Nunca pude adivinar que Aaron llegaria a mi vida y en una noche lograria tatuarse en mi piel como ningún hombre lo hizo. Llego para confundir a mi corazón, ahora se debate entre el amor de dos hombres. Aaron el hombre que me calienta como fuego abrazador y Mikael mi hombre tierno e incondicional. Quién ganará?
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CAPITULO 11
**HOTEL RIVER**
**MOMENTOS ANTES DEL CONCIERTO**
**ANNIE**
Uff, ¡por fin todo está listo! Limpio con mis manos el sudor en mi frente, y el vestíbulo del Hotel River, con su elegante decoración, ahora brilla bajo las luces. Grandes artistas se presentarán en cuestión de segundos, y yo estoy satisfecha con mi trabajo. Logré terminar los últimos detalles a tiempo, ayudando a los chicos encargados de la construcción. ¡En tu cara, Sam! Sonrío para mis adentros y me dirijo a la cocina, para verificar que las bebidas estén listas. Sorprendentemente, mi jefe pidió, con una amabilidad que me pareció sospechosa, que lo ayudara como mesera en el evento de inauguración. Tengo experiencia en este tipo de cosas, así que no me negué. Además, necesito distraer mi mente.
Los invitados empiezan a llegar. El salón, decorado con cortinas de terciopelo azul y candelabros de cristal, empieza a llenarse de murmullos emocionados. Volveré a pisar este salón cuando comiencen las presentaciones. Los minutos pasan volando, y la música empieza a llenar el espacio. Es maravilloso; la música es tan hermosa que me llena de una sensación de gratitud. Me alegra estar aquí, porque he terminado de repartir y podré al menos disfrutar totalmente de la última presentación.
—Y para nuestro gran cierre, señores… uno de los mejores artistas juveniles… ¡el gran Aaron Floyd! —Anuncio resonante, seguido por un aplauso general. ¿Qué?!? ¿Será que escuché mal? Mis ojos se abren de par en par mientras veo a Aaron tomar asiento frente al piano. Allí está él, a punto de tocarlo. Nunca había estado presente en un concierto suyo; es la primera vez.
La melodía comienza y me olvido del mundo para perderme en su voz. Cada palabra queda tatuada en mi corazón. Es tan hermoso… en este momento, en mi mundo, sólo existe él.
—Te quiero para mí, no me importa lo demás... —Un suspiro se me escapa, y me encuentro completamente inmersa en su actuación. Luego, siento que alguien toca mi hombro. Volteo la mirada.
—Disculpe, mesera… Creo que le pagan por trabajar, no por andar babeando por el pianista —me dice burlona una mujer, muy bonita, con cabello rojizo hasta los hombros y un vestido bastante insinuante. El resplandor de las luces del escenario destaca aún más su presencia.
—¿Disculpe? Ocúpese de sus propios asuntos —respondo con la mayor cortesía posible. Ella continúa mirándome con desdén, como si yo fuera escoria.
—No te ilusiones con él… ese machote ya tiene dueña, y esa soy yo —Pero, ¿de qué carajos está hablando? Que yo sepa, Aaron no tiene pareja, ¿o sí?
-Además, él jamás se fijará en alguien como tú —dice con desprecio, mirándome de pies a cabeza.
—Con permiso —me retiro antes de armar un espectáculo y meterle su bofetada a la zorra.
Comienzo a recoger algunas copas vacías y algunas medio llenas. Miro a Aaron posando para una foto y trato de acercarme sutilmente, deseando felicitarlo. Pero justo cuando estoy a punto de llegar, veo a la pelirroja de antes besándolo. Una punzada de dolor en mi pecho me hace pisar en falso, y todo lo que traía en la bandeja cae al suelo haciendo un estruendo, salpicando a los más cercanos, entre ellos Aaron y esa mujerzuela. Me arrodillo inmediatamente para recoger el desastre.
—¡Pero qué torpe eres! ¡Mojaste mis zapatos! ¡Son bastante finos, estúpida! —Utilizo toda mi paciencia para no golpearla.
—¡Basta! —La voz de Aaron ha subido algunos decibeles mientras se agacha para ayudarme.
—Te lo agradezco —le digo en susurro, observando sus ojos cargarse de sorpresa por mi presencia. En un momento de distracción, tomo el último cristal erradamente y este me corta el dedo índice.
—¿Qué haces aquí? —me pregunta mientras saca un pequeño pañuelo de su bolsillo y lo pone en mi dedo.
—El... el hotel es uno de mis mejores proyectos —me levanto con la bandeja, y lo último que veo es a la mujerzuela sonriendo satisfecha por su hazaña. Me apresuro a toda velocidad hacia la salida, sin darme cuenta estuve casi a punto de chocar con los invitados.
—Cariño, ¿qué te pasó? ¿Qué son todos esos vidrios rotos y tu dedo? —Es Mikael, que toma lo que traigo y entra junto conmigo a la cocina, descargando la bandeja sobre el lavabo. Afortunadamente, el botiquín está cerca, y retira el pañuelo para limpiar mi herida.
—Por suerte, sólo fue algo superficial —continúa limpiando con mucha dedicación. Lo veo mirar hacia la entrada con sorpresa.
—¡Aaron, hermano! —Sonríe mientras saca una cura del botiquín de primeros auxilios y la pone en mi dedo—. Llegué tarde, lo siento. Estaba camino a felicitarte, pero encontré a mi prometida así y tenía que ayudarla.
Continúa sosteniendo mi mano y yo hago un gran esfuerzo para no mirar a Aaron.
—Sí, entiendo —sé que su mirada está fija en mí… puedo sentirlo.
—Gracias, cariño. Debo volver al trabajo; aún tengo cosas pendientes —mi voz sale forzada mientras Mikael me mira molesto.
—Sabes que te he dicho que no tienes necesidad de trabajar. Yo siempre me he ofrecido a ayudarte. ¿Por qué desprecias mi ayuda? —Un suspiro se me escapa. No puedo creer que aún no lo entienda.
—Ya te lo dije. Me gusta valerme por mí misma. Puedo hacerlo sola —quiero que lo tenga claro… jamás seré una mantenida… eso no-¡Debo irme!
Mikael me da un beso corto, y luego camino mirando al suelo. Los zapatos bien lustrados de Aaron son lo único que veo mientras me alejo.
Camino lo más rápido que puedo. Qué tonta soy… justo cuando creí tener todo claro sobre lo que debía hacer... No puedo creer que iba a tirar todo a la mierda por Aaron... ¿es en serio? Me quedó más que claro que él tiene su novia... y yo... ¡Qué estúpida eres, Annie! Iba a rechazar al hombre que de verdad me ama por uno que sólo quiere llevarme a la cama de nuevo. Mikael es muy lindo, no se merece nada de esto. Aún siento cosas por él... quizás también estoy confundiendo lo que siento por Aaron y sólo es algo pasajero...
Entro al baño público del hotel y trato de tranquilizarme, pero es imposible. El llanto contenido anteriormente hace su aparición. ¿Qué me pasó? Siempre he sabido lo que quiero... he tenido clara mi vida... y en especial mis sentimientos. La opresión en mi pecho no desaparece. Quizá llorar me haga bien...
—¿Te pasa algo, corazón? ¿Por qué lloras? —Escucho la voz de Laura, una de las otras meseras. Trato de respirar profundo.
—Nada importante —le digo entre sollozos.
—Entonces eres la única que veo llorar por bobadas —me dice riendo, y yo volteo a verla.
—¿Puedo pedirte un favor? —le digo mientras me limpio las lágrimas.
—Claro, corazón, para eso estamos —me responde poniendo su mano en mi hombro.
—¿Podrías ayudarme pasando el trapero en el salón de eventos? No quiero regresar a ese lugar —la miro suplicante y ella vuelve a sonreír.
—No hay problema. Yo lo hago —le sonrío, sintiendo más calma.
—Te lo agradezco —respondo sinceramente.
—¡Ánimo, corazón! ¡No hay nada que no tenga solución! —Se marcha feliz y yo me dirijo hacia el Penthouse.
No pensaré más en ti, Aaron... te dejaré atrás como si nunca te hubiera conocido... como si esa noche jamás hubiera ocurrido...
**HORAS MÁS TARDE**
Faltan 5 minutos para dar por terminado el evento. Tuve que regresar al gran salón y agradecí a Dios que Aaron ya no estaba allí. Así que pude continuar con mi trabajo. Tener tanto que hacer me ayudó a no pensar y mantener distraída mi mente.
El celular vibra en mi bolsillo.
"LLAMADA ENTRANTE: Mikael"
—Hola, bebé.
—Hola, cariño. ¿Cómo sigue tu dedo?
—Sobreviviré, jejeje.
—Jejeje, ok... ¿Qué te parece si, para compensar tu accidente laboral, te invito a cenar?
—Suena delicioso.
—Mucho más si es en tu compañía, cariño... ¿Por qué no sales y me dejas ver tu bello rostro, hermosa?
—¿Ya estás aquí?
—No dejaría que huyeras de mí.
—Jajaja, espérame, bajo enseguida.
—Aquí te espero.
Mikael, como siempre, pendiente de mí. Si no fuera por su invitación, sin duda me iría directo a
casa y me perdería de su compañía. Me hago a la idea de nuestra cena juntos y la angustia se desvanece lentamente.
Paso la recepción despidiéndome de todos. La noche está fresca, y el aire de la ciudad tiene una vibra tranquila después del bullicio del evento. El Lamborghini azul oscuro de Mikael está estacionado a unos pasos de allí, resplandeciendo bajo las luces de la calle. Entro en él y, antes de que pueda acomodarme en el asiento, Mikael se abalanza para besarme con una intensidad que me sorprende. El calor de su beso y la familiaridad de su abrazo me hacen sentir que, a pesar de la locura del día, todo está bien.
—Moría de ganas de verte, cariño —me dice entre besos, con una expresión de ternura en su rostro. Su cercanía y el modo en que me mira me hacen sonreír, y me doy cuenta de cuánto me ha extrañado.
—¿Cómo te fue el resto del día? —pregunto, mientras él sonríe y enciende el auto. El motor ruge suavemente, y comenzamos nuestro camino.
—Llevé en el auto a mi madrastra y a mi hermano Aaron con su novia. Los tres iban a almorzar en un restaurante cercano —explica Mikael mientras maneja con destreza.
—¿Su novia? —pregunto, mi curiosidad picada. No puedo evitarlo, aunque la pregunta es algo impulsiva.
—Sí... Alissa. Una chica muy guapa, estoy seguro de que te agradará —me dice, mientras yo me muerdo la lengua para evitar expresar mi escepticismo. Lo dudo mucho, pero decido mantener mis pensamientos en silencio.
—Alissa... —digo más para mí, intentando procesar la información. Su nombre resuena en mi mente, y me siento un poco incómoda con la idea de conocer a la nueva novia de Aaron.
—Sí, puedes creerlo? Mi hermano menor al fin ha sentado cabeza —comenta Mikael, con un tono que mezcla sorpresa y orgullo.
Decido cambiar el tema, ya que he prometido no volver a hablar de Aaron, no pensar en él, y mucho menos darle importancia.
—¿Y el trabajo? —pregunto, intentando desviar mi mente de la rabia que todavía siento.
—Nada nuevo. Juntas y más juntas —suspira. Luego, me mira con una sonrisa que ilumina su rostro. —Lo único lindo del día... eres tú —dice, tomando mi mano y guiñándome un ojo. Su gesto me hace sentir especial y apreciada.
La cena en el restaurante transcurrió sin novedad. El lugar es elegante y acogedor, con luces tenues y música suave que hace que la conversación sea aún más agradable. Mikael y yo hablamos sobre varios temas, incluyendo nuestras aspiraciones y planes futuros. La conversación gira en torno al matrimonio, el fallido intento de presentarme a su familia en una ocasión anterior, y la intención de Mikael de llevarme a su casa, esta vez sin dejar la cena servida. Al parecer, mi suegra Kristine, al igual que el señor Richard, han estado bajando la guardia respecto a mí, lo que es un pequeño consuelo.
Después de una cena deliciosa y llena de risas, nos dirigimos a mi apartamento. Los besos en la puerta de entrada se vuelven cada vez más intensos. Sin embargo, mi mente está parcialmente ausente, distraída por pensamientos y preocupaciones.
—Debo irme, cariño —dice Mikael, notando quizás mi distracción. —Dejaremos esto para el fin de semana —añade, mientras me guiña un ojo. —Hay una propuesta que quiero hacerte.
—¿De qué se trata? —le pregunto, con curiosidad y expectativa.
—Tengo que viajar por dos meses a París... y pues... como tú ya terminaste el proyecto del hotel, pensé que quizás te gustaría acompañarme. Como regalo anticipado de cumpleaños... Porque sé lo mucho que te esfuerzas —dice, dándome un beso en la nariz. —Sé que el proyecto del River fue todo un éxito. Hay que celebrarlo.
—Sí, así fue —le respondo mientras continúo procesando su propuesta. La idea de viajar a París es tentadora, pero también me preocupa el trabajo.
—Me alegra saber eso. Estarás de vuelta para tu cumpleaños... ¿Qué dices? —me pregunta, con esperanza en sus ojos.
—¿Y el trabajo? —hago la inevitable pregunta, preocupada por cómo encajaré este viaje en mis responsabilidades.
—Pide vacaciones —me sugiere Mikael, con una sonrisa tranquilizadora. —Date un respiro conmigo.
—Está bien, iré —acepto finalmente. Mikael me abraza emocionado, y yo correspondo, sintiendo el calor de su abrazo y la emoción de la perspectiva de viajar juntos.
Viajar sin duda alguna me hará bien, y la idea de pasar tiempo en París con Mikael me llena de entusiasmo y alivio.