“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 10 El eco del santuario
El cuerpo del atacante fue retirado del jardín poco después.
Los guardias se dispersaron lentamente, murmurando entre ellos con inquietud.
Aquella noche ya había traído demasiadas sorpresas.
Aren Solaris permanecía en silencio.
Sus ojos estaban fijos en el suelo donde el hombre había caído.
Las palabras seguían repitiéndose en su mente.
"El niño del santuario."
No era solo una frase.
Era un recuerdo.
Uno pequeño.
Fragmentado.
Pero real.
Darian Valerius lo observaba con atención.
El alfa había aprendido a leer a las personas durante años de estrategia y guerra.
Y ahora veía algo evidente.
Aren estaba afectado.
Aunque intentara ocultarlo.
—Sabes algo —dijo finalmente Darian.
Aren levantó la mirada.
—No mucho.
—Pero sabes algo.
Aren guardó silencio.
Darian suspiró ligeramente.
—Ese hombre mencionó un santuario.
Aren respondió con calma.
—Sí.
—¿Has estado en uno?
Aren dudó.
Era extraño.
Porque no recordaba su infancia con claridad.
Pero la palabra santuario había despertado algo dentro de él.
Una sensación.
Un eco.
—Tal vez —respondió finalmente.
Darian lo observó.
—Eso no es una respuesta muy segura.
—No recuerdo con claridad.
El alfa frunció ligeramente el ceño.
—Entonces ese recuerdo no es completo.
—No.
Aren miró hacia el jardín nuevamente.
—Solo imágenes.
Darian esperó.
—Un edificio de piedra.
—¿Qué más?
Aren cerró los ojos por un instante.
—Luz entrando por ventanas altas.
—¿Vitrales?
—Sí.
Darian cruzó los brazos.
—Eso suena como un santuario antiguo.
Aren volvió a abrir los ojos.
—Tal vez.
Pero algo más apareció en su mente.
Una voz.
Suave.
Preocupada.
"Protégelo."
Aren respiró lentamente.
Darian lo notó.
—¿Qué recuerdas ahora?
Aren dudó.
Luego respondió.
—Una voz.
—¿De quién?
—No lo sé.
Darian observó su expresión.
Era la primera vez que Aren parecía verdaderamente confundido.
Eso era raro.
Porque normalmente el omega reaccionaba a todo con calma lógica.
Pero ahora…
Había incertidumbre en su mirada.
—Tal vez alguien te llevó allí —dijo Darian.
Aren levantó la mirada.
—Eso es posible.
—Los santuarios antiguos solían proteger cosas.
—¿Cosas?
Darian lo miró.
—Personas especiales.
El silencio cayó entre ellos.
Porque ambos entendieron lo que eso implicaba.
Aren habló finalmente.
—Eso suena inconveniente.
Darian soltó una pequeña risa.
—Tu forma de describir situaciones peligrosas es interesante.
Aren se encogió de hombros.
—Es más eficiente que entrar en pánico.
Darian negó ligeramente con la cabeza.
—No eres normal.
Aren respondió con tranquilidad.
—Eso ya lo sabemos.
Caminaron de regreso hacia la enfermería.
La noche se había vuelto más fría.
Los guardias patrullaban el palacio con mayor frecuencia.
Cuando entraron a la habitación, Darian cerró la puerta detrás de ellos.
Luego se apoyó contra la pared.
Aren fue directamente hacia la mesa de trabajo.
Preparar medicinas lo ayudaba a pensar.
El sonido del mortero triturando hierbas llenó la habitación.
Darian lo observaba.
Finalmente habló.
—Hay algo más que me preocupa.
Aren levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
—Los Custodios.
—¿Qué ocurre con ellos?
Darian cruzó los brazos.
—No persiguen a alguien sin una razón clara.
Aren respondió con calma.
—Entonces creen saber algo sobre mí.
—Exactamente.
Aren cerró el frasco que tenía en la mano.
—Eso significa que alguien más también lo sabe.
Darian asintió.
—Sí.
—Alguien que me conocía antes.
El alfa lo observó.
—Eso parece.
Aren pensó unos segundos.
—Entonces deberíamos encontrar a esa persona.
Darian levantó una ceja.
—Eso podría ser difícil.
—Probablemente.
El silencio volvió.
Pero fue interrumpido por un sonido extraño.
Un leve golpe en la ventana.
Ambos se giraron.
Darian caminó hacia ella.
Abrió ligeramente el marco.
Algo cayó dentro.
Un pequeño objeto metálico.
Aren se acercó.
—¿Qué es?
Darian lo levantó.
Era un anillo.
Antiguo.
Con un símbolo grabado.
El mismo símbolo que había visto antes.
El de los Custodios.
Pero había algo más.
Una pequeña inscripción en el interior.
Darian frunció el ceño.
—Esto no es una amenaza.
Aren lo miró.
—¿Qué es entonces?
Darian le mostró el interior del anillo.
Había una palabra grabada.
Solaris.
Aren se quedó inmóvil.
—Ese es mi nombre.
Darian lo observó.
—Tu apellido.
Aren tomó el anillo.
Lo sostuvo entre sus dedos.
Y entonces…
Otro recuerdo apareció.
Una mano colocándole ese mismo anillo cuando era niño.
La misma voz suave.
"Esto te protegerá."
Aren respiró lentamente.
Darian lo observaba con atención.
—Recuerdas algo.
Aren levantó la mirada.
—Sí.
—¿Qué cosa?
Aren respondió en voz baja.
—Este anillo era mío.
El silencio llenó la habitación.
Darian frunció el ceño.
—Entonces alguien acaba de devolvértelo.
Aren asintió lentamente.
—Sí.
Darian caminó hacia la ventana.
Miró hacia el jardín oscuro.
—Eso significa que alguien más está aquí.
Aren preguntó:
—¿Aliado o enemigo?
Darian respondió con calma.
—Eso es lo que vamos a descubrir.
Pero en ese momento…
Una figura observaba desde la muralla del palacio.
Envuelta en una capa oscura.
Sus ojos estaban fijos en la ventana de la enfermería.
—Así que lo encontraste —murmuró.
El viento movía suavemente su capa.
La figura sonrió ligeramente.
—Aren Solaris.
Hizo una pausa.
—Has crecido.
Luego desapareció entre las sombras.
Mientras dentro del palacio…
Aren sostenía el anillo.
Sin saber que alguien que lo conocía desde su infancia…
Acababa de regresar.
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