CAPÍTULO 20.

H e n r i e t t a...

Cuando llegué a mis aposentos, el sol ya se había ocultado, y las sombras del anochecer habían tomado el cielo con su manto de estrellas. Abrí la puerta con rapidez, mi rostro aún ligeramente encendido por el vergonzoso encuentro con aquel Sacerdote. Pero aun así, no esperaba encontrarme con una mirada llena de preocupación.

—Mamá, ¿por qué tardaste tanto?— Preguntó Henderson mientras corría hacia mí con los brazos abiertos.

Me arrodillé para abrazarlo mientras acaricie su cabello oscuro con cariño.

—No te preocupes, Hender. Estoy bien— Le respondí con una sonrisa.

Hender me miró con ojos brillantes, buscando en mi expresión cualquier rastro de incomodidad, pero parecía que no había encontrado nada por lo que me soltó y se quedó a mi lado. Me puse de pie y noté la figura de Reinhard cerca de la ventana, su silueta parcialmente iluminada por la luz tenue del anochecer. Aunque su expresión parecía tranquila, conocía lo suficiente de él como para detectar la tensión oculta en sus ojos.

—¿Todo está bien?— Preguntó con voz serena, aunque había interés más profundo en su tono. —¿Mi madre no te dijo nada malo?

Sentí su mirada fija en mí, evaluándome con cuidado, como si buscara alguna señal de incomodidad. Había preocupación en él, pero la escondía tras una fachada de control, tal como siempre hacía.

—No... no se preocupe, Duque. Estoy bien— Respondí, con una sonrisa que esperaba fuera convincente.

Pero incluso mientras hablaba, podía sentir su mirada. Reinhard era alguien que leía más allá de las palabras, y sabía que mi expresión debía estar traicionándome de algún modo. Sin embargo, no quería preocuparlo más de lo necesario. Especialmente porque, a pesar de las preguntas que la Emperatriz Viuda había dejado en mi mente, no quería que mi confusión enturbiara este momento de calma en nuestra familia.

Mientras me deslizaba hacia una silla para descansar un poco, Hender se quedo a mi lado. Y aunque Reinhard no dijo nada más, podía notar que su mirada seguía sobre mí, en silencio, pero vigilante. Este hombre si qué era muy perspicaz.

Pasaron un par de horas y Hender se quedó dormido a mi lado mientras le leía un cuento, por lo que lo lleve a su habitación. Lo arropé con cuidado y me aseguré que estuviera cómodo. Permanecí a su lado un poco más mirando sus facciones relajadas me arrancaron una sonrisa; dios era un niño demasiado hermoso, sin duda saco todo eso de su Padre.

Regresé a mi habitación y al abrir la puerta, lo primero que vi fue a Reinhard sentado en uno de los sillones. Tenía un libro en sus manos, y la luz cálida de las lámparas resaltaba sus facciones perfectamente esculpidas. Su porte relajado y elegante, junto con su mirada concentrada y firme, lo hacían lucir... demasiado guapo. Mis pensamientos se detuvieron abruptamente al darme cuenta de lo que acababa de pensar. Sacudí la cabeza ligeramente, sintiendo cómo un leve calor se instalaba en mis mejillas. ¡Qué clase de pensamientos eran esos! Me obligué a centrarme en cualquier otra cosa, tratando de desviar mi mente de su imagen.

Pero justo cuando creía haberlo logrado, su voz profunda rompió el silencio.

—¿Se dio cuenta de que vamos a compartir la cama?— Preguntó, sin apartar la vista del libro.

—¿Qué?— Me quede quieta. —¡¿EHHHHHH?!

El susto me hizo dar un pequeño grito de sorpresa, y lo miré con los ojos muy abiertos, sintiendo cómo la vergüenza me envolvía.

Reinhard cerró el libro con calma y me miró, con una expresión tan serena que solo aumentó mi nerviosismo.

—No hay más camas en esta habitación además de esa— Señaló la cama detrás de mí con un ligero gesto.

Miré hacia la cama y luego de regreso a él.

—Lo sé, pero... compartirla es un poco...— Mi voz se apagó, incapaz de encontrar palabras que no me hicieran sentir aún más avergonzada.

Fue entonces cuando, para mi sorpresa, Reinhard dejó su habitual seriedad de lado y dijo con un tono ligeramente burlón.

—Hablas como si no tuviéramos un hijo juntos.

Mis ojos se abrieron aún más, y sentí cómo el calor subía rápidamente a mis mejillas, haciéndolas arder.

—¡Duque!— Grite avergonzada mientras me cubría la cara con ambas manos. Estaba segura de que mi rostro era ahora tan rojo como un tomate.

Él, por su parte, esbozó una leve sonrisa divertida, claramente disfrutando de mi reacción. Dejó el libro a un lado y se levantó, acercándose a mi.

—No te preocupes. Si no quieres compartir la cama, no lo haremos. Puedo dormir en uno de los sillones— Dijo con una voz tranquila, pero en su mirada había algo que me hizo sentir culpable.

Tomo el otro libro que estaba en la mesa detrás de mí y después se dio la vuelta, claramente dispuesto a ir al sillón, y algo en mi interior se retorció. Antes de que pudiera pensarlo demasiado, extendí la mano y lo tomé suavemente del brazo.

—No, espere...— Murmuré.

Él se giró para mirarme, con una expresión ligeramente sorprendida. Su mirada me hizo sentir como si las palabras se hubieran atorado en mi garganta, necesitaba decir algo... yo...

—La cama...— Finalmente pude decir algo. —Es grande. Tal vez... tal vez podamos compartirla. Pero... pero nadie debe pasar de su lado— Añadí rápidamente, sintiéndome al borde del colapso de la vergüenza.

Reinhard me miró por un momento, como si estuviera procesando lo que acababa de decir, y luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro. No dijo nada, pero asintió ligeramente antes de regresar a su asiento. Yo, por mi parte, apenas podía sostenerme de pie, completamente abrumada por lo que acababa de proponer. ¿En qué estaba pensando?

La habitación estaba envuelta en un silencio cómodo, roto solo por el sonido sutil del viento que se filtraba por la ventana y el ligero crujir de la madera bajo el peso de nuestros movimientos. Mientras me recostaba en la cama, mi mente no dejaba de divagar. ¿Cómo se suponía que iba a dormir compartiendo un espacio tan cercano con un hombre como Reinhard?

Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de su rostro aparecía en mi mente. Su seriedad, siempre presente, parecía un muro inquebrantable. Pero cuando permitía que sus emociones afloraran, aunque fuera solo por un instante, era como si ese muro se derrumbara y revelara algo más profundo, más cálido. Este hombre... pensé, sintiendo un extraño calor en mi pecho. Es alguien muy especial.

De repente, la voz grave de Reinhard interrumpió mis pensamientos.

—Mi Señora— Me llamó, y mi cuerpo se tensó instintivamente.

Volteé hacia él, notando cómo su mirada descansaba en mí con una mezcla de calma y curiosidad. Sentí cómo el rubor volvía a colorear mis mejillas.

—¿Sí?— Respondí, intentando que mi voz no temblara.

—¿Qué hablo con mi madre?— Preguntó con un tono mesurado, pero lo suficientemente curioso como para mostrar que realmente le importaba. Su mirada, intensa pero serena, parecía querer descifrar mis pensamientos.

Bajé la vista, insegura de cómo responder. No quería preocuparlo más de lo necesario, pero tampoco podía mentirle.

—Nada en especial. Solo me dijo que esperaba que no estuviera mintiendo... porque ya les había hecho suficiente daño.

Reinhard suspiró profundamente, apartando la mirada un momento.

—Lo siento— Dijo finalmente, con una voz cargada de remordimiento. Aquellas palabras me sorprendieron, ya que no esperaba una disculpa de él.

Lo miré, negando suavemente con la cabeza.

—No tiene por qué disculparse, Duque— Contesté, con apenas un susurro. Mi pecho se apretó al verlo tan vulnerable. —Si alguien debe disculparse, soy yo. Aunque no recuerde nada, soy consciente de todo el dolor que les he causado... y quiero enmendarlo.

Nuestras miradas se cruzaron, y el tiempo pareció detenerse. No había palabras entre nosotros, solo el lenguaje silencioso de los ojos. Sus ojos verde esmeralda tan profundo, parecían contener mundos enteros. Pero lo que más me cautivaba era el sutil destello de azul en el centro de sus pupilas, un azul tan tenue que apenas se distinguía... pero estaba ahí.

Eran los ojos más hermosos que había visto jamás. Pensé.

Y no era solo su color. Había algo en ellos, algo que me transmitía esperanza, algo que me hacía creer en un futuro mejor. Una sensación que me asustaba y, al mismo tiempo, me daba fuerzas para seguir adelante.

Reinhard no apartó la vista de mí, como si también buscara algo en mis ojos, alguna respuesta que no podía encontrar en las palabras. Y en ese instante, aunque el silencio seguía envolviendo la habitación, sentí que un puente invisible comenzaba a formarse entre nosotros. Algo frágil, pero real.

El día de la ceremonia había llegado. El amanecer trajo consigo un aire de emoción y nerviosismo, mientras el palacio se llenaba de actividad. Mientras me encontraba rodeada por un grupo de sirvientas que insistían en asegurarse de que cada pliegue, cada detalle de mi vestido estuviera perfecto. Henderson y Reinhard ya se habían marchado, ocupados con los últimos preparativos, dejándome sola en esta pequeña batalla contra las telas y las miradas críticas.

Mi vestido, de un color azul marino fuerte con bordados dorados, era una obra de arte que representaba los colores del Ducado Ruselford, pero también una prisión momentánea. Mientras las sirvientas ajustaban los últimos detalles, la puerta se abrió y apareció Annalise con una sonrisa iluminó la habitación.

—Gran Duquesa, se ve maravillosa— Dijo con entusiasmo. Portaba un vestido verde manzana resaltaba su piel clara y su cabello castaño oscuro recogido en un moño elegante.

—Gracias, Annalise. Tú también te ves preciosa— Respondí, sintiendo el calor en mis mejillas ante su cumplido.

Ella rió suavemente, inclinando la cabeza con modestia.

—Pero usted es más hermosa. Ese color realza su cabello plateado y sus ojos violeta. Estoy segura de que el Duque quedará sin palabras.

Su comentario me hizo sonrojar aún más, y desvié la mirada mientras intentaba contener una sonrisa tímida. Conversamos durante unos diez minutos, una charla ligera que ayudó a calmar mis nervios. Annalise mencionó que debía buscar a su hermano, el Conde Pernia, y a sus sobrinos antes de la ceremonia.

—Está bien, Annalise. Nos veremos en unas horas. Espero verte a ti y a Lily en la fiesta después de la ceremonia— Dije mientras ella se despedía con un gesto elegante de la mano y abandonaba la habitación.

Finalmente, las sirvientas dieron los últimos retoques. Me miré en el espejo y asentí, agradeciendo a todas por su dedicación. Una de ellas me informó que el Duque ya me esperaba en el Salón Principal.

—Entendido. Me dirigiré allí ahora mismo— Respondí, ajustándome un mechón de cabello que caía sobre mi frente.

Mientras caminaba por los pasillos iluminados por la luz de la mañana, una voz familiar resonó detrás de mí.

—Hari.

Me detuve de golpe. Ese nombre... hasta ahora solo había conocido a un hombre llamarme así, pero esa voz no era la de Reinhard, aun así algo en ella hizo que mi corazón diera un vuelco. Me giré lentamente, mis ojos buscando al dueño de esa voz. Al encontrar su rostro, sentí una gran sorpresa y desconcierto.

Esté hombre...

El hombre frente a mí era una figura que irradiaba una elegancia discreta, con un porte refinado que lo distinguía claramente. Su cabello castaño claro estaba atado en una coleta baja, y sus ojos dorados brillaban intensamente mientras me miraban desde detrás de esos lentes perfectamente ajustados. Su piel era tan clara como la porcelana, dando un aire etéreo a su presencia.

Sin embargo, algo en él despertó una incomodidad que no pude ignorar. Aunque yo no era la verdadera Henrietta, esta sensación inquietante y de felicidad se asentó en mi pecho, como si un fragmento olvidado de esta vida intentara emerger.

—Tú...— Fue lo único que logré decir, pero no tuve oportunidad de continuar.

Él me interrumpió con una sonrisa que parecía contenida.

—Te ves bien, Hari. No esperaba verte aquí. Después de que te casaste con el Gran Duque, y de todo lo que sucedió en el pasado, pensé que nunca regresarías a los círculos sociales.

Se acercó unos pasos, acortando la distancia entre nosotros. Mi cuerpo permaneció inmóvil, y mi mente luchaba por procesar su presencia.

—Te he estado enviando cartas— Continuó continuó. —Pero ninguna fue respondida.

Yo no sabía cómo reaccionar. Algo en su voz y en la forma en que me llamaba por ese apodo me resultaba extrañamente familiar, pero mi mente no lograba atar los hilos.

Me miro con una expresión llena de melancolía y arrepentimiento.

—¿Aún nos odias?— Preguntó, y su tono hizo que un escalofrío recorriera mi espalda.

La palabra "nos" resonó en mi mente. ¿A quiénes incluía?

—Hari...— Dijo una vez más, su voz bajando en un susurro cargado de emoción. —Nunca estuve de acuerdo con Anthony y Charles. Intenté detenerlos, pero ya sabes cómo son. Si no te hubieras casado con el Gran Duque, tal vez todos habríamos muerto.

Cada palabra que pronunciaba parecía cargar con un peso que me era imposible ignorar. Su rostro reflejaba un arrepentimiento profundo mientras continuaba.

—Me arrepiento de lo que pasó. Jamás pensé que las cosas llegarían a ese punto. Necesito tu perdón, Hari. Después de todo... somos hermanos...

Su declaración me golpeó como una ola helada, y un recuerdo, distante pero claro, atravesó mi mente. Las imágenes fugaces de una infancia, las voces lejanas de una familia... y finalmente, el rostro de este hombre, más joven, pero inconfundible.

—Samuel...— Susurré, mis labios temblando ligeramente mientras lo reconocía.

Él asintió, su expresión se suavizó, pero sus ojos dorados permanecían llenos de pesar.

Samuel Elinas de Firetz. Mi Segundo Hermano. El Segundo Marqués de Firetz. Ahora todo comenzaba a encajar, y con ello, una maraña de emociones que no podía controlar. Los recuerdos comenzaron a llegar más, mi pecho se agitó y no tuve más opción qué salir huyendo de ahí.

—¡Hari!

Escuche la voz de Samuel llamarme con un tono que parecía asustado y arrepentido, pero aun así no quise voltear a verle, no ahora, no ahí...

CONTINUARÁ...

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Comments

Karen Schechtel

Karen Schechtel

no me gusta que la protagonista se este dejando llevar sin saber la verdad, el gran duque esconde cosas, yo no podría confiar hasta saber toda la verdad

2025-03-01

1

Pao Suarez

Pao Suarez

hay autora de verdad que pereza das con esa protagonista... enserio..? bien tonta y estúpida.... ojalá y la hagas madurar más x k k fastidio

2025-03-07

0

Patricia Hernandez

Patricia Hernandez

me faltó la parte que están en la cama /Facepalm//Hunger//Hunger/

2025-03-06

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