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Amarte No Estaba En Mi Venganza

Amarte No Estaba En Mi Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Reencarnación / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Amarte no estaba en mi venganza.
Eliana Morel murió traicionada por el hombre que amaba y abandonada por la familia que juró protegerla. Hasta su último aliento creyó que su desgracia había sido solo mala suerte… sin saber que todo había sido cuidadosamente planeado.
Cuando despierta en el pasado, con los recuerdos intactos y el corazón sellado, Eliana entiende que la vida le ha concedido una segunda oportunidad. No para amar. No para perdonar.
Sino para vengarse.
Fría, inteligente y decidida, comienza a mover las piezas con precisión, dejando que quienes la destruyeron caigan por su propio peso. Pero su plan perfecto se tambalea con la aparición de Adrien Valtier, un hombre que no pertenece a su pasado y que parece ver más allá de su máscara de hielo.
Mientras la venganza avanza y los secretos salen a la luz, Eliana deberá enfrentar la única batalla que no había previsto:
la de un corazón que juró no volver a sentir.
Porque en esta segunda vida, amar…
no estaba en su venganza.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El primer movimiento

No grité. No lloré. Ni siquiera me permití temblar.

El miedo era un lujo que la muerte me había enseñado a no costear.

Me quedé sentada en la cama, mirando mis manos. Eran suaves, jóvenes, sin una sola marca. Manos que aún no habían sostenido la navaja que me mataría dentro de diez años. Bajo esa piel nueva, sin embargo, latía una furia vieja y afilada.

Diez años de ventaja.

Diez años para desarmar a quienes me habían destruido.

El silencio de la habitación me ahogaba. Todo estaba exactamente igual: el aroma a lavanda del difusor, la lámpara de pie torcida, el calendario con la fecha que ya conocía de memoria. El universo me había devuelto el tiempo, pero no había tenido la decencia de devolverme la paz.

Me levanté y caminé hasta la ventana. Afuera, la ciudad despertaba con la misma indiferencia de siempre. Gente corriendo hacia trabajos que no les importaban, autos pitando, vidas que aún no sabían que yo había vuelto para cambiar el guion.

Apoyé la frente contra el cristal frío.

—Esto es real —susurré.

Los recuerdos no se desvanecían. Estaban ahí, nítidos, crueles, ordenados como un expediente policial. Sabía exactamente qué día era hoy. Sabía qué decisiones tomaría en las próximas horas. Y sabía quiénes firmarían mi sentencia de muerte con una sonrisa.

Por primera vez en mucho tiempo, sentí algo parecido al control.

Un golpe suave en la puerta me hizo tensar todo el cuerpo. El corazón me dio un vuelco traicionero. Esa reacción automática me enfureció.

No esta vez.

—¿Eliana? —la voz de mi madre sonó al otro lado—. ¿Estás despierta, cariño?

Cerré los ojos un segundo. En mi otra vida, ese “cariño” me había parecido protección. Hoy solo escuchaba omisiones. Silencios cómodos. Lealtades que nunca fueron hacia mí.

—Sí —respondí, forzando la voz a sonar normal—. Ya bajo.

Me miré en el espejo antes de abrir. Ajusté la expresión: hombros relajados, mirada suave, una ligera curva en los labios. La Eliana rota y furiosa tenía que quedarse escondida un poco más. Solo un poco.

Abrí la puerta.

Mi madre me examinó con esa mirada clínica que antes confundí con preocupación.

—Te ves pálida. ¿Dormiste mal?

—Una pesadilla —contesté sin mentir del todo.

—Con todo lo que se viene hoy, es normal —dijo, y su sonrisa fue ligera, casi maternal—. Será un día importante para la familia.

Lo sabía. Hoy era el día en que yo empezaría a entregar mi vida en bandeja de plata. Acuerdos, firmas, promesas que terminarían ahogándome.

—Bajaré en unos minutos —dije.

Ella asintió y se alejó por el pasillo. En cuanto sus pasos desaparecieron, dejé que el temblor me recorriera el cuerpo entero. Solo unos segundos. Luego lo aplasté contra la madera de la puerta.

Tranquila, Eliana.

Paso a paso.

Un error y todo se repetirá.

Me vestí con precisión militar. Elegí exactamente el mismo conjunto de seda beige que usé aquella mañana: elegante, discreto, sumiso. Antes me hacía sentir sofisticada. Hoy era solo un uniforme de camuflaje.

Bajé las escaleras conteniendo el déjà vu que intentaba arrastrarme. Conocía cada crujido de la madera, cada aroma que salía de la cocina, cada palabra que estaban a punto de decir.

La mesa del desayuno ya estaba servida. Mi tía ya ocupaba su lugar habitual, revisando el teléfono con expresión concentrada. Al verme, levantó la vista y me dedicó una sonrisa perfectamente calibrada.

—Buenos días, querida.

—Buenos días —respondí, sentándome frente a ella con la espalda recta.

—Hoy vendrán algunos invitados importantes —comentó mientras untaba mantequilla en una tostada—. Personas que pueden abrirnos muchas puertas.

Puertas que yo ya sabía que se cerrarían sobre mi cuello.

—Lo sé —dije con calma—. Estoy preparada.

Alzó una ceja, claramente sorprendida por mi tono.

—¿Ah, sí? No parecías tan entusiasmada ayer.

—He tenido tiempo para pensar —respondí, y dejé que una pequeña sonrisa apareciera en mis labios.

No preguntó más. Pero vi cómo me observaba un segundo de más. Algo había cambiado en mí y ella lo percibía, aunque todavía no pudiera ponerle nombre.

Desayunamos en un silencio que yo aproveché para escuchar. Cada comentario inocente, cada “por el bien de la familia”, cada mirada cruzada. Piezas de un rompecabezas que ya había armado en mi cabeza.

Cuando me levanté de la mesa, ya tenía clara mi estrategia.

Mi primer movimiento no sería un ataque.

Sería observar.

Escuchar.

Aprender.

Horas después, mientras caminaba por el jardín trasero intentando ordenar mis pensamientos, esa voz me detuvo en seco.

—Eliana.

Mi cuerpo se tensó antes de que pudiera controlarlo. Respiré hondo y me giré despacio.

Allí estaba él. Mi futuro asesino. La misma postura confiada, la misma sonrisa que una vez me había hecho sentir la mujer más afortunada del mundo.

—Buenos días —dije, manteniendo la voz suave.

—Te ves… diferente —comentó, acercándose—. Más distante.

—Tal vez he cambiado —respondí, mirándolo directamente a los ojos.

Me estudió con atención, como si intentara descifrar un nuevo idioma en mi rostro.

—Espero que no sea nada malo.

Lo miré sin parpadear.

—Eso depende —dije con calma— de lo que tú consideres malo.

Un silencio breve, cargado, se instaló entre nosotros.

Luego sonreí. No con cariño. Sonreí con la certeza fría de quien ya conoce el final de la película.

Él no sospechaba nada.

Y yo ya no era la misma mujer que había muerto en sus brazos.

Mientras me alejaba por el sendero del jardín, sentí cómo una calma peligrosa se asentaba en mi pecho.

El juego había comenzado.

Y ese… había sido mi primer movimiento.

1
Claudia Kassar
Necesito las razones del porque esta pasando todo esto
Alondra BMY
me encanta esa trama
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