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Destinos Programados, Amores Conectados

Destinos Programados, Amores Conectados

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Edina Gonçalves

Mariana siempre creyó que su vida estaba marcada por el rechazo y el abandono. Criada entre mentiras, aprendió a sobrevivir refugiándose en la tecnología, donde todo tenía sentido —a diferencia de su propio pasado.

Pero cuando secretos enterrados salen a la luz, descubre que su historia le fue robada, su destino alterado y su identidad construida sobre una mentira cruel. En medio de revelaciones devastadoras y reencuentros inesperados, también surge un amor capaz de reconstruirla.

Entre códigos, verdades ocultas y el poder del destino, Mariana tendrá que decidir si está lista para reprogramar su propia historia —y permitir que el amor sea su mayor conexión.

NovelToon tiene autorización de Edina Gonçalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Odio

En Birigui, el calor de aquella tarde parecía más sofocante de lo normal.

Carlos Eduardo Cerqueira estaba acabado.

El despido llegó sin previo aviso. El presidente de la constructora lo citó en la oficina principal, puso un expediente sobre la mesa y no dejó espacio para explicaciones. Auditoría interna. Desvío de fondos. Corrupción. Intento de soborno. Proceso penal en curso.

Su nombre, que había construido durante años a base de arrogancia y manipulación, ahora estaba manchado.

Salió del edificio sintiendo que el mundo se derrumbaba, pero no por arrepentimiento.

Era odio.

Odio puro.

Manejó hasta su casa con las manos temblando sobre el volante. La cicatriz en el mentón parecía arder como si estuviera fresca otra vez.

La culpa era de ella.

Mariana.

Siempre ella.

Cuando entró a la casa, azotó la puerta con violencia.

Isabela apareció en la sala con la pequeña Samira a su lado. La niña, de apenas cinco años, sostenía un juguete en las manos.

— ¿Qué pasó? — preguntó Isabela, preocupada.

Carlos arrojó la carpeta de documentos al sofá.

— ¡Pasó que destruyeron mi vida!

— ¿Pero quién? ¿Cómo que...?

Se rio, una risa fría.

— La culpa es de la zorra de tu hija.

Isabela palideció.

— ¿Qué tiene que ver Mariana con esto? ¡Desapareció hace años!

Carlos se acercó, los ojos inyectados.

Y entonces se lo contó.

Todo.

Que nunca amó a Isabela.

Que solo se casó con ella porque estaba interesado en Mariana.

Que Mariana era una niña cuando él entró en aquella casa, y que decidió esperar.

Esperar.

Como si estuviera hablando de cualquier negocio.

Dijo que fue una tortura compartir la cama con Isabela todos esos años.

— Solo podía acostarme contigo porque imaginaba que eras ella — le escupió.

Isabela se llevó la mano a la boca, horrorizada.

Carlos continuó, fuera de control:

— Esa noche, cuando me quemó la cara... iba a hacerla mía. Pero huyó antes.

Samira los miraba confundida, aferrada a su juguete.

— ¿Y ahora? — susurró Isabela, con lágrimas en los ojos.

— Ahora trabaja para un hombre poderoso. ¡Y ese hombre destruyó mi carrera!

Se acercó aún más.

— Y como no puedo desquitarme con ella... me desquito contigo.

El primer golpe llegó rápido.

Isabela cayó al suelo.

Samira empezó a llorar.

Carlos estaba fuera de control. Cada golpe cargaba frustración, humillación, odio.

La niña gritaba:

— ¡Papá, para! ¡Para!

Un vecino, asustado por los ruidos, llamó a la policía.

Pero, antes de que las sirenas se acercaran, Carlos ya había huido.

Cuando la policía entró a la casa, encontró a Isabela inconsciente, gravemente herida.

Samira estaba encogida en un rincón de la sala, en silencio absoluto, el juguete todavía en sus manos.

Isabela fue trasladada al hospital.

Entró en coma pocas horas después.

Samira fue enviada al consejo tutelar y, enseguida, a un albergue provisional.

Días después, el teléfono de Mariana sonó.

Estaba en la sala de su departamento con Ana Clara cuando contestó.

La voz del otro lado se identificó como representante del Consejo Tutelar de Birigui.

El nombre de la ciudad hizo que su corazón se detuviera un segundo.

La consejera le contó todo.

La agresión.

El coma.

La huida de Carlos.

Y entonces dijo, con voz formal:

— La menor, Samira, es su hermana biológica. Necesitamos saber si usted tiene interés o condiciones de asumir la custodia. De lo contrario, será canalizada para adopción.

Mariana se quedó en silencio.

El mundo parecía lejano.

No lloró por su madre.

Isabela nunca le dio amor. Nunca la protegió. Nunca la eligió.

Pero Samira...

Samira era diferente.

Era el único recuerdo inocente de aquella casa.

La única que le sonreía.

La única que la llamaba "mana" con brillo en los ojos.

Las lágrimas llegaron con fuerza.

— ¿Dónde está? — preguntó Mariana, con la voz temblorosa.

Ana Clara le tomó la mano.

La consejera explicó los procedimientos, los documentos necesarios, las evaluaciones.

— Si usted no puede hacerse cargo, tendremos que dar curso al proceso de adopción.

La palabra le dolió.

Adopción.

Otra familia.

Otro destino.

Mariana colgó y se desplomó en el sofá.

— Es Samira — dijo, llorando. — Él hizo eso... casi mata a mi madre... y Samira vio todo.

Ana Clara se arrodilló frente a ella.

— ¿Qué quieres hacer?

Mariana respiró hondo.

No lo pensó dos veces.

— Voy a buscarla.

Sin dudar.

Sin miedo.

Era su hermana.

Su sangre.

Su responsabilidad.

Horas después, las dos estaban haciendo maletas.

Birigui dejaba de ser solo un recuerdo doloroso.

Ahora era el lugar donde su hermana la necesitaba.

Y esta vez Mariana no huiría.

Volvería.

Pero no como la niña asustada que escapó años atrás.

Volvería como mujer.

Como protectora.

Como familia.

Samira (hermana de Mariana) 5 años

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