Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
No Pienso Dejar Que Te Destruyan
Más tarde, Hikari caminaba por uno de los pasillos principales del ryokan, sosteniendo con cuidado una pequeña bandeja con jabones aromáticos.
El aroma era suave… relajante.
Flor de cerezo, madera, un toque herbal.
—Con cuidado… —murmuró para sí misma.
Pero entonces—
Giró en una esquina.
Y chocó.
—¡—!
La bandeja se inclinó.
Los jabones cayeron al suelo.
El sonido fue suave… pero suficiente.
—Fíjate, estorbo.
La voz fue dura.
Fría.
Hikari levantó la mirada de inmediato.
Frente a ella estaba un hombre de presencia imponente.
Cabello largo, oscuro, con un leve brillo azulado. Sus ropas eran elegantes, adornadas con patrones que parecían moverse como agua en calma. Y sus ojos…
profundos.
Como un océano que no debía ser perturbado.
Era un kami del agua.
Una deidad.
Y claramente…
no estaba de buen humor.
—Lo siento… —dijo Hikari de inmediato, inclinándose un poco—. Fue mi culpa.
Pero el kami chasqueó la lengua.
—Incompetente.
El aire a su alrededor se volvió más frío.
Más pesado.
Como si la humedad misma respondiera a su molestia.
Hikari sintió cómo su pecho se tensaba.
No sabía qué hacer.
No sabía cómo reaccionar.
Y entonces—
—¿Hay algún problema?
La voz de Kuro cortó el momento.
Apareció desde el fondo del pasillo.
Caminando con paso firme.
Sus ojos… oscuros.
Molestos.
Pero no hacia el cliente.
Hacia la situación.
Se detuvo junto a Hikari.
Y por un segundo…
su mirada pasó por ella.
Rápida.
Evaluando.
Luego volvió al kami.
Y su expresión cambió.
Completamente.
—Mis más sinceras disculpas —dijo Kuro con una leve inclinación—. Ha sido un descuido de nuestro personal.
Su tono ya no era frío.
Era… impecable.
Profesional.
Controlado.
—Permítame encargarme personalmente de que no vuelva a ocurrir.
El kami lo observó.
En silencio.
El aire seguía tenso.
Pero algo en la actitud de Kuro…
lo suavizó.
—Hmph…
El kami desvió ligeramente la mirada.
—Procura que así sea.
Kuro asintió con respeto.
—Por supuesto.
Un breve silencio.
Y luego…
la presión desapareció.
El kami continuó su camino.
Como si nada hubiera pasado.
Hikari soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Pero cuando miró a Kuro—
él ya no la estaba viendo.
Ni siquiera un segundo.
Se giró.
Y se fue.
Como si ella…
no estuviera ahí.
Hikari se quedó quieta.
Un pequeño nudo en el pecho.
Pero entonces—
—Debes tener más cuidado.
La voz fue suave.
Tomoe.
Se agachó a su lado, recogiendo uno de los jabones con calma.
—Algunos clientes no soportan los errores.
Hikari también se inclinó, ayudando a recogerlos.
—Lo siento… no fue intencional…
—Lo sé —respondió él, entregándole uno de los jabones—. Pero aquí… eso no siempre importa.
Sus manos rozaron las de ella otra vez.
Ligero.
Pero presente.
Hikari levantó la mirada.
Tomoe le sonrió.
Suave.
—Aprenderás.
Hikari asintió lentamente.
—Sí…
Recogieron los últimos jabones.
Y cuando se levantaron—
Hikari no pudo evitar mirar en la dirección por donde Kuro se había ido.
Porque aunque no le había dicho nada…
su presencia había cambiado todo.
Y su silencio…
había dejado más peso del que esperaba.
No pasó mucho tiempo después del incidente cuando Rita apareció frente a ella.
—Te están llamando.
Hikari levantó la mirada.
—¿Quién?
Rita bufó.
—¿Quién crees?
Hikari sintió cómo algo se tensaba en su pecho.
—…Kuro.
—Oficina. Ahora.
No hubo más.
Hikari caminó por los pasillos con el corazón latiendo más rápido de lo normal.
Cuando llegó frente a la puerta… dudó.
Respiró hondo.
Y tocó.
—Adelante.
La voz grave la atravesó.
Entró.
Kuro estaba de pie junto a la ventana.
La luz lo recortaba, haciéndolo ver aún más imponente.
—Cierra.
Hikari obedeció.
El sonido de la puerta selló el espacio.
—Acércate.
Dio un paso.
Luego otro.
Hasta quedar frente a él.
Kuro giró lentamente.
Sus ojos violetas se clavaron en ella.
—¿Qué fue lo que pasó?
—Yo… choqué con un cliente…
—Un kami.
La corrigió sin suavizar nada.
Dio un paso hacia ella.
El espacio entre ambos desapareció.
—¿Sabes lo que pudo haber pasado?
Hikari negó apenas.
Su respiración ya no era estable.
—Podría haberte destruido.
Su voz bajó.
Más grave.
Más peligrosa.
—Y ni siquiera te habrías dado cuenta.
Hikari levantó la mirada.
Y en ese instante—
Kuro la sostuvo de la barbilla.
Firme.
Sin brusquedad… pero sin permitirle apartarse.
—Mírame cuando te hablo.
El contacto la dejó inmóvil.
Su corazón se disparó.
Su rostro quedó a centímetros del suyo.
Demasiado cerca.
Podía sentir su respiración.
Su presencia.
Todo.
—No vuelvas a ponerte frente a un dios… sin mí.
La frase salió baja.
Casi como un susurro.
Pero cargada.
Hikari parpadeó.
—¿…por qué?
Kuro no soltó su barbilla.
Al contrario…
se inclinó apenas más.
Acortando aún más la distancia.
—Porque no estás lista para este mundo.
Sus ojos bajaron un segundo a sus labios…
y luego volvieron a sus ojos.
—Y no pienso dejar que te destruyan.
El aire se volvió denso.
Pesado.
Hikari apenas podía pensar.
—Entonces… ¿por qué me ayudas?
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Kuro la observó.
Muy de cerca.
Demasiado.
—Porque…
Se detuvo.
Como si la respuesta estuviera a punto de salir.
—…tú—
TOC.
La puerta.
El momento se rompió.
Kuro soltó su barbilla de inmediato.
Su expresión volvió a cerrarse.
Fría.
Controlada.
—Disculpe —la voz de Tomoe desde afuera—. Hay un asunto que requiere su atención.
—Entra.
La puerta se abrió.
Tomoe apareció.
Su mirada pasó de Kuro…
a Hikari.
Y se detuvo.
Un segundo de más.
Suficiente.
Porque lo vio.
La cercanía.
La tensión.
El rastro de algo que acababa de pasar.
Pero no dijo nada.
—Hay un problema con uno de los huéspedes del ala norte —informó con calma.
Kuro ya no miraba a Hikari.
—Voy en un momento.
Tomoe asintió.
Pero antes de girarse…
sus ojos volvieron a Hikari.
Suaves.
Pero atentos.
Como si estuviera armando piezas.
Kuro habló sin mirarla.
—Puedes retirarte.
Hikari se quedó un segundo.
Su corazón seguía acelerado.
Su piel aún sentía el toque.
—Sí…
Salió.
La puerta se cerró.
Y esta vez…
no fue solo confusión.
Fue algo más.
Más profundo.
Más peligroso.
Porque esa cercanía…
no había sido normal.
Y lo que Kuro casi dijo…
tampoco.