Eduarda aprendió desde joven que el amor no siempre protege.
A los quince años perdió a su madre, y con ella, la única seguridad que conocía. Como si el duelo no fuera suficiente, su vida se puso patas arriba al descubrir que su padre tenía otra familia… y peor aún: los llevó a todos a vivir bajo el mismo techo. Entre rechazo, silencio y miradas que nunca la aceptaron, Eduarda resistió como pudo.
Pero nada la preparó para la peor traición.
A los veinte años, descubre que fue reducida a una deuda —prometida a un hombre mucho mayor para pagar los errores de su propio padre. Sin opciones, sin voz… hasta que decidió no aceptar ese destino.
Con la ayuda de sus amigos, Eduarda huye, dejando atrás todo lo que conocía —incluido su nombre, su historia y sus heridas mal sanadas.
En una nueva ciudad, intentando reconstruir su vida, conoce a Lucas, un hombre mayor, marcado por el tiempo y con sueños sencillos: amar y formar una familia.
Pero ¿cómo confiar en el amor cuando ya fue usado como moneda de cambio?
Entre traumas, nuevos comienzos y sentimientos que surgen donde menos se espera, Eduarda tendrá que enfrentar el pasado que insiste en perseguirla —y decidir si está lista para vivir algo que nunca tuvo: un amor de verdad.
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Capítulo 7 Continuación de la fiesta y el beso
Los dos volvieron a la mesa, y enseguida regresa Sandra también, sudada, despeinada.
Sandra— ¡Ah! Aquí estás, miré desde allá y no te había visto. Conociste a nuestro amigo Lucas.
Hola Lucas, ¿cómo estás? Solo apareces en las dos fiestas del año.
Lucas— ¡Hola, Sandra! La vida es agitada, si no vengo a este cumpleaños, paso el año escuchando sus lamentos.
Sandra— Es verdad, sé cuánto tu hermana te ama. Voy a tomar un agua, quiero bailar un poco más, ¿vamos, Duda?
Duda— Estoy bien, tía, ¡ve tú!
Lucas— Parece que solo sale una vez al año y quiere desquitarse todo hoy. Mañana seguro no mueve una pierna.
Duda sonrió por la forma de hablar de Lucas... Es verdad.
Lucas— Tu sonrisa es hermosa. Deberías sonreír más.
Duda— No siempre tenemos motivos para sonreír.
Lucas— Eduarda, ¿aceptas salir conmigo mañana? Podemos cenar afuera.
Duda— No sé, nunca he salido con nadie y tengo miedo de salir y que alguien me vea.
Lucas— ¿En serio estás huyendo de alguien? Podemos ir a otro lugar lejos de estas personas, puedo darte seguridad. Tu tía me conoce y sabe que vas a estar en buenas manos.
Duda— ¡Está bien! Acepto.
Lucas le tomó la mano y ella, al mismo tiempo, sintió un escalofrío por todo el cuerpo.
Duda— ¡Dios, qué fue eso! Soltó la mano de él al instante.
Lucas— Disculpa, fue un impulso para sacarte de aquí. Ven, te muestro un camino por donde no hay mucha gente.
Lucas llevó a Duda a la casa grande.
Aquí estamos protegidos, ¿quieres comer algo? Puedo preparar algo para nosotros, ya que la cena quedó en la otra área.
Duda— No tienes que molestarte.
Lucas— Si prefieres podemos ir a cenar afuera, creo que encontramos algún restaurante abierto todavía.
Duda— No, ya pasan de las 10 de la noche, están cerrados. Si quieres comer, podemos volver a la fiesta.
Lucas— No, déjalo así. Vamos a la cocina, ahí hacemos un sándwich y conversamos al mismo tiempo.
Fueron a la cocina, prepararon un sándwich con esmero.
Duda— ¡Dios, esta cocina es mi casa entera!
Lucas— No has visto lo exagerada que es ella. Todo tiene que ser tamaño familiar.
Siéntate aquí, voy a hacer nuestro sándwich. Toma, ¿quieres jugo o prefieres un refresco?
Duda— Que sea un refresco. Menos trabajo.
Lucas— No será trabajo, solo escoge el mejor para ti y yo lo preparo.
Duda miró a Lucas y vio un brillo en sus ojos cuando dijo todo eso.
Estoy bien, quedémonos con el refresco.
Lucas terminó el sándwich y se lo llevó a Eduarda.
Duda— ¡Qué lindo este plato, da hasta pena deshacerlo!
Lucas— Si es por esa sonrisa, lo hago de nuevo para ti.
Duda— Me dejas sin palabras.
¡Vamos a comer!
Siguieron conversando y Duda estaba a gusto con la presencia de Lucas. Aunque él fuera mucho mayor que ella, ella no veía esa diferencia de edad, cuando estaban conversando los dos parecían de la misma edad, a ratos él volvía a los 20 años y a ratos ella llegaba a los 37 y así se estaban entendiendo muy bien.
Duda— Delicioso tu sándwich.
Lucas— Creo que debe ser el hambre. Porque aquí no hay nada del otro mundo.
Terminaron y Duda fue a lavar los platos.
Lucas no quiso dejarla lavar los platos.
Por favor, déjalos ahí, después yo organizo.
Duda— No, vamos a organizar ya, encontramos todo limpio, vamos a dejarlo limpio.
Lucas secó los platos y los guardó.
Duda— ¡Listo, fue rápido!
Lucas se quedó muy cerca de Duda.
Lucas— Me estás seduciendo de esa manera. Nunca he sentido nada así en toda mi vida. No me había permitido sentir esto.
Duda— No estoy haciendo nada. Estás viendo cosas que no existen.
Lucas— Dime que no estás sintiendo nada y te dejo en paz ahora mismo.
Duda— Recordó la frase de su padre... Te vas a casar con quien yo quiera.
Duda— sigue mirándolo a los ojos y viendo el deseo que salía de sus labios, de la expresión de su rostro, de la sonrisa de medio lado.
¡Qué guapo eres!
Lucas— Habla más fuerte, no alcanzo a escuchar bien. Se acerca más y le susurra al oído, hermosa eres tú. Mis ojos todavía no habían visto tanta belleza duplicada.
Lucas besa a Eduarda, que corresponde a su beso. Solo se detuvieron por falta de aire.
Eres la persona más especial que he encontrado en esta vida. Mi hermana tenía razón en amenazarme si no venía a su fiesta, que me iba a arrepentir.
En realidad, ella tenía razón en que esta fiesta iba a ser muy especial.
Duda— ¿Entonces yo soy la afortunada de la fiesta?
Lucas— El afortunado soy yo que vine de lejos solo para conocerte.
Vamos a otra área. Podemos conversar mejor.
Duda— Creo que es hora de volver a la fiesta. Mi tía debe estarme buscando.
Lucas— Solo un poco más, luego te devuelvo con tu tía.
Fueron a otra área reservada, tipo despacho.
Lucas jaló a Duda recostándola contra la pared y la besó, esta vez el beso fue más profundo, lleno de deseo.
Duda— ¡Así me matas!
Lucas— No resistí toda la noche mirando tu boca, deseando saborear tus labios.
Duda— No sé por qué estás soltero, ¿estás seguro de que eso es verdad?
Lucas— Si quieres estar segura, vamos a preguntarle a mi hermana ahora mismo.
Duda— ¡Está bien! ¡Solo por hoy!
Continuaron con los besos, algunas manos traviesas paseando por el cuerpo de Duda, dejándola mucho más ligera y suelta.
Duda deja escapar un gemido seductor.
Lucas— ¡No hagas eso! Si no, pierdo el control.
Duda— ¿Qué hice? Si hice algo mal, perdóname, es mi falta de experiencia.
Lucas— Sé que no fue a propósito. ¿Soy tu primer hombre?
Duda— Sí. Y bajó la mirada, con vergüenza.
Lucas— ¡Oye! Todo tiene su primera vez, el que realmente tiene suerte soy yo. Estabas esperándome. O mejor dicho, yo esperé todo este tiempo para conocerte.
¿Quieres llamar a tu tía y avisarle que no vas hoy, que te vas a quedar conmigo?
Duda— No puedo hacer eso. Vámonos ahora.
Lucas— Quédate conmigo esta noche, no tenemos que hacer nada que tú no quieras.
Vamos a conocernos. Solo besos.
Duda— No se puede, dejémoslo para después.
El celular suena con un mensaje.
Sandra— Hija, encontré un galán, no vuelvo a casa hoy, pídele a Lucas de favor que te lleve a casa, estás en buenas manos.
Duda— Mi tía confía en ti, ¡mira esto!
Lucas— ¡Te lo dije! No tengo compromiso con nadie, eres la única.
Duda— ¿Puedes llevarme a casa?
Lucas— Sí. ¿Estás segura de que no quieres quedarte a cenar?
Duda— Estábamos cenando hace un rato. Pero si quieres, podemos volver a la fiesta, a esta hora ya deben estar sirviendo la cena.
Lucas— Pasemos por ahí, si están sirviendo nos quedamos un poco más.
Pasaron por la fiesta y como preveían estaban sirviendo la cena. Se sirvieron y poco después Lucas se llevó a Eduarda.