Podré salvar una relación que el tiempo y la rutina han enfriado hasta el punto en que mi marido me quiere dejar?
Después de 30 años de matrimonio me doy cuenta de que mi esposo está planeando separarse de mi en cuanto mi hija se vaya, ella está a punto de casarse y yo de divorciarme, pero no es lo que yo quiero.
Tengo un poco de tiempo para hacerlo cambiar de opinión, pero no se por donde empezar. Podre lograr rescatar el amor?
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Debo hacer algo
Esa noche no pude dormir nada, repasando el estado actual de mi matrimonio. Ciertamente no éramos la pareja que fuimos antes, pero yo pensé que después de los años de juventud el deseo sexual había disminuido naturalmente, ya casi no lo hacíamos, pero nos llevábamos bien y teníamos una cómoda costumbre, él ya casi no me besaba, no recordaba cuando había sido la última vez que pasó, y me abrazaba solo para las fotos familiares o en eventos sociales a los que asistimos. Tal vez hacíamos el amor una vez al mes, pero lo seguíamos haciendo, aunque ya no era sexo apasionado como antes, era más calmado, y yo tontamente pensando que era normal.
Debía hacer algo, y debía hacerlo ya, lo primero era averiguar si había alguien más en su vida, aunque yo no lo creía, por la manera de rechazar la invitación de su socio, me daba a pensar que seguía siendo leal conmigo, pero uno nunca sabe, y de eso dependía lo que pudiera hacer. Él no faltaba a casa, no recibía llamadas sospechosas, siempre comía con nosotros y sus rutinas no habían cambiado. No podía permitirme sospechar que tenía una a amante, así que tenía que hablar con su secretaria y ver si se comportaba de manera extraña en el trabajo. Jenie la asistente de Rodrigo, recibió mi llamada temprano, me saludó cordialmente, pero antes de que me pasara a mi esposo, la detuve diciendo que necesitaba hablar con ella personalmente, así que la invité a almorzar en una fondita cercana a la oficina, en la cual estaba segura de que no nos verían, porque mi marido decía que tenía muy mala pinta y no sabía porque a Jenie le gustaba comer ahí, me inventé el pretexto de ir a ver unos vestidos para la boda para que llegaran un poco tarde a comer y salí a encontrarme con ella, una joven entrada en los treinta, de carácter amable y servicial, guapa pero felizmente casada. No ocultó su sorpresa por la cita, y me cuestionó directamente en cuanto nos saludamos. Yo no pude hacer más que decirle la verdad, necesitaba contarle a alguien para no explotar y precisaba también de una aliada estratégica, así que le abrí mis cartas y sin más le pedí la ayuda qué tanto me urgía, después de un momento de silencio, se comprometió a ayudarme, pero me aseguró no haber notado nada extraño en la conducta de Rodrigo ni en los últimos meses ni nunca, es un caballero muy correcto, me dijo, pero estaré mucho más atenta y cualquier cosa yo le aviso. Definitivamente ese era mi marido, pensé recordando que mi suegra había hecho un excelente trabajo con sus hijos, bueno, no con todos, pero yo no me podía quejar del que me tocó. Agradecí a Jenie y le pedí total discreción, no tenga cuidado, las mujeres deberíamos ser solidarias unas con otras, respondió. Y me despedí saliendo apresurada para llegar a la casa, donde ya me esperaban para comer.
Mientras lo hacíamos, Katya me preguntó si compré el vestido, a lo que respondí con quejas acerca de los modelos y las tallas de los mismos, acaso los diseñadores se han olvidado de las señoras mayores y gorditas? Le pregunté, todo lo que vi era como para jovencitas, colores chillones, tallas chicas, sin mangas, muy en tallados o reveladores, yo ya no tengo el cuerpo de antes, hay que ocultar la flacidez de los brazos y los rollitos de la espalda. No te preocupes, tal vez fuiste a la tienda equivocada, además tu te ves muy bien como estas, me dijo, a lo que mi esposo agregó, es cierto, así te ves bien, pero si nada te queda, tienes unas semanas para hacer una dieta y bajar un poco.
¿Así que piensa que estoy pasada de peso? Tal vez esa sea la primera cosa que debo hacer, ponerme en forma y bajar unas tallas, hasta ahora nunca me había dicho nada, no pensé que le molestara, aunque es verdad que con la menopausia me he puesto más llenita aun estoy en un peso saludable, no comenté nada más, y mi hija notando mi incomodidad me dijo que buscaría en Internet algunas tiendas que tuvieran más variedad de modelos para que escogiera.
Por la tarde mientras me quede sola, hablé con mi amiga Rosario, que era mucho menor que yo, pero nos conocimos en un consultorio médico, ella era la voz de la razón, era muy culta y centrada, contratando con su edad, pues debe apenas estar rondando los cuarenta. Le conté a groso modo lo que me estaba pasando y me dijo que me vería en un café a dos cuadras de mi casa en media hora, tenía que verme personalmente para que le contara con más detalle. Nos encontramos y luego de un fuerte abrazo, me pregunto como realmente me sentía al respecto. Abrí mi corazón y le dije que no quería perder a mi compañero de vida, y no ahora que ya estaba envejeciendo y no tendría oportunidad de volver a comenzar de nuevo, eso es mentira, mientras hay vida hay esperanza, respondió, lo primero que tienes que hacer es ser sincera con tus sentimientos, reflexiona si es que todavía amas a tu esposo y si vale la pena luchar por él o si te estás aferrando a tu comodidad, suena duro, pero es necesario. No piensas hablar con él? No, le respondí firmemente, si lo hago en este momento, le doy pie para que me diga sin más que ya no quiere estar conmigo, lo conozco tanto que no lo haría cambiar de opinión si nada ha, cambiado entre nosotros. Ok, continuó, piensa bien lo que realmente quieres, pues recuperar lo perdido puede ser una tarea muy dura y no hay una garantía de lograrlo. Todo esto me dolió, pero necesitaba escucharlo, Rosario era la persona que podía decirme la verdad por más que doliera, y solo ella tendría los pantalones para hacerlo. Se despidió con la promesa de llamarme al siguiente día para ver que había decidido, y en cualquier caso ayudarme en lo que pudiera.