CAPITULO 9.

CAPÍTULO 9.

-Ángela. -exclamo él, borrando su sonrisa y cambiándola por una expresión de sorpresa.

-Thomas. -Dijo ella, con los ojos inundados en lágrimas.

Al escuchar aquellas palabras, Sebastián se paró de golpe. Se veía furioso, dolido, era difícil saber qué sentimientos tenía en su interior. Cuando Thomas lo vio, puso una expresión parecida. Ambos eran casi iguales, si no fuese porque se llevan tres años, cualquiera pensaría que son gemelos.

-¿Qué hacen aquí? -pregunto Thomas.

-Esa pregunta nos corresponde hacerla a nosotros, ¿no crees?

Thomas suspiró.

-Ingresen a la cocina. -Dijo Tom. -Y esperen ahí.

Ambos hicieron lo que el mayor de los Ambrosi les dijo y lo esperaron allí. Pasaron algunos minutos hasta que Tom, con la cabeza baja, ingreso.

-La cafetería cierra en quince minutos. Podremos estar tranquilos en ese entonces. -Dijo.

Ángela asintió, mientras que Sebastián no le quitaba la mirada de encima a su hermano. Transcurridos los quince minutos, Thomas se acercó lentamente a ellos.

-¿Quieren tomar un café o… algo? -pregunto.

-Solo quiero que hables. -Dijo Sebastián.

-No hay nada que decir. -exclamo Tom. -Hice lo que tenía que hacer.

-¿Esa es tu respuesta? -Preguntó Sebastián. -Durante dos años no hubo un día en el que no llore tu muerte. No tienes idea lo que fue para mí. -Exclamo, furioso. -Visitaba tu tumba diariamente, le lloraba a un puto ataúd vacío. Durante estos dos años, no ha pasado un día en que pueda dormir sin tomar pastillas, porque recordaba cada segundo de aquel accidente. La llamada, a papa y a mamá corriendo para ir a buscarte, las llamas, el cortejo fúnebre. Porque sí, Thomas, velamos un puto ataúd vacío porque se suponía que tu cuerpo ardió en llamas. ¿Tienes acaso una maldita idea de lo que se siente? No. Porque parece que Thomas Ambrosi tiene su puta vida resuelta en Canadá. -exclamo Sebastián, aún más enojado, al borde de las lágrimas. -¿Sabes una cosa, Thomas? Ya vi lo que quería ver. No tengo nada más que hacer aquí. -Dijo. -Ángela… Nos vamos.

-Espera. -Dijo ella. -Yo… Necesito saber si Christopher está vivo.

Thomas la observo a los ojos con tristeza y luego enfoco su vista detrás de ella.

-Cariño. -exclamo aquella voz masculina. -Cerraste temprano.

Sebastián y Ángela se dieron la vuelta para mirarlo. Christopher se sorprendió.

-¿Qué es esto?, ¿Qué hacen ustedes aquí? -exclamo.

-Supongo que eso responde a tu pregunta. -Exclamo Sebastián, viendo a la chica a su lado.

-Sí. -exclamo ella, al borde de las lágrimas. -Creo que es hora de irnos, no somos bienvenidos aquí.

Ella tomó la mano de Sebastián porque sentía que se caería en cualquier momento. Estaban a punto de salir, cuando la voz de Thomas los detuvo.

-Esperen. -Dijo. Ambos se giraron levemente en su dirección. -Nadie puede saber esto. -Exclamo Thomas.

Ninguno de los dos respondió nada, simplemente se fueron de aquel lugar. Lentamente, caminaron rumbo al hotel, tomados de la mano, apoyándose entre sí. Ambos metidos en sus pensamientos. Llegaron, por separado, a la conclusión de que a veces hay que dejar las cosas como están. No insistir cuando alguien se va. Tal vez las cosas no salieron como ellos querían, pero, al menos, podían seguir adelante. Ya no estarían con la duda.

Al llegar al hotel, Sebastián se derrumbó. Él se veía tan vulnerable ante ella. Se dio cuenta de que le confió lo más sensible, lo más profundo de su ser. Ella solo lo abrazaba y acariciaba su cabello, sentía que cualquier cosa que hiciera no sería suficiente para calmar su dolor.

Después de algunas horas, Sebastián reacciono.

-Mañana volveremos a Los Angeles. -Dijo. -Es en vano extender nuestra estadía.

-Está bien. -exclamo ella. -Arreglaré las maletas.

Sebastián asintió, se paró frente a la ventana y comenzó a ver para afuera. Luego se giró y observo a Ángela que permanecía de espaldas.

-Ángela. -exclamo él.

-¿Sí? -pregunto ella.

-Voy a dar la cara con tus padres por ti. -Dijo.

-¿De verdad lo dices? -pregunto ella.

-Claro que sí. -Dijo él. -Pero antes hablaré con mis padres.

Ambos sonrieron.

Al día siguiente, apenas despertaron, terminaron de guardar sus últimas pertenencias cuando la puerta de la habitación se escuchó golpear.

Ángela abrió la puerta con cautela, con temor de que, tal vez, hayan sido descubiertos por sus familias. Pero, al estar frente a frente con el culpable de los toquidos, se quedó pasmada.

-Thomas. -exclamo ella. Al oírla decir ese nombre, Sebastián se giró.

-Hola Ángela. -Dijo él. Después poso su vista en su hermano menor. -Sebastián…

-¿Qué quieres? -pregunto el chico, enojado.

-¿Podemos hablar? -pregunto.

Ángela se hizo a un lado para permitirle el paso. Sebastián se paró al otro lado de la habitación para escuchar lo que su hermano quería decir.

-Lamento lo que ocurrió ayer. -Dijo Thomas. -Me sorprendió verlos.

-Si eso es todo, puedes irte. -exclamo Sebastián, cruzándose de brazos.

-Yo… quiero explicar todo. -Dijo. -Pero… Quiero que me acompañen a mi casa, hablaremos… Los cuatro.

Ambos asintieron, aunque no demasiado convencidos, y luego, siguieron a Tom hasta su casa. Llevaron su equipaje, ya que, de todas formas, debían abandonar el hotel. Llegaron a una cabaña hecha con madera, ubicada a las afueras de Quebec, un bello lugar a orillas de un lago que permanecía congelado por la nieve. En el camino, Ángela pensaba en lo difícil que sería para Sebastián todo esto. Le sorprendió demasiado saber que él no podía dormir sin pastillas. Para ella también había sido difícil la muerte de Christopher, pero no se dio tiempo de caer en depresión, ya que estaba demasiado enfocada en sus estudios. Además, sus padres jamás le permitieron pensar en Chris más de lo necesario.

Los tres ingresaron a la cabaña en donde, los estaba esperando Christopher. Tomaron asiento y después de unos minutos, Thomas decidió hablar.

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Comments

Sonia Guzman

Sonia Guzman

no pero yo apoyo a los muchachos con esas familias tan peleonas además es la vida de ellos y están bien ese Sebastián tan mamón ahorita si le va a tocar vivir en carne propia

2024-02-12

1

Arminda Ovelar

Arminda Ovelar

la pérdida de un ser querido siempre duele y ellos se equivocaron al llegar al extremo de fingir su muerte para ser felices....fueron un poco egoístas en ese punto....

2024-02-09

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