Ella siempre pensó que su mamá los había abandonado a su hermano y a ella por que no soportaba la presión de tener un hijo enfermo.
El nunca acepto que su mamá haya muerto por una profecía que tenía que cumplirse.
Ella no tiene ni idea de lo que le espera, el hará de todo para no enfrentar su destino.
Podrá el amor con todo?.
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Cap 2
### Tres días antes de la llegada a Hakimy
—Dr. Fernández, bienvenido —saludó Robert, el Alfa mayor de la manada de Hakimy, con un gesto solemne.
—Muchas gracias, señor —respondió el doctor, inclinando la cabeza en una reverencia de respeto.
Por petición expresa de Robert, nadie lo llamaba «Alfa» fuera de su círculo íntimo. Para evitar conflictos innecesarios, los humanos que habitaban la isla desconocían la existencia de seres como ellos, por lo que todos lo trataban simplemente como el «Señor Robert».
Robert era el pilar de la manada. Tenía dos hijos: Roberto, el mayor y heredero del liderazgo, y un hijo menor cuya existencia era un secreto celosamente guardado. La naturaleza de su especie era fascinante y compleja: nacían como humanos comunes, pero al cumplir los dieciséis años, experimentaban su primera transformación. Gracias a la bendición de la Diosa Luna, a quien veneraban con profunda devoción, poseían la habilidad de alternar entre su forma humana y su naturaleza lobuna a voluntad.
Vivían organizados en manadas bajo el mando de un Alfa. A diferencia de los humanos, ellos no elegían a sus parejas; la Diosa les otorgaba una compañera destinada —su *mate*— precisamente el día de su transformación. El vínculo era inquebrantable: no podían rechazarlo, pues compartían cada sentimiento, dolor y emoción. Para liderar junto al Alfa, la Diosa elegía a una compañera especial: la Luna, quien sería su apoyo en la guerra, en el amor y en cada aspecto de su existencia.
En su forma lobuna, el Alfa se distinguía por su tamaño imponente y su pelaje negro como la noche, mientras que la Luna destacaba por ser la única hembra con el pelaje blanco níveo. Solo existía una excepción a esta regla divina: si el *mate* moría, el individuo quedaba en libertad de buscar una nueva pareja por su cuenta.
Robert había conocido a su primera compañera el día de su transformación. Juntos lideraron la manada con sabiduría y tuvieron a Roberto. Sin embargo, dos años después del nacimiento de su hijo, la Luna falleció a causa de una enfermedad incurable. Tras años de duelo y soledad, Robert tomó una decisión que cambiaría su destino: eligió como nueva compañera a una mujer humana, quien en aquel entonces estaba casada con un hombre modesto y tenía una hija, Camila. Tras el fallecimiento del esposo de ella, Robert pudo traerla a su lado, formando una nueva familia.
***
En el presente, dentro del despacho del Alfa, la atmósfera era sumamente tensa.
—Lamentablemente, no tengo buenas noticias —sentenció el Dr. Fernández, mirando fijamente a la pareja frente a él—. Sebastián ya no puede subsistir solo con medicación. Necesita la transfusión.
Ester, la compañera de Robert, se tensó visiblemente, sintiendo un dolor punzante en el pecho.
—Tiene que haber otra solución, doctor —exclamó ella, con la voz entrecortada por la desesperación.
—No hay otra alternativa —respondió el médico con tono profesional pero firme—. Sebastián debe venir a Hakimy para someterse al procedimiento.
—¡No! No voy a permitirlo —insistió Ester, levantándose de la silla, visiblemente alterada—. ¡No permitiré que mi hija pise esta isla!
—¡Ya basta, Ester! —intervino Robert, elevando ligeramente la voz para imponer orden—. Sabes perfectamente que deben venir. Es por el bien de nuestro hijo.
—¿Y nuestro hijo no te importa? —replicó ella con lágrimas en los ojos—. Sé que tienes miedo por ella, pero sabes que si Camila fue elegida por la Diosa, no podrás evitar que enfrente su destino —dijo el Alfa, suavizando el tono para intentar apaciguar a su mujer.
—No quiero que sufra. Ya ha sufrido demasiado con mi abandono —sollozó Ester—. Conoces a tu hijo, Roberto. Sabes que su carácter no es precisamente sencillo. No es bueno para ella.
—Tú no la abandonaste, ella está bajo el cuidado de Teresa. Cuando sea el momento, volverás a estar con tus hijos. Es lo que siempre has querido, ¿no es así? —dijo Robert, acercándose para limpiar las lágrimas de su compañera con ternura.
El doctor, viendo la oportunidad, añadió:
—Señora Ester, en todo este tiempo que he tratado a su hija, he podido constatar que es una joven capaz, fuerte y sumamente decidida. Sabrá sobrellevar lo que le espera.
Ester suspiró profundamente, derrotada por la lógica y el amor maternal.
—Está bien. Que vengan. Que Moisés se encargue de recibirlos cuando lleguen.
—Excelente —asintió el doctor—. Hablaré con Teresa para que prepare el terreno; sabemos que Camila puede ser difícil de convencer. Yo me encargaré de gestionar todo en la clínica para que la atención de Sebastián sea inmediata.
Tras despedirse, el Dr. Fernández salió del despacho. Robert rodeó a Ester con sus brazos, intentando infundirle calma.
—Cariño, todo saldrá bien. Ella es fuerte —susurró el Alfa.
—Pero ella también sentirá el vínculo. Será vulnerable cuando se trate de Roberto —respondió ella con angustia.
—Es cierto, pero Roberto también lo sentirá. Él cree que no necesita una compañera, que puede vivir sin ese lazo, pero Camila es la única esperanza que tiene nuestra especie para sobrevivir. Además, estamos en la época más importante. La leyenda debe cumplirse, y la llegada de tu hija a Hakimy será, por fin, el momento en que nuestra familia esté completa.
Robert miraba por la ventana, hacia los bosques de la isla, sintiendo que el destino, finalmente, comenzaba a moverse hacia su m
felicitaciones por tan bacana imaginacion