...XII....
Durante el día hicieron algunas paradas para comer y que los caballos descansarán, al final del día los animales ya no podían avanzar, incluso después de que los magos les lanzarán magia de recuperación de energía.
Obligados a detenerse, decidieron armar el campamento cerca de un río, mientras cenaban los soldados contaban historias a sus compañeros, el cielo despejado, iluminado por la luna, era un espectáculo que Brenda disfrutaba, acostados en el suelo, ella y Ashura trazando líneas imaginarias buscaban formas entre las estrellas.
A unos metros Sol se encontraba trenzando su cabello, sin quitarles ni un segundo la mirada de encima a los amigos, le molestaba mucho la cercanía entre ellos, consideraba que no estaba bien tal relación.
De pronto, alguien tocó su hombro, al girar su cabeza con el fin de averiguar de quién se trataba, descubrió que era el mago más viejo del lugar.
El hombre le solicitó hablar un momento en privado, la joven acepto y para evitar ser escuchados se internaron en el bosque, al preguntar qué sucedía, él le contó sobre sus preocupaciones.
— Sol, me preocupa la situación en la que nos encontramos y no lo digo por los ogros, me preocupa que la princesa no pueda con esto.
— Es obvio que no podrá, tiene nueve años, ella solo es un adorno, una garantía de la familia imperial para que estos hombres dejarán de negarse a venir, nada más.
Los soldados intentan mantener la calma y confiar, pero eso es una tontería, quien en su sano juicio confía su vida a tan pequeño e inútil ser.
Nuestra única esperanza es que el duque Tranthya, decida tomar el liderazgo, si eso no pasa estamos perdidos.
El mago intentó responder más no pudo articular palabra, ya que no se esperaba tal respuesta.
— Sol, recuerda que es una princesa, la única hija de la emperatriz— respondió por fin — Puede que sea una niña, pero yo soy parte de los tontos que ha decidido confiar su vida a la princesa, sin embargo, si se sigue manteniendo tan alejada de su ejército como podrá llevarnos a la victoria.
Llevo muchos años en este mundo, he visto y escuchado muchas cosas, tengo amplio conocimiento, por eso he intentado acercarme a su alteza, pero el duque lo ha impedido.
Te busqué con la esperanza de que tú hablaras con la princesa sobre mi deseo de tener una conversación con ella, para crear estrategias y un plan que nos ayude a vencer con más facilidad a esos monstruos.
Al terminar de hablar se quedó en silencio esperando una respuesta, al no obtenerla, soltó un gran suspiro y empezó a caminar para volver con los demás, cuando paso junto a ella, sin detenerse, le hablo en voz baja.
— Sol, recuerda que ella no tiene culpa alguna, no tiene nada que ver con la muerte de tu padre, ni tampoco es culpable de la irresponsabilidad del emperador.
La mujer se quedó en silencio, parada en el mismo lugar, apretando los dientes, intentando reprimir su enojo, aunque sabía que el mago tenía razón, ver a la princesa sonriendo, la llenaba de amargura y odiaba tener que obedecer a alguien menor que ella.
Después de un rato en ese lugar, regresó al campamento aparentando tranquilidad; lo que no se imaginaron los magos es que su conversación había sido escuchada por Brenda y Ashura que se encontraban ocultos entre los arbustos.
Cuando la maga se marchó, abandonaron su escondite.
Minutos antes, ellos los habían visto internarse en el bosque, curiosos por qué sucedía, decidieron seguirlos, mientras escuchaban la conversación, Brenda, abrazaba el brazo de su amigo, apoyando su frente en la espalda del adolescente.
— Brenda, ella perdió a su padre, necesita un culpable y por eso se refiere a ti de esa manera— dijo el joven dándole palmadas en la cabeza.
— ¡Uuuf! Como me gustaría crecer más rápido, así me tomarían en serio. En cuanto a esa maga, no tienes idea de cómo me molesta su actitud, en este mismo instante me gustaría darle una buena paliza.
Ven, volvamos, tengo muchas cosas de las que ocuparme.
Al llegar, Ashura fue llamado por un arquero que le estaba enseñando sobre como usar de la mejor forma su arma, la niña le permitió marcharse, estando ahí parada, buscando con la mirada a Cadmun, miro como el mago de antes, se acercaba, pero antes de que pudiera llegar, el duque apareció frente a ella.
Brenda dejó que él continuará con su regaño por desaparecer sin decir nada por unos minutos más, cuando por fin pareció terminar fue su turno de reclamar.
— Duque Cadmun Tranthya, acabo de enterarme de que les prohibió a mis soldados acercarse a mí, me podría dar una explicación.
Al escucharla tan sería, él con la boca entreabierta, movía levemente la mandíbula intentando responder, más no encontró las palabras correctas, por eso llevo su mano cerrada en puño a su boca, tosió un poco, acomodó su chaleco negro, forzando una sonrisa, preguntó quién le había dicho tal mentira, como respuesta ella se cruzó de brazos mirándolo con el ceño fruncido.
— Vamos morita, sé que sabes y entiendes mis razones, ven— le ofrece su mano— vamos a dormir, ya es tarde, mañana será un largo día.
— Sé que te preocupas por mí y te lo agradezco, pero esto no puede seguir así y lo sabes. No podemos llegar a Nazitema sin un plan, es necesario que me reúna con ellos para discutir sobre el tema.
Dile al mayor de los magos que lo espero en mi tienda, que puede traer con él a quien considere necesario para hablar sobre nuestros pasos a seguir.
— Cómo ordene alteza— respondió él haciendo reverencia, ya que sabía que ella tenía razón.
La niña se marchó y Cadmun empezó a caminar en dirección al mago, mientras reflexionaba sobre si había tomado la decisión correcta.
Desde hace días había estado pensando en pedirle a la princesa que le cediera el liderazgo, pero había algo dentro de él que se lo impedía, aunque quería protegerla, llevarla lejos de tanta violencia, sentía que solo ella podría hacerlo, solo ella acabaría con los nuevos enemigos del imperio.
Ese algo dentro suyo, le decía que ella había nacido para ello, que ese era el destino de la dulce morita.
A unos pasos del mago, levantó la cabeza para comunicarle la orden de la princesa.
— «Ya no hay más que pensar, estaré a su lado, apoyando todo lo que decida hacer, cuidando su espalda, estaré aquí para ayudarla en todo lo que llegará a necesitar»— Su alteza quiere verte, te está esperando en su tienda, conoce tus preocupaciones y quiere hablar sobre ello, puedes llevar contigo a quienes consideres necesario— «Princesa Brenda Arsadan, juro por mi vida que estaré contigo para siempre, como tu más fiel servidor» — Date prisa, no la hagas esperar.
— Muchas gracias, duque, iré en unos minutos— respondió el hombre con una sonrisa, mientras entre sus acompañantes buscaba quienes lo iban a acompañar.
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