Cada final es un regreso… pero el dolor nunca desaparece.
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Capítulo 18: La biblioteca que no debía existir
Capítulo 18: La biblioteca que no debía existir
Kenji cerró la puerta de su habitación detrás de él.
—…Necesito despejarme.
Se pasó una mano por el rostro.
El recuerdo seguía ahí.
El bosque.
El lago.
Alicia.
—No fue un sueño…
Caminó por el pasillo, todavía algo desorientado.
—Solo quiero lavarme la cara y ya…
Giró en una esquina.
Luego otra.
—¿Era por aquí?
Se detuvo frente a una puerta.
—…Creo.
No estaba seguro.
Pero en ese momento—
No le importó demasiado.
La abrió.
Y se quedó quieto.
—…
No era un baño.
Era—
Una biblioteca.
Gigantesca.
Estantes que parecían no tener fin.
Libros antiguos.
Polvo suspendido en el aire como si el tiempo estuviera detenido.
El silencio era distinto.
Más profundo.
Más… pesado.
Kenji dio un paso dentro.
—…Ok.
Miró alrededor.
—Esto definitivamente no es el baño.
La puerta se cerró sola detrás de él.
Click.
Kenji se giró de golpe.
—…Eso no me gusta.
Y entonces—
La sintió.
Una presencia.
Frente a él.
Giró lentamente la cabeza.
Ahí estaba.
Una chica.
Pequeña.
Cabello blanco.
Ojos verdes.
Mirándolo fijamente.
Sin parpadear.
Sin moverse.
Kenji se quedó en silencio unos segundos.
Luego levantó ligeramente la mano.
—Ehhh…
Hizo una pequeña mueca.
—¿Por qué me miras?
La chica no respondió de inmediato.
Solo inclinó un poco la cabeza.
Sus ojos no se apartaron de él.
—…
—…
—…Tardaste.
Su voz fue fría.
Directa.
Como si esa fuera la única respuesta lógica.
Kenji parpadeó.
—¿Eh?
La chica cruzó los brazos.
—Más de lo esperado.
Kenji frunció el ceño.
—Creo que te estás confundiendo de persona.
La chica negó lentamente.
—No.
Un paso adelante.
Su presencia era… extraña.
—Eres tú.
Kenji retrocedió apenas.
—…¿Yo qué?
La chica lo miró con una ligera expresión de desinterés.
—El que debía llegar.
Silencio.
Kenji soltó una risa nerviosa.
—Ok… eso suena demasiado importante para alguien que solo buscaba el baño.
La chica no reaccionó.
—Kenji.
Su nombre.
Otra vez.
Kenji se tensó.
—…¿Cómo sabes mi nombre?
La chica lo observó unos segundos más.
Luego—
—Porque te estaba esperando.
Silencio.
Pesado.
Kenji bajó un poco la mirada.
Luego volvió a verla.
—…Eso tampoco me gusta.
La chica suspiró.
Como si estuviera cansada.
—Eres más lento de lo que pensé.
Kenji levantó una ceja.
—Oye, eso fue ofensivo.
La chica ignoró el comentario.
—Mi nombre es Lilia.
Sus ojos verdes brillaron levemente.
—Y esta…
Miró alrededor.
—Es la biblioteca del dragón oscuro prohibido.
El aire se volvió más denso.
Más serio.
Kenji tragó saliva.
—…Genial.
Se pasó la mano por la cara.
—Definitivamente tomé la puerta equivocada.
Lilia lo miró.
Sin emoción.
—No.
Hizo una pequeña pausa.
—Tomaste la correcta.
Silencio.
Kenji la observó.
—…Eso es peor.
Y en ese instante—
Sin darse cuenta—
Kenji había entrado en otro lugar donde las reglas…
No eran normales.
Capítulo 18: La biblioteca que no debía existir (Parte 2)
El silencio en la biblioteca era distinto.
No incómodo.
Pero sí… pesado.
Como si cada palabra tuviera más peso del normal.
Kenji se rascó la mejilla.
—Oye…
Lilia no apartó la mirada.
—¿Qué?
Kenji dudó un segundo.
Luego habló.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
Lilia no reaccionó de inmediato.
Solo lo observó.
Evaluando.
—Dime.
Su voz fue seca.
Directa.
Kenji asintió.
—¿Me puedes contar sobre las leyendas del reino?
Hizo una pequeña pausa.
—No seré una molestia, lo prometo.
Silencio.
Lilia lo miró.
Largo.
Como si analizara más que la pregunta.
Como si analizara… a él.
—Ya eres una molestia.
Kenji parpadeó.
—…Ok, eso fue directo.
Lilia suspiró.
—Pero ya estás aquí.
Se giró.
Su cabello blanco se movió ligeramente.
—Así que no importa.
Caminó hacia uno de los estantes.
Sus pasos eran ligeros.
Casi no hacían ruido.
—Las leyendas no son historias bonitas.
Tomó un libro sin siquiera buscar.
—Son advertencias.
Kenji la siguió con la mirada.
—Eso suena mejor de lo que esperaba.
Lilia lo ignoró.
Abrió el libro.
—Este reino…
Su voz bajó ligeramente.
—No siempre fue estable.
Pasó una página.
—Hubo una época donde la magia se descontroló.
Otra página.
—Y de ahí nacieron…
Hizo una pausa.
Sus ojos se levantaron hacia Kenji.
—Las autoridades.
El ambiente cambió.
Kenji frunció el ceño.
—…¿Pecados capitales?
Lilia asintió.
—Sí.
Cerró el libro de golpe.
—Las llamadas “magas oscuras”.
Se apoyó ligeramente en la estantería.
—Cada una representa un concepto humano llevado al extremo.
Kenji pensó en Alicia.
—…Ya conocí a una.
Lilia lo miró.
Sin sorpresa.
—Lo sé.
Kenji se tensó.
—…¿Cómo que lo sabes?
Lilia ladeó la cabeza.
—Porque esa no fue una casualidad.
Silencio.
—Ella te vio antes que tú a ella.
Kenji apretó ligeramente los puños.
—…Alicia.
Lilia asintió.
—Envidia.
Su voz no cambió.
Pero el aire sí.
—La más inestable.
—La más peligrosa.
Kenji soltó aire por la nariz.
—Genial… justo la que me tocó.
Lilia lo observó unos segundos.
—No “te tocó”.
Hizo una pausa.
—Te eligió.
Silencio.
Pesado.
Kenji desvió la mirada.
—…Eso no me gusta nada.
Lilia cerró el libro.
—No debería.
Se acercó un poco más.
—Las leyendas dicen que quien es observado por una autoridad…
Sus ojos verdes brillaron apenas.
—Pierde algo.
Kenji la miró.
—¿Como qué?
Lilia lo sostuvo con la mirada.
—Depende.
Hizo una pausa.
—Pero nunca es algo pequeño.
El silencio volvió.
Kenji tragó saliva.
—…Ok.
Se rascó la nuca.
—Eso sí fue incómodo.
Lilia no respondió.
Solo lo observó.
Pero esta vez—
Su mirada no era solo fría.
Era… interesada.
—Tú también eres una anomalía.
Kenji frunció el ceño.
—¿Ahora qué significa eso?
Lilia dio medio paso más cerca.
—Que no encajas.
Hizo una pausa.
—Y eso me gusta.
Kenji levantó una ceja.
—…Eso tampoco me tranquiliza.
Lilia se giró nuevamente hacia los libros.
—Debería.
Kenji suspiró.
—Definitivamente no.
Pero aun así—
No se fue.
Porque en ese lugar—
Había respuestas.
Y él las necesitaba.