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Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Aventura / Apocalipsis / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: May_Her

En un mundo devastado por una pandemia que acabó con la civilización, Jimena, una enfermera que aún carga con el duelo por la pérdida de su pareja, sobrevive en soledad en la periferia de una ciudad en ruinas. Su existencia se limita a cuidar de un pequeño grupo de marginados: un anciano con una herida incurable, una mujer que ha perdido la razón por el dolor, y una niña salvaje que vive escondida.

Su monótona y silenciosa rutina se rompe cuando Iván, un joven mensajero, llega para pedir su ayuda. En ese momento conoce a Mateo, la persona que hará que todo en su mundo cambie.

NovelToon tiene autorización de May_Her para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

El edificio del señor Gutiérrez estaba a veinte minutos caminando. Jimena conocía cada parte del camino, cada esquina donde debía detenerse a escuchar, cada portal que ofrecía refugio si algo iba mal. Era un conocimiento ganado a base de días de exploración y noches de insomnio. Sabía qué calles evitaba una banda de saqueadores que operaba al norte, qué edificios se habían derrumbado durante el último temporal, dónde crecían las plantas medicinales que tanto necesitaba. Llevaba tres años recorriendo esas mismas calles, aun así cada día descubría algo nuevo: una ventana que antes estaba cerrada ahora abierta, una puerta que antes estaba entera ahora rota, un cartel que antes se leía ahora borrado por la intemperie.

El señor Gutiérrez la esperaba sentado en el balcón de su primer piso, una manta sobre las piernas a pesar del calor. Cuando la vio llegar, levantó la mano en un saludo que quería ser despreocupado, pero Jimena conocía ya la ansiedad en sus ojos, esa forma de apretar los labios que delataba las horas pasadas mirando la calle, esperando que ella apareciera.

—No has venido ayer —dijo él cuando ella subió las escaleras, y su voz sonó más ronca de lo habitual, como si hubiera pasado la noche en vela—. Pensé que te habría pasado algo.

—Tenía trabajo —mintió Jimena, aunque en realidad había pasado la tarde llorando sin saber bien por qué, acurrucada en su colchón, escuchando los latidos de su propio corazón como si fueran un reloj que marcaba el tiempo que le quedaba.

El señor Gutiérrez no insistió. Era un hombre que había aprendido a no preguntar, a aceptar que la gente necesitaba sus secretos para sobrevivir. Él mismo guardaba los suyos: la fotografía de su mujer en el bolsillo interior de la chaqueta, la alianza que aún llevaba en el dedo aunque le colgaba porque había perdido peso. En lugar de eso, levantó la pierna sobre un taburete y esperó mientras Jimena preparaba el material.

La herida estaba mejor, no bien, pero mejor. La inflamación había disminuido y el tejido comenzaba a mostrar signos de cicatrización. Jimena trabajó en silencio, aplicando el ungüento que ella misma preparaba con grasa y plantas, vendando con tiras de sábanas viejas hervidas y secadas al sol. Sus manos se movían con una precisión automática, resultado de años de práctica, pero su mente estaba en otra parte. En el mercado, en los rumores que había oído la semana pasada, de un asentamiento grande en el centro, de gente que vivía junta y cultivaba sus propios alimentos. En la posibilidad de que no estuviera tan sola como creía.

—Tienes que mantenerla elevada —dijo mientras terminaba—. Nada de andar.

—¿Y cómo quieres que vaya al baño? ¿Volando? —refunfuñó él, pero Jimena sabía que obedecería. Todos obedecían, porque ella era lo único que tenían.

Cuando terminó, el señor Gutiérrez le ofreció un vaso de agua. Era un gesto, nada más; el agua no escaseaba tanto como otros recursos, pero Jimena apreció la intención. Se sentaron juntos en el balcón, mirando la calle vacía. El viento movía las ramas secas de los árboles, en la distancia, alguien —o algo— se movía entre los edificios.

—¿Cuánto crees que durará esto? —preguntó él de repente.

Jimena tardó en responder. Era una pregunta que se hacía a menudo, pero para la que no tenía respuesta.

—No lo sé. Quizás siempre, tal vez hasta que nos muramos todos.

—Bonita perspectiva.

—Es la única que tenemos.

El señor Gutiérrez asintió, como si aceptara una verdad incómoda pero inevitable. Luego señaló hacia el final de la calle, donde un grupo de edificios se recortaba contra el cielo.

—Hoy he visto movimiento. Por allí, gente que no conozco.

Jimena se tensó. El instinto de supervivencia se activó inmediatamente, evaluando rutas de escape, escondites posibles. Su mano buscó instintivamente el cuchillo en su cintura.

—¿Cuántos?

—No muchos, tres, quizás cuatro. Iban hacia el centro.

Hacia el centro, el mercado. Jimena había oído hablar del mercado, por supuesto. Todos los supervivientes en un radio de varios kilómetros sabían de su existencia. Era el asentamiento grande del centro, el que había sobrevivido porque su líder, un tal Mateo, era lo suficientemente despiadado para mantenerlo. La gente contaba historias sobre él: que había matado con sus propias manos a los que intentaron saquearlo, que echaba a los enfermos para que no contaminaran a los sanos, que gobernaba con mano de hierro, pero también garantizaba comida y seguridad a los suyos.

Algunas de esas historias eran probablemente exageraciones, otras tal vez verdaderas, pero todas coincidían en un punto: Mateo era un hombre que había visto lo peor de la humanidad y había decidido que la única forma de sobrevivir era ser más duro que el mundo que los rodeaba.

Jimena había evitado ir allí deliberadamente. Prefería su periferia, sus marginados, su libertad. Allí nadie le decía lo que tenía que hacer, nadie juzgaba a quién decidía salvar. Pero también estaba sola, terriblemente sola, y a veces, en las noches más oscuras, se preguntaba si su independencia era realmente una elección o simplemente otro nombre para el miedo.

—No te acerques —aconsejó al señor Gutiérrez, con más firmeza de la que sentía—. Si vienen por aquí, escóndete, no le abras la puerta a nadie.

—¿Y si eres tú?

—Sabes llamar. Tres golpes, pausa, dos golpes, nadie más lo sabe.

El señor Gutiérrez sonrió, mostrando los pocos dientes que le quedaban.

—Eres una buena chica, Jimena, Carlos tuvo suerte de encontrarte.

El nombre atravesó el aire como una cuchilla. Jimena sintió el dolor físico, ese vacío en el pecho que todavía no había aprendido a ignorar. Tres años después, y todavía cada mención de su nombre era como abrir una herida que se negaba a cicatrizar. En su cabeza veía la mano de Carlos, la uña del pulgar amoratada, los dedos largos que ella tanto había admirado, ahora inmóviles. Oía el pitido constante del monitor que marcaba el latido que se debilitaba. Sentía el olor del alcohol y el sudor y la muerte.

—Carlos tuvo mala suerte —respondió con voz plana—. Mala suerte y un sistema sanitario que decidió que no merecía vivir.

Se levantó, guardó sus cosas, y se despidió con un gesto. No podía quedarse allí, no podía hablar de Carlos, no podía permitirse ese lujo. Carlos estaba muerto y ella estaba viva, y la única forma de seguir viva era no pensar, no sentir, no recordar.

Pero mientras bajaba las escaleras, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, y no hizo nada por detenerlas.

1
Lauu Maii
Fue diferente, sí, pero valió la pena leerla.
Laura
Gracias por el capítulo
Holw_23
gracias por las imágenes /Tongue/
Holw_23
Puedes agregar imágenes de los personajes autora /Shy/
💠May_Her💠: Ya se están publicando unos capítulos, mañana si puedo agregarlas por allí del capítulo 12
total 1 replies
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
Holw_23
Gracias por el capítulo
Angeline
Más capítulos por favor
Angeline
Hasta ahora siento que está bien
Angeline
espero atenta lad próximas actualizaciones 🤭
Angeline
Bueno, empecemos, espero terminen de actualizar rápido
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