Sinopsis: Enamorada del hermano de mi novio
Todo comienza cuando Gabriel Montes presenta a su novia, Kerly Sánchez, a su familia, sin imaginar que su propio hermano, Elian Montes, terminará enamorándose perdidamente de ella. Lo que empieza como una simple atracción se convierte en un amor prohibido que ninguno de los dos puede controlar. A escondidas de Gabriel, Elian y Kerly comienzan una relación clandestina, arriesgándose a destruir los lazos familiares por un sentimiento que crece cada día más. Pero cuando Gabriel descubre la traición, tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar contra su propia sangre por la mujer que ama.
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### Capítulo 2: La novia del niño perfecto
### Capítulo 2: La novia del niño perfecto
Kerly Sánchez — Cali, Colombia.
Hola, soy Kerly Sánchez, tengo 19 años y nací el 8 de noviembre de 2006 en Cali, Colombia, la sucursal del cielo. Soy una mujer de carácter fuerte, consentida cuando me da la gana y bastante atrevida. Me gusta la adrenalina, las fiestas, la música a todo volumen y hacer lo que se me dé la gana sin tener que darle explicaciones a medio mundo.
¿Que si soy creída? Un poquito, no les voy a mentir. Yo siento que las mujeres nacimos para brillar, y si uno se siente divina, ¿cuál es el problema, pues? A mí me gusta arreglarme, verme bonita y salir a disfrutar la vida. No nací para quedarme encerrada en la casa viendo cómo pasan los días.
Mi mamá siempre me dice que soy una niña terrible.
—¡Kerly Sánchez, vos algún día me vas a sacar canas verdes! —me grita cada vez que llego tarde.
Y yo, como si nada, le contesto:
—Ay, ma, relajate, ve. Que yo estoy joven y tengo que disfrutar.
La verdad es que no me gusta que me controlen. Si quiero salir, salgo. Si quiero bailar hasta las cinco de la mañana, lo hago. Eso sí, siempre trato de cuidarme, porque una cosa es disfrutar y otra muy distinta es andar por ahí haciendo bobadas.
Pero bueno, hablemos de mi novio.
¡Ay, Dios mío, mi novio!
Gabriel Montes.
Un hombre de 22 años, trabajador, responsable, educado y con una cara de niño bueno que enamora a cualquier mamá. Mi suegro vive orgulloso de él y, sinceramente, a veces creo que Gabriel disfruta demasiado que lo tengan en un pedestal.
¿Y yo? Yo soy su novia desde hace ocho meses.
Lo quiero, claro que sí, pero ese hombre a veces me saca la piedra.
¿Por qué? Porque todo en su vida es trabajo.
Que tiene una reunión, que debe revisar unos documentos, que mañana tiene que madrugar, que necesita organizar sus cuentas.
¡Ave María, pues! ¿Este hombre no descansa?
Esa tarde estaba acostada en mi cama, mirando TikTok, cuando me llegó un mensaje suyo.
Gabriel: Hola, mi vida. ¿Qué hacés?
Yo: Nada, amor, aburrida. ¿Vos?
Gabriel: Trabajando, preciosa. Tengo unas cosas pendientes.
Puse los ojos en blanco.
Yo: ¿Otra vez trabajando? Jajajaja, Gabriel, vos sí sos intenso.
Gabriel: Alguien tiene que trabajar para nuestro futuro, mi amor.
Yo: ¿Y quién dijo que yo no quiero disfrutar el presente?
Se demoró unos minutos en responder.
Gabriel: Kerly, tenemos que pensar en cosas serias.
Suspiré y dejé caer el celular sobre la cama.
—¡Qué pereza, ome! —murmuré—. Uno queriendo salir a bailar y este man planeando la jubilación.
No me malinterpreten. Yo sabía que Gabriel tenía buenas intenciones. Era un hombre que quería salir adelante, formar una familia algún día y darme estabilidad. El problema era que, para él, todo tenía su momento y su lugar.
Para mí, en cambio, la vida era demasiado corta como para vivir pensando únicamente en el trabajo.
Esa noche decidí llamarlo.
—Hola, amor —contestó con su voz tranquila.
—Hola, guapo. ¿Qué hacés?
—Terminando unos informes. ¿Por qué?
—Porque quiero salir esta noche, mi vida. Hay una rumba buenísima por Granada. Vamos, ¿sí?
Gabriel guardó silencio unos segundos.
—Hoy no puedo, Kerly. Mañana tengo que levantarme temprano.
Me senté de golpe en la cama.
—¡No, pues, qué maravilla! ¿Y cuándo podés, entonces? ¿En el año 2050?
—No exagerés, amor.
—No exagero. Siempre es lo mismo con vos.
—Podemos salir el sábado.
—¡Hoy es viernes, Gabriel!
Escuché su suspiro al otro lado de la llamada.
—Bueno, andá con tus amigas, pero me avisás cuando llegués.
Me quedé callada. Por lo menos no me estaba prohibiendo salir.
—Está bien, pues. Te quiero.
—Yo también te quiero, preciosa.
Colgué y comencé a arreglarme. Me puse un vestido negro, unas sandalias bonitas y mis accesorios favoritos. Después me hice el cabello, me maquillé y tomé varias fotos frente al espejo.
Estaba lista para la noche.
Sin embargo, antes de salir, Gabriel me escribió que el domingo quería llevarme a su casa para presentarme oficialmente ante su familia.
Me emocioné un poquito. Ya conocía algunas cosas de él, pero todavía no había compartido con sus padres.
Yo: Bueno, amor. El domingo voy con vos.
Gabriel: Te van a querer mucho, mi vida. Estoy seguro.
Sonreí mirando la pantalla.
Yo todavía no sabía que aquella visita cambiaría mi vida de una manera que jamás habría imaginado.
Porque en esa casa conocería a Elian Montes, el hermano mayor de Gabriel.
Y ese hombre, con su sonrisa atrevida y su manera tan descarada de mirarme, sería el comienzo de un problema que ninguno de nosotros sabría cómo detener.