Luciana era una joven de 17 años, con cabellos castaños y ojos que reflejaban una mezcla de melancolía y determinación. Desde pequeña, había sentido que no encajaba en el mundo que la rodeaba. Las risas de sus compañeros resonaban como ecos lejanos mientras ella lidiaba con inseguridades y un profundo anhelo de pertenencia.
Su vida se complicó aún más tras la muerte de su madre, un evento que dejó un vacío en su corazón. A menudo se perdía en sus pensamientos, buscando respuestas en los libros de fantasía que solía leer. Sin embargo, lo que no sabía era que su conexión con el mundo mágico era más real de lo que imaginaba.
El Consejo Celestial, al notar su vulnerabilidad y el peligro que la acechaba, decidió enviar a su ángel de la guarda,Axel . Su misión era protegerla de fuerzas oscuras que querían aprovechar su tristeza y debilidad. Pero Axel no solo debía protegerla ; también se vería atrapado en un dilema : podría intervenir emocionalmente sin violar las ley celestial.
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solo yo
Luciana era una joven de 17años, con una estatura de 1.56 metros que la hacía parecer más pequeña en un mundo que a menudo se sentía abrumador. Su cabello largo y castaño caía en ondas suaves sobre sus hombros, enmarcando su rostro de rasgos delicados. Sus ojos, de un profundo color avellana, reflejaban una mezcla de melancolía y una chispa de curiosidad que aún persistía en su interior.
Su piel morena era un testimonio de sus raíces, y aunque a menudo se sentía insegura, había momentos en que se miraba al espejo y veía la belleza de su herencia. Luciana vestía ropa sencilla y cómoda, prefería los tonos neutros que no llamaban demasiado la atención, pero que la hacían sentir a gusto.
En su andar, había una elegancia sutil, un deslizamiento casi etéreo que contrastaba con la pesadez de su corazón. Siempre llevaba consigo un libro, su refugio, donde se sumergía en historias de amor y aventuras, anhelando un mundo que la aceptara tal como era.
A pesar de su naturaleza introvertida, Luciana poseía una fuerza interna que la impulsaba a seguir adelante, a pesar de las sombras que la rodeaban. Sin embargo, la soledad y el dolor por la pérdida de su madre la hacían sentir atrapada, como si un velo de tristeza cubriera su vida.
vivía en un pequeño pueblo, donde cada rincón parecía estar impregnado de recuerdos. Su hogar era una casa antigua, llena de fotos de su madre y objetos que contaban historias de un tiempo más feliz. Desde la muerte de su madre, el ambiente se había vuelto sombrío; las risas habían desaparecido y la alegría se había desvanecido como el aroma de las flores marchitas en el jardín.
La rutina de Luciana era monótona. Asistía a la escuela, donde las miradas de sus compañeros la hacían sentir invisible. Pasaba horas en la biblioteca, sumergida en libros de fantasía, buscando mundos donde las personas eran valoradas por lo que eran, no por lo que aparentaban. En esos momentos, el dolor de su realidad se aliviaba, aunque solo fuera por un instante.
Fuera de la escuela, Luciana se dedicaba a trabajar en un club ,cuidar de su padre, un hombre que había caído en la tristeza tras la pérdida de su esposa. Las noches eran especialmente difíciles; él se sumía en un silencio profundo, y Luciana se sentía atrapada, como si fuese la única responsable de mantener a flote su hogar.
Cada mañana, se despertaba con el sonido del despertador, sintiendo el peso del día que la esperaba. Se vestía rápidamente con su uniforme escolar, un pantalón y una blusa que la hacían sentir invisible. En el camino a la escuela, su mente divagaba entre las páginas de los libros que amaba, buscando consuelo en mundos lejanos.
En la escuela, las horas eran un torbellino de voces y risas que la hacían sentir aún más sola. Sin embargo, su amiga Valentina era un rayo de luz en su rutina. Con su energía contagiosa, Valentina la animaba a participar en conversaciones, a reír y a soñar. Durante el almuerzo, Luciana se sentaba con ella, disfrutando de las historias sobre aspiraciones y aventuras, aunque a menudo se sentía como una observadora.
Pero al caer la tarde, la realidad de Luciana se tornaba más pesada. Después de la escuela, se dirigía a un club local donde trabajaba como mesera. Con su padre sin empleo y sumido en la tristeza tras la muerte de su esposa, Luciana había tomado la responsabilidad de mantener a flote su hogar. Las horas en el club eran largas y agotadoras, pero cada propina que ganaba significaba un poco más de estabilidad para su familia.
Las noches eran un contraste con su día. El bullicio del club, las risas, la música y las luces brillantes la envolvían, pero también la hacían sentir un vacío. Aunque disfrutaba de la interacción con los clientes, su mente siempre regresaba a su hogar y a su padre. A veces, Valentina la visitaba en el club, trayendo un poco de alegría y distracción, recordándole que aún había espacio para la amistad en medio de las dificultades.
Cada madrugada , al regresar a casa, Luciana se sentía exhausta, pero también satisfecha. Sabía que estaba haciendo lo correcto al ayudar a su padre, aunque el peso de la responsabilidad a veces la abrumaba. En esos momentos de soledad, se preguntaba si algún día podría encontrar su propio camino y dejar atrás la tristeza que la rodeaba.
FRASE DEL DIA:
!𝐐𝐔𝐈𝐄𝐍 𝐓𝐄 𝐑𝐄𝐆𝐀𝐋𝐀 𝐓𝐈𝐄𝐌𝐏𝐎, 𝐓𝐄 𝐑𝐄𝐆𝐀𝐋𝐀 𝐋𝐎 𝐌𝐀́𝐒 𝐕𝐀𝐋𝐈𝐎𝐒𝐎!
𝐄𝐧 𝐮𝐧 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐧, 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐬𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬, 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐧𝐬𝐚𝐧𝐜𝐢𝐨 𝐲 𝐝𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬, 𝐝𝐞𝐝𝐢𝐜𝐚𝐫 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨 𝐚 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐚𝐜𝐭𝐨 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐬𝐚𝐠𝐫𝐚𝐝𝐨. 𝐄𝐥 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐩𝐚𝐮𝐬𝐚, 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐝𝐮𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚, 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐚, 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐬𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐠𝐚. 𝐏𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐨, 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐭𝐞 𝐫𝐞𝐠𝐚𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐧𝐮𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐯𝐢𝐝𝐚, 𝐭𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐝𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐣𝐚𝐦𝐚́𝐬 𝐯𝐨𝐥𝐯𝐞𝐫𝐚́ 𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫.
𝐍𝐨 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫. 𝐌𝐮𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞𝐧 𝐚𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐞𝐧. 𝐌𝐮𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞𝐧 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐝𝐢𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐚 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐚.
𝐄𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭𝐚 𝐮𝐧 𝐞𝐬𝐩𝐚𝐜𝐢𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐜𝐡𝐚𝐫𝐭𝐞, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐚𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐧̃𝐚𝐫𝐭𝐞, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐚𝐡𝐢́ 𝐬𝐢𝐧 𝐞𝐱𝐜𝐮𝐬𝐚𝐬, 𝐬𝐢𝐧 𝐩𝐫𝐢𝐬𝐚𝐬, 𝐬𝐢𝐧 𝐨𝐛𝐥𝐢𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, 𝐝𝐞𝐛𝐞𝐬 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫𝐚𝐫𝐥𝐨 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐮𝐧𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞.
𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐥𝐞𝐧𝐠𝐮𝐚𝐣𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐞́𝐬 𝐫𝐞𝐚𝐥. 𝐐𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐚, 𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐦𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐜𝐚𝐫𝐢𝐧̃𝐨, 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨 𝐲 𝐩𝐫𝐢𝐨𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝. 𝐐𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐧𝐢𝐞𝐠𝐚, 𝐚𝐮𝐧𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐢𝐠𝐚 𝐦𝐢𝐥 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐛𝐨𝐧𝐢𝐭𝐚𝐬, 𝐭𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐡𝐞𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐝𝐨́𝐧𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐬 𝐞𝐧 𝐬𝐮 𝐯𝐢𝐝𝐚.
𝐀𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐚 𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐪𝐮𝐞𝐝𝐚𝐧, 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐩𝐚𝐜𝐢𝐨, 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐞 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐧, 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐨𝐜𝐮𝐩𝐚𝐧 𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐬𝐨𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐢́𝐚𝐬 𝐟𝐚́𝐜𝐢𝐥𝐞𝐬, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐢́𝐚𝐬 𝐠𝐫𝐢𝐬𝐞𝐬.
𝐒𝐮 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐫𝐞𝐠𝐚𝐥𝐨, 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐫𝐮𝐞𝐛𝐚 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐚𝐟𝐞𝐜𝐭𝐨, 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐚𝐥𝐞 𝐦𝐚́𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐮𝐚𝐥𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫 𝐠𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐦𝐚𝐭𝐞𝐫𝐢𝐚𝐥.
𝐕𝐚𝐥𝐨𝐫𝐚 𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐝𝐢𝐜𝐚 𝐬𝐮 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨.
𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐧 𝐝𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐚, 𝐭𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐠𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐩𝐞𝐝𝐚𝐳𝐨 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐯𝐞𝐫𝐚́. 𝐘 𝐞𝐬𝐨, 𝐞𝐬 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐞𝐧 𝐬𝐮 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐦𝐚́𝐬 𝐩𝐮𝐫𝐚 y real
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