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La Falsedad Del Amor

La Falsedad Del Amor

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Síndrome de Estocolmo / Atracción entre enemigos / Venganza / Venderse para pagar una deuda / Amor-odio / Completas
Popularitas:30k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Soy Anabella Estrada, única y amada hija de Ezequiel y Lorena Estrada. Estoy enamorada de Agustín Linares, un hombre que viene de una familia tan adinerada como la mía y que pronto será mi esposo.
Mi vida es un cuento de hadas donde los problemas no existen y todo era un idilio... Hasta que Máximo Santana entró en escena volviendo mi vida un infierno y revelando los más oscuros secretos de mi familia.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo II El fracaso de la cena

Punto de vista de Anabella

El sonido del timbre resonó en toda la estancia, llamando nuestra atención. Era el repicar que tanto había esperado; ese sonido hizo que mi corazón diera un vuelco de pura felicidad. Por fin, el momento había llegado.

María, nuestra fiel ama de llaves, se apresuró a recibir a los invitados. Es una mujer de avanzada edad que ha trabajado para nosotros durante décadas; sus manos han cuidado de esta casa y de mí desde que tengo memoria, por lo que la consideramos un miembro más de la familia.

—Buenas noches, señores —saludó María con su amabilidad de siempre.

Sin embargo, la respuesta de los invitados me dejó paralizada. Aunque había tratado muy poco con los padres de Agustín, siempre se habían mostrado cordiales y dulces conmigo. Pero hoy, algo era diferente.

—Buenas noches —respondió Fernando, el padre de Agustín.

Su tono de voz no fue el de siempre; estaba cargado de una frialdad y una superioridad que me erizó la piel. No hubo una sonrisa, ni un gesto de calidez, solo una distancia gélida que no encajaba en mi cuento de hadas.

Mi padre me miró molesto, pues en nuestra familia no se menospreciaba a nadie por su clase social.

Ese tono cortante de Fernando Linares fue como un balde de agua fría. Mi padre, que hasta ese momento se mantenía en un segundo plano, dio un paso al frente. Su mirada, siempre analítica, se estrechó al captar la falta de cortesía hacia María.

—Fernando, bienvenidos —dijo mi padre. Su voz, aunque educada, adquirió un matiz metálico, ese que solo usaba en la oficina cuando estaba a punto de cerrar un negocio difícil—. No sabía que el tráfico de la ciudad les había robado también los buenos modales. Pasen, por favor.

El silencio que siguió fue asfixiante. La madre de Agustín, que siempre había sido un modelo de sonrisas ensayadas, ni siquiera se molestó en saludarme con el afecto de antes. Solo asintió con la cabeza, manteniendo su barbilla en alto.

Agustín entró al final, luciendo impecable, pero sus ojos no se encontraron con los míos de inmediato. Parecía estar lidiando con una batalla interna.

—Señor Estrada, Lorena... Anabella —dijo Agustín, acercándose para besar mi mano. Sus labios estaban fríos—. Siento la demora. Mis padres están un poco... estresados por los negocios.

—En esta casa, los negocios se quedan de la puerta para afuera, muchacho —sentenció mi padre, sin quitarle la vista de encima a Fernando—. Especialmente en una noche que, según tengo entendido, es para celebrar la unión de dos familias.

Los dos hombres se quedaron fijos el uno en el otro. Fernando Linares no bajó la mirada; por el contrario, la endureció. El ambiente estaba tan cargado que sentí que el aire apenas llegaba a mis pulmones. Mi "felices para siempre" estaba empezando a sentirse como una zona de guerra.

—Gracias por venir. Por favor, siéntanse como en su casa —dije, forzando una sonrisa y proyectando la voz en un intento desesperado por suavizar la pesadez del ambiente.

—Gracias a ti por recibirnos en tu hogar. Te ves hermosa, Ana —respondió Agustín.

Él se portó como el caballero que siempre había conocido; tomó mi mano y me dedicó una mirada que pretendía ser tranquilizadora. Sin embargo, no pude ignorar esa punzada de inquietud en mi pecho, un presentimiento oscuro de que algo, muy en el fondo, no andaba bien.

Sus palabras sonaban correctas, pero sus ojos estaban inquietos, esquivando la mirada penetrante de mi padre que seguía pesando sobre nosotros como una sentencia.

—Pasemos al comedor —invitó mi madre, interviniendo con su elegancia habitual para rescatarnos del silencio incómodo—. La cena está servida.

Caminamos hacia la mesa, pero el trayecto me pareció eterno. El roce de la mano de Agustín, que siempre me daba seguridad, esta vez se sentía distante, como si estuviéramos separados por un muro invisible que solo él podía ver.

La cena transcurrió entre ruidos de cubiertos y conversaciones forzadas que mi madre intentaba mantener a flote. Mi padre apenas probó bocado, limitándose a observar cada movimiento de los Linares como un halcón vigilando a su presa.

De repente, Agustín aclaró su garganta y se puso de pie, sosteniendo su copa de cristal. El brillo de las luces del comedor se reflejaba en el vino, pero su mano temblaba ligeramente.

—Quisiera aprovechar este momento —comenzó Agustín, dirigiéndose a mis padres con una sonrisa que no terminaba de llegar a sus ojos—. Como saben, Anabella es la mujer de mi vida. Nuestra unión no es solo un deseo de amor, sino el inicio de un futuro sólido para ambos. Por eso, señor Estrada, quiero pedirle formalmente su bendición para tomar la mano de su hija en matrimonio.

Sentí que el corazón se me salía del pecho. Era el momento con el que había soñado despierta mil veces. Miré a mi padre, esperando ver una señal de aceptación, pero antes de que pudiera abrir la boca, una risa seca y cargada de veneno cortó el aire.

—¿Sólido, Agustín? —interrumpió Fernando Linares, dejando su copa sobre la mesa con un golpe seco—. No seas tan poético. Lo que quieres decir es que esperas que esta unión salve lo que queda de nuestro prestigio, antes de que los negocios se hundan más de lo que ya están.

El silencio que siguió fue sepulcral. Mi alegría se evaporó al instante, reemplazada por una confusión dolorosa. Miré a Agustín, esperando que desmintiera esas palabras, que defendiera nuestro amor, pero él simplemente bajó la cabeza, apretando la mandíbula.

—Fernando, no es el momento ni la forma —susurró la madre de Agustín, aunque no parecía realmente molesta, sino más bien impaciente.

—¿Negocios hundidos? —la voz de mi padre bajo a un nivel perturbador, volviéndose peligrosamente tranquila—. Fernando, ¿estás pidiendo la mano de mi hija o estás buscando un salvavidas financiero?

El aire empezó a escaparse de mis pulmones de manera rápida, mi mano que hace unos segundos temblaba de felicidad se había quedado estática imaginando lo peor. Esta no era la cena que había soñado, todo se estaba saliendo de control.

—¡No es así, señor Estrada! Yo amo a su hija y quiero pasar el resto de mi vida con ella —exclamó Agustín.

Agustín intentó desesperadamente reparar el daño que su padre había causado. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Mi padre no era un hueso fácil de roer; conocía los negocios y las intenciones ocultas mejor que nadie. En ese momento, al ver el silencio cobarde de Agustín ante su padre, supe que la bendición de mi familia se había esfumado para siempre. Mi sueño se desmoronaba frente a mis ojos, convirtiéndose en una pesadilla de deudas y conveniencias.

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Maria Rojas
felicidades autora una hermosa novela con un bello final me encantó gracias por compartir que sigan los éxitos bendiciones 😊🙏
Maris Benitez
UPS 😬😳 no entiendo porque él padre de Agustín descubrió su ruina 🤦
Maris Benitez
Un interesante comienzo 💪😍
Maria Victoria Ruiz Alcaide
A ver si de una vez acaban con estos demonios 😈criminales destruyéndolos de una vez por todas
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Menos mal que el se enamoró de ella y a ver si esos demonios acaban donde tienen que estar
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Se está poniendo a arder es buenísima sigo leyendo muchas gracias un abrazo desde España
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Madre mía se lo tiene. merecido el padre de la mujer de Luis de l.padre de Anna y toda la pandilla tiene que aguantar por su maja acción ha urn que el padre de Max se matará entre todos hicieron de las suyas menudos criminales
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Ana va ha sufrir de lo que hizo sus padres por ambición por eso no quisieron que se casara con Luis para que quedara como si no pasara nada me ufis desgraciados la pareja de sus padres menudos criminales su madre tampoco se salva
Maria Victoria Ruiz Alcaide
El lío es entre el que se iba a casar y el padre de ella hay un conglomerado de ordrigo veremos como se resuelve
Maria Victoria Ruiz Alcaide
se está poniendo enferma
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Pero serás maldito cuando te canses de ser un malvado tendrás que claudicar porque te enamoras de ella y veremos como sales de esta
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Ahora lo pasará mal con este cretino 😈
Norma Alvarez Vega
gracias linda historia.
Sujaira Barboza de Molero
buenísima,felicitaciones
Carla Carvajal
me gustó tu novela, pero y emilia, que se hizo???
Adriana Ramirez
👍👏
Adriana Ramirez
par de malparidos
Maria Kupke Probst
Muy buen final. Cada quien tuvo el final que se merece. Me encantó. Voy por más. Felicitaciones
Maria Kupke Probst
Maravillosa historia
Maria Kupke Probst
Los culpables jamás van a aceptar que lo son. El orgullo no les permite verlo. Y así siguen creyendo que los demás son intransigentes. Cuidado con el karma que cuando llega es implacable.
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