Victoria Adame García regresa del más allá para cobrar venganza. Polo Hernández no comprende que está pasando, pero siente una presencia extraña dentro de su coche.
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Los nervios y el miedo la tenían maniatada
Séfora se levantó muy temprano al día siguiente para ir al laboratorio antes de la florería.
Dejó el bilé... en la tarde puede pasar por los resultados.
Gracias, dijo ella.
Salió y media hora después llegó a la florería. Como era muy temprano se puso a limpiar. Noelia no había llegado aun.
Ella llegó una hora después, se veía muy fresca en esa blusa floreada y pantalón blanco ajustado. Además de unos tacones muy bonitos a juego con la ropa.
Hola, Séfora, ¿cómo estás?
Hola, acabo de limpiar y ordenar todo, dijo ella.
Sí, se ve. ¿Ha venido algún cliente?
Solo dos.
Bueno, voy a estar en la trastienda, cualquier cosa, me avisas.
Sí, Noelia.
Séfora no dejaba de pensar en las palabras de ayer en el espejo. Veía a Noelia tan tranquila, muy segura de sí misma.
"Tal vez fue ella, el problema es ¿cómo entró a la casa sin que yo me diera cuenta?".
El día transcurrió de lo más normal, los clientes entraban y salían, las flores se vendían como pan caliente.
Sin embargo, Séfora seguía pensando en el bilé que dejara en el laboratorio.
En cuanto se llegó la hora de cerrar, Séfora tomó sus cosas y salió, despidiéndose de Noelia.
Ella la miró, sus ojos parecían dos brazas de fuego.
Más tarde, en el laboratorio...
Las huellas pertenecen a Victoria Adame, investigué un poco, esta mujer murió hace seis meses.
El rostro de Séfora palideció.
Eso no puede ser posible, apenas ayer escribieron en mi espejo. No he borrado nada. Quiero que la policía vea, pero primero necesitaba saber de quién eran las huellas.
De acuerdo, ahora ya sabe, lo demás es cosa suya.
Gracias, dijo Séfora no muy convencida de si había hecho lo correcto.
Al llegar a su casa tuvo otra sorpresa.
Hola, Séfora, llevo rato esperándote, ¿dónde andabas?
Noelia, pensé que ya estabas en tu casa.
Decidí venir para tomar un café contigo.
Lo siento, estoy cansada y lo único que quiero es dormir. ¿Podría ser otro día?
Está bien, no te disculpes. Nos vemos mañana.
Séfora se ponía nerviosa con esa mujer, ella estaba segura que no era Noelia en realidad.
Llevaba varios años viviendo en ese sector de la colonia, y conocía a Noelia muy bien, y esta mujer que tenía enfrente, no era ella.
¿Te pasa algo?, estás pálida como la cera.
Nada, con permiso, entraré a casa.
Adelante pues, yo me voy a mi casa, adiós.
Séfora fue directa al baño. El espejo estaba limpio, no había señales de que había sido rayado.
"Esto no puede estar pasando", se dijo. "Estoy segura de que estaba rayado". "No puedo ir a la policía", "me tacharán de loxa".
Sin embargo, siguió investigando.
Victoria Adame murió en un accidente automovilístico al perder los frenos. Al parecer, otro coche que venía en sentido contrario la cerró.
"Dios, ¿qué relación tendrá Noelia con esa tal Victoria Adame?".
"Eso es algo que no entiendo, no encaja la pieza del rompecabezas". "En todo caso, ¿cómo pudo Victoria meterse en el cuerpo de Noelia?, ¿será eso en realidad?".
"¿Y por qué no quiere que siga investigando?", "como dije, esto se me hace muy raro, debe haber gato encerrado", se dijo Séfora.
"¿La habrá matado ese tal Polo?", "tal vez tenía una amante y por eso se deshizo de ella". Aunque no estoy segura que eso haya ocurrido en realidad".
"¿Qué debo de hacer?". ¿lo dejo pasar o me lanzo a la aventura de descubrir el misterio?
"Y en caso de que decida seguir investigando, ¿cómo puedo estar segura de que no me va a pasar nada?". Todos estos pensamientos atormentaban a Séfora. Llevaba varios días sin poder dormir bien.
El asunto del bilé, la "plática" de Noelia a solas, aunque ella se veía como si estuviera hablando con alguien más.
Al día siguiente, se presentó a trabajar normal. Aunque en el fondo sentía un miedo atroz.
Noelia, muy a su pesar, le ponía los nervios de punta. Cuando llegó, puntual como siempre, Noelia estaba en la trastienda "platicando" con alguien.
Buen día, ¿hablando sola de nuevo?, preguntó sin darle importancia.
Sí, ya me conoces. ¿Por qué me miras así?, preguntó Noelia a su vez.
¿Así, cómo?
Como si vieras a un fantasma.
Es que antes no hablabas sola.
Siempre lo he hecho, pero no te habías dado cuenta, dijo Noelia con una sonrisa que más bien parecía una mueca.
Bueno, iré a preparar los ramos, dijo Séfora, apartando los ojos de la intensa mirada de Noelia.
¿Sabes, Séfora?, te noto tensa, ¿por qué no te sinceras conmigo y me dices lo que te pasa?
Solo estoy cansada, anoche no pude dormir bien. Parecía que iba a caer una tormenta.
Sí, es verdad. La tormenta está pronosticada para hoy. Así que cerraremos temprano, ¿de acuerdo?
Sí, gracias.
Alrededor de las cuatro, Noelia le dijo a Séfora que cerrara, ella se despidió.
En cuanto Noelia se fue, dejando el rastro de azufre en el ambiente, Séfora cerró, las nubes estaban muy negras. Decidió apresurar el paso hacia su coche viejo y destartalado.
No sabía por qué, pero sintió una mirada intensa a su espalda. Volteó y vio un hombre al otro lado de la calle. En cuanto ella volteó a verlo él ya no estaba. Se había desaparecido como por arte de magia.
Últimamente, los nervios no la dejaban en paz. Subió al auto tratando de conservar la calma. Las manos le temblaban. Esa sensación de miedo estaba presente a cada momento.
Trató de serenarse, pero no podía, los nervios y el miedo la tenían maniatada.