Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
NovelToon tiene autorización de Hada Celestial para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 4: La novia de mi Prometido
—No sé quién eres, no sé quién es tu novio, y no me importan ninguno de los dos.
Se lo dije claramente, no quería perder el tiempo con personas de gente corta, solo quería estudiar y analizar a ese chico con el que en algún momento de mi vida me tendré que casar.
—No te hagas la tonta, Ricardo ha estado molesto por tu culpa, y ahora dices que no lo conoces.
«Entonces, esta es la novia de mi prometido, qué fichita, tiene un compromiso, pero tiene novia, espera, ¿sabe que tiene un compromiso o no? Yo tampoco lo sabía; además, no va a durar toda la vida solo esperando a casarse, y apenas es un adolescente al igual que yo»
Suspiré y continué tomándome mi jugo como si esas tres chicas no estuvieran enfrente a mí, por lo que se molestaron y comenzaron a hablarme mal.
—Ya todo el mundo sabe que eres una campesina, que solo estás aquí porque eres familia de Alexis, sin familia, sin antecedentes, un don nadie, y aún te haces la chistosa con Ricardo. Él dijo que solo eres una rata de biblioteca, no eres nada especial.
«Clasistas y con prejuicio hacia los demás, solo he pasado unas horas en este colegio y me he convertido en el enemigo de todos, solo porque me defendí de las burlas de ese idiota»
—Al parecer no tiene nada que hacer, que viene a molestar, ¡largo!, les gritó Alexis.
Ellas salieron casi corriendo; parece que le tenían miedo. Él puso las dos botellas de agua sobre la mesa y se sentó; parecía estar de malhumor. Yo saqué sus dos sándwiches de la lonchera y se los pasé; eso pareció mejorar su humor y comenzó a comérselos. Yo también me comí el mío, en silencio. Cuando terminamos de comer, todavía faltaba media hora para entrar a clases. Tomé una funda que tenía en la lonchera y entre toda la basura, para luego tirarla en el zafacón más cercano.
—¿Qué te pareció la novia de tu prometido? —me preguntó de la nada, levantando una ceja.
—Superficial y clasista.
«En lo poco que hablamos, y por su actitud, es lo que pude ver: la pareja perfecta de un idiota burlón y creído; algo me dice que el último año de secundario será muy largo y difícil»
En un abrir y cerrar de ojos había pasado la primera semana en el nuevo colegio. En cuanto a mis asignaturas y métodos de aprendizaje, me había adaptado muy bien; también había aprobado los exámenes de nivelación con nota casi perfecta. Todo parecía marcar bien; había tenido poco roce con Ricardo, pero él no me miraba con buenos ojos, lo podía sentir; me apuñalaba con la mirada cada vez que podía.
Fui a la oficina de los profesores a hablar de mi actividad complementaria; en realidad no me gustaban los deportes, yo era más de artes, podía tocar el piano; no era una pianista, pero se me daba bien, por eso elegiré música como mi actividad compensaría.
—¿Decidiste tu actividad complementaria? —me preguntó la profesora, después de verme entrar a la oficina.
—Sí, quiero estar en música, ya que sé tocar un poco el piano y no me gusta mucho la actividad física.
—Bien, desde este sábado puedes venir a las clases de música. Me dio la profesora.
— Gracias.
Saliendo de la oficina de la profesora, me topé con Beatriz y su grupo de amigas; todas estaban vestidas de porristas, así que era lógico que animaran el equipo de futbol. Yo iba pasando sin darle mayor importancia, pero se pusieron en mi camino para que no pudiera pasar; simplemente me detuve porque no tenía de otra.
—La pequeña rata de biblioteca seguro se quiere unir al club de porristas, ya que Alexis, que era alguien que no le interesaba nada, ahora está luchando por ser el capitán del equipo de futbol. ¿No quieres competir conmigo por ser la líder de las porristas?
«Había convencido a Alexis de unirse al equipo de futbol, ya que no era muy dado a los estudios; debería probar otras cosas que tal vez eran lo de él. Curiosamente, le encanta la competencia y ganar también, y como tiene buen físico, era apto para hacer deportes»
—Lo que dices de otra persona habla más de ti que de la otra persona.
Con esa simple frase, se quedó en una nube; yo simplemente la rodeé y seguí mi camino. En realidad, no quería perder mi tiempo con ese tipo de personas, que no saben lo que quieren y solo pueden sentirse superiores tratando de pisar a los demás.
«Ese idiota de Ricardo me ha nombrado Ratoncita de biblioteca, todos sus séquitos de lambones me llaman así, me miran como si yo fuera una clase de mutante y se ríen de mí; eso realmente me molesta, pero no puedo demostrarlo, porque eso haría las cosas peores»
El timbre de la última hora sonó; ya era viernes. Estaba agotada, quería llegar a casa, bañarme y dormirme, pero no siempre lo que uno quiere sucede.
—¿Eres Lara? —me preguntó una chica que no había visto antes.
—Sí, le respondí.
Ella parecía un poco extraña, como nerviosa por alguna razón.
—Alexis, te pide que busques sus cosas, están en el área de atrás de la escuela, que se las lleves a casa.
Me dijo eso y me señaló dónde era; no dudé de lo que me dijo, porque esas son cosas típicas de Alexis, dejar sus cosas tiradas en todas partes y mandarme a mí a buscarlas, típico de un hermano mayor. Después de tomar mis cosas del aula, fui a la parte trasera del colegio; parecía que estaban construyendo algo, ya que había áreas tapadas con lonas.
A lo lejos vi la mochila de Alexis. Caminé despacio para poder llegar donde está sin caerme en las áreas que estaban tapadas; sin embargo, cuando había caminado un tramo, alguien me empujó, y caí directo en un hoyo.
—Ricardo te manda a dar una lección.
Escuché eso antes de que me tapara en el hoyo con una lona. Me había torcido un tobillo al caer, y también me había golpeado en la cabeza; estaba sangrando ligeramente, el hoyo no era tan profundo, pero con un tobillo lastimado era difícil para mí salir. Saqué mi teléfono de mi mochila, pero no tenía señal, entonces comencé a gritar.
—¡Ayuda!, ¡Auxilio!, ¡Alguien sáqueme de aquí!
Me cansé de gritar y nadie vino a ayudarme; sentía como el tiempo iba pasando y nadie venía por mí. Lo peor era que comenzó a llover y el hoyo donde estaba se estaba llenando de agua.
«Sabía que era un idiota, pero no pensé que era tan despreciable como para hacerle a una persona algo como esto. ¿Es siquiera un ser humano?»