...XVIII....
Cinco años más tarde, el día de su cumpleaños número catorce, la princesa, como lo había hecho durante todos esos años, luchaba contra los ogros cuando de repente su collar después de mucho tiempo volvió a brillar intensamente.
En su mente por un breve instante apareció la imagen de la mujer alada cantándole al árbol muerto.
Ashura acabo con el último de los ogros y se acercó a ella angustiado por lo distraída que estaba, la llamo en repetidas ocasiones hasta que por fin reaccionó.
— ¿Se encuentra bien alteza?— preguntó Zaida.
— Si, todo está bien, regresemos— respondió sin demostrar la angustia que estaba experimentado.
Al llegar al campamento fueron recibidos por Beatriz, quien les contó que muchos de los soldados se habían unido esa mañana.
— Pronto estaremos listos— menciono Cadmun para luego dejar salir un largo suspiro.
— Después de todos estos años, por fin logramos crear un círculo mágico que esas cosas no pueden destruir— intervino Crowe— Hemos tenido que enfrentar tantos obstáculos que creí que nunca llegaríamos a Nazitema.
…
Esa noche hicieron una gran fiesta para celebrar el cumpleaños de la princesa y darles la bienvenida a los magos y soldados que habían estado lejos por tanto tiempo enfrentando a los ogros en distintas partes del imperio.
Bebieron y comieron alegres mientras contaban anécdotas, al día siguiente cabalgaron a gran velocidad, haciendo dos paradas para comer antes del anochecer.
Llegar a Nazitema les tomo tres semanas y dos días.
— Por fin, hemos llegado— respira profundamente.
Brenda, aún montada en su caballo, hizo girar al animal para quedar de frente a su ejército.
— ¡Mis valientes compañeros, por fin hemos llegado a Nazitema, prepárense para acabar sin piedad a los ogros, si debemos extinguir a esas criaturas para proteger a este imperio y a sus habitantes así lo haremos! ¡No descansaremos hasta eliminar a los que amenazan con destruir al grandioso imperio Arsadan!
¡¿ESTÁ CLARO?!
— ¡SI ALTEZA, LUCHAREMOS HASTA QUE NUESTRO ESPÍRITU ABANDONE NUESTRO CUERPO! — respondieron a coro golpeando su pecho.
Al sentir que había presencia de ogros cerca, invocó su espada, levantó la cabeza mirando hacia el bosque y trago saliva, tenía miedo de lo que se podrían encontrar, sin embargo, regresar no era una opción para ellos.
— ¡AVANCEN!— ordenó y se internó en el bosque abriendo un camino hacia su objetivo.
Llegaron al lugar donde se encontraban sus enemigos y se dio inicio a la sangrienta batalla, cuando el último de los ogros murió, dieron un fuerte grito en señal de victoria.
Los magos hicieron crecer la vegetación para que cubriera la sangre y cuerpos sin vida de los monstruos.
En la noche un sonido de tambor los despertó, una gran oleada de ogros se acercaba rápidamente, los monstruos gritaban ¡JOU!, repetidas veces, gritos que estaban sincronizados con el sonido del tambor y con sus pasos.
El ogro más grande y que más cicatrices tenía se paró frente a la formación.
— Habitantes de Harlothad, acabaremos con ustedes— grito en su idioma así que los únicos que entendieron sus palabras fueron el aprendiz de Crowe y la princesa.
En menos de dos minutos ya todos los soldados estaban formados, listos para atacar, al recibir la orden de sus líderes ambos bandos caminaban hacia adelante.
— ¡Ataquen!— grito ella con todas sus fuerzas.
Los ogros que siempre habían habitado el planeta fueron vencidos con facilidad, pero los que hablaban eran guerreros fuertes y experimentados.
El daño que recibían desaparecía en unos cuantos segundos, el líder de los monstruos incluso regenero su brazo izquierdo.
Sol se encargó de dar las órdenes a los magos para que sus ataques fueran más efectivos, mientras Cadmun hacía lo mismo con los soldados.
Brenda, rodeada de cinco ogros, sentía como el latir de su corazón se aceleraba tanto que parecía que estallaría en cualquier momento.
Respiro profundamente, apretó la empuñadura de su espada y dando un salto atacó al que estaba más cerca, decapitándolo de un solo golpe.
Los cuatro monstruos la miraban con sorpresa, incluso uno de ellos retrocedió temeroso de ser el siguiente. Los ojos morados de la princesa irradiaban una luz del mismo color, en su cabeza apareció una corona dorada y la energía que rodeaba su espada resplandecía con mayor intensidad.
Cuando el amanecer llegó quedaban cien ogros, morita se enfrentaba al líder, ambos estaban cansados, pero ninguno cedía. Los ataques eran rápidos y utilizaban gran cantidad de magia, sin embargo, no lograban acertar.
Para sorpresa de todos el ogro que había estado tocando el tambor durante toda la batalla se detuvo, en ese preciso momento las criaturas desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.
Sin comprender que había sucedido los miembros del ejército de la princesa se apresuraron a ayudar a los heridos, por desgracia varios habían perdido una o dos de sus extremidades y gritaban por el gran dolor físico y emocional que eso les causaba.
Brenda desesperada miraba a su alrededor, se sentía enojada consigo misma por no haber podido evitar tal dolor a su gente.
— «Haré que esas malditas criaturas se arrepienten de haber invadido esta tierra, juro que acabaré con ellos»
Ese día treinta soldados resultaron lesionados, a pesar de sus dolorosas heridas todos ellos se negaron a volver a sus hogares.
— Continuaremos a su lado para proteger a los nuestros, por favor alteza, permítanos demostrarle que a pesar de esto seguimos siendo útiles— suplico entre lágrimas una mujer que había perdido su pierna derecha en el combate.
Brenda conmovida la abrazo con fuerza, le permitió llorar a la guerrera en su hombro hasta que sus lágrimas se detuvieron.
— «Ojalá pudiera hacer algo para remediar esto»— pensó la princesa cuando de repente una luz verde cegadora regenero los miembros perdidos de aquellos valientes guerreros.
— «No puedo hacer esto cada que suceda, así que cuida bien de estas personas»— dijo una voz meliflua en su cabeza.
Un escalofrío atravesó la espalda de la joven, antes de que pudiera articular palabra, Crowe dijo:
— La magia de tierra ha decidido darles una segunda oportunidad de luchar con su cuerpo completo— sonríe.
Los que habían estado heridos lloraban abrazados entre ellos, minutos después ya tranquilos se pusieron de rodillas frente a Brenda.
— Ya que se nos ha dado esta oportunidad, la aprovecharemos para dar todo en el campo de batalla, confíe en nosotros, esto no volverá a suceder alteza.
Nos aseguraremos de que pueda cumplir su misión de acabar con estos aterradores seres.
La joven sonrió ampliamente, levantó su espada y hablo a su ejército.
— ¡Escuchen, no permitiremos que esto vuelva a suceder, todos volveremos a nuestros hogares a salvo! ¡Estas criaturas no nos derrotarán!
¡¿ENTENDIDO?!
— ¡SI ALTEZA!— respondieron a coro apuntando sus armas hacia la bóveda celeste.
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