H e n r i e t t a...
La Emperatriz Viuda se acomodó en el banco, sus ojos ahora reflejaban una nostalgia que contrastaba con la severidad que había mostrado momentos antes.
—Te contaré algo, Henrietta, algo que no comparto a menudo. Pero creo que necesitas escucharlo.
Me quedé en silencio, esperando mientras ella buscaba las palabras correctas.
—Hace muchos años, cuando el Imperio aún era gobernado por el Difunto Emperador Reinbard. Estalló una fuerte guerra en la cual muchas zonas fronterizas terminaron dañadas, fue entonces cuando el Emperador Reinbard tuvo que ir al campo de batalla. También fue ahi cuando conoció a una mujer llamada Galilea Sheriff— La Emperatriz hizo una pausa, su mirada perdida en un punto indefinido entre las rosas. —Galilea no era una noble, ni alguien que destacara por su linaje. Era una Campesina que salvo al Emperador de morir en la Guerra con Isaev, pero aunque era solo una Campesina, tenía una fuerza interna que incluso el Emperador no pudo ignorar y termino perdidamentede enamorado de ella... debio al amor que le tuvo, la trajo al Palacio y la nombró su Segunda Reina, lo que hizo que muchas Familias Nobles la odiaran e intentarán muchas cosas en su contra, la Difunta Primer Reina entre ellos. Siempre trato de hacerla menos y dañarla, pero aun así... ella era diferente a cualquier persona que haya conocido. Su amor por la vida, su bondad... eran un contraste absoluto con la frialdad del palacio. A pesar del daño y las conspiraciones que hicieron en su contra, ella seguía amando profundamente al Emperador. No era alguien que deseaba poder, estatus, ni riquezas... ella solo quería estar con el Emperador, pero el amor en la Familia Imperial siempre ha sido una maldición. Y a pesar de todo, ella aceptó cargar con ese peso.
Bajé la mirada, sintiendo un vacío en el pecho.
—¿Qué le pasó?— Pregunte.
—Murió...— La respuesta de la Emperatriz Viuda fue tan simple y devastadora como un golpe. —Reinbard perdió a su único amor y con ello perdió también su humanidad. Esa pérdida fue una sombra que nos marco a todos— La Emperatriz Viuda suspiró, como si el peso de esos recuerdos la estuviera ahogando, y sus ojos se suavizaron un poco al mirarme. —Después de su muerte, Reinbard... cambió. Ya no era el hombre que conocí, del que me enamore. Se volvió frío, distante, y su amor por Galilea fue reemplazado por la culpa y el remordimiento. La maldición de la familia fue implacable, Henrietta. El amor se convirtió en algo venenoso para todos los que intentaban tocarlo.
—Entonces...
Mi mente daba vueltas, intentando conectar todo lo que me había dicho, cuando la Emperatriz Viuda asintió y continuó, con un tono más suave pero aún cargado de nostalgia.
—Reinhard, es el hijo de Galilea. El niño que nunca pudo ver a su madre, que nunca pudo sentir sus brazos, el niño que fue humillado e ignorado por todos. Pero aún así... no era alguien malo... Con solo ocho años, ya sabía lo que significaba el dolor y aunque su padre, el Difunto Emperador, le había negado su amor, Reinhard nunca lo odio, ni dejó de amar a su madre. Era como si supiera que Galilea le habia dicho que por favor no odiara a su padre. Siempre a tenido un corazón corazón muy bondadoso al igual que ella...
Me sorprendí al escuchar esas palabras, la historia era tan fuerte y tan dolorosa.
—Recuerdo el primer día que Reinhard y tú se conocieron. Ambos tenían ocho años. Se encontraron en un jardín apartado, y aunque aún eran niños, había algo en sus ojos que me hizo entender que aquel encuentro los marcaría de por vida. Reinhard se enamoró perdidamentede de ti, en ese mismo instante Henrietta.
Mi corazón latió con fuerza al escuchar esas palabras. Reinhard... se había enamorado de Henrietta cuando eran solo niños, y eso ocasionó qué mi pecho doliera.
—Me di cuanta de eso y nunca le conté a nadie, ni siquiera a él. Pero la verdad es que, aunque el tiempo pasó y la vida los separó, Reinhard nunca dejó de amarte, incluso cuando no lo recordabas, incluso cuando lo tratabas con indiferencia. Él nunca dejó de amarte.
Eleonora me miró, con una expresión tornándose cada más suave, aunque todavía llevaba la sombra de sus propios recuerdos.
—Así que, Henrietta, aunque no recuerdes nada, aunque tu memoria haya fallado... hay algo que puedo ver en ti. Algo que me recuerda a Galilea. La misma determinación, el mismo deseo de cambiar el destino. La misma voluntad de luchar por lo que quieres, aunque el mundo se ponga en tu contra.
Me quedé sin palabras, asimilando sus palabras, el peso de su mirada. Después de un largo silencio, Eleonora rompió el silencio con una sonrisa sutil, casi nostálgica.
—¿Quieres que te cuente una historia, Henrietta? Una historia sobre cómo el amor puede ser la mayor bendición... o la más cruel de las maldiciones.
Asentí.
—Si...
Con esas palabras, sentí como si una puerta se hubiera abierto, una puerta a un pasado que, aunque no recordaba, de alguna manera ya formaba parte de mí.
—Entonces volvamos a hablar una vez la ceremonia de nombramiento de Henderson y Theodore se concluya.
Y con esa última frase de la Emperatriz, la conversación terminó, con ella saliendo de donde nos reunimos y dejándome con más preguntas que respuestas.
.
El silencio del jardín me envolvía mientras las palabras de la Emperatriz Viuda resonaban en mi mente. Permanecí sentada, mirando cómo el cielo comenzaba a teñirse de los cálidos tonos naranjas y rosados del atardecer, parecían una pintura suspendida en el tiempo, pero no lograban calmar el torbellino de pensamientos que me consumía. Cada respuesta que ella había dado parecía traer consigo una maraña aún más intrincada de preguntas.
Solté un largo suspiro, intentando liberar el peso que sentía en mi pecho, aunque fue en vano.
Finalmente, me levanté, mis pasos resonando suavemente en el sendero de piedra mientras me dirigía de regreso a mis aposentos. Mi mirada estaba perdida, enfocada en las sombras que se alargaban con la luz menguante del sol. Una suave brisa acariciaba mi rostro, pero apenas la notaba, mi mente seguía atrapada en todo lo que la Emperador Viuda me había contado.
“¿Reinhard y Henrietta se conocieron cuando eran niños? ¿ambos comparten un pasado juntos? ¿Que fue lo que sucedio cuando dijo que la vida los separo? ¿Que tuvo que suceder para que su Matrimonio se volviera de esta manera? ¿Por que Reinhard fue tachado de asesino? ¿De que la protegio? ¿Realmente se odiaban?” Las preguntas no dejaban de acumularse, y la frustración crecía en mi interior. Intentaba encontrar alguna conexión, algo que pudiera darle sentido a todo, pero mi mente seguía en blanco.
Estaba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta del camino frente a mí. De repente, tropecé con alguien. El impacto fue tan repentino que apenas tuve tiempo de reaccionar. Mis pies tropezaron con algo, y el suelo parecía acercarse rápidamente a mí. Pero, antes de que pudiera caer, unas manos firmes y gentiles me sostuvieron con rapidez.
La sensación de seguridad fue inmediata, y levanté la mirada, mi corazón latiendo con fuerza tanto por el susto como por la sorpresa de aquel inesperado encuentro.
—Disculpe, yo…— Mi voz apenas salió en un murmullo, mientras trataba de enfocarme en el rostro de la persona que me había evitado la caída.
—¿Está bien?— Escuche una voz profunda, serena, cargada de amabilidad y calma.
Levanté la mirada, me encontré con un hombre que irradiaba una presencia casi celestial. Su cabello rubio plateado caía en cascada con una gracia impresionante, y aunque sus ojos estaban ocultos por una fina venda blanca, no sentí frialdad ni juicio en su expresión. Más bien, su rostro, tan delicado y refinado, transmitía una paz que me dejó momentáneamente sin palabras.
—Ah, sí, estoy bien— Respondí rápidamente, tratando de ocultar mi vergüenza por el incidente. Me aparté un poco, alisando mi vestido con torpeza. —Gracias por ayudarme.
Él me dio una sonrisa, cálida y reconfortante.
—Por favor, tenga más cuidado la próxima vez— Su tono era tan amable que, lejos de sentirme regañada, sentí un extraño alivio en su consejo.
—Lo haré— Contesté con una pequeña inclinación de cabeza, agradecida y aún algo turbada por su presencia. Me quedé mirándolo por un breve instante más, notando los intrincados detalles dorados y púrpuras de su atuendo, que hablaban de su rango y devoción. Era como si estuviera en presencia de algo más allá de lo humano.
Sin decir más, di un paso atrás y continué mi camino, sintiendo que mi corazón aún latía con fuerza, aunque ya no sabía si era por el tropezón o por el inesperado encuentro con alguien tan peculiar.
Pov en Tercera Persona...
Henrietta continuó su camino con pasos apresurados, tratando de calmar la mezcla de nervios y vergüenza que aún sentía por el tropiezo. Sin embargo, el Sacerdote permaneció en el mismo lugar, observándola mientras su figura se alejaba lentamente. Sus labios esbozaron una leve sonrisa cuando finalmente la vio perderse entre los pasillos del palacio.
Levantó el rostro hacia los cielos, como si estuviera conversando con una fuerza superior, y en un murmullo sereno y enigmático, pronunció:
—Finalmente te he conocido, Alma Viajera...— Sonrió. —Me pregunto que historias tendrás para contarnos, estoy seguro de que Nuestras Señoras Erenthis y Renathis estan felices por que regresaras de tu viaje entre los mundos, quisiera hablar más contigo, pero eso ya será en otro momento...
Su sonrisa se amplió ligeramente, como si esas palabras guardaran un significado que solo él comprendía. Después de un breve instante, el Sacerdote giró sobre sus talones con un movimiento tranquilo y lleno de gracia, dirigiéndose hacia el lado opuesto, desapareciendo en el horizonte del palacio con la misma calma con la que había llegado.
CONTINUARÁ...
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Comments
Stefani Merino olguin
autora estas haciendo un magnífico trabajo con esta bella historia me fascina tu forma de escribir muchas gracias por crear esta maravillosa novela es un deleite saludos y muchas bendiciones para ti y tu brillante mente creativa EXITOS estaré esperando con ansias tu nuevo trabajo!!!
2024-11-29
1
Rebecca H
cysnta intriga caray.
deseo que se aclaren muchas cosas...
me está empezando a cansar esta lectura
2024-12-21
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Beatris Avalos
si hermosa historia con más preguntas que respuestas
2025-03-20
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