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La Heredera Del Invierno

La Heredera Del Invierno

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Allegra Vance, una joven heredera criada entre lujos y excesos en la costa californiana, es enviada contra su voluntad a un internado aislado en las montañas del norte de Inglaterra tras protagonizar un escándalo que amenaza la reputación de su familia.

Lo que comienza como un castigo se transforma en un proceso de confrontación interna: el frío del lugar, la rigidez de las normas y el rechazo de sus compañeras actúan como catalizadores de una verdad que Allegra ha evitado durante años: el vacío dejado por la muerte de su madre y su incapacidad para construir vínculos reales.

En ese entorno hostil, donde cada gesto es observado y cada error tiene consecuencias, Allegra deberá decidir si sigue siendo una máscara brillante… o si se permite romperse para reconstruirse.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: La primera grieta

El problema no era recordar.

Era no poder detenerlo.

El frío ayudaba.

Allegra lo había notado desde el primer día: el aire cortante, la humedad constante, el cielo gris… todo eso mantenía su mente ocupada en sobrevivir lo inmediato. No había espacio para pensar demasiado.

Hasta ahora.

Se había quedado más tiempo del que planeaba en el patio.

Demasiado.

El ruido del internado se había apagado poco a poco, reemplazado por el sonido del viento rozando los árboles. No había nadie cerca.

Perfecto.

—No es para tanto —murmuró, sin saber exactamente a qué se refería.

Pero lo era.

Se dejó caer en el banco de piedra, cruzando los brazos como si eso pudiera contener algo que empezaba a incomodarla por dentro.

“No eres especial aquí.”

Ridículo.

—Claro que lo soy —susurró, más por costumbre que por convicción.

Silencio.

El viento sopló más fuerte.

Y entonces, sin permiso, llegó.

Una risa.

Suave.

Lejana.

Pero demasiado clara.

Allegra cerró los ojos de golpe.

No.

No ahora.

No aquí.

Pero ya estaba ahí.

El recuerdo no pedía permiso.

Nunca lo hacía.

Sol.

Luz.

Calor.

Nada que ver con ese lugar.

Su madre estaba sentada en la terraza, con el cabello moviéndose suavemente con la brisa. Siempre sonreía así… como si todo estuviera bien incluso cuando no lo estaba.

—No tienes que ser perfecta todo el tiempo —le decía.

Allegra, más joven, rodaba los ojos.

—Sí tengo.

—No.

—Sí.

—Allegra…

Esa voz.

Siempre tan calma.

Siempre tan segura.

—A veces puedes simplemente ser tú.

—¿Y quién es “yo”? —preguntaba ella, medio en broma, medio en serio.

Su madre sonreía.

—Eso es lo que tienes que descubrir.

Allegra abrió los ojos de golpe.

El frío volvió.

El banco de piedra.

El internado.

Todo.

Respiró hondo.

Demasiado rápido.

—No —murmuró—. No, no, no.

Se llevó una mano al rostro, presionando los ojos como si pudiera borrar la imagen.

Pero no funcionó.

Nunca funcionaba.

Porque el problema no era recordar.

Era lo que venía después.

El vacío.

Ese espacio incómodo donde antes había algo.

Donde antes estaba alguien.

Allegra dejó caer la mano lentamente.

Miró al frente.

Nada.

Solo niebla.

—Genial —susurró, con una risa que no tenía nada de humor—. Justo lo que necesitaba.

Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.

Por un segundo —uno muy breve— sus hombros bajaron.

Y no hubo postura perfecta.

No hubo control.

Solo… cansancio.

—No voy a hacer esto —dijo, más firme—. No aquí.

Se enderezó rápidamente, como si alguien pudiera verla.

Como si importara.

Pero no había nadie.

Y eso era lo peor.

Porque cuando nadie miraba…

no tenía a quién impresionar.

No tenía qué sostener.

Solo quedaba ella.

Y eso no siempre era suficiente.

—¿Planeas congelarte ahí o es parte de un experimento?

Allegra no se giró de inmediato.

Esa voz.

—Estoy evaluando mis opciones —respondió finalmente.

Rowan se acercó, manos en los bolsillos.

—¿Y?

—Morir aquí suena dramático.

—Un poco exagerado.

—Un poco.

Silencio.

Rowan no se sentó.

Se quedó de pie, observando.

—Te fuiste de clase.

—Observador.

—No mucho.

—No era interesante.

—Algo sí.

Allegra giró la cabeza hacia él.

—¿Qué?

Rowan la miró directamente.

—Tú.

Allegra parpadeó.

—Eso fue inesperado.

—No era un cumplido.

—Nunca lo son contigo.

—Consistencia.

Silencio.

Pero no incómodo.

Solo… distinto.

—¿Qué quieres? —preguntó Allegra.

—Nada.

—Siempre nada.

—Funciona.

—No funciona.

Rowan se encogió de hombros.

—Para mí sí.

Allegra lo observó.

—No soy un proyecto.

—No lo dije.

—Lo insinuas.

—No.

—Un poco.

—Tal vez.

Allegra soltó una pequeña risa.

—Eres frustrante.

—Lo sé.

Silencio.

El viento sopló otra vez.

—No estoy teniendo un buen día —dijo Allegra de pronto.

Rowan no respondió de inmediato.

—Se nota.

—¿En serio?

—Un poco.

Allegra bajó la mirada.

—Genial.

Silencio.

—No tienes que fingir —añadió él.

Allegra levantó la cabeza de golpe.

—No estoy fingiendo.

Rowan la sostuvo.

—Sí lo estás.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Allegra apretó la mandíbula.

—No me analices.

—No lo hago.

—Lo haces.

—Un poco.

Silencio.

Pero esta vez… más tenso.

Más real.

Allegra respiró hondo.

—Solo… —empezó, pero se detuvo.

Rowan no la presionó.

Esperó.

—Hoy no tengo ganas de ser… —hizo un gesto vago— esto.

—¿Esto?

—Esto —repitió, señalándose a sí misma.

Rowan inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces no lo seas.

Allegra soltó una risa breve.

—Ojalá fuera así de fácil.

—A veces lo es.

—No para mí.

Silencio.

Rowan se sentó finalmente a su lado.

No muy cerca.

Pero tampoco lejos.

—¿Qué pasó? —preguntó.

Allegra dudó.

Otra vez.

Demasiadas veces.

—Nada.

Automático.

Rowan asintió.

—Bien.

Y no insistió.

Eso…

eso fue inesperado.

Allegra lo miró de reojo.

—¿No vas a preguntar otra vez?

—No.

—¿Por qué?

—Porque dijiste que nada.

—Y no te lo crees.

—No.

—Entonces pregunta.

Rowan la miró.

—¿Quieres que lo haga?

Silencio.

Allegra sostuvo su mirada.

—No.

—Entonces no lo hago.

Silencio.

Pero esta vez…

más suave.

—Eres raro —murmuró ella.

—Lo sé.

—Pero… no de una mala forma.

—Eso es nuevo.

—No te emociones.

—No lo hago.

Un pequeño silencio.

—Solo… —dijo Allegra, mirando al frente— recordé algo.

Rowan no habló.

Pero estaba ahí.

Y eso… era suficiente.

—No era un buen momento —añadió ella.

—Nunca lo es.

Allegra asintió levemente.

—Exacto.

Silencio.

Pero esta vez no pesaba tanto.

—No tienes que resolverlo hoy —dijo Rowan.

Allegra soltó una pequeña risa.

—Me gusta resolver cosas.

—Se nota.

—No me gusta no tener control.

—Eso también se nota.

Allegra lo miró.

—No ayudes tanto.

—No lo hago.

—Lo haces un poco.

—Tal vez.

Silencio.

Pero más ligero.

Más llevadero.

Allegra respiró hondo.

Esta vez… más despacio.

—Estoy bien —dijo.

Rowan asintió.

—Claro.

No lo dijo con ironía.

No lo dijo como un desafío.

Solo…

lo dejó ahí.

Y, por alguna razón…

eso ayudó.

Aunque Allegra no lo admitiría.

No todavía.

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Paulina Larrain
Me gusta, es distinto a lo demás que he leído. 🥰
Paulina Larrain
Está interesante, comienza distintas a otras
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