Bebiendo una copa de excelente vino, le daba una mordida a una rebanada de pastel de crema y frutos rojos. Todo mi almuerzo estuvo simplemente delicioso, pero me lamentaba no haber tenido algo de música, o un poco de entretenimiento. Soy de las personas que no les gusta comer sola o en silencio, y haber permanecido en completa soledad durante mi última comida, me daba un regusto amargo que sería un fastidió llevarme al otro mundo.
El rico pastel desapareció en mi boca y relamiendo la crema que había quedado en mis labios, escuche otra comitiva acercándose. Sin embargo, a diferencia de las primeras, está se escuchaba diferente.
En primer lugar, no corrían, caminaban despacio y por el eco de las pisadas me imaginé que debían ser al menos unos 6, también eran mucho más pesados, y había cierto sonido de metal contra metal recorriendo el pasillo que me hizo saber que debían llevar armaduras muy pesadas.
— la guardia de élite.
Dije entre dientes mientras me servía las últimas gotas de vino en mi copa, y las bebía disfrutando su suave y afrutado sabor.
Una especie de coloso cuya cabeza no era visible debido al marco de la puerta, tuvo que agacharse para poder entrar con extrema dificultad. Vestía una armadura de placas negras y debía medir al menos 2 metros y medio. Había tenido mis encuentros con el grandote en un par de oportunidades y siempre habían terminado en empate por razones ajenas a nuestro control.
Después de que el gigante cruzara la puerta, otras dos figuras más pequeñas, que eran casi risibles en comparación de su compañero, entraron a mi celda, y aún pese a su tamaño, tampoco era cuestión de subestimar los, ambas llevaban armaduras azul celeste brillante, y se movían casi al unísono como si una fuera en reflejo de la otra. Cosa que podría ser verdad, de no ser porque habían algunas diferencias en los adornos de cada armadura, y si prestas la superficie atención, notarias que una de tiene rasgos más femeninos que la otra.
Otra figura alta, pero de un brillante dorado entró después de los gemelos, está era casi tan alta como el caballero de negro, pero era mucho más delgada, y su armadura parecía más flexible y menos pesada que la de sus compañeros.
Al final, pero no menos importante, una figura de un rojo carmesí hizo acto de presencia, está era la única que no tenía un yelmo cubriendo su rostro, dejando ver a una bella mujer más cerca de los treinta que a los veinte, con un par de cicatrices adornando su rostro, y un cabello pelirrojo cortado al estilo militar.
El grupo que trajeron podría poner nervioso a cualquiera, pero yo estaba más concentrada en terminar mi pastel de queso y chocolate. Mi hermano se había superado a sí mismo, está era una edición especial que solo era vendida 3 veces al año, y la lista de pedidos no te daba turno en al menos una década.
Finalmente, cuando los soldaditos arcoiris, como yo les llamaba de cariño, terminaron de formarse. Hicieron una reverencia inclinando una rodilla al suelo para dar paso a una persona importante.
A mí fría y oscura celda había entrado un hombre de porte importante, vestía ropa cara y a la medida, con una gruesa capa de terciopelo rojo en su espalda. Muchas pequeñas medallas colgaban de su pecho, pese que técnicamente no había hecho nada para ganar ninguna. Era alto, aunque yo siempre fui un par de centímetros más, sus cabellos negro era del mismo tono que el mío. Sus ojos de verde esmeralda se fijaron en los míos que eran su reflejo exacto. Y haciendo una mueca de disgusto, desvió la mirada mientras contemplaba a una veintena de guardias que yacían tirados en cualquier lugar de mi celda.
Levantando mi tenedor, y con la boca todavía llena de pastel, lo saludé.
— Buenos días hermanito, quería agradecerte por la atenciones que has tenido conmigo, la comida estuvo simplemente deliciosa.
Volviendo a centrar su atención en mí, me miró directamente a los ojos, cosa que agradecí porque era la única persona que aún tenía el valor de hacerlo, y declaró con gesto enojado.
— ¿Así es como me pagas? ¿Después de todo lo que tuve que hacer para preparar tu último capricho así me lo pagás? ¿Organizando un motín?
— Ohh, no, no, no, te prometo que fue un malentendido, yo nunca quise fugarme. Simplemente quería que me retiraran los grilletes de las manos para poder comer a gusto. Luego las cosas se complicaron y una cosa llevó a la otra, y como el sonido de la campana de alerta me lastimaba los oídos, tuve que "silenciar" a los guardias para que dejaran de hacer un escándalo. Pero como puedes ver, después de asegurarme de que ningún reo escapara, he vuelto a mi celda a terminar mi comida como la buena niña que soy.
Mi querido hermano no sabía qué hacer mientras daba un par vueltas en círculos alrededor de mi celda, y como lo veía de tan buen humor decidí tentar a mi suerte con una petición final.
— Oye Reggan, ya que estás cumpliendo los caprichos finales de tu querida hermanita, ¿Te importaría dejarme a solas con tus amigos negro y amarillo por una hora o quizás dos? Quiero un poco de "ejercicio" antes de partir de este mundo. Si sabes a lo que me refiero.
Una leve mirada de desconcierto se asomó en su rostro mientras empezaba a ponerse rojo al entender mi pedido, y mirando a los "grandes y fuertes" caballeros reales, les dedique una sonrisa pícara.
— ¿Qué me dicen muchachos? Ayudarían a una moribunda a cumplir su último deseo.
El alto caballero negro permaneció completamente estoico como si fuera una estatua, por su parte, el cabello dorado, aún con el yelmo en su cabeza, por su lenguaje corporal, fue incapaz de reprimir una expresión de asco. Ambos habían rechazado mi petición, pero uno de los caballeros azules estaba levantando la mano y dando un paso adelante, cuando su hermana lo sujetó por el hombro y lo obligó a volver a su puesto.
Decepcionada, volví la atención a mí pequeño hermano que había pasado de la vergüenza a su bien ensayada expresión estoica de un Rey.
— Ryana, ¿Por qué haces esto?
— Ehh, bueno pequeño Reggan, una mujer tiene sus necesidades, ya lo deberías de saber, tengo entendido que la preciosa Yen está embarazada, y esperan su primer heredero.
Sin alterar su expresión estoica, el hizo caso omiso a mi comentario y repitió su pregunta.
— ¿Por qué haces esto? Responde por favor. No podré vivir tranquilo el resto de mi vida si no entiendo que te llevo a hacer lo hiciste. ¿Sufrias algún abusó? ¿Tenías miedo que yo te quitará la corona? ¿Eras acosada en la corte por tu posición de mujer? Responde por favor, debió haber un motivo, algo que no supe ver y de lo que pueda pasar mi vida arrepintiéndome. Algo debí haber hecho mal y de ahí la razón del porqué tú…
Arrojándole una cereza, que estaba guardando, a la cara, le di directamente en medio de los ojos y todos los caballeros llevaron sus manos a sus empuñaduras. Desconcertado, él me miró con duda y yo le devolví una expresión de desprecio.
— Gran Rey serás si sigues cargando culpas que no son tuyas, o si continúas pensando que eres el centro del universo y tu intervención es crucial para alterar el flujo de la historia. ¿Si sufrí algún abusó? Por favor, crecimos juntos con apenas tres años de diferencia y bien sabes que jamás hubo nada que se me negará o que no estuviera al alcance de mi mano. ¿Si tenía miedo que me arrebatarás el trono? Por favor, soy la prodigio más grande que ha dado el reino en toda su historia, a mi nacimiento los eruditos proferían que una mujer como yo solo llega una vez cada milenio. Solo el destino o la intervención de unos dioses en los que no creo, podrian quitarme el trono que era mío desde el momento en que llegue al mundo. ¿Y si hubieron quejas de mi condición de mujer? Pocas sobreviven a un duelo de espada o una noche a solas en una recámara iluminada solo por un par de velas. Supe convertir a mis enemigos en aliados, y mis aliados en mis perros. Pensar que tú pudiste ayudarme o intervenir es señal de una arrogancia sin precedentes hermanito.
Con una señal, Reggan le dijo a sus caballeros que guarden sus armas, y mirándome fijamente, repitió su pregunta por tercera vez.
— ¿Entonces por qué? ¿Dime qué te llevó actuar como lo hiciste? ¿Como la reina prometida por los cielos, se convirtió en la mayor Tirana de la historia?
Rascandome la cabeza, y sintiéndome un poco avergonzada de mi actuar, confesé la verdadera razón de mis crímenes contra la humanidad.
— ¿te soy sincera? La verdad no hay un motivo profundo o un plan elaborado, simplemente hice lo que hice cuando iba teniendo una necesidad. La arrogancia es uno de mis defectos, eso lo reconozco, y me gustaba que en cada ciudad hubiera una enorme estatua mía para conmemorar mi belleza y poder. El mármol siempre me pareció frío y sin color, por lo que preferí que cada estatua estuviera hecha de oro macizo con dos esmeraldas para mis ojos, y como el oro del reino era insuficiente, me puse a la tarea a conquistar cada país famoso por sus minas, pero mientras más ciudades su sumaban a mis dominios, más estatuas se tenían que construir por lo que era una tarea insostenible. Luego tenía palacios enteros llenos de mis preciosos "cachorros" que fui reuniendo con los años. Algunos ofrecidos por países que querían evitar mi ira, otros que subía a mi carruaje porque me parecían lindos. Esos pequeños también tenían sus necesidades, y yo no tenía el corazón para rechazar sus propuestas. Muchos extrañaban el bosque o el mar de su tierra natal, por lo que me veía en la obligación de construir una playa o una arboleda artificial con elementos traídos de sus tierras de origen. Todos esos proyectos saqueaban la tesorería del imperio, y me veía obligada a crear un nuevo impuesto para compensar la pérdida. En pos de rellenar un agujero, tenía que cavar 3 más, y luego tenía que hacer 9 para arreglar los 3 anteriores, y de ahí 27 y 81. Sabía que había creado una burbuja que tarde o temprano iba a explorar, pero nunca creí que sería traicionada antes de ver la explosión. Por eso te recomiendo que le des una revisada o dos a los fondos de la tesorería, pero creo que para estas alturas, la crisis económica debe ser una realidad.
Durante mi explicación, ya sea mi sinceridad o cinismo, estaban tiñendo rojo de irá el rostro de mi hermano. Al terminar, este estuvo a dos palmos de darme un golpe con el dorso de su mano, pero se detuvo en el último momento.
Tragando su irá, me dio la espalda mientras buscaba una "justificación".
— Nadie te detuvo, no es enteramente tu culpa como también lo es de quienes se callaron.
— Permanecieron callados porque yo les corté la lengua. No entiendo tu manía de quitarme el crédito de mis acciones.
Una vez más, Reggan estuvo apunto de gritar, pero en el momento final se quedó callado y dio un largo suspiro.
— Tu ejecución está planeada al medio día. ¿Vas a oponer residencia? O ¿aceptaras el peso de tus crímenes?
Pensándolo un momento, me senté en el suelo de piedra, y medité mi respuesta. No tengo intenciones de resistirme, sin embargo…
— No opondré residencia hermanito. Pero te pido que no me vuelvan a colocar los grilletes, puedo liberarme de ellos sin problema, y son bastante molestos. Entiendo que debo usarlos para que la gente se sienta más segura en mi presencia, pero mis pobres muñecas están llenas de llagas. ¿Puedo permanecer así un rato más? Te prometo que me dejaré volver a esposar cuando me lleven al cadalso.
Dando un pesado suspiro, Bruno asintió.
— Ahora, dime ¿Te arrepientes de tus crímenes, no es verdad?
Cruzando los brazos, y sabiendo que esto lo iba a enojar, solo suspiré y dije.
— En absoluto, es más, si tuviera una segunda oportunidad haría lo mismo de nuevo, solo que tal vez sería un poco más discreta, pero me conozco lo suficiente como para no confiar en mí autocontrol.
Por primera vez en toda nuestra conversación, Reggan perdió el control y levantó el tono de su voz.
— ¿¡Qué!? ¿Cómo no te puedes sentir arrepentida? ¿No aceptas la ejecución por el remordimiento de tus crímenes?
Con una sonrisa en mis labios, solté una leve risa melancólica. Acto seguido, levanté mi destartalada camisa de paño, hasta la altura de mi cuello revelando así mi torso.
Ante lo que había hecho, todos con la única excepción del cabello de negro, dieron un paso atrás, no porque les sorprendiera mi acto de exhibicionismo, si no por lo que había revelado.
Una gran mancha de color negro devoraba todo mi estómago, subía por mi seno izquierdo, y llegaba casi a la altura de mi cuello. Una extraña luz emanaba de la mancha que lejos de ser inerte, parecía moverse y reptar como un millar de pequeños gusanos. La extraña mancha estaba viva y si la mirabas fijamente, parecía estar creciendo, cosa que no era falsa, ya que lo hacía todos los días.
Ante el ambiente tan tenso que se había generado, sin haber perdido mi sonrisa declaré.
— Estoy muriendo hermanito. Tus dioses me han maldecido hace mucho, y puedes agradecerles en una oración que te hayan dejado ser Rey, que sin su intervención, nada ni nadie me hubiera arrebatado el trono. Esta maldición que me han puesto me roba las fuerzas y me produce un dolor indescriptible que ni los narcóticos más fuertes pueden aliviar. Desde hace mucho que anhelo la muerte, pero tengo demasiado amor propio para terminar mi propia vida. Así que ¿Porque huiría de algo que llevo meses esperando? Nadie anhela mi ejecución más que yo misma.
El rostro estoico de mi hermano, se destruyó en una mirada de lástima y pesar, levantando la mano, dio un par de pasos con intención de ayudarme, pero negando levemente la cabeza lo rechace.
— No sientas lastima por una criminal. Lastime muchas geste, devaste pueblos, y aplaste civilizaciones enteras. Todo para satisfacer mi arrogancia y mi lujuria. ¿Me arrepiento? Arrepentirme no redime mis actos, y si mi muerte puede dar algo de alivio a las víctimas, pues que así sea. Un castigo ideal, sería que me encerraran en la mazmorra más profunda donde ni siquiera yo pueda escapar, así me pudriría con mi maldición y pasaría los últimos instantes de mi vida sumida en la más desesperante agonía. Sin embargo, ¿Me permites apelar a tu conocido buen corazón, y darme una muerte rápida e indolora?
Bajando la mano, Reggan puso una expresión difícil de describir, se acomodó la capa, y dando media vuelta declaró.
— Tu ejecución será a medio día, dos de mis caballeros reales vendrán a buscarte.
Sin más que decir, se disponía a salir, pero riendo repliqué lo suficientemente alto como para que pueda escucharme.
— Eres muy amable hermanito, quizás demasiado, si los papeles estuvieran invertidos, no dudes que yo te dejaría pudrirte en una celda.
Mirando de reojo, el apenas volteó su cabeza antes de continuar caminando.
— Ya. Es una suerte que yo no soy como tú.
Al salir de mi celda, sus caballeros los siguieron y ni siquiera se molestaron en volver a cerrar la puerta. Acomodando mi ropa, estiré mi mano para tomar un pequeño pastel que había decidido guardar para el final.
A diferencia de las rebanadas individuales, este era el único que estaba completo, aunque era bastante pequeño. Estaba hecho de crema batida, y mermelada de moras, que eran mis frutas favoritas. Solo con verlo por primera vez, una sensación de tristeza y nostalgia me invadió.
Cuando éramos niños, en mis cumpleaños, Reggan no sabía qué regalarme. No había nada que quisiera, que él sea capaz de obtener, y cuando se acercaba esa fecha siempre era un pesar nervioso al ver la inmensa pila de regalos que él no podía igualar. Entonces, a los 10 años me regaló un pequeño pastel de crema batida y mermelada de moras que él mismo había preparado, y desde ese entonces, en cada cumpleaños me daba el mismo regalo, solo que más grande y mejor elaborado.
Tomando el pequeño pastel entre mis manos, con mi tenedor corte un trozo y me lo lleve a la boca.
Un par de lágrimas que claramente no podían provenir de mí, cayeron de mi rostro y casi arruinan el pastel, y cortando un trozo más, no pude evitar decir en voz.
— Sigues siendo un repostero terrible.
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Comments
Barbarasl73 🇨🇱
no era Reagan?
2024-08-29
0
Barbarasl73 🇨🇱
resistencia ✔️✔️
2024-08-29
0
Barbarasl73 🇨🇱
resistencia ✔️
2024-08-29
0