La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.
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Una emoción particular
—Así que crecieron juntos en el mismo pueblo —dijo Mónica para confirmar lo que yo ya le había dicho en el avión; no parecía dirigirse a ninguno de los dos pero de repente volteo a verme con reproché, parecía molestarle el que su amiga y yo nos conociéramos desde niños prácticamente. En un principio pensé no decir nada, pero asumiendo que pasaríamos una semana de vacaciones juntos en una casa, tarde o temprano el tema iba a salir preferí abordarlo antes de que fuera tarde, no tenía porqué decirle que estuve enamorado de Angy desde que teníamos doce, tampoco que fuimos novios durante la adolescencia, eso la habría desquiciado.
—Bueno, tanto así como crecer… yo solo llegué al metro sesenta —dijo Angie a modo de broma para deshacer la tensión que se había formado —Bueno al menos Ricardo si es alto.
Sergio y yo reímos, Angie tenía un sentido del humor peculiar, pero para Mónica no fue tan gracioso, ella solo volvió su vista a su ensalada y no dijo más nada. Al parecer Angie también notó que algo andaba mal y se enfocó en sus niños.
Habíamos pasado a comer a un restaurante antes de llegar a la casa que se había rentado, un Airbnb cerca de la playa, yo mismo lo había buscado, aunque ya no estaba seguro si había elegido bien dado que Mónica me había dicho que iba a invitar amigos; la casa tenía solo dos habitaciones y dado que Angie y Sergio no eran pareja, no voy a negar que me sentí complacido al saberlo, aún así no sabía cómo íbamos a dormir entonces; además estaba el detalle de los niños. Mi preocupación se fue desvaneciendo cuando ambas mujeres se iluminaron al ver el lugar, la sala de estar era amplia y muy iluminada; a Angie le llamó la atención la cocina y a Mónica la piscina. Luego Angie dió una vuelta por la sala, tanteando los sillones; uno de los cojines fue apretado con suavidad contra su pecho, de pronto se le ocurrió algo que a mí jamás se me hubiera ocurrido.
—¡Niños, nosotros vamos a acampar aquí! —ambos pequeños gritaron muy emocionados, claro eran niños pero yo aún no veía cómo iban a estar cómodos —No te preocupes —se dirigió a mí, quizás notando como mi cara se torcia en un gesto de preocupación —si movemos la mesa de centro podemos colocar aquí estos —los sillones tenían unos asientos removibles, Angie pensaba usar esos asientos como colchón.
—Porque no mejor Sergio y yo dormimos en una habitación y ustedes en la otra —respondí, porque de hecho no quería que estuvieran incómodos, sobre todo los niños además de que, sería una tarea diaria el disponer de esa manera los sillones.
—Creo que Ricardo tiene razón —me apoyó Sergio, era evidente porque, pero preferí ignorarlo en ese momento.
—A no, eso no —replicó Mónica —discúlpame amiga pero sabes que yo necesito mi espacio y con los niños…
—No se preocupen, estaremos bien aquí —insistió Angie.
—Ya sé, mejor yo duermo en un sillón, asi tú y los niños duermen en el cuarto —ahí estaba, aprovechando la mejor oportunidad que tenía para hacerse el caballero con ella pero yo ya lo había descubierto. Estuve a punto de decir que sería yo quien dormiría en el sillón pero entonces Mónica no dormiría con su hermano y no tendría sentido ambos hombres durmiendo en los sillones.
—Ahí está. Asunto resuelto. ¡Vámonos a nadar! —Monica dió por concluido el tema y se fue a cambiar a la habitación que ya tenía escogida.
—Yo insisto en que nosotros podemos dormir acá —dijo Angie
—No es necesario, Angélica. Sabes que yo por ti haría lo que fuera —respondió Sergio.
Ver la sonrisa engreída de Sergio me daba una rabia, el tipo no me caía bien desde que lo conocí, pero desde que ví su actitud hacía Angie .
—A mí hermano le gusta Angélica, y como ya está divorciada no veo porque no pueda intentarlo.
Me había dicho Mónica en el avión mientras hablábamos de porque no habíamos hecho el viaje solos. Confieso que sentí una mezcla de tristeza, alegría y enojo cuando supe que estaba divorciada y por supuesto que Angie y los niños no me molestaba, era agradable verla después de tanto tiempo, solo que me ponía nervioso; no podía decir lo mismo de Sergio, él si me desagradaba, aún más si intentaba conquistar a Angie.
—¿Tú no irás? —La voz de Angie me sacó de mis pensamientos.
—¿A dónde? —ella no respondió, solo movió su cabeza y me sonrió, me sentí complacido, con un calor instalándose en mi pecho, desde antes de subir al avión, ella había estado evitando verme o hablarme, mucho menos sonreír para mí, quizás solo se burló un poco de mi porque me había quedado ahí pensando sin saber lo que pasaba a mi alrededor pero no importaba, esa sonrisa era para mi.
Angie tomó al pequeño de la mano y llamó a la niña, Dafne, así fue como escuché que le había dicho Mónica; los tres se dirigieron a la habitación que muy amablemente les había cedido mi cuñado. Cuando Sergio salió del baño cambiado con un traje de baño negro y unos lentes de sol entendí que a eso se refería Angie . Me fui a cambiar también pero tendría que hacerlo en el baño, Mónica se había encerrado en la habitación y seguro no me abriría hasta que estuviera lista.
…
El agua de la piscina estaba tibia a pesar de que estábamos bajo techo pero la temperatura era la ideal para relajarse. No sé cuánto tiempo pasó hasta que Mónica se apareció, veinte quizás treinta minutos lo cierto es que se veía preciosa. Llevaba un traje de baño rojo con líneas negras; pequeño de esos que solo cubren lo indispensable pero que no dejan nada a la imaginación. Se veía hermosa de verdad pero ella siempre lucía de esa manera; arrebatadora, sensual; adonde quiera que fuéramos y sin importar lo que hiciéramos, ella atraía miradas. Se que siendo hombre decirlo sonará un tanto hipócrita pero verla así ni siquiera me provocó malos pensamientos.
—Cierra la boca, cariño —me dijo muy segura de sí misma, aparté la vista sin decir nada y volví a sumergirme en el agua. No estaba seguro porque, pero me sentía cansado física y mentalmente, solo nadaría un rato más y después iría a descansar. Las risas de los niños llamaron mi atención, sabía que debía mantenerme indiferente, compartimos un pasado juntos pero ambos habíamos cambiado y seguido con nuestras vidas, eso me decía sin embargo, la vi parada al borde de la piscina; mi ritmo cardiaco se aceleró y mi boca estaba seca. Angie no vestía un traje de baño tan revelador como el de mi novia, en realidad ella ni siquiera usaba traje de baño, se puso unos shorts de mezclilla y una camiseta blanca de manga corta que si apenas dejaba ver su ombligo.
—Dime por favor que no te vas a meter al agua vestida así —dijo Mónica burlándose.
—¿¡Qué tiene!? —una ligera sombra oscureció el rostro de Angie , el impulso de defenderla estaba ahí, “ella siempre ha sido una chica linda, no importa lo que se ponga” estuve a punto de decirlo pero entonces: —sirve que asi nadie te roba los reflectores, además sabes que a mi no me gusta llamar la atención.
“Ojalá no llamará tanto mi atención” pensé. Si bien Angie no tenía un cuerpo voluptuoso como Mónica, su figura esbelta y bien proporcionada la hacían verse como una mujer muy deseable.
—Ambas son hermosas —intervino Sergio tratando de calmar las cosas. Mónica se acercó hasta donde yo estaba y me abrazó, el roce de su piel me hizo salir del trance. Me había perdido observando a Angie entrar al agua y luego salir, la playera se ajustó más a su cuerpo sus pechos se endurecieron, y me descubrí mirando una gota de agua recorriendo por su vientre y otras más que escurrían por sus piernas, desde ese momento lo supe, estaba en problemas, mientras por un lado me abrazaba mi hermosa novia voluptuosa y despampanante, con la que habíamos planeado salir de vacaciones para mejorar nuestra decadente relación; por el otro lado estaba mi hermosa ex novia, de apariencia sencilla y figura delicada por la que me había puesto duro en sólo un instante con solo mirarla. Esa mujer me calentaba la sangre y el corazón al mismo tiempo. Me estaba sintiendo como hace tanto tiempo no me sentía, como un adolescente enamorado