CAPÍTULO 17.
Un mes más y Sebastián estaba trabajando duramente en el restaurante para poder pagar el apartamento que había visto al regresar de sus vacaciones. Había arreglado con una persona que es cliente recurrente del restaurante y lo conocía muy bien, para que le permita pagarlo en partes. Soñaba, con que quizás, cuando Ángela regrese a su lado, ambos podrían formar su familia allí. Sebastián Ambrosi ya no era el heredero del magnate petrolero, ahora era un simple abogado que ni siquiera ejercía su profesión, trabajando en un restaurante e intentando rehacer su vida después de un accidente que lo destruyo.
Faltaban apenas unos días para navidad y si hace unos días la gente estaba emocionada, ahora lo estaban aún más. Todos corrían de un lado a otro buscando un perfecto árbol para decorar y colocar sus regalos debajo. Los niños corrían de un lado a otro mientras hacían muñecos de nieve. Algunas personas se desesperaban por buscar regalos para sus familias. Mientras que, en el restaurante, todo marchaba bien. La gente iba a menudo, sobre todo por las tardes, a merendar.
Cuando el restaurante comenzó a vaciarse un poco, Sebastián se giró en su puesto detrás del mostrador y, apoyando sus codos contra la mesa que se encontraba entre el mostrador y él, comenzó a leer un libro acerca de leyes que le fascinaba. La campana que avisaba la entrada de un nuevo cliente titilo, pero Sebastián estaba tan metido en su lectura que no lo oyó.
-¿Disculpe? -pregunto una voz femenina. ¿Es usted Sebastián Ambrosi?
-¿Qué necesita? -pregunto él, sin darse la vuelta.
-Quiero contratar sus servicios de abogado.
-Lo siento, hace tiempo no ejerzo la abogacía.
-Es una lástima. -Suspiro. -Es que quiero demandar a mi esposo. Él se separó de mí hace más de un año y desde entonces he deseado que regrese por mí. -Volvió a suspirar. -Pero aún no lo hace.
Sebastián suspiró.
-Los divorcios no son mi área. -Exclamo. -Además, le repito, ya no ejerzo la abogacía.
-Entonces, Sr. Ambrosi, ¿a quién debo llamar para que cumpla con su rol de esposo?
Sebastián frunció el ceño y se giró sobre sus talones para enfrentarse a la mujer que estaba allí. Al verla, se le heló la sangre. Ella estaba ahí, más hermosa y radiante que nunca. Lo observaba esperando una reacción de su parte. Ella tenía una linda y amplia sonrisa en su rostro. Las piernas de Sebastián se aflojaron.
-¿Qué haces aquí? -pregunto.
-Vine por ti. -exclamo ella.
Sebastián se dio la vuelta por esa barra que los separaba y se apresuró para acortar la distancia que lo separaba de ella. Él la abrazó con todas sus fuerzas. Rompió en llanto, derrumbándose completamente apoyado en sus hombros.
-¿Me recuerdas? -pregunto él.
-Claro que te recuerdo. -Dijo ella. -Eres mi esposo.
-¿Por qué viniste? -pregunto Sebastián.
-Durante este año yo… había perdido la memoria, ¿Sabes? Pero hace un tiempo, mi padre se había obsesionado con casarme con un chico de nuestro círculo social. Tanto así que hasta fue a sacar mi certificado de matrimonio, pero vaya sorpresa se llevó cuando en el registro le dijeron que estoy legalmente casada con Sebastián Ambrosi. Pase algún tiempo con Tom y Chris y… mis recuerdos fueron apareciendo uno a uno. En resumen.
Sebastián asintió.
-Debo decir que me decepciona un poco que no me buscaras durante este año. -Dijo ella.
-Fue un año muy difícil. -Dijo él, pasando su mano por su cabello, en señal de frustración. -Además, tuve que firmar un acuerdo con tu padre. No quería que te haga daño.
-¿Supiste que perdí un hijo?, ¿un hijo tuyo?
-Sí. -Dijo Sebastián. Se lo notaba afligido. Apenas hace un tiempo había podido volver a ver la luz del sol y aún, por más que no quisiera, seguía imaginándose siendo padre.
-Sebastián.
-Ángela.
Exclamaron ambos al mismo tiempo. Ambos sonrieron tímidamente.
-Tu primero. -exclamo Sebastián.
-Volví por ti. -Dijo ella. -Volví para recuperar lo que nos arrebataron. Y no me importa llegar hasta las últimas consecuencias. No pienso renunciar a ti. -exclamo ella. -Un año separados… Fue demasiado.
Sebastián sonrió.
-¿Me dejas llevarte a un lugar? -pregunto.
Ella asintió.
Sebastián tomó su mano y ambos comenzaron a caminar rumbo a su destino. El camino fue en completo silencio. El frío se hacía sentir, pero solo serían un par de cuadras y luego estarían resguardados.
Unas cuadras más y llegaron a una pequeña casa, rodeada por un pequeño patio y una linda cerca en color blanco. Su techo en forma de pendiente estaba cubierto por una gruesa capa de nieve. Se veía sencilla, tenía un pequeño porche en el cual había una hamaca de madera donde Sebastián había imaginado pasar las tardes sentado junto a su esposa.
-Llegamos. -exclamo él.
-¿Qué es este lugar? -pregunto Angela.
-¿No vas a pasar?, está comenzando a nevar -exclamo él, adelantándose mientras sacaba una llave de sus bolsillos.
Ángela sonrió y lo siguió hacia el interior de la casa. Si por fuera era bonita, por dentro lo era aún más.
Tenía una pequeña sala con un bonito juego de living frente a una pequeña chimenea, además de un televisor. Una pequeña barra dividía la sala con el comedor y más atrás había una puerta que Ángela, supuso, llevaba a la cocina. Unas escaleras llevaban a la planta alta en donde se ubicaban dos habitaciones lo suficiente espaciosas para vivir cómodamente.
-Es una casa muy bonita. -Observo ella.
-La compré para ti. -Dijo él. -Para ambos. -Se corrigió, avergonzado. -Para cuando tú… regresaras.
Este gesto a Ángela le pareció tierno. En su rostro se dibujó una pequeña sonrisa.
-Bueno, estoy aquí ahora. -Dijo ella.
-¿Eso quiere decir que me perdonas? -pregunto él.
-¿Perdonarte? -pregunto ella, confundida. -¿Por qué?
-Por no buscarte antes. Sé que debí ser fuerte y no rendirme… Luchar por ti.
-Shh. -Ángela no lo dejo continuar. -No te estoy reclamando nada, ¿sí?, creo que hiciste lo correcto. Además, para ti tampoco fue fácil, supe por Christopher que estuviste en depresión algunos meses y, realmente lo comprendo. -exclamo ella. -Además… Alguien me ha dicho que estuviste preguntando por mí.
-Spencer. -Sonrió él.
Ángela asintió.
-De verdad estoy feliz de estar de regreso. -exclamo ella. -Además, me alegra que hayamos tenido este año sabático.
Sebastián la observo confundido. ¿Acaso estaba feliz de haberse separado de él?, Ángela, al notar la expresión de su esposo, decidió aclarar sus dichos.
-Me refiero a que me alegra que hayamos podido darnos cuenta de la verdad. -exclamo. -Descubrí muchas cosas y también me sentía tan extraña… era como si una parte de mi alma faltará y ahora me doy cuenta de que eras tú quien me hacía falta. -exclamo ella. -Me alegra que hayas recargado fuerzas, porque ahora te necesito más fuerte que nunca. Tú y yo, Dr. Ambrosi, tenemos un caso penal muy importante para resolver… Tal vez el más importante de nuestras carreras. Entonces, ¿qué dices?
-Digo que estoy dispuesto a todo con tal de ser feliz junto a ti. -exclamo él, acortando la distancia que los separaba y besando aquellos labios que tanto lo enloquecían.
Esa noche, la alfombra de la sala y la chimenea encendida, fueron testigo de cuanto se habian extrañado.
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Comments
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que lindos al fin juntos como debió ser siempre
2024-10-09
0
MALÚ 2834
Si no sale esta noche de ahí embarazada,,,sería un milagro
2024-04-24
1
Lorena J
❤️🔥❤️🔥❤️🔥❤️🔥❤️🔥❤️🔥
2024-03-26
2