre, el panorama era abrumador. Una docena de reporteros se agolpaba en la entrada. Pero lo que Ian no esperaba era la barrera humana que los recibía. Irina, la madre alfa, estaba de pie en el porche con su uniforme de capitana de bomberos, su aroma a humo de leña y roble expandiéndose como un escudo invisible. A su lado, Delfina y los hermanos de Ronen formaban una línea infranqueable.
Ronen estacionó y bajó primero. Rodeó el auto y abrió la puerta de Ian. Antes de que el omega pudiera poner un pie fuera, Ronen se inclinó, bloqueando la vista de las cámaras con su cuerpo masivo de alfa de 30 años.
-Dame la mano.- Susurró Ronen. Sus ojos ámbar brillaban con una intensidad protectora -No te sueltes.-
Ian entrelazó sus dedos con los de él. La piel del alfa estaba ardiendo, cargada de una energía dominante que Ian absorbió como una esponja. Al bajar del auto, el caos estalló. Preguntas hirientes volaban por el aire: "¿Ian, es cierto que tu guardaespaldas manipuló las grabaciones?", "¿Estás usando a esta familia para limpiar tu imagen?".
Ian sintió que sus piernas temblaban, pero el roce del hombro del alfa contra el suyo y el aroma a eucalipto que lo envolvía lo mantuvieron en pie.
De repente, Irina dio un paso adelante. Su sola presencia de alfa veterana silenció a la multitud.
-Esta es una propiedad privada y este joven está bajo la protección de mi apellido.- tronó la madre de Ronen, su voz resonando con la autoridad de quien ha enfrentado incendios toda su vida -Ian no es un producto, es un miembro de esta familia. Si tienen preguntas sobre su talento, escuchen su música. Si tienen preguntas sobre su vida, la respuesta es simple: está en casa.-
Los reporteros se quedaron mudos un segundo, pero uno de ellos gritó: "¡Solo es un omega roto buscando un alfa que lo mantenga!".
Ese fue el límite. Ian sintió una chispa de fuego en su pecho. Soltó la mano de Ronen, pero solo para dar un paso al frente por sí mismo. Su aroma a lavanda y miel dejó de ser sutil. Se volvió expansivo, dulce pero con una nota de firmeza que nadie esperaba.
-No estoy roto.- Dijo Ian, mirando directamente a la cámara más cercana -Estuve en la oscuridad, sí. Pero no me rescataron para ser un adorno. Me rescataron para que pudiera volver a brillar por mi cuenta.-
Ian se giró hacia Ronen. Frente a todos, frente al mundo que lo juzgaba, Ian buscó la mano del alfa y la llevó a su mejilla, frotando su glándula de aroma contra la palma de Ronen en un gesto de confianza absoluta.
-Ronen no es mi dueño.- continuó Ian, su voz clara y hermosa -Es mi hogar. Y si eso no les basta para entender de dónde viene mi música, entonces es que nunca han sabido lo que significa ser amado de verdad.-
Ronen sintió que su corazón se saltaba un latido. El gesto de Ian, tan público y tan vulnerable, era la declaración más poderosa que un omega podía hacer. El alfa rodeó la cintura de Ian con su brazo, atrayéndolo contra su costado en una posesión suave pero indiscutible. El aroma a eucalipto y lavanda se fundieron en el aire, creando una fragancia de paz que pareció calmar hasta al reportero más agresivo.
Entraron en la casa, cerrando la puerta tras de ellos. El silencio del hogar los recibió como una manta tibia. Delfina corrió a abrazar a ambos, sollozando de orgullo.
-Lo hiciste, pequeño.- Susurró Ronen al oído de Ian, sin soltar su cintura. Sus labios rozaron el lóbulo de su oreja, enviando un escalofrío de placer por la columna del omega -Les mostraste quién eres.-
Ian se hundió en el abrazo de Ronen, escondiendo el rostro en su pecho. El roce de la tela de la camiseta del hombre contra su cara, el sonido rítmico del corazón del alfa y el calor que emanaba de su cuerpo lo hacían sentir invencible.
-No lo hubiera logrado sin tu sol, Ronen.- respondió Ian, aspirando profundamente el aroma del alfa.
Esa noche, mientras la prensa afuera se dispersaba derrotada por la verdad, Ian y Ronen se quedaron en el jardín de las madres, compartiendo una manta bajo las estrellas. No hubo sexo, pero hubo algo mucho más íntimo: la promesa silenciosa de que, a partir de ahora, cada canción de Ian llevaría el aroma del hombre que le enseñó que el amor no duele.
Sin embargo, en las sombras de la ciudad, Samuel observaba la transmisión por televisión. Sus ojos ardían de odio mientras el olor a tierra mojada de su habitación se volvía insoportable. Había perdido la batalla pública, pero aún tenía una última carta: el secreto del pasado de Nico que el guardaespaldas nunca le había contado a Ian.