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Notas Y Colores Del Destino

Notas Y Colores Del Destino

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Romance / BL / Completas
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Ecos que despiertan

Aiden no recordaba haber aprendido esa melodía.

Sus manos sí. No pidieron permiso.

La primera nota rompió el silencio del salón vacío y algo en el aire pareció reconocerla. Al caer la tarde, el edificio del Grupo Aurora dejaba de ser un centro creativo y se transformaba: durante el día bullía de ruido, talento y egos a la deriva; de noche, el silencio se hacía presencia, como si alguien —o algo— se quedara a vigilar.

El salón principal estaba abierto: techos altos, ventanales que atrapaban la luz dorada, caballetes alineados como soldados cansados, instrumentos inmóviles. En el centro, un piano de cola negro aguardaba. No estaba en silencio. Esperaba.

Aiden Valen se sentó frente a él con la espalda recta y los hombros tensos. Sus manos se posaron sobre las teclas y se suspendieron, dudosas no por falta de técnica sino por intuición: tenía la sensación de que, si empezaba, no podría parar. Cerró los ojos. No tocaba para que lo escucharan; tocaba para no recordar.

La melodía no nació; regresó. Los dedos de Aiden se movieron con una precisión inquietante, como si obedecieran a una memoria que no le pertenecía. Murmuró contra sus dientes: “No… esto no es mío.” Las notas, sin embargo, lo contradijeron y encajaron en el aire con naturalidad.

Un escalofrío le recorrió la nuca. ¿Por qué mis manos saben esto si yo no?

La música cambió: más lenta, íntima, peligrosa. Y con ella llegó una imagen —velas encendidas que alargaban las sombras, manos manchadas de pintura azul, un piano más antiguo— como si una escena enterrada se abriera solo por un instante. Aiden abrió los ojos de golpe. —¿Qué fue eso? —preguntó en voz baja, pero sus manos no se detuvieron.

La puerta se abrió. Ren Arashi entró y se quedó en el umbral, detenido por la melodía. No fue el sonido lo que lo golpeó; fue un recuerdo convertido en punzada en el pecho: respiró corto, el aire le faltó, y por un segundo tuvo la certeza absurda de que ya conocía aquello. Antes de ver a Aiden, ya lo conocía en algún lugar que no recordaba. ¿Quién es? ¿Por qué duele?

Sus miradas se encontraron y el mundo se tensó, no afuera, sino dentro. Fue como si aquel instante ya hubiera ocurrido antes y hubiera acabado mal. Aiden apartó la vista con un fallo en la oración de la melodía. —Concéntrate —dijo Ren en voz baja, intentando imponerse; la voz le tembló, sin embargo.

La música continuó y con cada compás vinieron nuevas imágenes: un pincel que caía, manos que trazaban líneas rápidas, burlas en un pasillo, una figura que se acercaba. En una visión breve, Milo apareció: sonrisa afilada, mirada cortante. —¿Así empiezas una obra? —se burló—. Algunos nacen con talento; otros solo llenan el espacio.

El golpe verbal tuvo el mismo filo que en otro recuerdo. Ren sintió la vieja punzada: el estómago se apretó y el borde del mundo se volvió áspero. Pero esta vez esa sensación no quedó sin respuesta. El piano se detuvo de pronto; un silencio repentino llenó la sala. Aiden se levantó con decisión y se interpuso entre Ren y la dirección de sus propios pensamientos. —Basta —dijo, y su voz fue como una mano firme.

Milo los miró con curiosidad y se encogió de hombros. —¿Y tú quién eres? —preguntó, como si Aiden fuera un obstáculo prescindible. Aiden mantuvo la mirada, calma y fría. —Alguien que no juega así.

Milo ladeó la cabeza, entretenido, y se alejó con indiferencia. Ren no se movió. La tensión en su cuerpo no lo dejó, pero tomó el pincel de nuevo y esta vez el trazo fue fluido, sin dudas, como si el gesto le fuera familiar en la piel. Aiden observó la escena y algo en su pecho se tensó de nuevo: no otra vez. No dejaría que se repitiera lo que dolía.

El lienzo de Ren tambaleó y cayó. Cuando lo apartó del caballete, apareció otro lienzo oculto debajo: más viejo, con vetas de pintura seca, la imagen de un piano y dos figuras apenas sugeridas por sombras. En una esquina, una frase escrita con tinta que había resistido el tiempo se destacó como una orden o una súplica: “Si esta vez volvemos a encontrarnos, no huyas.”

El silencio que siguió fue diferente: pesado, real. Aiden leyó la frase y la respiró. —¿Otra vez…? —murmuró, porque no era la primera vez que esas palabras le arañaban la memoria. No entendía todo, pero entendía lo suficiente: ya lo había perdido antes. Esta vez no iba a permitirlo.

Entonces, una nota sonó sola. No hubo manos que la produjeran y, aun así, resonó clara en el salón. Aiden y Ren alzaron la vista al mismo tiempo. El piano vibró una vez más como si algo dentro de él respondiera a una llamada antigua.

Ambos sostuvieron la mirada, y ninguno de los dos mostró indiferencia. En el silencio que siguió, la sala pareció contener la respiración. La última nota se prolongó como una invitación —o como una advertencia— y algo invisible empezó a vibrar en el aire, como si esperara una respuesta que cambiaría todo.

No era la primera vez. Y ninguno de los dos podía decir si esa repetición les devolvería lo que habían perdido… o les haría perderlo de nuevo.

La melodía continuó, más baja; la luz en el piano pareció pulsar, llamando al próximo movimiento.

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Annyely
💛 Si te está gustando la historia…
un ❤️ me ayuda muchísimo a seguir escribiendo ✨
Annyely
🥰🥰🥰🥰
Esmeralda Johner
Excelente
Annyely: Muchas gracias por tu comentario y las estrellas ⭐🥰 me motiva mucho seguir escribiendo.
total 1 replies
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