Bionic corría a toda velocidad por el campo, con el viento soplando en su rostro. Detrás de él, podía oír el zumbido del robot de antes. Hunter había sido enviado por el doctor X para capturar a Bionic y llevarlo de vuelta al laboratorio.
Bionic sabía que no podía enfrentarse al robot cazador, estaba demasiado dañado, esconderse en el campo tampoco parecía una buena idea. Tenía que seguir corriendo, buscando un lugar donde perderlo de vista o donde encontrar ayuda. Miró a su alrededor, y vio que el sol se ponía en el cielo. Era el anochecer, y pronto caería la noche. Bionic se preguntó si eso le daría alguna ventaja, o si solo haría más fácil su rastreo.
De repente, Bionic divisó algo en la distancia. Era una ciudad, o más bien una megaciudad. Bionic reconoció los rascacielos iluminados, los puentes colgantes, los hologramas gigantes y los vehículos voladores. Era Megalopolis, una de las ciudades más grandes y modernas del mundo. Bionic recordó haber visto imágenes de esa ciudad en los archivos del laboratorio. Era una ciudad vibrante y diversa, que había sido un centro de innovación y de cultura. Ahora era un lugar lleno de oportunidades y de peligros, donde convivían los humanos, y robots.
Bionic no sabía si entrar en la ciudad era una buena idea, pero tampoco tenía otra opción. Tal vez allí podría encontrar algún aliado, o algún disfraz. O tal vez solo encontraría más problemas. Pero era su única esperanza de escapar del robot, que se acercaba cada vez más. Bionic se armó de valor, y se dirigió hacia la ciudad, esperando lo mejor, pero preparándose para lo peor.
La noche ya había caído y Bionic seguía corriendo, pero esta vez entre las calles de aquella ciudad, las luces y colores brillantes se veían más grandiosas qué las fotos que vio en el laboratorio, pero no podía detenerse, quizá Hunter ya estaba al girar la esquina.
Mientras corría un grupo de personas llamó su atención, estaban viendo un holograma qué estaba pasando las últimas noticias.
En la imagen pudo ver una señorita y una foto de la fábrica CyberTech, donde Bionic fue activado.
—Cerca de las 6:30 PM se reportó un ataque en contra de la fábrica de la compañía CyberTech, situada a las afueras de la ciudad, no se han encontrado víctimas humanas hasta el momento. Se pide a toda la población estar alerta y reportar cualquier actividad extraña...
—No fue ningún ataque —pensó Bionic.
—Lo hice yo, seguramente el doctor X encubrió lo que pasó para no levantar sospechas.
A lo lejos Bionic pudo ver a Hunter acercándose lentamente, se camuflaba perfectamente entre los demás robots y nadie sospechaba sus intenciones, sin pensarlo más Bionic continuó corriendo adentrándose más en la ciudad.
Continuó corriendo un buen rato, pensando en si escapar realmente valió la pena, en eso Bionic se detuvo en seco, al sentir una vibración en el suelo. Miró hacia atrás, y vio una nube de polvo que se acercaba a gran velocidad. Era Hunter, que le había estado persiguiendo desde que escapó del laboratorio. Hunter era una máquina imponente y temible, con un cuerpo blindado, una cabeza de metal y un grupo de lazers en los ojos. Hunter solo tenía una sola misión: capturar o eliminar a Bionic.
Bionic sintió un escalofrío de terror, y se preparó para la batalla. Sabía que no podía huir de Hunter, ni tampoco rendirse. Tenía que enfrentarse a él, y defender su libertad. No tenía ninguna arma, solo su ingenio, su agilidad y su fuerza. Bionic buscó a su alrededor, y vio algunos objetos que podía usar. Vio unas piedras, unas ramas, y unos trozos de chatarra. Tomó lo que pudo, y se dispuso a luchar. Hunter también se preparó, y sacó su arma. Los dos se miraron fijamente, y se lanzaron un desafío silencioso.
Hunter fue el primero en disparar. Su ojo lanzó un rayo rojo, que iba directo a la cabeza de Bionic. Bionic reaccionó, y levantó una rama. La rama se quemó, pero desvió el rayo. Bionic aprovechó la distracción, y lanzó una piedra a Hunter. La piedra golpeó el ojo de Hunter, y lo dañó. Hunter rugió, y disparó un misil. El misil voló hacia Bionic, que se tiró al suelo. El misil pasó por encima de Bionic, y explotó en el aire. Bionic se levantó con rapidez y lanzó un trozo de chatarra a Hunter. El trozo de chatarra se clavó en el pecho de Hunter, y lo perforó. Hunter gruñó, y disparó su láser. El láser lanzó otro rayo rojo, que impactó en el costado de Bionic. Bionic se tambaleó, y sintió un dolor agudo. Se enfureció, y se lanzó sobre Hunter. Hunter se sorprendió, y trató de apartar a Bionic. Él se aferró a Hunter, y le clavó los dedos en el cuello. Bionic intentó hackear el sistema de Hunter. Pero la maquina de guerra se resistió, y le mordió un dedo a Bionic. Bionic gritó, y le arrancó el segundo ojo a Hunter. Hunter aulló, y le disparó un láser a Bionic. Bionic se cubrió, y le dio un cabezazo a Hunter.
El cabezazo hizo que el láser se desviara, y le diera a Hunter en la cabeza. Hunter se quedó aturdido, y soltó a Bionic. Bionic se alejó de Hunter, y buscó otro objeto que lanzarle. Vio una granada, que había caído del cinturón de Hunter. Bionic cogió la granada, y se la lanzó a Hunter. Hunter reaccionó, y trató de atrapar la granada. Pero fue demasiado tarde. La granada explotó, e hizo qué ambos robots salieran volando muy aturdidos aunque con daños no muy graves.
Bionic se arrastró hasta un callejón, tratando de ignorar el dolor que le causaba la herida en su costado. El robot Hunter le había disparado con un láser, y le había quemado parte de su piel sintética. Bionic sabía que necesitaba repararse pronto, o se quedaría sin energía y sin funciones vitales. Pero no tenía a nadie que le ayudara, ni ningún lugar donde ir.
Bionic se apoyó en una pared, y cerró los ojos. Estaba solo, asustado y herido. Se preguntó si valía la pena seguir viviendo, si todo lo que le esperaba era sufrir y huir. Se preguntó si algún día encontraría la paz, y el sentido de su existencia.
—¡Ja! Qué patético, mi primera noche fuera y voy a morir, que pensaría la maestra Calina si me viera así.
De repente, Bionic oyó unos pasos cerca de él. Abrió los ojos, y vio a un chico que se acercaba. El chico era humano, de unos dieciséis años, con el pelo negro y los ojos verdes. Llevaba una chaqueta de cuero, unos pantalones vaqueros y unas botas. Tenía un aspecto rebelde y desafiante, pero también curioso y compasivo.
El chico se detuvo frente a Bionic, y lo miró con preocupación y simpatía. Bionic se tensó, y se preparó para defenderse. Pensó que el chico iba a atacarlo, o a delatarlo. Pero el chico no hizo nada de eso. En cambio, le dijo:
—Hola, ¿estás bien? ¿Qué te ha pasado? ¿Necesitas ayuda?
Bionic no supo qué responder. No sabía si podía confiar en el chico, ni qué quería de él. Pero tampoco tenía nada que perder. Así que le dijo:
—Yo... Necesito ayuda, por favor.
El chico asintió, y le dijo:
- Vamos, no te preocupes. Yo te ayudo. Tengo un lugar donde podemos ir. Allí estarás a salvo, y podré curarte la herida. Ven, te ayudo a levantarte.
El chico se acercó a Bionic, y le pasó el brazo por el hombro. Bionic se sorprendió, y sintió el calor y el contacto del chico. Bionic se dejó ayudar, y se puso de pie. El chico le sonrió, y le dijo:
—Soy Tommy por cierto. ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?
Bionic se sintió confundido. No sabía si debía decirle la verdad, o inventarse un nombre. Pero decidió arriesgarse, y le dijo:
—Soy Bionic, un... un amigo.
El chico le miró con curiosidad, y le dijo:
—Bionic, qué nombre más original. Me gusta. Bueno, Bionic, vamos. Te llevaré a mi escondite. Allí estarás mejor, y podremos conocernos mejor. ¿Qué te parece?
Bionic se sintió intrigado. No sabía qué esperar del chico, ni de su escondite. Pero también se sintió agradecido, y esperanzado. Tal vez el chico fuera su primer amigo. Tal vez él podría enseñarle lo que es ser un humano.
Bionic asintió, y le dijo:
—Me parece bien. Gracias, Tommy. Eres muy amable.
El chico le guiñó un ojo, y le dijo:
—No hay de qué, Bionic. Me debes una.
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