En la soledad de mi fría celda, lo único que podía hacer era permanecer sentada viendo los minutos pasar. Mi puerta seguía abierta, y pese a que habían venido a llevarse a los guardias inconscientes, nadie había intentado volver a ponerme los grilletes. Me sería muy fácil escapar, debido a que las únicas personas que tendrían una oportunidad de detenerme, ahora sienten un poco de lástima por mi condición, sin embargo, llevo meses pudiendo escapar en cualquier momento, y sin embargo, siempre volvía a hacerme la pregunta de ¿Qué caso tiene?
Con un largo suspiro, toqué la mancha oscura que crecía en mi abdomen, y la sentí inhumanamente fría.
No existe cura para mi enfermedad. No fue algo que haya contraído por medios humanos, es un castigo de origen divino por una supuesta blasfemia que cometí en un templo.
No importa lo que haga, la mancha solo seguirá creciendo, y el dolor solo se hará más insoportable. Nada asegura que mi maldición llegué al punto de ser letal, parece más un castigo para volverme loca u obligarme a cometer un suicidio, cosa que probablemente hubiera intentendo en un año o dos.
Mi tiempo de vida era limitado, y tampoco era una opción escapar para pasar mis días finales en un lugar tranquilo, porque no tenía tal.
Mis lindos cachorros me habían abandonado, muchos me odiaban abiertamente, pero veía en su odió una forma de hacerlo todo más interesante, por lo que nunca me importó. Sin embargo, aquellos que siempre fueron mis favoritos, y a los que les tenía algo similar al "cariño" fueron de los principales verdugos en el golpe de estado donde fui tomada prisionera.
No había nadie que me estuviera esperando, el pueblo me odiaba con razones más que suficientes, y no tenía un lugar a donde ir. Estaba sola en el mundo, y me lo merecía totalmente. Sentir pena por mi condición, era apiadarse de una Tirana que nunca dudó en deshacerse de un rival, conquistar por medios bélicos una nación que tenía algo que quería, y condenar a su pueblo a la pobreza y al hambre.
Fui una Tirana, la mayor que ha existido en la historia del continente. Porque cuando hacía algo, siempre buscaba ser la mejor, aunque no fuera en algo bueno. Todo lo que me pasa ahora me lo merezco, y pese a todo, aún tengo el cinismo de admitir que lo haría de nuevo más grande y mejor. Me divertí como nunca se ha divertido nadie en la vida, y goce de placeres y excesos que en antaño solo eran descritos en las historias mitológicas.
Riendo levemente. Me dije que soy un asco de persona, pero yo no pedí ser lo que soy, y nunca le vi sentido a luchar contra mi naturaleza.
Recordando los buenos tiempos. A la distancia escuche unos solitarios pasos que se acercaban con cautela. Por el sonido debía ser de una persona pequeña, y normalmente pensaría que es una chica de unos 16 o 17 años, pero sabía a quién le pertenecían esas pisadas, y no entendí a qué venía.
Con miedo, una pequeña cabeza rubia se asomó por el marco de la puerta, y al verme sentada y "libre" se apartó rápidamente.
Por un momento quiso irse corriendo por el pasillo, pero dando media vuelta regresó, y volvió a espiar con suma cautela.
— Sé que estás ahí mi pajarillo, puedes entrar sin el menor miedo.
Ante el sonido de mi voz, otra vez quiso salir corriendo, pero de nuevo, volvió a caminar por la puerta y ahora se dejó ver enteró.
— No te escapaste…
Declaró mi guardia casi tartamudeando.
Con una risa triste, di pequeños golpecitos con mi palma al suelo, justo a lado de donde yo estaba sentada, para invitarlo a que se sentará conmigo.
— Como le dije a tu Rey, fue un malentendido, nunca quise fugarme, perdón si te asusté.
Una vez más, lo dudo por un momento, pero con paso lento, me obedeció y se sentó en la forma típica de las doncellas, sobre sus propias piernas, y exponiendo sus muslos. Al verlo hacer algo tan tentador, levanté los hombros y me dije "qué importa ya" me quedan escasas horas de vida y no es momento para empezar a cambiar.
Cambiando mi postura, recosté mi cabeza en sus muslos, a lo que el chico soltó una especie de chillido muy quedó que me pareció adorable.
El chico estaba aterrado, pero yo estaba muy cómoda, por lo que creo que me voy a quedar así hasta que los guardias vengan por mi dentro de un par de horas.
Estando muy cómoda, me dije que no tenía sentido contenerme y que era mejor pedir el servicio completo.
— ¿Pajarillo me harías un favor?
— ¿Ehh?
Su rostro era un mar de nervios, pero tampoco estaba aplicando un ápice de fuerza, si él quería apartarme, podía hacerlo sin problema, sin embargo, no lo hacía.
— ¿Podrías acariciar mi cabeza?
Ante lo extraño de mi petición, él hizo una expresión extraña, y su mano se acercó a mí cabello, dudo en el último momento, pero después de un par de intentos más, empezó a rascar tiernamente mi cabeza con sus dedos delgados y delicados.
Cerrando los ojos, puse una sonrisa de satisfacción felina, y me acomodé mejor en su regazo.
Esto era justamente lo que necesitaba, ¿Cuál fue mi buena acción para ser recompensada en mis últimos minutos? Ser consentida por un chico tan lindo, era más de lo que una basura como yo merecía antes de su muerte.
El ambiente era idóneo, pero por ningún motivo en particular, la mancha había empezado a emitir grandes punzadas de dolor. Siempre me dolía, pero había ocasiones que por el transcurso de una hora o dos, empezaba a arder como metal al rojo vivo sobre mi piel. Sin embargo, no podía permitir que una estupidez tal, como una supuesta maldición impuesta por unos dioses inexistentes, me arruinaran mi tiempo de caridad con mi pajarillo.
Apretando los dientes, me concentré para hacer remitir la mancha oscura y calmar el dolor. Durante mucho tiempo, antes de ser capturada, utilice este método para que nadie notará la extraña mancha que crecía en mi vientre. Hacerlo tenía sus desventajas, como que al detener el esfuerzo, hiciera que la mancha creciera de golpe y me causará un dolor agónico capaz incluso de hacerme caer al suelo. Pero no podía permitir que nadie, ni siquiera mis cachorros supieran que estaba enferma. Como ya dije, muchos me odiaban y si se llegarán a enterar de mi enfermedad, empezarían a tenerme lástima, y odio la lastima.
Prefiero un millón de veces que la gente me odié pero me respete, a que me quieran por lastima.
Mi expresión de esfuerzo debió ser demasiado obvia, ya que de repente el chico detuvo su mano, y dijo con tono preocupado.
— ¿La lastimé acaso?
Abriendo levemente los ojos, lo vi directamente a sus bonitos ojos azules, y levantando la mano para acariciar su cabeza, respondí.
— No mi pajarillo, ¿Podrías continuar? Estaba teniendo un mal recuerdo, eso es todo.
Una vez más, con cautela su mano empezó a moverse lentamente, y volví a cerrar los ojos temiendo quedarme dormida.
Por favor. ¿No podrían terminar mi vida en este preciso momento? Si los guardias vienen a buscarme, estoy segura que lucharé con uñas y dientes con tal de que este momento no termine.
— Me llamo Lucca, no pajarillo.
Soltó mi lindo pajarillo casi tartamudeando y con miedo de decir esas palabras.
— Pajarillo me gusta más. Me recuerdas a unas preciosas aves que viven migrando por todo el mundo, y solo vienen al contiene una vez cada diez años más o menos. Son pequeños y muy asustadizos, y tienen un hermoso plumaje dorado con unos tiernos zafiros por ojos.
Pensando en cómo yo había talado el bosque en el que mis pajarillos llegaban a reposar, sonreí tristemente y continúe.
— Los vi cuando era niña, pero desde que asumí el trono, los pajarillos no han regresado. Siempre quise volver a verlos, y estoy feliz de haberlo hecho.
— No soy un ave…
Replicó mi pajarillo con tono enojado y aún sin verlo, sabía que debía estar inflando sus mejillas en un puchero.
— Cierto, eres más lindo que un pajarillo. ¿Sabes que nunca supe cómo se llamaba la especie? Alguien debió haberme lo dicho en algún momento, pero tiendo a ignorar todo aquello que no me interesa. De niña los llamé pajarillos, y así los he llamado toda la vida. Pues bueno, si siguiera siendo la emperatriz, declararía que a partir de este momento, su nombre pasa a ser Lucca.
Después de toda mi explicación que solo tenía como objetivo molestarlo, y obligarlo a que vuelva a hacer un puchero, él respondió con gesto triste.
— Y tampoco soy lindo…
— Mi pajarillo, eres adorable, ¿Quién se atrevió a decir lo contrario? Dime su nombre y le arrancaré los ojos como último acto antes de ser ejecutada.
— Yo no quiero ser adorable o lindo. Siempre me han molestado por eso. Soy muy pequeño y delgado para tomar trabajos extenuantes, y por 6 años estuve fracasando en una veintena de lugares hasta que conseguí trabajo en la prisión sirviendo comida a los reos femeninos.
Su historia me hizo sonar una alarma en mi cabeza, y abrí los ojos por la impresión.
— ¿6 años? ¿Tus padres te obligan a trabajar desde tan joven? Se que hice muchas cosas malas, pero tenía terminantemente prohibido el trabajo infantil. ¿Cómo es que es posible que tú…?
— ¡Que no soy un niño! ¡¡Hace meses cumplí 24 años!!
Gritó mi pajarillo con un verdadero enojo en su voz y llenando se una adorable furia su expresión.
Sonriendo, volví a cerrar los ojos, y procedí a disculparme a medias.
— Lo siento si te he ofendido. Pero veo por tu reacción que no soy la primera que mal interpreta tu edad. ¿Podrías continuar acariciando mi cabeza por favor?
Con un largo suspiro, mi pajarillo continuó con la tarea que nadie lo obligaba a hacer, pero que era excelente en ella.
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Comments
Cruz Mejia
pues tanto miedo no le tiene como para estar ahí haciéndole piojito 😅
2024-01-31
1
Elizabeth Sánchez Herrera
más ➕ capítulos
2023-11-13
1