NovelToon NovelToon
TADMOR: La Historia De Una Asesina

TADMOR: La Historia De Una Asesina

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Thais Perdida

En la prisión de máxima seguridad de Tadmor, la doctora Andrea Spencer, psicóloga forense, recibe una tarea imposible: evaluar a Danielle Hoffmann, una asesina acusada de crímenes inhumanos.

Pero en cada entrevista, los roles comienzan a invertirse.

Tras el vidrio blindado y las cadenas, Danielle no se comporta como un monstruo… sino como alguien que sabe exactamente lo que es. Habla de experimentos, de una infancia robada, de un proyecto que buscaba crear algo más que soldados. Y en su mirada hay una certeza inquietante: ella no fue la única.

Mientras Andrea intenta separar la verdad del delirio, descubre que cada palabra en esa celda es una advertencia. Porque Danielle no espera juicio.

Espera que vengan por ella.

NovelToon tiene autorización de Thais Perdida para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

I. HOFFMANN.

Tadmor (Siria)

Andrea Spencer tronaba sus dedos con nerviosismo mientras el helicoptero aterrizaba en la azotea de la prisión de máxima seguridad, en medio del desierto de Siria. Apenas hacia una semana era una simple psicologa en un consultorio común con apenas pocos pacientes y ahora el F.B.I la llamaba ofreciéndole posiblemente el trabajo de su vida. Mientras una guardia la guiaba por los pasillos, Andrea leia el archivo de su paciente y era una cosa de no creer todavía.

Danielle Hoffmann Parker fue una soldado de elite de la F.A.C.I (Formación Avanzada Criminalista de Inteligencia), ademas hija del Ministro de la dicha asociación. Xavier Hoffmann y su esposa Verónica Parker. La menor de cuatro hijos, tres hermanos mayores, Dereck, Samuel y Dylan. Muchos dirían que la princesa de la familia, única hija y la menor. ¿Quien diría que se convertiría en una de las asesinas mas mortíferas de la historia?

La guardia la llevo hacia la habitación un poco pequeña donde se hospedaria un mes.

¿Cual era su objetivo? Encontrar a otro asesino igual de mortífero y peligroso... La pareja de Danielle. El ex empresario Ares Moguilevich. Jamas nadie habría sospechado de el. Serio, inteligente, billonario... Otro camuflaje para un asesino en serie "La Cruz". Ambos juntos en ello. Eran asesinatos brutales pero especificos y bien planeados. No había cámaras, ni pistas.

No eran victimas comunes. Eran empresarios, famosos y hasta políticos.

Acomodo sus cosas y luego la misma guardia la guio hacia la pequeña sala donde se encontraria con Hoffmann.

El timbre metálico anunció la apertura de las puertas.

Con un overol naranja, las muñecas esposadas y un collar de descargas eléctricas cuyo control sostenía un guardia asignado exclusivamente a ella, la asesina más letal de la historia entró en la pequeña sala de interrogatorios donde la psicóloga Andrea Spencer la esperaba. Danielle Hoffmann llevaba casi dos años en Tadmor, condenada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Tomó asiento frente a la doctora.

La pelirroja había deseado este encuentro. Había algo magnético en estudiar a una mujer como aquella: un enigma viviente, una leyenda oscura convertida en carne y hueso.

_ Buenas tardes _saludó la doctora, levantandose.

_ Sé quién es, doctora Spencer _la interrumpió con voz calma_. Buenas tardes.

Andrea la observó con detenimiento. Tenía rostro de ángel. Resultaba casi absurdo reconciliar aquella belleza serena con los crímenes que manchaban su nombre. Cabello castaño, ojos verdes profundos que brillaban como esmeraldas en contraste con la quietud de su expresión. No era alta, pero su figura era armónica: cintura estrecha, postura firme, piernas entrenadas. El uniforme carcelario no lograba ocultar que, bajo él, había una mujer inquietantemente hermosa.

_ ¿Sabe por qué estoy aquí? _preguntó la psicóloga.

_ Otro psicólogo _respondió Danielle con indiferencia_. Intentan encontrar un pecado en mis actos. Ninguno lo ha logrado y aquí está usted.

_ Ha asesinado, señorita Hoffmann.

_ Hice justicia. _se defendió_. La que quienes deben impartirla nunca hacen.

La miró con un deje de lástima.

_Dígame, doctora Spencer... ¿a qué vino exactamente?

_ A entenderla.

_ No _suspiró ella_. Vino a condenarme. Siempre vienen a lo mismo. Solo necesito que alguno tenga la decencia de admitirlo.

_ La condena se basa en lo que hizo _replicó Andrea, consultando el informe_. Mató a más de cien personas. Entre ellas, figuras del poder ejecutivo, políticos, celebridades...

_ Me investigó a mí y a mi pasado, imagino. ¿Pero a ellos los investigó?

_ Sí, lo hemos...

_ ¿A fondo? _la interrumpió con suavidad, pero con un filo peligroso_. ¿Cada rincón? ¿Cada detalle? ¿O solo la superficie? ¿Solo sus donaciones, sus discursos, sus sonrisas frente a las cámaras?

Andrea guardó silencio.

Danielle esbozó una leve sonrisa.

_ Lo supuse.

Exhaló con desdén.

_Creo que usted también se rendirá, doctora.

_ No vine a condenarla _negó Andrea, sosteniendo su mirada_. Perdió todo lo que tenía. Todo... por él. El hombre que la abandonó.

_ ¿Qué perdí? Según usted.

_ Su puesto en la F.A.C.I.

_ Eso ya lo había perdido antes. Debería saberlo.

_ A su prometido. Lo engañó con él.

_ Él me había engañado primero. Con mi prima.

_ A su familia... _añadió en voz baja_. La adoraban.

Danielle soltó una carcajada fría. De pronto se levantó y golpeó la mesa. El guardia accionó el control. La descarga eléctrica recorrió su cuerpo.

No gritó.

Ni siquiera se tensó.

Solo giró el rostro hacia un costado... y rió. Una risa auténtica. Volvió a sentarse con total calma.

_ Parece que no sabe nada, doctora. Es fácil engañarla. ¿Eso fue lo que le dijeron?

_ ¿Cuál es entonces su verdad?

Danielle ladeó la cabeza.

_ ¿Por qué quiere saberlo? Igual creerá lo que ellos digan.

_ Pruébelo _dijo Andrea suavemente_ . Cuénteme desde el principio. La escucho.

Silencio.

Danielle se recostó contra el respaldo, estudiándola como si evaluara su valor.

_ ¿Mi verdad? _murmuró_. Usted no quiere mi historia, doctora. Lo que realmente quiere... es saber dónde está él.

_ Señorita...

_ No lo sé. Lo lamento. No puedo responderle.

Andrea entrelazó los dedos.

_ Quiero saber qué pasó. Por favor... ¿cómo lo conoció?

Los labios de Danielle se curvaron en una sonrisa apenas visible.

_ Si tanto desea entender... tendrá que escuchar desde el principio.

Sus ojos brillaron con algo que no era nostalgia. Era advertencia.

_ Porque mi historia... no es lo que usted cree.

_ La escucho, señorita Hoffmann _Andrea se enderezo.

_ ¿Usted cree que fue Ares quien me transformo en esto? Pues déjeme decirle que todos se equivocan.

...________...

...Siete años atrás...

Fuerza.

Determinación.

Si caes, te levantas.

El cuerpo de Danielle Hoffmann se estrelló contra el acolchado del gimnasio y el aire escapó de sus pulmones en un jadeo ahogado. Antes de que pudiera reaccionar, el pie de su hermano mayor se plantó sobre su torso, presionándola contra el suelo con deliberada humillación pero Danielle se controlaba... Eso le enseño su padre. Ser la única mujer entre tres hermanos no era un reto... Era una sentencia.

Y lo peor era que los tres eran extraordinariamente buenos en todo lo que hacían. Dereck, el mayor, heredero natural y orgullo absoluto de su padre. Samuel, teniente del ejército, disciplinado hasta la médula. Dylan, el diplomático de la familia, estudiante de ciencias políticas y dueño de una calma irritante. Y luego estaba ella.

La menor.

Danielle.

El nombre que su padre había elegido antes de saber que sería niña. Porque él había querido hijos. Solo hijos.

_ Quítate _gruñó ella, forcejeando bajo el peso.

Dereck aumentó la presión.

_ Hazlo tú _ordenó con voz dura_. Más fuerza. ¿O vas a olvidar quién es nuestro padre?

_ ¡Dereck, basta! _intervino Dylan desde un costado_. ¡Quítale el pie de encima!

_ Tiene que aprender.

_ Así no aprende. Así la provocas.

Ese segundo de distracción fue suficiente. Danielle alzó la pierna, apartó el pie de su hermano y giró el cuerpo con rapidez felina. Antes de que él pudiera reaccionar, su rodilla impactó brutalmente entre sus piernas. El grito de Dereck resonó en todo el gimnasio.

_ Bien hecho, Danielle _murmuró Dylan, casi sorprendido.

Pero Danielle ya no escuchaba. Algo dentro de ella se había soltado.

Le lanzó otra patada, esta vez al rostro. Dereck cayó de lado, escupiendo sangre. Danielle se abalanzó sobre él y comenzó a golpearlo con los puños. Una y otra vez. Sin técnica. Sin pausa. Sin medida. Pronto él dejó de defenderse.

_¡Danielle, basta! _Dylan la sujetó por los hombros.

Ella lo empujó con violencia.

Sus ojos no veían a Dylan.

Veían rojo. Samuel entró corriendo y, entre los dos, lograron apartarla. Se arrojaron sobre Dereck mientras ella quedaba a unos metros, inmóvil, respirando con dificultad. Los agentes del gimnasio acudieron enseguida. Levantaron a Dereck y lo sacaron.

Danielle bajó la mirada. Sus manos estaban cubiertas de sangre. Su uniforme también. Su mente seguía en blanco.

_ ¿Qué hiciste...? _preguntó Dylan con voz baja, sacudiéndola_. Tenías que detenerte.

Ella lo miró.

No respondió.

Los dos hermanos salieron tras la camilla. Dylan le hizo un gesto seco con la cabeza: ven. Las miradas del resto de los presentes se clavaron en ella mientras caminaba. No eran miradas de miedo... Eran de juicio.

El hospital olía a antiséptico y tensión. Esperaban noticias.

Danielle estaba sentada, inmóvil, como si el tiempo no avanzara. En su cabeza solo había una pregunta:

¿Había disfrutado casi matarlo?

Las puertas del pasillo se abrieron de golpe. Sus padres entraron.

_ ¿Cómo está? _preguntó su padre.

_ Aún no sabemos _respondió Samuel.

Entonces Xavier Hoffmann vio a su hija. Y la furia estalló. Se abalanzó sobre ella, le sujetó el cabello y tiró hacia atrás. Su otra mano se cerró alrededor de su garganta.

_ ¡Eres una estúpida! _escupió con rabia_. ¡¿Cómo te atreviste?!

_ ¡Xavier, basta! _intervino su esposa.

Danielle no gritó. No forcejeó. Lo miró y luego lo empujó. El hombre retrocedió un paso, sorprendido. Como si supiera que estaba perdiendo el control sobre ella y eso en parte lo asustaba.

Silencio absoluto.

_ Él me provocó _dijo ella con voz firme_. Y tú nunca hiciste nada. Hoy se pasó. Solo me defendí. Dylan lo vio.

Dylan dudó.

_ No es justificación, Dani _respondió finalmente_. Casi lo matas.

_ ¿Ah, no? ¿Y si me rompía la columna? ¿Eso sí sería suficiente?

La bofetada la obligó a girar la cara.

La piel le ardió. Lo miró. Nunca le había pegado así. Sabía que su padre no la quería como a sus hermanos. Lo había sabido siempre. Pero aquello... Aquello era otra cosa.

_ Me cansé _declaró él_. Desde hoy no perteneces más a la F.A.C.I.

Las palabras no sonaron fuertes.

Sonaron definitivas. En ese momento salió un médico.

_ Está estable _informó_. Nariz rota, dos dientes menos, casi fractura mandibular... pero sobrevivirá.

El médico observó a Danielle.

_ Los golpes fueron muy fuertes. Como si lo hubiera atacado algo más que una persona.

Ella miró sus manos. ¿De verdad había sido capaz de eso? Sin decir nada, se apartó y entró al baño. El agua corrió sobre sus dedos, arrastrando la sangre. Levantó la vista hacia el espejo. El reflejo la observó con frialdad.

Estúpida.

Inútil.

Nunca serás como ellos.

La voz de su padre vivía dentro de su mente. De niña había querido ser como él. Atrapar criminales. Ser heroína. A los dieciocho comprendió que nunca sería suficiente y desde entonces solo quiso ser algo. Ser agente de la F.A.C.I era su sueño. Por su abuelo, el único que la había amado sin exigirle nada. Ahora tampoco tenía eso. Se inclinó sobre el retrete y vomitó aire. Se dejó caer contra la pared.

_ Mierda... _susurró.

Se enjuagó la boca y sacó el teléfono.

_Linda _ respondió Scarlett.

_ ¿Puedes venir al hospital?

_ ¿Qué pasó?

_ Solo ven.

Scarlett no preguntó más. Cuando Danielle regresó al pasillo, se acercó a la puerta de la habitación. Dereck estaba despierto. En cuanto la vio, su expresión se endureció.

_ Lárgate.

La palabra fue un disparo. Y en la mente de Danielle apareció una imagen nítida:

Un bisturí. Su cuello. La sangre saliendo a presión.

Dos manos se posaron sobre sus hombros. Dylan.

_ Vete _ordenó en voz baja.

_ Yo...

_No. Vete.

_ ¡Danielle! _llamó Scarlett desde el pasillo.

Dylan suspiró.

_ Llévatela. No está bien.

Scarlett la tomó con cuidado y la condujo afuera. Durante todo el trayecto, Danielle no habló. Solo pensaba en lo mismo. En lo fácil que habría sido matarlo.

_ Se lo buscó _dijo Scarlett más tarde, firme_. Yo vi cómo te trataba.

Danielle miraba la taza de café entre sus manos.

_ Quería matarlo _confesó en voz baja.

Scarlett la observó con atención.

_ Fue rabia. No tú.

¿Seguro? El timbre sonó. Scarlett abrió. Owen, su prometido, entró y se quedó quieto al verla.

_¿Qué demonios pasó?

_ Fue un momento...

_ Casi matas a tu hermano. ¿Estás loca?

Danielle se puso de pie.

_ ¿Te pondrás de su lado?

Silencio.

_ Claro _añadió_. Eres el lamesuelas favorito de mi padre.

Owen suspiró y se acercó con cautela. Apoyó las manos en sus hombros.

_ Estás alterada. Nada más. Descansa. Mañana hablamos.

Ella lo miró fijamente.

Es un idiota. Pensó.

_ Me duele la cabeza.

_ Entonces duerme. ¿Quieres ir a mi casa?

Danielle no respondió. Pero en sus ojos algo se movió. Algo que aún no tenía nombre y que sería el principio de todo.

...________...

...Actualidad...

La doctora Spencer anotaba con pulcritud clínica cada palabra que consideraba útil. No levantaba la vista con frecuencia, pero cuando lo hacía, sus ojos analizaban a Danielle como si intentaran descifrar un idioma antiguo.

_ Mi padre y yo nunca tuvimos una buena relación _dijo Hoffmann con naturalidad.

La psicóloga alzó la mirada, confundida. Según todos los informes, testimonios y registros sociales, la familia Hoffmann era considerada un ejemplo de armonía.

_ ¿Por qué mentiría su padre sobre eso? _preguntó con cautela.

Danielle se encogió de hombros.

_ ¿Para qué más miente la gente, doctora? Para proteger una imagen. _Sonrió apenas_. "El líder ejemplar y su familia perfecta." Suena mejor que "el líder de la F.A.C.I incapaz de querer a su propia hija", ¿no cree?

Andrea exhaló suavemente por la nariz.

_ Qué pregunta tan ingenua la mía...

_ ¿Quiere seguir escuchando?

_Cada detalle.

_ Bien.

Danielle se acomodó en la silla como quien se dispone a abrir una caja cerrada durante años.

..._____...

...Siete años atrás...

Habían pasado solo dos días. Cuando Danielle regresó a la sede de la F.A.C.I, el ambiente la recibió con un silencio distinto. No era respeto. No era miedo. Era juicio.

Cada persona que cruzaba la miraba con reproche apenas disimulado, como si ya existiera un veredicto silencioso flotando sobre su cabeza. Siguiendo la orden recibida, caminó hasta la oficina de su padre. Se detuvo frente a la puerta, inhaló hondo y tocó.

_ Entra.

La voz autoritaria atravesó la madera. Danielle abrió y entró con la espalda recta, postura firme, manos a los costados como si aún estuviera en formación. El despacho olía a cuero y poder. Las paredes exhibían medallas, fotografías oficiales, retratos con figuras políticas y eventos de gala. También había imágenes familiares.

En ninguna aparecía ella.

El nudo en su garganta se formó al instante.

_ Aquí estoy _dijo con tono formal_. Como me ordenó, señor.

Xavier no levantó la vista de los documentos que leía.

_ No tenemos mucho que hablar.

_ Como siempre _respondió ella sin mirarlo_. Imagino que son mis papeles de despido.

_ Sí. Exactamente eso.

Los dejó caer sobre el escritorio como si fueran hojas sin peso. Danielle tomó el bolígrafo. Sus dedos temblaban apenas, lo suficiente para que tuviera que tensar la mano. Leyó el documento. Cada línea era una sentencia, cuando llegó al final, sus ojos se detuvieron.

"Declaro voluntariamente mi retiro por incapacidad de continuar ejerciendo funciones."

Su mandíbula se tensó... Eso no era lo que había pasado. Pero firmó.

Dejó el bolígrafo. Se puso de pie.

_ Listo, señor.

_ Bien. Puede retirarse.

Ni una mirada. Ni un gesto. Ni un segundo de duda. Salió.

El pasillo se sintió más frío que antes. Fue a su pequeña oficina -insignificante comparada con las de sus hermanos- y comenzó a guardar sus cosas en una caja. Las lágrimas cayeron en silencio mientras retiraba objetos, papeles, recuerdos.

Cuando tomó su uniforme, sus dedos se detuvieron en la insignia de la F.A.C.I. La quitó con cuidado. La dejó sobre el escritorio como si dejara un pedazo de sí misma.

La puerta se abrió.

_ Dan...

Dylan. Ella giró apenas el rostro, fingiendo buscar algo en un estante.

_ Intentas encontrar algo que me haga culpable _lo interrumpió antes de que terminara_. Pero sabes que no lo soy.

Se secó las lágrimas y lo miró de frente.

_ Sabes que papá nunca me quiso. Estuviste ahí cada vez que me ignoró. Cada vez que me dejó fuera. Cada vez que...

No terminó la frase.

Pero Dylan entendió.

_ Fuiste testigo de todo _añadió ella con voz firme_. Incluso de los golpes. Y aun así intenté que se sintiera orgulloso de mí.

Tomó la caja.

_ Ahora me voy. Que tengas buen día, Dylan Hoffmann.

Salió antes de que él encontrara palabras.

En el ascensor estaba Samuel. El descenso comenzó en silencio.

_ ¿Ya te vas? _preguntó él.

_ Sí.

_Lo siento. Sé lo importante que era esto para ti.

Danielle no respondió. Samuel la miró de reojo.

_ ¿Qué harás ahora? ¿Volverás a casa?

_ No te importa.

_ Puedes no estar en el buró _dijo con calma_, pero sigues siendo mi hermana.

Ella alzó la vista hacia él. Samuel era enorme. Alto, recto, imponente. Como Dereck. Como su padre. Ella, en cambio, parecía diminuta a su lado.

_ Puedo llevarte _añadió_. Mamá no está todavía.

_ Voy a casa de Scarlett. Puedes decirle que estoy bien.

_ Danielle...

El ascensor se detuvo. Las puertas se abrieron. Ella salió sin esperar respuesta.

En el estacionamiento dejó la caja en el suelo y se sostuvo de la puerta de su camioneta para no doblarse. Todo pesaba. El aire. El cuerpo. El silencio.

_ ¡Mierda! _gritó.

Golpeó la puerta con el puño. El metal se hundió. Su mano tembló cuando la alzó para mirarla. Ni un rasguño. Eso la perturbó más que si hubiera sangrado... Sabia que era diferente.

Subió la caja al asiento trasero y se marchó. Scarlett ya le había preparado una habitación cuando llegó. Era la única persona que Danielle podía decir, sin dudar, que la quería.

_ ¿Cómo estás? _preguntó su amiga.

_ Bien. Esperaba sentirme mejor.

Scarlett dejó dos tazas sobre la mesa.

_ ¿Qué vas a hacer ahora? Puedo hablar con mi hermano, quizá...

_ Estaré bien.

Scarlett la observó en silencio.

_ Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras. Sabes que esta es tu casa.

Danielle bajó la mirada a la taza.

_ No creo poder verlos todavía.

_ Todo fue culpa de tu hermano. Siempre te provocó. Y tu padre jamás te defendió.

Danielle no respondió de inmediato. Porque era verdad. Su padre nunca la había apoyado. Ni una vez. Ni siquiera cuando entró al ejército. Eso había sido gracias a su abuelo... el único que la quiso sin condiciones.

_ No voy a hablar de eso _dijo finalmente_. Ahora solo queda empezar de nuevo.

Scarlett sonrió con suavidad.

_ No empiezas sola.

Danielle le devolvió la sonrisa. Scarlett siempre estaba.

En las buenas. Y en las peores.

______

Actualidad

La doctora Spencer volvió a mirar sus notas.

_ Según este documento, usted renunció voluntariamente por incapacidad de continuar en el buró -dijo con calma-. Entonces todo eso... ¿es falso?

Danielle se reclinó en la silla.

_ ¡Bingo, doctora! _respondió con una sonrisa ladeada_. Parece que empezamos a entendernos.

Andrea sostuvo su mirada.

_ Para eso me enviaron, señorita Hoffmann.

La sonrisa de Danielle no desapareció. Pero sus ojos... Sus ojos no sonreían en absoluto.

Andrea dejó el bolígrafo sobre el bloc con una lentitud calculada. No apartó la mirada de Danielle cuando habló.

_ Hay algo que no encaja.

Danielle inclinó apenas la cabeza, curiosa.

_ ¿Solo una cosa, doctora? Creí que mi vida entera era un rompecabezas.

Andrea ignoró el comentario.

_ Golpeó una camioneta con el puño. Metal. Fuerza directa. Sin protección. _Hizo una pausa breve_. Y no sufrió ningún daño.

Silencio.

Danielle la observaba con esa calma que resultaba más inquietante que cualquier gesto hostil.

_ Eso es... improbable _continuó Andrea_. Incluso para alguien entrenado. Lo normal sería una fractura, al menos un hematoma severo. Pero usted dice que no tenía ni un rasguño.

_ No dije que fuera normal.

La doctora entrelazó los dedos sobre la mesa.

_ Entonces explíquelo.

Danielle sonrió apenas.

_ ¿Quiere una explicación médica... o una honesta?

_ La verdadera.

Danielle apoyó la espalda en la silla, relajada, como si estuviera a punto de contar una anécdota trivial.

_ No sentí dolor.

Andrea frunció el ceño.

_ Eso no responde la pregunta.

_ La responde perfectamente. _La voz de Danielle se volvió más suave_. El cuerpo siente lo que la mente le permite sentir. Y en ese momento... mi mente no estaba interesada en el dolor. Jamas lo estuvo.

Andrea la observó con atención clínica.

_ La adrenalina puede amortiguar la sensación durante unos segundos, sí. Pero no evita el daño físico.

_ Doctora _la interrumpió Danielle con dulzura casi burlona_, usted está buscando lógica fisiológica en algo que no fue fisiológico.

_ ¿Qué fue entonces?

Danielle no respondio, solo la miro.

_ ¿Alguna vez un médico evaluó su tolerancia al dolor?

Danielle la miró sin prisa. Sus labios se curvaron apenas, pero no era una sonrisa amable; era la clase de gesto que parecía esconder algo detrás.

_ Un médico jamás formó parte de los planes de mi padre.

El bolígrafo se detuvo. Andrea frunció ligeramente el ceño.

_ No entiendo... ¿qué quiere decir con eso?

Danielle inclinó la cabeza, observándola como si evaluara cuánto decirle y cuánto dejarla descubrir sola.

_Quiero decir que mi padre no creía en médicos cuando se trataba de mí.

Silencio.

_ Eso no tiene sentido _respondió Andrea con cautela profesional_. Usted entrenaba en una institución de élite. Los exámenes físicos son obligatorios. Evaluaciones, controles, historiales clínicos...

_ Para los demás _la corrigió Danielle con suavidad_. Yo no era los demás.

Andrea entrecerró los ojos apenas.

_ ¿Está diciendo que nunca fue examinada médicamente durante su entrenamiento?

_Estoy diciendo que, cuando se trataba de mí, las reglas cambiaban.

Andrea anotó algo breve.

_ ¿Por qué?

Danielle sostuvo su mirada. No respondió enseguida y cuando lo hizo, su voz fue más baja.

_ ¿Doctora Spencer... usted sabe algo sobre mutaciones genéticas?

El aire en la sala pareció volverse más denso. Andrea no contestó de inmediato. Su formación clínica le exigía prudencia, pero su mente ya estaba recorriendo posibilidades: trastornos raros, síndromes neurológicos, alteraciones sensoriales, analgesia congénita...

_ Sé lo suficiente _respondió con neutralidad_. ¿Por qué lo pregunta?

La comisura del labio de Danielle se alzó apenas.

_ Porque mi padre sí sabía.

Andrea sintió un leve cosquilleo de alerta en la nuca.

_ Explíquese.

Danielle se acomodó en la silla, las esposas tintineando suavemente.

_ Desde que era niña, él notó que yo no reaccionaba como los demás. Caídas, golpes, cortes... -hizo un pequeño gesto con los dedos_, nada. Ni llanto. Ni quejas. Ni miedo.

Andrea la observaba sin escribir ahora.

_ ¿La llevó a algún especialista?

_ No.

_ ¿A ninguno?

_ No.

_ ¿Por qué?

Danielle sonrió.

_ Porque para él no era un problema.

Andrea guardó silencio.

_ Era una ventaja _añadió Danielle con calma_. Una herramienta. Algo que podía moldear.

La psicóloga sintió cómo una pieza invisible encajaba dentro de su mente.

_ Entonces su padre sabía que usted era... diferente.

_ Oh, sí.

_ ¿Y nunca buscó un diagnóstico?

_ ¿Para qué iba a hacerlo? _preguntó Danielle, casi divertida_. Un diagnóstico habría puesto límites. Habría implicado restricciones. Habría significado que alguien más supiera.

Andrea entrelazó lentamente los dedos.

_ ¿Y qué era exactamente lo que no quería que supieran?

Danielle se inclinó apenas hacia adelante. Sus ojos verdes brillaron con algo que no era orgullo ni vergüenza.

Era certeza.

_ Que yo no funcionaba como los demás.

El silencio volvió a instalarse.

Andrea habló con voz baja:

_ ¿No siente dolor, Danielle?

La respuesta llegó sin titubeo.

_ No, doctora. No lo siento.

Pausa.

El bolígrafo de Andrea no se movió.

_ ¿Y su padre sabía eso?

_ Me enseñó a usarlo.

Otra pausa.

_ ¿Sabe qué es lo curioso, doctora?

_ ¿Qué cosa?

_ Que todos creen que mi historia empezó cuando maté a alguien.

Sus labios se curvaron apenas más.

_ Pero empezó mucho antes. El día que él decidió que yo no era su hija...

La mirada de Danielle no parpadeó.

_ Sino su experimento.

Andrea se paralizo.

_ Explíquese. _hablo ella.

_ Todo comenzó cuando tenia cinco años...

...________...

...Años atrás - Danielle, cinco años....

El jardín estaba inundado de sol. El pasto recién cortado olía a verano y la risa infantil de Danielle flotaba en el aire mientras corría sin rumbo fijo, persiguiendo nada más que su propia alegría.

Aún era pequeña.

Aún era inocente.

Aún no sabía lo que era el miedo.

Sus pasos eran torpes pero veloces, sus zapatos se hundían apenas en la tierra blanda, y su vestido se agitaba como una bandera clara detrás de ella.

_ ¡Atrápame! _gritó, riendo.

Dereck apareció detrás.

No corría para jugar. Corría para alcanzarla.

Y cuando lo hizo, la empujó. No fue un tropiezo. Fue un empujón brusco. El cuerpo diminuto de Danielle salió despedido hacia adelante y cayó contra el suelo con un golpe seco. El sonido fue duro, desagradable. Uno de esos sonidos que hacen que los adultos giren la cabeza.

Su brazo absorbió el impacto.

El crujido fue visible incluso antes de ser audible. El hueso se deformó bajo la piel en un ángulo antinatural. Un silencio extraño se abrió alrededor. Cualquier otro niño habría gritado. Habría llorado. Habría corrido hacia su madre.

Danielle no.

Se quedó sentada en el suelo. Mirando su brazo. Nada más.

Sin lágrimas.

Sin quejas.

Sin miedo.

Solo observación. Dereck retrocedió un paso.

_ Papá... _murmuró, ahora sí asustado.

Xavier se acercó. Al principio su expresión fue de fastidio, como si se tratara de otro accidente infantil sin importancia. Pero entonces vio el brazo.

Y algo cambió. No fue horror. No fue angustia. Fue atención.

Se agachó frente a ella.

_ Danielle _dijo con voz baja_. ¿Te duele?

La niña lo miró. Negó con la cabeza.

Ni una mueca.

Ni un temblor.

Nada.

Xavier entrecerró los ojos.

_ ¿Seguro?

Otro leve gesto negativo. El hombre observó el brazo torcido. Luego la miró a ella. Su respiración se volvió más lenta. Más calculada.

_ Bien _dijo finalmente.

No la alzó.

No llamó a nadie.

No gritó por ayuda. Le sostuvo suavemente el antebrazo con una mano y señaló el punto donde el hueso sobresalía bajo la piel.

_ Escucha con atención _le indicó_. Vas a acomodarlo tú sola.

La niña parpadeó.

No confundida... Atenta.

_ Tira aquí _continuó él con tono instructivo_. Despacio. Luego empuja hacia adentro.

Dereck lo miraba horrorizado.

_ Papá...

Xavier no apartó los ojos de Danielle.

_ Hazlo.

Ella obedeció. Sus dedos pequeños rodearon su propio brazo roto. Tiró. El hueso se movió bajo la piel con un sonido húmedo y sordo. Luego empujó. Un chasquido seco. El brazo volvió a su lugar. El aire quedó inmóvil.

Danielle giró el brazo. Lo flexionó.Lo estiró como si probara un juguete nuevo. Después levantó la vista hacia su padre esperando. No aprobación... Confirmación. Xavier la miraba fijamente. Pero ya no como se mira a una hija, pues para el nunca lo fue. La miraba como un científico mira un hallazgo imposible. Como un minero que acaba de encontrar oro puro en la tierra.

Lento.

Preciso.

Irreversible.

Su mano se apoyó sobre el hombro de la niña.

No fue un gesto de cariño. Fue uno de posesión.

_ Interesante... _murmuró.

Detrás de él, Dereck sintió un escalofrío que no supo explicar. Porque en ese instante, sin entender por qué... Tuvo la certeza infantil de que algo acababa de cambiar para siempre. Y no era el brazo de Danielle... Era el destino de ella.

..._______...

...Presente. Tadmor. ...

El silencio en la sala de entrevistas se sostuvo unos segundos después de que Danielle terminara de hablar. No era un silencio vacío.

Era un silencio que pensaba.

Andrea Spencer no escribió de inmediato. Sus ojos permanecían fijos en Danielle, pero su mente ya no estaba en la habitación de concreto ni en el sonido lejano de los guardias. Estaba en el jardín. En el brazo. En el crujido. En el padre observando. Y en lo que significaba.

_ Tenía cinco años... _dijo finalmente, más para sí misma que para ella.

Danielle no respondió. Solo la observó.

Andrea bajó la vista y anotó algo breve. Su letra, normalmente impecable, esta vez salió apenas más apretada.

_ ¿Ese fue el primer incidente? _preguntó.

_ El primero que él consideró importante _respondió Danielle.

Andrea alzó la mirada.

_ ¿Hubo otros antes?

_ Caídas. Cortes. Fiebres que no me tumbaban. Nada digno de su interés hasta ese momento.

Andrea asintió lentamente. En su mente, las piezas empezaban a encajar con una precisión que no le gustaba. No era solo una infancia dura. No era solo un padre exigente. No era solo entrenamiento extremo... Era observación sistemática.

_ Su padre no reaccionó como un padre _dijo Andrea.

_No _confirmó Danielle_. Jamas lo hizo, al menos conmigo.

_ Reaccionó como alguien que estaba evaluando un fenómeno.

_ Exacto.

Andrea entrelazó los dedos.

_ ¿Después de eso empezó a... probarla?

La sonrisa de Danielle fue leve.

_ Doctora... usted aprende rápido.

El aire pareció enfriarse. Andrea sostuvo su mirada.

_ Eso no es crianza. Eso es experimentación.

_ Sí.

No hubo emoción en la respuesta.

Ni orgullo.

Ni vergüenza.

Ni rencor.

Solo un hecho. Andrea sintió una presión sutil en el pecho.

_ ¿Su madre sabía?

_ Mi madre veía lo que quería ver. _Pausa_. Es una habilidad común en personas que dependen emocionalmente de alguien más.

Andrea anotó otra línea.

_ ¿Y usted? _preguntó_. ¿Cuándo entendió que lo que pasaba no era normal?

Danielle ladeó la cabeza.

_ Nunca.

Andrea frunció el ceño.

_ ¿Nunca?

_ Para mí eso era lo normal.

Silencio.

Andrea apoyó el bolígrafo. Y entonces lo vio. No en las palabras. No en la historia. Sino en la forma en que Danielle la miraba. No había trauma visible. No había quiebre emocional. No había la fractura interna típica de una víctima. Había coherencia.

Demasiada.

Como si todo lo ocurrido hubiera seguido una lógica perfecta dentro de su mente. Andrea habló con voz baja, casi clínica:

_ Su padre no la rompió.

Danielle no parpadeó.

_ La moldeó.

Los labios de Danielle se curvaron apenas. No era una sonrisa. Era reconocimiento. Andrea sintió un escalofrío real, físico, subirle por la espalda. Porque en ese instante comprendió algo que ningún informe mencionaba, que ningún expediente decía, que ningún tribunal había formulado con claridad: El problema no era que Danielle no sintiera dolor.

El problema... era que nunca lo había necesitado para entender el mundo. Andrea tragó saliva sin darse cuenta.

_ Señorita Hoffmann _dijo con cuidado_. ¿Alguna vez alguien intentó detenerlo?

Danielle la miró. Y esa vez sí sonrió. Pero no fue una sonrisa humana. Fue la sonrisa de alguien que ya sabe la respuesta.

_ No, doctora.

Pausa.

_ Nadie quiso.

El silencio volvió a caer. Y por primera vez desde que empezó la entrevista... Andrea sintió que no estaba analizando a Danielle. Sino que Danielle estaba analizando a ella.

El silencio aún flotaba entre ambas cuando Andrea decidió avanzar con cautela. Había aprendido algo en esos minutos: con Danielle no se debía empujar de golpe. Había que rodearla, como se rodea a un animal salvaje que podría atacar... o huir.

_ ¿Y sus hermanos? _preguntó finalmente_. ¿También...

_No.

La interrupción fue inmediata. Precisa. Limpia.

Andrea parpadeó. Danielle la observaba fijamente.

_ Mis hermanos tuvieron infancias normales _continuó ella antes de que la pregunta terminara de nacer_. Juegos. Castigos razonables. Premios. Vacaciones familiares. Fotografías enmarcadas.

Pausa.

_ Cariño paternal.

Andrea ladeó apenas la cabeza.

_ Pero usted no.

_ No.

La respuesta fue tranquila. Definitiva.

Andrea anotó algo.

Error.

El leve raspar del bolígrafo sonó más fuerte de lo que esperaba. Danielle bajó la mirada al cuaderno. Luego volvió a sus ojos.

_ Acaba de escribir "diferenciación parental marcada" _dijo.

El pulso de Andrea se detuvo una fracción de segundo. No había movido el cuaderno hacia ella. No lo había leído. Lo había deducido. Andrea mantuvo el rostro neutro.

_ Es parte de mi trabajo tomar notas clínicas.

_ No _corrigió Danielle con suavidad_. Eso es parte de su método. Su trabajo es entenderme. Las notas son para que no me olvide cuando salga de aquí.

Silencio.

Andrea no respondió. Danielle se inclinó apenas hacia adelante, el collar metálico tintineando con un sonido mínimo.

_ Está intentando clasificarme _añadió_. Eso es lo que hacen todos ustedes. Categorizar. Etiquetar. Encerrar conceptos en palabras porque las palabras son jaulas seguras.

Andrea sostuvo su mirada.

_ Las palabras también describen realidades.

_ No. _La voz de Danielle fue casi amable_. Las palabras tranquilizan a quien las usa.

La psicóloga cruzó una pierna sobre la otra con elegancia estudiada.

_ ¿Le incomoda que intente comprenderla?

_ Me divierte.

Andrea guardó silencio.

Error número dos.

Danielle lo vio.

_ Acaba de cambiar de estrategia _dijo.

_ ¿Ah, sí?

_ Sí. _Sonrió apenas_. Antes hacía preguntas directas. Ahora observa más. Está buscando inconsistencias en mi lenguaje corporal.

Andrea no confirmó ni negó. Danielle ladeó la cabeza.

_ No va a encontrarlas.

Otra pausa.

_ Porque no estoy mintiendo.

Andrea habló entonces, midiendo cada sílaba:

_ Las personas no solo mienten con palabras.

_ Correcto.

_ También mienten con silencios.

Los ojos verdes de Danielle brillaron apenas.

_ Entonces debería preguntarse, doctora... _susurró_ por qué yo no estoy usando ninguno.

El aire pareció tensarse.

Andrea apoyó el bolígrafo.

_ ¿Sabe qué creo, señorita Hoffmann?

_ Sorpréndame.

_ Creo que usted quiere que la entienda.

La sonrisa de Danielle no cambió. Pero algo en su mirada sí.

_ No _respondió con suavidad_. Yo quiero ver cuánto tarda en hacerlo.

Silencio.

Andrea sintió un leve cosquilleo en la nuca. No miedo... Con Alerta. Porque acababa de comprender algo crucial: No estaba dirigiendo la entrevista. Estaba participando en un juego. Y Danielle... ya conocía las reglas.

_ Volvamos a sus hermanos _dijo Andrea con calma calculada_. Dice que tuvieron infancias normales. ¿Nunca sospecharon nada? ¿Nunca notaron el trato diferente?

Danielle la observó unos segundos.

_ Oh, lo notaron.

_ ¿Y no hicieron nada?

_ Los niños no cuestionan privilegios _respondió_. Los aceptan.

Andrea sostuvo su mirada.

_ ¿Y los adultos?

Danielle sonrió apenas.

_ Los adultos tampoco. Solo que usan palabras más elegantes para justificarlo.

Silencio. El reloj en la pared hizo tic.

Tac.

Andrea no escribió esta vez. Porque entendió algo más. Cada vez que anotaba... Danielle ganaba.

Andrea dejó reposar el bolígrafo sobre la mesa sin escribir una sola palabra. No quería interrumpir. Había aprendido que, con Danielle Hoffmann, las respuestas más importantes aparecían cuando nadie las forzaba.

_ Voy a salirme un momento del protocolo _dijo finalmente, con voz baja pero firme_. Si lo que me dice de su padre es cierto. ¿Qué clase de experimentos le realizaba su padre?

Danielle no reaccionó de inmediato. Sus labios se curvaron apenas.

_Muchos.

El tono no era defensivo. Tampoco resignado. Era casi... contemplativo.

_ Desde los cinco años _continuó_. Fueron tantos que cualquier persona los habría olvidado con el tiempo.

Levantó la mirada.

_Pero yo no soy cualquier persona.

Andrea sostuvo su expresión neutra.

_ ¿Qué tipo de experimentos?

Danielle apoyó la yema de los dedos sobre el metal de la mesa, como si recordara otras superficies frías, otras texturas.

_ Dolor _respondió.

Andrea esperó.

_ Mi padre medía mi tolerancia _prosiguió Danielle con absoluta calma_. Al principio eran pruebas simples. Cortes. Golpes. Temperaturas extremas. Cosas que deberían hacer llorar a un niño.

Andrea habló con cautela:

_ ¿Y usted lloraba?

Danielle negó despacio.

_ No.

Silencio.

_ ¿Gritaba?

_ No.

_ ¿Se quejaba?

_ Nunca.

Andrea sintió cómo algo se tensaba en su pecho.

_ ¿Sentía dolor?

La sonrisa de Danielle fue casi imperceptible.

_ No sentía nada.

El aire pareció detenerse.

_ ¿Nada...? _repitió Andrea.

_ Nada _confirmó ella_. Ni ardor. Ni punzadas. Ni presión. Ni latidos. Nada.

No había dramatismo en su voz. Lo decía como quien describe el clima.

_ Al principio pensó que mentía _continuó Danielle_. Entonces empezó a aumentar la intensidad.

Andrea no escribió. No parpadeó.

_ Si los primeros estímulos no funcionaban... cambiaba el método. Si los métodos fallaban... cambiaba la escala. Si la escala fallaba... cambiaba el objetivo.

La pausa que siguió fue densa.

_ Los experimentos se volvieron cada vez más invasivos.

Andrea preguntó con suavidad:

_ ¿Brutales?

Danielle la miró.

_ Eficientes.

El matiz la recorrió como un escalofrío invisible.

_ ¿Nunca le pidió que se detuviera? _preguntó Andrea.

_ ¿Para qué?

_ Era una niña.

_ Era un proyecto. _contradijo.

El silencio cayó como una losa. Andrea sintió que sus dedos querían apretar el bolígrafo, pero se obligó a mantenerlos quietos.

_ ¿Y sus hermanos?

Danielle levantó una ceja.

_ Tuvieron infancias normales.

_ ¿Ninguno participó en esas pruebas?

_ No.

_ ¿Por qué usted?

La sonrisa regresó.

Esta vez no era fría. Era orgullosa.

_ Porque yo funcionaba.

Andrea tardó un segundo más de lo habitual en responder.

_¿Funcionaba... cómo?

Danielle se inclinó apenas hacia adelante, lo justo para que la distancia entre ambas se volviera consciente.

_ No reaccionaba.

Silencio.

_ Mi padre buscaba límites _añadió_. Yo no tenía.

Andrea sintió un pulso más fuerte en la garganta.

_ ¿Y qué hizo cuando se dio cuenta?

Danielle susurró:

_ Se obsesionó.

La palabra no sonó metafórica. Sonó clínica.

_ ¿Recuerda todos esos experimentos? _preguntó Andrea.

Danielle sostuvo su mirada sin titubear.

_ Cada uno.

La comisura de sus labios se alzó.

_ Lugar. Hora. Instrumentos. Variables. Resultados.

Inclinó la cabeza apenas.

_ Memoria perfecta.

Andrea guardó silencio. Danielle terminó, suave:

_ Ese fue el primero de sus grandes descubrimientos.

El reloj volvió a sonar.

Tic.

_ El segundo _añadió Danielle_ fue darse cuenta de que yo tampoco sentía miedo.

El aire pareció volverse más pesado.

Andrea no habló. Por primera vez desde que empezó la entrevista... no estaba segura de estar analizando a Danielle. La sensación era otra. Como si la evaluación hubiera cambiado de dirección sin avisar. Danielle se reclinó en la silla, satisfecha.

_ ¿Seguimos, doctora?

1
Analia Puntin
Excelente narración, atrapante
Evelyn Robles Lepin
spenser con más músculo y más alto
Evelyn Robles Lepin
spenser con más músculo y más alto
Alison Mendoza Sotelo
Maravillada y ansiosa por más
Alison Mendoza Sotelo
Segunda temporada.????
Mercedes Tibisay Marin
hay ellos no puedes morir el padre de ella tiene que sufrir por todo el daño que hicierón
Mercedes Tibisay Marin
hay Dios estó está muy bueno
Mercedes Tibisay Marin
esté hombre como papá merece que ella le haga lo mismo
Mercedes Tibisay Marin
ese padre es un mostro
María Angelica Stessens
Autora esta historia es fascinante , adictiva , no puedo dejar de leer y tan detallista que me hace como si yo fuera cada uno de los personajes 👏👏👏
Nancy RoMo
yo que queria athenas y luciam juntos 🥺😣😣
María Angelica Stessens
estupenda historia , felicitaciones 👏👏👏👏
Nancy RoMo
luciam 🥺🥺🥺
María Angelica Stessens
apasionante la historia 👏👏👏
Nancy RoMo
🥺🥺🥺
Nancy RoMo
💀💀💀💀
Alison Mendoza Sotelo
Que los mate de una ves
Nancy RoMo
😰😰😰😰😰😱😱😱😱😱
Nancy RoMo
amo a todos 😍😍😍
Alison Mendoza Sotelo
Esperar por más


No tardes
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play