SINOPSIS
Vi al hombre que había sido el protagonista de mis sueños más húmedos durante un año, desde que lo conocí en el avión ese día y nunca más lo volví a ver… hasta ahora. El peor día de mi vida. Llegar tarde a casa del trabajo esa noche me hizo sentir peor que ver a mi exnovio teniendo sexo. Mucho peor. Y también sería peligroso si él no estuviera allí para salvarme. Mi héroe no tiene armadura. Pero no es un héroe, es un villano. Es duro, salvaje y fuerte. La forma en que me mira me emociona. Estaba equivocada por todas las razones correctas, un mal hombre, pero con un buen corazón. Y me caí, demasiado fuerte.
Las cosas empiezan a ir mal y faltan las piezas. ¿Por qué estaba allí ese día, quién era realmente? Me siento confundida. Mi mente y mi corazón están en una batalla de vida o muerte. ¿Me voy con la cabeza gacha? ¿O me quedo y amo con todo mi corazón?
NovelToon tiene autorización de Any Estrada para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11: —Pronto saldremos.
Capítulo 11
IRENE
Cuando cuelga y me devuelve el celular, sonríe.
—Por la voz de su marido, no creo que tarde en llegar una ambulancia.
—Sí, definitivamente, ese es mi Richard —contesta Paola sin dudar. Yo no contesto, las lágrimas de impotencia no me dejan.
—Me lo imagino conduciendo como un loco desde la clínica. Menos mal que Apolo está con él y podrá controlarlo… aunque compadezco al que se atreva a llevarle la contraria en un momento así… —una nueva contracción la silencia de continuar hablando. Entre gritos, Paola dice—: ¿por qué tiene que ocurrirme esto en este momento? ¿por qué?
Ladeo la cabeza para ver a Clara observándola sin perder la calma. Me sorprende su aplomo cuando yo estoy que me subo por las paredes. Claro, sé que se debe a mi claustrofobia porque, de lo contrario, estaría ayudando a Paola.
Con voz controlada, Clara obliga a Paola a mirarla y a respirar.
Paola por fin la mira y respira hondo. Cuando está segura de que Paola ha conseguido calmarse del dolor, abre su móvil y, tras hablar con alguien en voz baja, nos anuncia:
—He pedido refuerzos. Si los de seguridad no nos sacan, nos sacarán unos amigos míos.
—No me importa quién nos saque, con tal de que nos saquen de aquí. ¿Comienza a hacer calor o soy yo la que está sudando? —pregunto, en modo automático me quito la chaqueta arrojándola a un lado, luego la camiseta quedándome en sujetador.
—¡Para, Irene, no está haciendo calor! No puedes desnudarte aquí. ¿Lo entiendes? —tengo la mirada desenfocada, por lo que solo asiento mientras la oigo hablar con Paola. Echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos.
«Maldito infierno de mierda. ¡Juro que más nunca me subo a un ascensor!»
—Muy bien, Paola… mírame de nuevo. Vamos a respirar. Vamos, hazlo conmigo.
Por tonto que parezca, hago lo que Clara le indica a Paola y comienzo a respirar mejor.
—Gracias… —oigo decir a Paola.
Pasan los minutos y el ascensor no se mueve. Mi celular suena. Supongo que es Richard o Apolo… o mi madre, cualquiera de ellos, preocupados.
Clara busca el celular y contesta. Le dice algo tranquilizador y, cuando cuelga, dice:
—Pronto saldremos.
Oímos golpes, pero el ascensor no va para arriba ni para abajo. Yo no me muevo de mi esquina. Me siento débil.
—¿Y qué es lo que vas a tener, un niño o una niña?
—Niña. —contesta Pao.
—Oh, será tan preciosa como tú entonces.
—Gracias.
Me acaloro. El agobio me sofoca aún más y ellas continúan hablando.
—Sé lo que estás sufriendo. Sólo te puedo decir que todo pasa y lo olvidarás. Cuando tienes a tu bebé en los brazos, todo se olvida.
—¿Estás segura? ¿Tienes hijos? —eso gana mi curiosidad y abro un ojo para ver la cara de Clara, ya que ella no parece tener más de veintiséis años.
—Segurísimo. —Sonríe. Pero no responde a la pregunta de tener hijos.
Se vuelven a oír los golpes. El celular de Clara suena. Ella habla y, cuando cuelga, nos dice:
—En dos minutos las sacaré a ambas de aquí, porque no me he olvidado de ti, cariño —la miro.
—Gracias. —ella me guiña un ojo.
Y tiene razón. Instantes después, las luces del ascensor se encienden y retomamos el ascenso. Yo comienzo a sudar frío al sentir el calor en la nuca. De repente, el ascensor se detiene abruptamente y Paola. Clara le ha dado al botón del Stop, por lo que nos hemos vuelto a parar y aprieta el botón de la planta baja. Finalmente, el ascensor empieza a bajar y me siento aliviada. Cuando las puertas se abren, veo tres tipos, que más bien parecen armarios, vestidos con pantalones negros. La situación parece cada vez más extraña. Clara se apresura a taparme con la chaqueta que había lanzado a un lado, mientras los tres hombres se acercan con aspecto amenazador.
—¿Dónde está la ambulancia? —les pregunta Clara.
—Afuera no hay ninguna ambulancia, Clar. —oigo decir a uno de ellos entrando y saliendo de la inconsciencia.
—¡Joderrrrrrr! —exclama Pao, pero el sonido de su voz me suena muy lejano.
Mi cabeza cae hacia un lado; ya no puedo aguantar más, dejo que mis párpados se cierren.
—Mírame, Paola. Vamos a respirar. —le insta Clara.
—(¿Qué carajos es esto Clar? Nosotros no hacemos este tipo de cosas.) —uno de ellos habla en ruso.
—(Joder, Misha. También suelen salvar vidas.) —ella le responde en un lindo ruso.
—(Sí, cuando nos pagan por hacerlo. Mierda, creo que voy a vomitar).
—(¡Cállate, Misha! Clar no tiene culpa de que seas una marica con estómago de niña.) —parte de la conversación es en ruso, por lo que no entiendo nada hasta que Clara habla, y al hacerlo suena irritada.
—Pet, desalójame el área por favor. Vol, agarra a Irene, posiblemente ya esté desmayada. La pobre es claustrofóbica, lo ha pasado fatal. También es la hija de mi jefa. —sin dudarlo, sea quien sea el tal Vol, siento cómo me toma en sus brazos, cargándome. Así que también supongo que hacen lo que Clara les ha indicado. Mientras escucho las órdenes de la chica, siento como si estuviera en una cálida nube.
—Pero mira qué tan pequeño es el mundo. —me susurra al oído el hombre que me lleva en sus brazos.
—Paola, ¿cómo vas?
—Ay, Dios mío… —susurra Paola horrorizada—: Ya no hay marcha atrás, ¡Voy a parir! Duele mucho. —grita.
—Tranquila, Pao, tranquila. Todo va a ir bien. —estoy segura de que el caos se desata—. No voy a esperar por la puta ambulancia. Pet, ve por la camioneta. La quiero en la puerta sur en dos minutos. —se escuchan las fuertes pisadas de alguien corriendo, luego se hace un silencio— ¿A qué hospital se supone que deba llevarte?
—Gouverneur Healthcare Services: 227 Madison Street. —responde Pao entre gemidos de dolor.
—Anto, dame ruta y tiempo. —no conozco muy bien a Clara, pero no es para nada la chica tímida que conocí hace un año. Tan pronto habla inglés, como en ruso. Es fascinante. ¿Y quiénes eran esos hombres de negro?... La oigo hablar con alguien en voz baja, pero al no escuchar respuesta alguna de ninguno de sus amigos, se entonces que está hablando por el celular. —Nova, tómala con cuidado en tus brazos, y tráela. En Siete minutos las dejaré a ambas en el hospital.
No se escucha nada más, solo el sonido de sus pisadas nos acompaña. Me dejo ir por no sé cuánto tiempo, sumergiéndome en la oscuridad.
—¿Qué creen que hacen? —la voz de Apolo llega desde alguna parte a mi cerebro.
—Las llevaré a ambas al hospital.
—¡Nena! —grita Richard. Me esfuerzo en abrir los ojos, para encontrarme que estoy dentro de una camioneta en la parte de atrás y Paola acostada en los asientos detrás del mío, con las piernas flexionadas y los pies apoyados en ellos. No sé nada de autos, pero este es jodidamente grande. Richard sube con ella, le da besos y habla tan deprisa que no puedo registrar lo que dice.
fotitos por favor