Un simple tropiezo frente a la universidad cambió la vida de Amelia para siempre. Ahora su corazón y su hijo están atrapados entre dos mundos el humano y el del Reino de Fuego. Con Gael a su lado y el poderoso rey Dante observándola, Amelia deberá enfrentarse a decisiones, secretos peligrosos y una magia que puede alterar su destino… para siempre.
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Una cena en el Reino de Fuego
El cielo del Reino de Fuego siempre tenía un tono rojizo, como si el atardecer nunca terminara del todo.
Las montañas volcánicas rodeaban el enorme castillo real, y ríos de lava fluían lentamente entre las rocas negras. A pesar de la apariencia peligrosa, para los habitantes del reino aquel era un paisaje completamente normal.
Dentro del castillo, el gran salón estaba iluminado por enormes antorchas.
El calor era agradable, no sofocante.
Una larga mesa de piedra estaba preparada para la cena.
Platos llenos de carne asada, frutas del bosque ardiente y pan recién horneado cubrían la superficie. Varias copas de metal oscuro estaban llenas de una bebida dorada que brillaba bajo la luz del fuego.
Los príncipes del reino estaban sentados alrededor de la mesa.
Kael mordía tranquilamente un trozo de carne mientras miraba la silla vacía al final de la mesa.
—De verdad creo que Gael desapareció —dijo con la boca medio llena.
Eryon, sentado frente a él, lo miró con evidente desaprobación.
—Podrías intentar comer con modales.
Kael levantó una ceja.
—¿Para qué? Nadie importante está mirando.
En la cabecera de la mesa, Dante levantó la mirada lentamente.
Su presencia imponía silencio sin necesidad de decir nada.
Kael suspiró.
—Excepto el rey, claro.
Dante tomó un sorbo de su bebida antes de hablar.
—Sigue sin aparecer.
Eryon asintió.
—Es extraño incluso para él.
Otro de los hermanos, Lior, que hasta ese momento había permanecido en silencio, apoyó los codos en la mesa.
—Tal vez está en otro reino.
Kael negó con la cabeza.
—No lo creo.
—¿Por qué?
Kael sonrió con picardía.
—Porque cuando Gael va a otro reino siempre vuelve con problemas.
Eryon suspiró.
—Eso no ayuda.
Dante dejó la copa sobre la mesa.
—Algo está pasando.
Los demás lo miraron.
Dante rara vez hablaba sin motivo.
—Gael no desaparece sin decir nada —continuó—. No durante tantos días.
Kael se reclinó en su silla.
—Tal vez encontró algo que le interesa más que este reino.
Dante lo observó con frialdad.
—¿Qué podría ser más importante que su propio hogar?
Kael abrió la boca para responder…
Pero en ese momento las enormes puertas del salón se abrieron.
Todos miraron hacia la entrada.
Una figura caminó hacia la mesa con paso tranquilo.
Cabello oscuro.
Sonrisa relajada.
Gael.
Kael soltó una carcajada.
—Mira quién decidió aparecer.
Gael tomó asiento como si nada hubiera pasado.
—Buenas noches.
Eryon cruzó los brazos.
—Has estado desaparecido una semana.
Gael tomó una copa y bebió un poco antes de responder.
—Necesitaba distraerme.
Kael sonrió.
—¿Con quién?
Gael lo miró con una sonrisa divertida.
—Curioso como siempre.
Uno de los sirvientes colocó un plato frente a él.
Carne asada recién preparada.
Gael comenzó a comer con tranquilidad.
Como si no hubiera estado ausente durante días.
Dante lo observaba en silencio.
—¿Dónde estabas? —preguntó finalmente.
Gael levantó la mirada.
—Explorando.
—¿Explorando dónde?
Gael cortó otro trozo de comida antes de responder.
—El mundo humano.
El salón quedó en silencio.
Kael dejó su copa sobre la mesa.
—¿Fuiste al mundo humano?
Gael asintió.
—Tenía curiosidad.
Eryon frunció el ceño.
—Los humanos no tienen nada interesante.
Gael sonrió levemente.
—No estaría tan seguro.
Dante entrecerró los ojos.
—Los humanos son débiles.
—Tal vez —respondió Gael con calma.
Luego tomó otro sorbo de su bebida.
—Pero su mundo es… diferente.
Kael inclinó la cabeza.
—¿Diferente cómo?
Gael apoyó el codo en la mesa.
—Ruidoso. Caótico. Pero interesante.
Eryon negó con la cabeza.
—Sigues siendo el mismo irresponsable de siempre.
Gael soltó una pequeña risa.
—Probablemente.
Dante seguía observándolo.
Había algo extraño.
Gael parecía… distraído.
—¿Encontraste algo allí? —preguntó Dante.
Gael levantó la mirada hacia él.
Durante un segundo pensó en Amelia.
En sus ojos.
En la forma en que se sonrojaba cuando él la molestaba.
Pero no dijo nada.
—Nada importante —respondió finalmente.
Dante no parecía convencido.
Pero decidió no insistir.
Por ahora.
Mientras tanto…
En el mundo humano.
Amelia estaba sentada en una pequeña cafetería cerca de la universidad.
Frente a ella había una taza de café caliente.
Pero apenas la había tocado.
Lucía estaba sentada frente a ella comiendo un helado.
—Entonces… —dijo Lucía—. Ese chico otra vez.
Amelia suspiró.
—Sí.
Lucía sonrió.
—¿Te gusta?
Amelia negó rápidamente.
—No.
Lucía levantó una ceja.
—Demasiado rápido.
Amelia miró por la ventana de la cafetería.
La calle estaba iluminada por las luces de la ciudad.
—Solo es… interesante.
Lucía tomó otra cucharada de helado.
—Eso suena peligroso.
Amelia sonrió un poco.
Tal vez lo era.
Porque cada vez que veía a Gael, sentía algo extraño en el pecho.
Algo nuevo.
Algo que no entendía del todo.
Y sin saberlo…
Muy pronto descubriría que el chico misterioso que aparecía frente a su universidad no pertenecía a su mundo.