Se terminó la fiesta

La noche en la mansión Richi se había tornado oscura y peligrosa. Azul Ordóñez, la detective de Catamarca, se enfrentaba a una escena brutal: el cuerpo sin vida de Martina Grabado, la joven acompañante del diputado, yacía en el baño de mujeres, víctima de un golpe contundente en la cabeza. La sofisticación de la mansión no lograba ocultar la violencia del crimen. Azul, con su experiencia, llamó a emergencias y aseguró la escena, determinada a descubrir la verdad detrás de este asesinato. La pista principal apuntaba a la conexión entre la víctima y los eventos que se desarrollaban en la mansión.

Mientras tanto, en los jardines, Noemí, Juan, Milagros, y Julio, el sirviente, intentaban procesar la información. La confusión era palpable: ¿Por qué Marcela, un ejemplo de superación para Noemí, habría intentado matar a Juan? Noemí, a pesar de su felicidad con Juan, luchaba por comprender los motivos de su madre, buscando una explicación lógica a una serie de eventos aparentemente inconexos. Milagros, quien había ayudado a Juan a escapar, se sentía culpable por su posible implicación en los acontecimientos. Juan, agradecido por la ayuda de Milagros, se encontraba vulnerable, física y emocionalmente. Julio, el sirviente, observaba desde la distancia, un testigo silencioso de los eventos, un testigo que guardaba un secreto terrible: había visto a Milagros asesinar a Martina Grabado en el baño, antes de hablar con Noemí. Milagros, con la intención de ocupar el lugar de Noemí cerca de la mesa principal, había aprovechado la confusión para cometer el crimen. El asesinato de Martina, un hecho brutal y calculado, se sumaba al misterio que envolvía la mansión.

Un grito femenino interrumpió la conversación. A pesar de la confusión y la gravedad de la situación, Noemí, Juan, Milagros, y Julio se dirigieron hacia la fuente del grito. La intensidad de la situación, la mezcla de amor, culpa, y misterio, los empujaba hacia un desenlace inevitable. Marcela, en su encuentro apasionado con Carlos, se dejaba llevar por la intensidad del momento, olvidando las consecuencias de sus actos. En su mente, una mezcla de venganza, frustración, y deseo de liberación, se entrelazaba con el recuerdo de cómo había ayudado a Juan esa noche; pero un detalle, un parecido en la mirada de Juan con la de Elena, la había hecho dudar, la había llevado a pensar que Juan ya estaba muerto. Esa duda, esa confusión, la había llevado a tomar decisiones terribles, decisiones que ahora la perseguían con la fuerza de un torbellino. Mientras el vestido de Marcela se rasgaba con cada beso apasionado de Carlos, ella se abandonaba al placer, sin pensar en las consecuencias, sin pensar en el futuro, viviendo solo el momento, un momento de éxtasis que podría ser su último. El grito de la mujer, un grito que resonaba en la noche, era una señal de que el desenlace estaba cerca, un desenlace que cambiaría sus vidas para siempre. El asesinato de Martina, un crimen brutal y calculado, se cernía sobre la mansión Richi, un lugar que había dejado de ser un símbolo de lujo y se había convertido en un escenario de muerte y misterio. La motivación de Milagros y la posible conexión con los otros eventos aún estaban por descubrirse.

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