Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
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Capítulo 13
Antes de que todo comenzara…
ya estaba escrito.
La casa estaba en silencio.
Pero no era tranquilidad.
Era expectativa.
Como si incluso el aire…
estuviera esperando.
—¿Profecía…?
La voz de Nyra rompió el silencio.
Baja.
Pero firme.
—Sí.
Respondió mi padre.
Sin rodeos.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes de que nacieras.
Silencio.
Eso…
no ayudaba.
Nada.
—Eso no tiene sentido.
—Lo tendrá.
—No quiero que lo tenga.
—No es una opción.
Mi madre apareció con algo en las manos.
Un libro.
Antiguo.
Oscuro.
Pero no por maldad.
Por historia.
—Esto…
Pausa.
—es donde todo empezó.
Nyra lo miró.
Como si algo en su interior…
reaccionara.
—¿Qué es?
—La primera verdad.
Nos sentamos.
Pero nadie estaba cómodo.
Porque lo que venía…
no era fácil.
Mi madre abrió el libro.
Y el aire cambió.
Otra vez.
Pero diferente.
Más profundo.
Más… antiguo.
—Escucha bien, Elara.
—Estoy escuchando.
—Porque esto…
no se puede ignorar.
Y entonces…
comenzó.
—“Cuando la luz y la oscuridad…”
—“dejen de estar separadas…”
—“nacerá el equilibrio…”
Nyra frunció el ceño.
—Eso suena como una metáfora.
—No lo es.
—Entonces—
—Es literal.
Silencio.
—“No será poder…”
—“no será fuerza…”
—“será decisión…”
Eso…
la hizo quedarse completamente quieta.
—¿Decisión…?
—Sí.
—¿Mía?
—Sí.
—“Dos fuerzas…”
—“nacidas para destruirse…”
—“encontrarán en ella…”
—“lo que no pueden controlar…”
El aire se volvió más pesado.
—Gabriel…
Susurró Elara.
—Y Federico.
Dije.
—Sí.
Confirmó mi padre.
—“Uno protegerá…”
—“otro intentará romper…”
—“y ambos…”
—“la necesitarán para existir…”
Silencio.
Eso…
ya no era teoría.
Era realidad.
—Entonces…
Nyra respiró hondo.
—Esto ya estaba decidido.
—No.
Dijo mi madre.
—¿No?
—Nada está decidido.
—Entonces—
—Está escrito.
Pausa.
—Pero tú eliges.
Silencio.
Eso…
lo cambiaba todo.
—¿Qué significa eso?
—Que el final…
depende de ti.
—No quiero eso.
—Nadie lo quiere.
—Entonces ¿por qué yo?
Silencio.
Y entonces…
la verdad.
—Porque eres la única que puede hacerlo.
Nyra negó suavemente.
—No soy especial.
—Exacto.
—¿Entonces?
—Eres necesaria.
Silencio.
Eso…
pesaba más.
—“Si el equilibrio cae…”
—“la oscuridad no ganará…”
—“la luz tampoco…”
—“todo desaparecerá…”
El mundo…
se detuvo.
—¿Qué?
—No es una guerra por ganar.
—Entonces—
—Es una guerra por evitar el final.
—¿El final de qué?
Silencio.
Y entonces…
—De todo.
Nyra se quedó completamente quieta.
—Eso no es posible.
—Ya empezó.
—No.
—Sí.
—No puede ser.
—Lo es.
—¿Y él?
Pregunté.
—¿El que apareció?
Silencio.
—No está en la profecía.
—¿Entonces?
—Eso es lo que nos preocupa.
El aire se volvió más pesado.
—¿Qué significa eso?
—Que hay algo más.
—¿Más?
—Sí.
—¿Más peligroso?
Silencio.
—Más impredecible.
Nyra bajó la mirada.
Pensando.
Procesando.
—Entonces no es solo esto…
—No.
—Es peor.
—Sí.
—“Y cuando el equilibrio despierte…”
—“los antiguos abrirán los ojos…”
El silencio fue absoluto.
—¿Antiguos…?
—Sí.
—¿Qué significa eso?
—Que esto…
Pausa.
—no empezó con ustedes.
El mundo…
ya no tenía sentido.
Pero aún así…
seguía girando.
Nyra levantó la mirada.
Y esta vez…
ya no había duda.
—Entonces lo enfrento.
Silencio.
—No hay otra opción.
—No.
—Entonces no voy a huir.
Eso…
lo confirmó todo.
Mi padre asintió lentamente.
—Entonces empieza ahora.
—¿Qué?
—Entender quién eres.
—Ya lo sé.
—No.
Pausa.
—Aún no.
Y en ese momento…
lo sentí.
Otra vez.
Pero más fuerte.
Más claro.
Más cercano.
—Gabriel…
—Lo sé.
—¿Otra vez?
—Sí.
Pero esta vez…
no era un ataque.
Era algo peor.
Era una señal.
No todo empieza cuando creemos.
Algunas historias…
llevan siglos esperando.
El libro seguía abierto.
Pero ya no parecía un objeto.
Parecía…
una advertencia viva.
—¿Los antiguos…?
La voz de Nyra fue más baja.
Más seria.
—Sí.
Respondió mi madre.
—Los primeros.
—¿Ángeles?
—Antes de los ángeles.
Silencio.
—¿Demonios?
—Antes de los demonios.
El mundo…
se detuvo otra vez.
—Entonces…
—Existían antes de todo lo que conoces.
—Eso no es posible.
—Lo es.
—¿Qué eran?
Silencio.
Y entonces…
—Equilibrio puro.
Nyra frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—Porque lo estás viendo desde ahora.
—Entonces explícalo.
Pausa.
Y finalmente…
la verdad.
—Antes…
no existía la división.
No había luz.
No había oscuridad.
No había bien.
No había mal.
Solo…
existencia.
—¿Y ellos?
—Ellos eran eso.
—¿Eso qué?
—El balance.
Silencio.
—Entonces…
—No había conflicto.
—¿Qué pasó?
La pregunta…
lo cambió todo.
Mi padre respondió esta vez.
—Decisión.
—¿Decisión?
—Sí.
—¿De quién?
—De ellos.
—Eligieron dividirse.
—¿Por qué?
—Porque querían sentir.
—¿Sentir qué?
—Todo.
Silencio.
—Luz.
—Oscuridad.
—Amor.
—Dolor.
—Poder.
—Pérdida.
—Y así…
continuó mi madre,
—nacieron los ángeles…
—y los demonios.
—Separados.
—Opuestos.
—Incompletos.
Nyra se quedó completamente en silencio.
—Entonces…
—El equilibrio se rompió.
—Sí.
—¿Y nunca volvió?
—No completamente.
Pausa.
—Hasta ahora.
Nyra levantó la mirada.
Lenta.
Pero segura.
—¿Yo?
—Sí.
Silencio.
Eso…
ya no era teoría.
Era destino.
—Pero yo no tengo poder.
—No necesitas tenerlo.
—Entonces ¿cómo…?
—Porque tú no divides.
Pausa.
—Tú unes.
Eso…
la dejó sin palabras.
—Eres lo que ellos eran antes de romperse.
—Pero soy humana.
—Exacto.
Silencio.
—Eso es lo que lo hace posible.
—Entonces…
—No perteneces a un lado.
—No.
—Ni a otro.
—No.
—Entonces…
—Eres el punto medio.
El aire se volvió más pesado.
Pero no por miedo.
Por verdad.
—¿Y ellos… los antiguos?
—Desaparecieron.
—¿Murieron?
—No.
—Entonces—
—Esperaron.
Silencio.
—¿Esperaron qué?
—A ti.
Nyra retrocedió un paso.
—No…
—Sí.
—Eso no puede ser.
—Lo es.
—No quiero eso.
—No tienes que quererlo.
—Entonces—
—Solo tienes que sobrevivirlo.
—¿Y si no lo hago?
Silencio.
Pesado.
Directo.
—Entonces todo vuelve a romperse.
—¿Y qué pasa?
—Nada queda.
El mundo…
ya no tenía forma.
—¿Y Gabriel?
Preguntó ella.
—¿Qué pasa con él?
—Es tu protector.
—Eso ya lo sé.
—No completamente.
—¿Qué significa eso?
—Que es el único que puede estar cerca de ti…
Pausa.
—sin romper el equilibrio.
Eso…
me golpeó diferente.
—¿Y Federico?
Silencio.
—Es lo opuesto.
—¿Destrucción?
—Desequilibrio.
—¿Y si se acerca?
—Rompe todo.
Nyra respiró más profundo.
—Entonces tengo que mantenerlos separados.
—No.
—¿No?
—Tienes que mantenerlos en equilibrio.
Silencio total.
Eso…
era imposible.
—No puedo hacer eso.
—Sí puedes.
—No.
—Sí.
—No sé cómo.
—Aprenderás.
—¿Y el otro?
Pregunté.
—El que apareció.
Silencio.
Más largo.
Más incómodo.
—No debería existir.
El aire se volvió frío.
—¿Qué significa eso?
—Que algo cambió.
—¿Qué cosa?
—El curso.
—¿De la profecía?
—Sí.
Nyra me miró.
—Eso no es bueno.
—No.
—¿Entonces qué hacemos?
Silencio.
Y entonces…
la única respuesta posible.
—Nos adelantamos.
—¿A quién?
—A todos.
El libro comenzó a cerrarse solo.
Lento.
Pesado.
Como si ya hubiera dicho suficiente.
—Esto ya no es solo una historia.
Dijo mi padre.
—Es una cuenta regresiva.
Nyra levantó la mirada.
Y esta vez…
no había miedo.
Había decisión.
—Entonces no vamos a esperar.
Silencio.
—No.
—Vamos a empezar.
Y en ese momento…
lo sentí otra vez.
Más fuerte.
Más cerca.
Más real.
Pero esta vez…
no venía solo.
El silencio…
ya no era seguro.
Era aviso.
El libro terminó de cerrarse.
El sonido fue seco.
Final.
Como si marcara…
un punto sin retorno.
Nadie habló.
Porque todos sentíamos lo mismo.
Algo venía.
Y esta vez…
no era una advertencia.
—Gabriel…
—Lo sé.
No tuve que mirar a Elara.
Ya lo sentía.
Más fuerte que antes.
Más claro.
Más… cercano.
El aire cambió.
Otra vez.
Pero diferente.
No frío.
No pesado.
Era…
inestable.
Como si algo estuviera forzando su entrada.
—No es uno…
Murmuré.
—¿Cuántos?
Preguntó mi padre.
Cerré los ojos un segundo.
Sintiendo.
Contando.
Y cuando los abrí…
la respuesta salió sola.
—Muchos.
Nyra tensó la mano.
Pero no se apartó.
—Entonces es ahora.
—Sí.
—¿Estamos listos?
Silencio.
Nadie respondió.
Porque la verdad era simple.
No.
—No importa.
Dijo ella.
Firme.
—Vamos a hacerlo igual.
Eso…
cambió algo en el ambiente.
No el peligro.
Pero sí…
la forma de enfrentarlo.
—Quédense dentro.
Ordenó mi padre.
—No.
—No es una opción.
—Ya no tenemos opciones.
—Elara—
—No.
Dio un paso al frente.
—Si esto viene por mí…
entonces no me voy a esconder.
Silencio.
—No esta vez.
Mi madre la observó.
Y por primera vez…
no la detuvo.
—Entonces no te separes.
—No lo haré.
—Gabriel.
—Sí.
—No la pierdas de vista.
—Nunca.
Y esa vez…
no fue una promesa.
Fue una regla.
El impacto llegó…
sin tocar la puerta.
Las ventanas vibraron.
El suelo tembló.
Y el aire…
se rompió.
Literalmente.
Como si algo…
hubiera atravesado la realidad.
—Llegaron.
Salimos.
No con calma.
Con urgencia.
Y lo que vimos…
no era como antes.
No eran cinco.
No eran sombras.
Eran más.
Muchos más.
Formas distintas.
Energías diferentes.
Pero todos…
con el mismo objetivo.
Elara.
—Interesante…
Una voz.
Nueva.
—Pensé que sería más difícil encontrarte.
—Aléjense.
Dije.
Sin dudar.
—No vinimos a hablar contigo.
—Entonces vinieron a equivocarse.
—No.
Pausa.
—Vinimos a confirmar.
—¿Confirmar qué?
Silencio.
Y entonces…
—Que la profecía es real.
El mundo…
se tensó.
—No se acerquen.
—No es necesario.
—Entonces—
—Ya vimos lo que queríamos.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—¿Qué significa eso?
—Significa…
Pausa.
—Que el juego cambió.
Nyra dio un paso al frente.
—No soy un juego.
—No.
La voz respondió.
—Eres el final.
El aire se volvió más frío.
Más pesado.
Más peligroso.
—Entonces intenta acercarte.
Dijo ella.
Firme.
Sin temblar.
Y lo hicieron.
Uno.
Solo uno.
Pero no llegó.
Porque la barrera apareció otra vez.
Invisible.
Intocable.
Real.
Fue lanzado hacia atrás.
Más fuerte que antes.
Silencio total.
—Entonces es cierto…
—No pueden tocarla.
—Interesante…
—Muy interesante…
Eso…
no era bueno.
Porque ahora…
no tenían dudas.
—Entonces cambiaremos de estrategia.
—No.
—Sí.
—No.
—No la necesitamos a ella.
El mundo…
se detuvo.
—¿Qué?
—Te necesitamos a ti.
Y antes de que pudiera reaccionar…
se movieron.
Todos.
Ataque directo.
Coordinado.
Violento.
Contra mí.
—¡GABRIEL!
La energía explotó.
Más fuerte que nunca.
Pero esta vez…
no era suficiente.
Porque eran demasiados.
Golpe.
Otro.
Otro.
Movimiento tras movimiento.
Intentando mantenerlos alejados.
Pero no era control.
Era resistencia.
—¡DETÉNGANSE!
La voz de Elara.
Fuerte.
Desesperada.
Y entonces…
algo cambió.
El aire…
se rompió otra vez.
Pero no por ellos.
Por ella.
Una onda.
Invisible.
Pero poderosa.
Se expandió.
Desde Elara.
Hacia todos.
Y los detuvo.
A todos.
Silencio absoluto.
—No…
Susurró alguien.
—Eso no debería ser posible…
—No sin poder…
—No sin energía…
Pero ahí estaba.
Real.
Innegable.
Elara.
En el centro.
Sin hacer nada.
Y haciéndolo todo.
—Entonces ya empezó…
—Sí…
—El equilibrio despertó…
Eso…
lo cambió todo.
Y en ese instante…
una voz diferente apareció.
Más profunda.
Más antigua.
Más… peligrosa.
—Demasiado pronto.
El mundo…
se detuvo por completo.