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LA HERMANDAD DEL AMO

LA HERMANDAD DEL AMO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Fantasía épica / Completas
Popularitas:50
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Trinidad Raquel Reig Mateu

Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?

NovelToon tiene autorización de Maria Trinidad Raquel Reig Mateu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO. 2 CICATRICES Y SECRETOS

La tumba de su padre, tan hermética como misteriosa. Se alzaba esperando escuchar de él que había cumplido con su cometido, él avergonzado se arrodilló roto de dolor porque sentía que lo había defraudado, sujetaba un ramo de rosas blancas y amarillas, eran sus favoritas y las de su madre. Le había prometido traerle a su madre para que descansara a su lado y resolver el rompecabezas de su muerte, que tanto dolor le había causado. Unos interrogantes sin respuestas que cada vez se intensificaban más.

Su infancia transcurrió feliz hasta que apareció su abuelo en su vida para llevarse a la fuerza a su madre, con tan solo 12 años. En ese instante empezaron los quebraderos de cabeza y las preguntas sin respuesta porque no entendía por qué su abuelo nunca se hizo conocer ante él, ni tampoco por qué se llevó a la fuerza a su madre. En esa edad empezó a ver comportamientos raros en su padre que, aunque nunca le hablaba mal de su abuelo, tampoco le aclaraba los motivos que lo llevó a apartarlo de su madre. Sus preguntas cada vez se acrecentaban más conforme crecía y se desbordaron cuando un día sin más su padre desapareció, regresando en un ataúd. Con 14 años su vida dio un vuelco, gracias a sus tíos Daichi Scout y Lisa junto a Rachel mantuvo vivas las enseñanzas de sus padres y siguió en esa línea de valores y educación.

El sol estaba en lo alto del cielo, solo el canto de unos pájaros que sobrevolaban el lugar rompía el silencio nostálgico de allí. El cementerio era una parcela extensa, por la que se movían por unos caminos estrechos asfaltados para que las personas que quisieran hacer su rutinaria visita no invadieran la zona verde, donde estaban colocadas las tumbas. Alzadas con piedras blancas y decoradas por jardineras de piedra situadas a cada lado de la lápida. La brisa empezó a silbar de un modo melodioso, era como un susurro en los oídos del joven. Que se arrodilló y puso el ramo de flores al pie de la tumba. Se secó las lágrimas tras quitarse las gafas de sol y miró con nostalgia la foto de su padre. Puso su mano derecha sobre sus labios e hizo el gesto de sellar un beso y luego lo marcó en la foto. Rompió a llorar otra vez, notaba que sus fuerzas flaqueaban y su cuerpo se negaba a salir de ese lugar para siempre. Algo en lo más profundo de su corazón le decía que su vida estaba allí.

Hubo un silencio ensordecedor, la brisa cesó y todo se volvió calma. Solo su llanto rompía por momentos ese silencio. Súbitamente, una voz de su interior le dijo: “Deja de lamentarte, estás en el buen camino, pronto se activará la hermandad, cumplid con vuestro destino y no te alejes más de los que te aman de verdad". Abrió los ojos, sorprendido. Fue tal el impacto que cesó de llorar. Entonces fue consciente de que algo dentro de su corazón le había llevado hasta ese lugar sin pensar a penas. Volvió analizar las palabras y sintió que era su padre quien le había hablado. De su boca salieron tres palabras que las pronunció sin pensar “”Lo prometo papá"".

Se levantó dispuesto a cumplir con su promesa, y al darse la vuelta se percató que a unos metros de él había otro joven que lo miraba curioso con sus ojos azul zafiro penetrantes. Era de cuerpo atlético, llevaba un pantalón vaquero y una sudadera de Adidas. Su pelo negro estaba recogido en una "trenza. El joven se acercó a él lentamente.

- ¿Esto también es obra tuya padre? - musitó Joan, dibujando una sonrisa.

El sol estaba en lo más alto, indicando que era medio día. Uno de los jóvenes estaba arrodillado con las palmas juntas y con los ojos cerrados emitiendo una plegaria honorable. Había dejado previamente un ramo de rosas blancas, mientras el otro de pie miraba de nuevo a la tumba de su padre. Le agradecía sus palabras y el haber vuelto a hacer posible el reencontrarse con su hermano del alma.

Tras varios minutos en silencio ante la tumba, ambos jóvenes hicieron una reverencia formal como si estuviesen ante un honorable maestro cuyas enseñanzas habían sido lecciones de vida para afrontar cada prueba y desafío que la vida les pudiera poner en el camino.

Iniciaron el camino hacia el pueblo andando. Pausadamente, mientras en silencio observaban aquellos campos en los que de niños jugaban o se entrenaban con sus padres. La mirada de ambos era de nostalgia, pues de eso hacía mucho tiempo y ahora eran hombres destinados a enfrentar situaciones por las que les era obligatorio pasar.

Ya dentro del pueblo, veían a los niños jugar al beisbol en el descampado, mujeres ajetreadas por las aceras con las compras o chismeando en los portales de las casas, algunas se les quedaban mirando como si les reconocieran. Por la ancha carretera pasaban coches a una velocidad moderada.

Doblaron una esquina y entraron en una de las calles más largas. La mayoría de las casas estaban protegidas por vallas de madera las más viejas y por muros las más modernas para proteger su privacidad. Entre ellas, había una casa rodeada por un muro con techo inclinado por tejas de pizarra. A pesar de ser llamativa, quedaba bastante discreta en medio de las otras dos casas que eran ostentosas y llamativas a los ojos de las personas.

Entraron en la casa de techo de pizarra, el joven que llevaba la trenza abrió el portón. Hizo un gesto caballeroso cargado de ironía hacia su amigo para que pasase delante. Entre risas pasó y tras cruzar la puerta la cerraron. Ambos se dirigieron a la casa.

El jardín principal estaba decorado con algunos bonsáis de diferentes tamaños y otros que eran cerezos. Con pequeño estanque en medio donde en otra época criaban carpas. No era muy espacioso el jardín evocaba mucho lo oriental, concretamente a Japón.

Entraron al interior, Joan se percató en seguida que la vivienda llevaba más de tres años deshabitada, el ambiente era frío y sombrío envuelto por una sensación de soledad y abandono.Takeshi Ralph abrió la ventana del salón entrando de inmediato con un aire renovador, aunque gélido. Joan se fue a sentar en un sillón que estaba frente a la chimenea. Mientras se acomodaba sintió un fuerte pinchazo de su herida todavía tierna. Se colocó la mano sobre la herida con gesto de dolor. Su amigo se fue a la cocina para ver si había algún tipo de licor que ofrecerle.

El salón estaba lleno de recuerdos, aún podía sentir el cálido fuego que encendían en invierno y él junto con Takeshi Ralph y su otra mejor amiga Sally, se sentaban, frente a ellos Daichi Scout, el padre de su amigo.

A escucharle las historias de samuráis que les contaba. Mientras que la madre les servía su merienda favorita un tazón de chocolate con panecillos dulces para mojar. El aire estaba tan cargado de momentos apacibles que en su interior volvió a resonar las palabras que había escuchado en el cementerio de su padre.

El reloj de cuerda que se alzaba

Imperiosamente en la pared de la chimenea hacía sonar su clásico tic tac, mientras que marcaba las doce del mediodía. Tenía más de 60 años y aún funcionaba como si fuera ayer cuando lo vio por primera vez en la casa.Su amigo le contó que era un reloj heredado de sus antepasados y que guardaba un gran valor sentimental y según su abuelo tenía un tesoro guardado en su interior.

Joan sonrió al recordar con qué misterio lo contaba Ralph, ninguno nunca tuvo la curiosidad de saber si el tesoro realmente existía o no. Solo se quedaron con el valor sentimental. Su mirada se paró en una vieja foto puesta encima de la cómoda del salón. Se levantó y fue hasta ella, la tomó en manos y allí estaban las tres parejas con sus retoños. Él puso su mirada sobre sus padres y vio con nostalgia a su madre. La volvió a dejar en su sitio y se volvió a sentar. En ese momento entró Ralph sentado frente a él en el otro sillón de orejas que había frente a la chimenea.

- Imagino que tendrás tantas cosas que contarme como es mi caso. – Inició la conversación Ralph.

- Puedes estar seguro de ello. ¿Quién empieza?

- Siendo el primero en salir del huevo. Asume ese honor.

- Sigues teniendo ese humor cabrón Takeshi Ralph- rio Joan, volvió a serenarse para iniciar su relato. - “En Irlanda, no logré encontrar a mi madre ni ver a mi abuelo, pero en mi camino se cruzó un hombre llamado Alfred Stanlin. Me dio refugio en su casa y me contrató como su hombre de confianza, trabajé para él como jardinero, guardaespaldas y acompañante ya que era paralítico e iba con silla de ruedas. Durante dos años me habló de mi padre y su relación con una hermandad, la cual mi abuelo materno era el maestre. Eso me llevó a entender dos cosas, la cofradía del servicio, en las leyendas que escuchábamos de nuestros padres es en realidad la hermandad del AMO y comprendí sobre todo las conversaciones que mantuve de hombre a hombre con mi padre, desde que era niño. También me reveló algo que me dejó muy sorprendido, que la hermandad tenía su hermandad contraria a sus ideales, valores y ética. Los Dracon. Los cuales también tenían sus normas. Alfred me invitó a que formara parte de los Dracon para proteger a mi abuelo, aunque nunca entendí eso, siguiendo sus consejos me involucré pronto en un grupo de Dracon hasta que hace un par de meses, cuando logré descubrir que entre la hermandad en la que mi abuelo es maestre hay un traidor, llamado Mark Stanlin. Al indagar con profundidad descubrí que es el hermano de Alfred regresé a su lado para confirmarlo. No solo lo confirmé, sino que además me contó algo que me tocó el alma. Mis padres fueron víctimas de él, como lo será en su momento mi abuelo y Alfred si no lo evito.”

- ¿Eso significa que tus padres murieron en manos de ese hombre? – le preguntó Ralph.

- Es lo que me dio a entender, aunque no concibo que tiene que ver mi madre en todo esto y por qué mi abuelo se la llevó.

- ¿No te lo explicó? – se sorprendió Ralph.

- Me dijo que era mi deber averiguarlo por mis propios medios. Que él me ayudaría en lo que hiciera falta, pero no podía darme más detalles. Así que me fui de nuevo para investigar y un suceso cambió mis planes radicalmente, me encontré con una informadora de la Hermandad que estaba siendo atacada por un grupo de Dracon y los maté por defenderla. Quise seguir con mis indagaciones no obstante tuve que declinar porque ella se me unió sin pedir permiso. A pesar de eso me ayudó a averiguar una de las bases que tenían los Dracon para operar sus crímenes, en esa nave fui atacado por un Wytches humanoide. Lo reconocí, por las fantásticas leyendas de los Voltors y wytches que nuestros padres nos contaban, en las que se mostraban aliados. Así que estoy aquí porque en Irlanda estoy en busca y captura a los Dracon.

- También me dirigí hace cinco años a Japón, averiguar sobre los sucesos de mis padres. Allí viven dos familias que estaban completamente vinculadas con mi linaje, los Konji y los Takemura. Siguiendo una ruta que mi padre me reveló en secreto antes de morir, inicié mis pasos en Japón:

“Primero fui a Kioto: Donde recorrí todos los templos y estudié los simbolismos para iniciar mi rompecabezas, algunos coincidían con los de la Hermandad, pero otros tenían un toque envenenado oculto. Lo que deduje con el tiempo eran los símbolos de los Dracon. Tras varios meses en Kioto me trasladé a Fushimi Inari Taisha donde analicé los miles de torii (puertas sagradas) rojos que forman un túnel hacia el monte Inari. Fue en el monte Inari donde hallé una de las preguntas que más me llevaban a la locura, allí encontré un mensaje escondido de mis antepasados concretamente de mi tatarabuelo en el que me indicaba que allí, tuvo el primer contacto con uno de los seres más importantes de la Hermandad del AMO. Junto a ese mensaje, encontré un mapa en el que indicaba que existía un tesoro a proteger… El siguiente lugar fue Kinkaku-ji un Pabellón Dorado, que, supuestamente el mapa me indicaba ese lugar donde podría encontrar el tesoro o en todo caso información, pero no encontré nada solo secretismo y sobre todo miedo a decir la verdad. Descarté ese lugar por la simple razón de que estaba apestado por Dracon camuflados. Más de lo mismo me ocurrió en Sanjusangendo y Nara. Tras casi un año visitando estos lugares decidí ir a la casa de los Konji, donde tenía entendido que eran un linaje que junto a mis ancestros sirvieron a la Hermandad del AMO. Estuve tres años con ellos y no sé cómo me vi involucrado con los Dracon, cuando me di cuenta de ello, me mantuve por proteger a los Konji. Lo más curioso que descubrí estando con los Dracon es que usaban un veneno que daba los mismos síntomas que tuvo mi madre antes de morir, lo que me llevó a sospechar que ellos eran los asesinos, pero no encuentro una relación que me dé una explicación coherente entre mi madre y los Dracon. En una de las rondas que salía con los Dracon conocí a los Takemura, los cuales su patriarca fue un buen amigo de mi tatarabuelo, me habló de los inicios de mi abuelo al servicio de la Hermandad del AMO, entonces decidí quedarme con ellos para protegerlos de los Dracon que los tenían en su punto de mira, hasta que me vi obligado como tú a matar algunos que trataron de eliminarlos. Tras ese suceso me fui para protegerlos.”

En ese momento llamaron al timbre. Joan se levantó sobresaltado mientras que Takeshi Ralph sintió un escalofrío en su cuerpo, ambos se miraron extrañados. Durante unos segundos se mantuvieron tensos mirando desconfiados a la puerta. Volvió a sonar el timbre con mucha insistencia. Takeshi Ralph se dirigió a la puerta principal.

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