El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga.
Para evitar su ejecución como la villana de la historia, Anya deberá abandonar al príncipe que la odia y forjar un pacto con el verdadero antagonista, reescribiendo su trágico final con magia y pasión.
¿Podrá cambiar su destino?
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Capítulo 01
La lluvia en la ciudad no era romántica; era ácida, fría y golpeaba contra el pavimento con una violencia que parecía querer limpiar los pecados de quienes caminaban bajo ella. Anya O'Higgins se ajustó el cuello de su gabardina, aunque el agua ya se había filtrado hasta sus huesos. Pero el frío exterior no era nada comparado con el vacío gélido que sentía en el pecho desde hacía tres días.
Tres días desde que entró en su propio apartamento y encontró a Marcos, el hombre con el que planeaba casarse, en los brazos de Elena, su mejor amiga desde la infancia.
—No es lo que parece, Anya —había dicho él, con la cobardía goteando de su voz.
—Es exactamente lo que parece —había respondido ella, sin gritar, con una calma que la asustó incluso a ella misma.
Esa misma calma la había llevado a refugiarse en el único lugar donde el mundo exterior dejaba de existir: la antigua biblioteca de la zona norte. Allí, entre estanterías que olían a papel viejo y cera de madera, Anya había encontrado su tabla de salvación en una novela épica de tapa dura y letras doradas titulada *El Trono Carmesí*.
Se sentó en su mesa habitual, la más apartada, cerca de una ventana donde los rayos de luz mortecina apenas iluminaban las páginas. Gisela, la bibliotecaria de mirada severa pero corazón blando, la observó desde lejos.
—¿Sigues con ese libro, Anya? —preguntó Gisela, acercándose con pasos silenciosos—. Te vas a quedar ciega leyendo con esta luz.
Anya levantó la vista, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Solo me faltan los últimos capítulos, Gisela. Necesito saber cómo termina.
—Las historias de ese tipo suelen terminar mal para los que más aman —advirtió la anciana, dejando una pequeña nota sobre la mesa—. No cierres tarde, hay aviso de tormenta fuerte.
—Lo sé. Gracias, Gisela.
Anya volvió a sumergirse en la lectura. El libro narraba la caída del imperio de los Cromwell, pero su atención estaba centrada en un personaje secundario: la villana, Anya O'Higgins. No solo compartían el nombre; la Anya del libro era una mujer cuya belleza era descrita como "letal y divina", pero cuyo corazón había sido endurecido por el rechazo. En la novela, la villana Anya estaba perdidamente enamorada del Príncipe Erick Cromwell, pero este solo tenía ojos para la dulce e inocente Mía Roster.
—Qué estúpida —susurró Anya para sí misma, pasando una página con dedos temblorosos—. Humillarte por un hombre que te desprecia... mendigar amor cuando podrías tener el mundo a tus pies.
Leyó con una mezcla de fascinación y horror cómo la villana Anya, consumida por los celos, intentaba envenenar a Mía. El plan fallaba, por supuesto. Erick la descubría y, en un acto de "justicia poética", ordenaba su ejecución pública.
Las últimas páginas describían el final de la villana. Anya O'Higgins moría bajo la hoja de la guillotina, con el pueblo vitoreando y Erick abrazando a Mía a pocos metros del cadalso. Sus últimas palabras en el libro fueron un susurro ahogado: *"En otra vida, no te habría amado tanto"*.
Anya cerró el libro de golpe. El estruendo resonó en la biblioteca vacía. Tenía las mejillas húmedas. No lloraba por la villana, ni por Marcos, ni por Elena. Lloraba por la injusticia de los finales escritos por otros.
—Si yo fuera ella... —murmuró, guardando el libro en su bolso mientras se levantaba—. Si yo tuviera esa belleza y ese poder, no moriría por un hombre que no vale ni el polvo de mis zapatos.
Salió de la biblioteca. Eran casi las diez de la noche y la tormenta había estallado con furia. Los relámpagos rasgaban el cielo oscuro, iluminando momentáneamente los callejones. Anya caminaba deprisa, con la cabeza gacha, repasando mentalmente la trama del libro. Se sentía extrañamente conectada a esa mujer ficticia. Ambas habían sido traicionadas, ambas habían sido reemplazadas por versiones "más dóciles" de sí mismas.
Al llegar al cruce de la avenida principal, el semáforo parpadeaba en amarillo. Anya estaba tan absorta en sus pensamientos sobre el Príncipe Erick y el destino de la villana que apenas registró el rugido de un motor a lo lejos.
—Erick no la merecía —dijo en voz alta, dando un paso hacia el asfalto mojado—. Liam Gallagher tenía razón... él era el único que veía su verdadero valor, aunque fuera para usarla como una pieza en su tablero.
Liam Gallagher. El Duque de hierro. El antagonista oculto de la novela que siempre aparecía en las sombras, observando a la villana con una intensidad que el autor nunca terminó de explicar.
De repente, una luz blanca y cegadora barrió la penumbra.
Anya giró la cabeza. Un camión de carga pesada venía hacia ella, patinando sobre el pavimento aceitoso. El conductor tocaba el claxon frenéticamente, pero el sonido parecía venir de otro planeta. El tiempo se ralentizó.
Anya vio las gotas de lluvia suspendidas en el aire, iluminadas por los faros. Vio su propio reflejo en el cristal del parabrisas del camión: una mujer joven, cansada y con el corazón roto.
—Vaya forma de terminar mi propio guion —pensó con una ironía amarga.
El impacto fue un estallido de dolor absoluto, seguido por una ligereza aterradora. El cuerpo de Anya salió despedido varios metros, golpeando el suelo con un sonido seco. El libro, *El Trono Carmesí*, salió disparado de su bolso, abriéndose justo en la página donde la villana Anya perdía la vida.
Anya yacía en el suelo, mirando hacia el cielo oscuro. La lluvia le golpeaba la cara, pero ya no sentía frío. El sabor metálico de la sangre llenó su boca. A su alrededor, la gente empezaba a gritar, las luces de emergencia teñían el mundo de rojo y azul.
—Anya... —alguien gritó a lo lejos, pero no era para ella.
Sus párpados pesaban toneladas. Mientras su conciencia se desvanecía, las letras doradas del libro parecieron brillar en el suelo. Las palabras de la novela empezaron a danzar en su mente, mezclándose con sus propios recuerdos.
*"El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga."*
—Si tuviera una oportunidad... —pensó mientras la oscuridad la reclamaba por completo—. Solo una... para reescribirlo todo.
El último sonido que escuchó no fue el de la ambulancia, sino el sonido de una página pasando. Un crujido seco, como el de un contrato sellado.
Y luego, el silencio. Un silencio absoluto, profundo y negro, que parecía durar una eternidad. Hasta que, de repente, un aroma embriagador a rosas y sándalo invadió sus sentidos, y una voz masculina, cargada de un desdén aristocrático, rompió el vacío.
—¿Vas a seguir fingiendo que te has desmayado, Anya? Tus dramas ya no surten efecto en mí.
Anya abrió los ojos de golpe, pero la luz que la recibió no era la de una lámpara de hospital, sino el resplandor de un candelabro de cristal que colgaba de un techo artesonado en oro.
qué paso con el papá, el rey y quienes son ceniza y rosa?
🫥 (joder soy gata)