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Hielo Y Alquitrán

Hielo Y Alquitrán

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞Zen, el gélido estratega Grimhand, y Hendrik, el indomable lobo De Vries, desafiaron la biología y el poder corporativo. Tras huir, fundaron un imperio. Su amor prohibido, transformó la guerra en una dinastía inquebrantable.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Piedra azul

Veinte años atrás.

El jardín de la mansión De Vries era un laberinto de rosas blancas y estatuas de mármol que parecían vigilar cada movimiento con ojos de piedra. Ese día, el aire olía a pasto recién cortado y a la lluvia que amenazaba con caer desde un cielo grisáceo. Hendrik, de apenas once años, estaba sentado en un muro de piedra, balanceando las piernas con impaciencia. Estaba aburrido de las voces monótonas de los adultos que, dentro de la casa, discutían sobre acciones, contratos y fronteras territoriales.

Para el pequeño Hendrik, la vida era simple: quería correr hasta que le dolieran los pulmones, ensuciarse las rodillas y demostrar que era el niño más fuerte del lugar. Su padre siempre le decía que los De Vries eran fuego y fuerza, pero a Hendrik esa fuerza le pesaba cuando no tenía con quién compartirla.

De pronto, un auto negro y brillante, con el escudo de los Grimhand, se detuvo frente a la escalinata principal. La puerta se abrió y de él bajó un niño que parecía sacado de un cuento de cristal.

Zen Grimhand tenía nueve años y vestía un traje de marinero azul oscuro, impecable, sin una sola arruga ni una mancha de polvo. Tenía la piel tan blanca que parecía brillar bajo la luz mortecina del sol, y su cabello, de un rubio casi platino, estaba peinado con una perfección que a Hendrik le pareció fascinante y extraña a la vez. Pero lo que detuvo el corazón del pequeño Hendrik fueron los ojos de Zen: claros, curiosos y llenos de una timidez que intentaba ocultar tras una espalda exageradamente recta.

"Es la persona más hermosa del mundo", pensó Hendrik, quedándose paralizado sobre el muro. Para un niño acostumbrado a la rudeza de los entrenamientos de su padre, Zen era una visión de otro planeta.

—¡Eh, tú! —gritó Hendrik, saltando del muro con la torpeza propia de su edad y aterrizando de pie frente al invitado—. ¿Eres el hijo de los Grimhand?

Zen se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron con sorpresa, pero no retrocedió. Su mirada no fue de miedo, sino de una cautela elegante que parecía haber heredado de su linaje.

—Me llamo Zen —respondió con una voz suave pero firme—. ¿Tú eres Hendrik? Mi padre dice que debo ser cortés contigo porque nuestras familias van a ser socias en el nuevo puerto.

—A mí mi padre no me dijo nada de ser cortés —respondió Hendrik con una sonrisa traviesa, acortando la distancia hasta que pudo oler el jabón caro que emanaba de Zen—. Me dijo que eres un niño consentido que no sabe jugar. ¿Sabes trepar árboles o solo sabes leer libros aburridos?

Zen miró sus zapatos de charol relucientes y luego alzó la vista hacia el gran roble que dominaba el jardín, cuyas ramas parecían tocar las nubes.

—No tengo permitido ensuciarme —dijo Zen con un deje de tristeza—. Mi madre dice que un Grimhand debe estar siempre presentable.

—Qué aburrido eres —dijo Hendrik, pero en lugar de irse, le extendió una mano grande y ya marcada por algunas costras de sus juegos—. Si te caes, yo te atrapo. Mi padre dice que los De Vries somos la fuerza y los Grimhand la mente. Pero yo creo que solo necesitas un amigo para que no te aburras tanto.

Esa tarde, el protocolo de las dos familias más poderosas del país se rompió en mil pedazos. Durante tres horas, los dos niños que deberían haber sido enemigos naturales corrieron por el jardín hasta que el traje de marinero de Zen quedó manchado de lodo y hierba. Hendrik le enseñó a Zen a atrapar ranas en el estanque verde, riendo cuando el rubio soltó un grito al sentir la piel resbaladiza del animal. A cambio, Zen se sentó bajo la sombra del roble y le explicó a Hendrik las constelaciones y los mitos griegos que había memorizado.

No había Alfas, ni jerarquías de poder, ni odio heredado. Solo había dos niños que compartían dulces a escondidas detrás de una estatua de Hermes y que se prometieron, con la pureza que solo da la infancia, que siempre jugarían juntos, sin importar lo que los adultos dijeran en sus reuniones aburridas.

Al final del día, cuando el auto negro volvió a encenderse, Hendrik buscó en su bolsillo y sacó una pequeña piedra lisa, de un color azul profundo, que había encontrado esa mañana.

—Guárdala, Zen —le dijo Hendrik, poniéndola en su pequeña mano blanca—. Así, cuando nos veamos en la próxima reunión de negocios, sabremos que seguimos siendo amigos. Que esto es nuestro secreto.

Zen apretó la piedra contra su pecho y le dedicó a Hendrik una sonrisa tan pura que el niño De Vries sintió un calor extraño en el pecho, algo que no sabía explicar pero que quiso proteger para siempre.

Cinco años después.

La inocencia no murió de forma natural; fue asesinada en una cena de gala. Hendrik tenía dieciséis años y su cuerpo ya mostraba los signos del Alfa dominante en el que se convertiría: hombros anchos y una mandíbula marcada. Zen tenía catorce y se movía entre los adultos con una gracia gélida.

Hendrik buscó a Zen desesperadamente entre la multitud vestida de seda y diamantes. Estaba ansioso. Llevaba la piedra azul en el bolsillo, acariciándola como un amuleto de la suerte. Quería decirle que había ganado el torneo de boxeo, quería ver si aún recordaba el nombre de las estrellas.

—¡Zen! —llamó Hendrik, acercándose con una sonrisa que se le borró al instante.

Zen se giró, pero el niño que trepaba árboles había desaparecido. En su lugar había un adolescente de mirada vacía, rodeado por su padre, Arthur Grimhand, y un grupo de inversores que lo observaban como si fuera un trofeo.

—Señor De Vries —dijo Zen. El uso del apellido fue como un tajo en el pecho de Hendrik—. Le agradecería que mantuviera la compostura y bajara la voz. Estamos en un evento oficial, no en el lodo de su jardín.

—¿De qué hablas? Soy yo, Hendrik... —balbuceó el mayor, sintiendo que el mundo se desmoronaba bajo sus pies—. La piedra... Zen, tengo la piedra...

Arthur Grimhand intervino antes de que Hendrik pudiera sacar el regalo. Puso una mano posesiva y firme en el hombro de su hijo, una mano que parecía una garra.

—Hendrik, muchacho —dijo Arthur con una voz de seda venenosa—. Entiendo que jugaron de niños, pero los tiempos han cambiado. Zen ahora entiende que un Grimhand no se mezcla con la impulsividad y la falta de clase de los De Vries. Ustedes son nuestras herramientas, nosotros somos los arquitectos. Aprende cuál es tu lugar en la jerarquía.

Esa noche, Hendrik vio cómo el padre de Zen lo arrastraba de grupo en grupo, prohibiéndole mirar hacia atrás. Cada vez que sus ojos se cruzaban por un segundo, Zen desviaba la vista con una frialdad que Hendrik transformó en odio para no morir de tristeza. Pero Hendrik notó algo que nadie más vio: los nudillos de Zen estaban blancos de tanto apretar su propia mano, intentando no romperse.

A partir de ahí, sus familias terminaron de envenenarlos. Los instructores de la academia les enseñaron que la única forma de relacionarse era a través de la competencia brutal. Les metieron en la cabeza que el afecto entre dos Alfas herederos era una debilidad que los buitres aprovecharían.

El niño que pensaba que Zen era lo más hermoso del mundo fue enterrado bajo capas de resentimiento. Hendrik empezó a provocar a Zen, a insultarlo y a desafiarlo solo para obligarlo a reconocer su existencia, aunque fuera a través de la furia. Y Zen... Zen levantó muros de hielo tan altos que nadie pudiera sospechar que, en el fondo de su caja de seguridad más privada, todavía guardaba una pequeña piedra azul.

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(@®|t0💖💖😁
jajajaja... no chingues mijo deja tu los cayos nuevos.... te lo vas a terminar arrancando con tanta jaladera..... 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
(@®|t0💖💖😁
Algo así me esperaba.... un grandioso enigma o un precioso Delta..... algo más allá del alfa dominante...🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗 ME ENCANTAAAAAAAAAAAAAA...
!!!
(@®|t0💖💖😁
santas margaritas.... hasta a mí se me.bajo la presión .... casi me muero del susto junto con el Hendrick...... 😩😩😩😩😩
(@®|t0💖💖😁
"pequeña aberración" sigue cosita.... lucha por tu vida.... todos te queremos y esperamos desde el CAP 1.... y eso que no sabíamos que ibas a existir..... los viejos horrorosos que se mueran de un infarto del puritito coraje.... total ni falta que hacen.... 🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗
(@®|t0💖💖😁
soooooopas ya nos los preño .... hay caray como que se le cumple al Joel que le sampara tres chamacos de jalón.... 🤭🤭🤭🤭
(@®|t0💖💖😁
tsssssssss..... ya se nos muto el príncipe de hielo a omeguita después de tanta acción y nudito tras nudito,... 🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗🤗
(@®|t0💖💖😁
cómo que habitaciones??? no que solo había una sola??? eso sí con una camota...🤔🤔🤔
Maru19 Sevilla
Muy entretenida la novela, emocionante y sensual. Gracias por publicarla
Skay P.: Gracias por leernos😘😘
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Maru19 Sevilla
Muy sensual historia 💖
Skay P.: Amo que te gustara😘
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Maru19 Sevilla
Muy 👏👏👏👏👏👏
Skay P.: ¡Grs!😘
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Maru19 Sevilla
Que bueno, que ardan los viejos 👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Muy bien , acaben con esos carcamanes🤣
Maru19 Sevilla
Pobre Hendrik
Skay P.: ¡Auch!😔👆
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Maru19 Sevilla
Es tremendo Kassar🤭
Maru19 Sevilla
Ojalá que Kassar doblegue a los ancianos
Maru19 Sevilla
Sigo emocionada 👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que emocionante 👏👏👏👏😱
Maru19 Sevilla
Quiero saber cómo será ese nuevo Alfa😊
Maru19 Sevilla
Maldito Arthur como me cae mal, ojalá le de un paro cardíaco de tanto coraje🤭
Maru19 Sevilla
Me encanta que públicas varios capitulos, está muy buena la novela 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias Chikis!😘
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