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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Nueva Rapunzel Está En Peligro

La espera de un hijo resulta una bendición para algunos y un milagro para otros. No obstante, para Julie, la espera de un hijo se volvió un tormento de cuidados extremos cuando ya no pudo siquiera tener un momento de paz en la habitación. Si no eran sus padres, eran sus doncellas, y si no eran sus doncellas, era Elis; incluso en muy pequeños instantes, recibió la visita de los emperadores del reino.

—¿Estás bien? ¿Te incomoda algo?

El apuro de Elis la hizo rodar los ojos. Julie cerró el diario y lo miró de reojo, chasqueando la lengua cuando el otro se le acercó.

—Ni siquiera sé por qué preguntas si es evidente cuando me tienen vigilada todo el maldito tiempo.

—No te equivoques —señaló—. Te recuerdo que nuestro interés es salvaguardar el crecimiento del bebé que llevas en el vientre. Si fueras otra persona, te habría dejado morir.

Elis se giró y Julie chasqueó los dientes. Dejó el libro de lado, levantándose suavemente antes de tirarse de rodillas y tomarse el estómago, hasta hacerse ovillo.

—¡Ay!

El rubio corrió hacia ella a una velocidad que no sabía que podía alcanzar. Sus ojos se llenaron de puro pánico y arrepentimiento. No obstante, su mano quedó en el aire cuando la azabache le dio un manotazo antes de levantarse y jadear con burla despectiva.

—¿Asustado, Potter?

—¡Eres una perra estúpida! —se levantó, tomándole el brazo con fuerza—. ¿¡Cómo… —. Suspiró, mordiéndose los labios cuando se dio cuenta de su agarre.

La soltó sin mucho cuidado, peinando su cabello con la frustración en sus dedos. La miró sobando el brazo y cuando quiso agregar más al regaño, sus palabras se estancaron en su garganta, desobedeciendo a su molestia.

—Le diré a Ruby que venga.

Julie lo miró irse, sin intención de responder. Suspiró cuando la puerta se cerró y se dirigió libremente hasta el balcón, con el propósito de aprovechar su ansiada soledad momentánea. Se acomodó en la silla acolchonada que Elis ordenó para ella y se dispuso a cerrar los ojos un momento. Aunque la armonía solo duró un par de minutos cortos hasta que la puerta se abrió.

Escuchó los tacones, pero no reaccionó al instante porque intentó pretender que estaba dormida para evitar las molestias. Se quedó con las manos sobre su abdomen, concentrada en su calma, mientras la otra parecía acercarse con lentitud.

Pero entonces fue un aroma distintivo lo que encendió sus alarmas.

No era el perfume fresco de Ruby, ni el distintivo vainilla de Lili. En su lugar, este aroma era más profundo, como rosas de un rosal recién plantado.

—Es mejor que te vayas ahora, antes de que rompa cada uno de tus huesos y los haga picadillo para los vagabundos.

—Lamento las molestias, Lady Odette.

Julie abrió los ojos con suavidad. Levantó el torso y se giró apenas un poco, lo suficiente para cuidarse las espaldas.

La belleza americana llegó a su lado. Su cabello yacía perfectamente peinado con una coleta sencilla, y ahora, a diferencia de la fiesta de té, Margaret llevaba un modesto vestido sencillo de tonalidades café. Un modelo típico para los de la clase obrera en ese mundo. Aunque lo que acaparó la atención por completo fue el platón de cerámica con las galletas exquisitas presumidas de tal forma que despertaran el apetito.

—Disculpe mi atrevimiento, pero ahora todo mundo en las calles habla de su embarazo y quería felicitarla personalmente —ofreció el recipiente—. Sobre todo, mostrarle mi gratitud por lo ocurrido en la fiesta.

Los ojos de Odette brillaron llenos de encanto. Sonrió hacia la chica y aceptó las galletas, olisqueando por encima el aroma del chocolate.

—Las preparé a base de una receta nutritiva que le ayudará a mejorar su energía —explicó.

—Huelen delicioso —sonrió—. Come una conmigo —invitó.

—Oh, no —se negó, reverenciando—. Comí demasiadas en casa y estas son un regalo, no podría.

Julie no insistió. No lo necesitó. Le sonrió comprensiva y dejó el platón sobre la mesita del costado, tomando una de las galletas mientras se levantaba de su asiento. Se encaminó hacia el balcón y suspiró en la brisa fresca del mediodía.

—Eres muy atenta, Margaret, nunca lo olvidaré —la miró, haciéndola acercarse—. Como sabes, en este momento todo el mundo está loco por proteger al heredero, aunque yo me siento asustada con la idea de tener un bebé —murmuró.

—Un hijo es una bendición, Lady —respondió la otra, colocándose a su costado.

—Llámame Odette —pidió—. La maternidad es el sueño de toda mujer: vivir con un esposo que nos ame, tener un retoño nacido de un amor apasionado… —Miró al frente, donde los guardias continuaban resguardando la seguridad del palacio como atentos leopardos listos para la defensa de sus amos—… Pero nadie habla del proceso, sobre todo cuando se habla del heredero al trono.

Julie soltó el suspiro más desgarrador que pudo. Desde su lugar alcanzó a detectar los puños apretados de la otra y se aferró a morderse la lengua para no romper con su actuación.

—Seguro extrañas los placeres simples al lado de tu madre —agregó.

La otra no respondió, pero Julie notó su mandíbula apretada. Detalló la galleta en su mano sin intención de forzar más la charla. El bocadillo era perfectamente la definición de un postre traído desde la ficción, un círculo perfecto, horneado en el punto, con las chispas de chocolate distribuidas con exactitud.

Su pecho se alborotó. Los nervios le estaban retorciendo el estómago y sintió la plena expectativa de la belleza americana que no había apartado la mirada.

Julie tragó saliva. No hizo mucho preámbulo, en realidad. Le dejó una nueva sonrisa a la mujer a su lado y al segundo siguiente, se llevó la galleta a la boca, dándole un mordisco que Margaret estuvo a punto de celebrar.

—Ruby…

El nombre quedó suspendido en el aire. Margaret bajó la cabeza y Odette se giró sobre sus talones con la galleta mordida en la mano.

—Su alteza, qué placer verlo.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Quise traer un bocadillo nutritivo para la señorita Odette —alzó la cabeza—. Lo lamento.

—No te lamentes —dijo Odette con una caricia en su hombro—. Me alegra haberte tenido por aquí.

Margaret asintió. Reverenció hacia la pareja y se marchó sin mencionar más al respecto. Pronto la puerta fue cerrada, con un movimiento suave que sintió pesado. Elis se acercó, deteniéndose frente a Julie con la furia en los ojos.

—¿De verdad estás perdiendo la cabeza? —regañó, sacudiendo sus hombros.

Pero nunca previno que Julie le escupiría la galleta en el pecho. Se quitó las pasadas manos de los hombros y se dirigió en silencio hasta el baño de la habitación con el rubio a sus espaldas. Se enjuagó la boca y limpió sus dientes, todo sin la necesidad de hablar.

—Julie…

—Deja de tomarme por una mocosa idiota y mejor usa tu patético poder para advertir a los guardias —sugirió, rodeándolo con el gesto despectivo para salir de ese lugar.

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