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Mi Vida Como Imán De Hombres (Y Mi Terapeuta No Está Lista Para Esto)

Mi Vida Como Imán De Hombres (Y Mi Terapeuta No Está Lista Para Esto)

Status: Terminada
Genre:Harén Inverso / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Anastasia solo quería un café tranquilo y quizás encontrar la oferta del 2x1 en su supermercado. En cambio, terminó siendo el centro de atención de siete hombres que parecen sacados de una fantasía... o de un manicomio con buena genética.

Un millonario excéntrico, un artista bohemio dramático, un científico genio con alergia social, un chef que solo cocina para ella, un guardaespaldas estoico que le tiene miedo a los gatos... ¿y la lista sigue? Anastasia intentará mantener la cordura (y su espacio personal) mientras su "harem" compite por su afecto de las maneras más hilarantes y desastrosas imaginables.

¿Podrá encontrar el amor verdadero o solo una gran factura de terapia?

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El Café, el Gato y el Colapso Inminente

La alarma del móvil de Anastasia, un estridente jingle de un anuncio de comida para gatos, la sacó de un sueño donde era la heroína que derrotaba a una horda de calcetines desparejados. Se estiró perezosamente en su cama individual, notando el tenue rayo de sol que se filtraba por las persianas. Hoy, viernes, era su día sagrado. Día de "café tranquilo y planificar cómo sobrevivir el fin de semana sin gastar todo su sueldo en comida a domicilio". Se levantó con la determinación de una exploradora a punto de conquistar un territorio inexplorado: la cafetera de su pequeña cocina.

Mientras el aroma a café recién hecho comenzaba a llenar el aire, Ana se enfundó en sus jeans favoritos y una camiseta con un estampado de un perezoso que decía "Not Today". Se peinó su rebelde cabello castaño con los dedos y se miró al espejo. "Perfecto", murmuró, "aspecto de 'acabo de salir de una cueva y no me importa una mierda'". El café la esperaba, el mundo, no tanto.

Su ritual matutino incluía una parada obligatoria en "El Grano de Oro", una cafetería de barrio con sofás gastados y un barista que milagrosamente recordaba su pedido: un latte de avena extra caliente sin azúcar. No era que no le gustara el azúcar, era que le gustaban demasiado y estaba en una cruzada personal contra los placeres instantáneos. Mientras se dirigía hacia allí, esquivó un par de patinetes eléctricos suicidas y un perro chihuahua con un tutú. "La vida en la ciudad", pensó, "nunca aburrida, siempre una aventura". O una distracción, en su caso.

Al llegar a "El Grano de Oro", Ana respiró hondo el reconfortante olor a café tostado y pan recién horneado. El local estaba medio lleno, como siempre. Pidió su latte y buscó su rincón habitual junto a la ventana, ese que ofrecía la vista perfecta de la gente pasando sin la obligación de interactuar. Justo cuando estaba a punto de sentarse, su pie tropezó con una alfombra invisible. El vaso de cartón que le acababan de entregar salió volando en una parábola perfecta, el latte de avena extra caliente sin azúcar describiendo un arco sobre su cabeza antes de aterrizar con un "SPLOSH" digno de un dibujo animado... justo encima del maletín de cuero de un hombre elegantemente vestido que acababa de pasar a su lado.

El silencio que siguió fue tan espeso que se podría haber cortado con un cuchillo de mantequilla. Ana parpadeó. El hombre parpadeó. Su perezoso en la camiseta parecía reírse de ella.

"¡Oh, por los cielos! ¡Lo siento muchísimo!", exclamó Ana, sintiendo cómo el rubor le subía hasta las raíces del pelo. El hombre, que resultó ser Max Fortuna, la miró con una ceja arqueada. Max no era solo "elegante", era "elegancia de anuncio de perfume caro". Traje a medida, reloj que probablemente costaba más que su apartamento, y un peinado tan perfecto que Ana sospechó que tenía su propio equipo de estilistas.

Max, en lugar de enfadarse, esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos. "Vaya", dijo con una voz suave pero resonante, como terciopelo. "Parece que mi 'Fortuna' de hoy no incluye un maletín impoluto". Luego, para sorpresa de Ana, echó una carcajada. Una carcajada fuerte y desinhibida que atrajo la atención de medio local. "No se preocupe, señorita. Los accidentes ocurren. De hecho, esto le da un toque... orgánico. Muy de vanguardia". Max procedió a limpiar el maletín con un pañuelo de seda que parecía haber sido planchado por ángeles, lo que solo empeoró la mancha.

Antes de que Ana pudiera disculparse de nuevo, una figura esbelta con un gorro de lana y una bufanda de colores vibrantes se materializó a su lado. Era Caleb Canvas, el artista bohemio que siempre parecía estar a punto de recitar un poema existencial. Tenía un cuaderno de bocetos bajo el brazo y una mirada intensa.

"¡Un momento, un momento!", exclamó Caleb, con un tono teatral. "¡Qué explosión de color! El contraste del marrón sobre el negro, la fluidez de la mancha... ¡Es arte en su máxima expresión! La efímera belleza del desastre. ¿Puedo... puedo dibujarla así, señorita? Capturar la esencia de este momento de pura serendipia". Caleb ya estaba sacando un lápiz, con los ojos brillando de inspiración, ignorando por completo la situación embarazosa de Ana y la mancha de café de Max.

"Caleb, creo que la señorita está más interesada en un trapo que en un retrato de su humillación", intervino una voz monótona y precisa. Silas Cortex se acercó, empujándose las gafas por la nariz. Silas parecía haber salido de un laboratorio directamente a la cafetería: camisa abotonada hasta el cuello, chaleco de punto y una expresión de análisis perpetuo. Llevaba una pequeña libreta y un bolígrafo.

"Según mis cálculos, la velocidad angular del vaso, combinada con el coeficiente de fricción de la alfombra inexistente, produjo una dispersión de líquido de 1.7 metros cuadrados. La probabilidad de impactar al señor Fortuna era del 0.003%, lo que indica una anomalía estadística significativa, o quizás... ¿una causalidad cósmica?", Silas comenzó a garabatear en su libreta, su mente ya en otra dimensión de fórmulas.

Ana solo quería desaparecer. ¿Causalidad cósmica? Ella solo quería su café.

Justo en ese momento, una fragancia deliciosa y especiada inundó el aire. Nico Sabor, con su chaqueta de chef inmaculada y una sonrisa que podía derretir glaciares, se acercó llevando un pequeño plato con lo que parecían ser mini-cruasanes rellenos de chocolate. "Mi querida señorita", dijo Nico, su voz un suave murmullo mediterráneo, "la vida es demasiado corta para lamentar la leche derramada. Permítame endulzar su mañana". Extendió el plato hacia Ana con un gesto digno de un maestro de ceremonias. "Un 'pecado' de chocolate, cortesía de la casa. Y para el señor Fortuna", añadió, mirando el maletín, "un capuchino, para contrarrestar cualquier amargura que este... incidente, pueda haber causado". Max sonrió, no del todo complacido por la intrusión, pero los cruasanes olían divinamente.

Cuando Ana pensó que no podía haber más gente peculiar en un solo lugar, una figura robusta y con una expresión permanentemente seria apareció en el umbral de la puerta. Era Rocky Ferreo, el guardaespaldas de Max, que siempre parecía estar listo para enfrentarse a un ejército. Sus ojos escanearon la habitación con la eficiencia de un depredador, hasta que se posaron en algo pequeño y peludo que acababa de entrar por la puerta.

El "algo" era un gato atigrado, pequeño y descarado, que se coló en la cafetería con la misma impunidad con la que Ana había tropezado. Al verlo, Rocky Ferreo, el hombre que no le temía a nada, dejó escapar un sonido ahogado que sonó sospechosamente como un chirrido. Sus ojos, antes penetrantes, se agrandaron y su postura rígida se desinfló ligeramente. Se tensó, pero esta vez no para el ataque, sino para la huida.

"¡Un... un felino!", murmuró Rocky, retrocediendo un paso. El gato, ajeno a la conmoción que causaba, se frotó contra la pierna de Ana.

"¡Rocky, cálmate!", le espetó Max, conteniendo una risa. "Es solo un gato callejero".

"Los... los depredadores pequeños son los más sigilosos", balbuceó Rocky, con la voz notablemente más aguda. Ya estaba estratégicamente posicionado detrás de un ficus, observando al inofensivo gato con la misma intensidad que si fuera un terrorista.

Ana miró de Max riendo, a Caleb garabateando con febrilidad, a Silas analizando las probabilidades de un ataque felino, a Nico ofreciéndole más chocolate y a Rocky escondido detrás de una planta. Su latte estaba en el suelo, su mañana de paz hecha añicos. Una pequeña risa burbujeó en su pecho. Esto era irreal. Esto era... el caos. Y de alguna manera, sentía que apenas era el principio. Tomó un cruasán de chocolate de la bandeja de Nico. Sabía a pura felicidad, o al menos a una distracción muy necesaria.

"Mi terapeuta no está lista para esto", murmuró Ana para sí misma, con una sonrisa irónica. El gato maulló, como si estuviera de acuerdo.

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Iris Jazmín Rodríguez
estuvo muy bonito el libro 😃😃 me encantó felicidades tienes un gran talento 👍👍👍 espero sigas escribiendo más abras de libros 📚👍👍👍😃😃😃
Iris Jazmín Rodríguez
me encantó el libro 😄 es divertido 😃 y muy entretenido la verdad que me fascinó el libro 🥰👍
Jessicar: iris muchas gracias
total 1 replies
Iris Jazmín Rodríguez
🥰😃😃👍👍👍🥰🥰👍👍👍
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