-¡Cálmate! -se dijo Emile-. Felipe no es de los que vive en el monte, nunca le gustaron las excursiones o salidas al campo -se repitió Emile al recordar cómo cuando ella y Rose eran más jóvenes, Felipe siempre sacaba excusas para no ir a las invitaciones de su padre, y cuando iba, pasaba todo el viaje malhumorado, cosa que ella aprovechaba para meterse con él.
Soltó un suspiro y tomó sus cuatro maletas con dificultad y decidió irse –lo mejor es caminar por la carretera–se animó y tomó su celular, se le ocurrió que el GPS la ayudaría, pero sabía que en lugares con mucha vegetación el sol se ocultaba más rápido de lo esperado, y tal como fue el camino de ida, el regreso fue doloroso para sus pies además de las dificultades que tenía para llevar sus maletas, pero se negaba a dejarlas.
Miró con molestia hacia la casa que pensó que era de Felipe -solo fue una pequeña confusión, no puedo creer que no me ayuden–dijo Emile con rabia al viento–es que nunca nadie se ha confundido–dijo con un resoplido.
Luego miró su celular y vio que este proyectaba la dirección de Felipe, lo que la alegró –ay, qué largo–vio todo el trayecto que le tocaba recorrer y la desanimó–buscar un atajo–dio la orden en su celular y se emocionó cuando vio cómo el camino se hacía corto.
-Bueno, vamos -dijo Emile con motivación, pero lo cierto es que su gran motivación era llegar y ver a Felipe para recriminarle por qué carajo no compró esta cabaña y por qué tenía que coger Bayou como un lugar de relajación.
-Ok, un árbol caído, no pasa nada -se dijo cuando pasó cada una de sus maletas para llegar al otro lado y un extenso bosque pantanoso se abrió paso, volvió a mirar en su celular y notó que estaba en la ruta correcta.
-Vamos hacia el bayou, todos al pantano–comenzó a cantar la canción que siempre le ponía a Alan cuando estaban jugando y así evitar que su temor se apoderara de ella, así que siguió caminando orientándose por las indicaciones que le daba su teléfono.
-Según mi celular, debo cursar a la izquierda–dijo al mirar el celular, pero notó que al moverse este no hacía ningún cambio–dios no–comenzó a mover su celular y vio que este no tenía señal.
-No puede ser, un celular tan caro y no sirve–dijo Emile llena de rabia, para luego tirarlo, luego recordó lo que le costó y lo tomó–ay, mi bebé, lo siento–dijo al ver cómo tenía una raya en la pantalla.
-Recuerda–se dijo Emile para no entrar en la desesperación–según mi celular, tenía que ir a la izquierda y caminar derecho y luego había otro cruce–se dijo pasando una mano por su cabello, el cual debido a la humedad empezó a enroscarse hacia adelante.
No supo cuánto tiempo estuvo caminando, pero lo cierto es que nunca apreció el cruce, su celular aún no reaccionaba y cada vez sentía más pánico–¡ah!–giró cuando sintió que algo le jalaba la pierna y debido al movimiento brusco que hizo, cayó de espaldas.
-¡Mi camisa! –dijo Emile al ver que cayó en el barro–me la pagarás–gritó al viento mientras levantaba las manos, pero cayó cuando sintió ruido en un arbusto.
-¿Quién anda ahí? –dijo al ponerse de pie y sin ningún tipo de cuidado pasó su mano, la cual tenía algo de barro, ya que utilizó de apoyo para levantarse de la caída.
Emile miró a su alrededor buscando algo con qué defenderse.
Si eres un animal salvaje, déjame decirte que no tengo un buen sabor. Las hamburguesas y las papas fritas me dañaron -comentó con nerviosismo al escuchar nuevamente un ruido que provenía del arbusto. Sin pensarlo, tomó una piedra que vio cerca de su pie derecho y la lanzó hacia el arbusto.
-¡Ay! ¡Eso me dolió! -Emile abrió los ojos al ver cómo una figura de estatura media salía del arbusto.
-Dios, un engendro -fue lo primero que pensó Emile, pero a medida que la figura salía, se dio cuenta de que era una niña la que salía de allí.
-Ay, mi cabeza -dijo Susana al no saber qué fue lo que la golpeó, ya que ella se encontraba cazando ranas para la cena de su madre.
-Oh, Dios mío, es una niña -Emile caminó apresuradamente hacia la niña-. ¿Estás bien? -le preguntó cuando la tomó de la mano para revisarle la cabeza, no quería enfrentar una demanda por maltrato infantil.
-Mi cabecita -dijo Susana, y al levantar la vista, se dio cuenta de que una mujer con barro en la cara la sostenía por un brazo-. ¿Qué me pasó? -le preguntó.
Emile abrió los ojos antes de contestar-. No sé, te encontré quejándote. Mi nombre es Emile, un gusto.
-Susana -se presentó la niña sin sentirse algo mareada, pero luego espabiló y sintió que el dolor disminuía-. Estaba cazando ranas para el guiso de ancas de rana para mi mamá.
Emile se puso nerviosa al escuchar a la niña, ya que el golpe le hizo hablar locuras, ya que no se imaginaba a nadie comiendo patas de ranas.
Creo que sí fue duro -susurró mirando a la niña con preocupación.
Después del golpe, Susana revisó el pequeño bolso que tenía en la parte trasera y vio que aún tenía las ranas que había cazado.
Creo que me tendieron una trampa -Emile no le prestó atención a lo que decía la niña, ya que sus ojos miraban hacia el bosque que se veía.
Chao, me voy -estas palabras por parte de Susana hicieron reaccionar a Emile.
¿Dónde vas? No estás perdida en el bosque -dijo con preocupación Emile.
Perdida, yo -dijo Susana para luego soltar una risa-. No estoy perdida, además esto no es un bosque, estamos en un pantano -esto último hizo que Emile abriera los ojos.
¿Cuántos años tienes? Te ves muy niña para estar aquí -comentó Rose.
Tengo 10 años -dijo Susana levantando el pecho y mirando con orgullo a Emile.
Emile sonrió ante la actitud de la niña y así pudo observar muy bien que tenía cierta cantidad de pecas en su rostro, dos trenzas a cada lado de su cabello cobrizo, su piel blanca con grandes ojos café, además de su overol que indicaba que años atrás tenía mejor apariencia.
-¿Puedes ayudarme a encontrar esta dirección? -dijo Emile acercándose nuevamente a la niña-. Soy nueva en la zona y aún no me he ubicado -comentó a Susana, quien la miraba con gran interés.
Felipe escuchó a Lucas con los ojos abiertos, apretando los puños a ambos lados de su cuerpo. Siempre le sorprendía lo imprudente que podía comportarse Emile. - Cierro la casa y salgo contigo -dijo al voltear y caminar hacia la puerta de la casa.
Pero unos ruidos provenientes del lado izquierdo de la casa lo hicieron detenerse, y vio una gran figura que salía. - ¡Dios mío, se nos presentó, madre monte! -escuchó decir a Lucas mientras se hacía la señal de la cruz. Al instante, Felipe sintió un escalofrío que le indicaba que algo estaba mal.
-Te voy a matar, Felipe -conocía la dueña de esa voz
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Updated 53 Episodes
Comments
Mireida Leal
😂😂😂
2025-04-01
0
Mauren Coronado
jajajajaja autora mr has sacado muchas risas
2024-10-13
1
juli martinez
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
2024-08-20
0