Quince

Lía llegó a la casa el domingo en la noche, pasó todo el camino rezando para que él no estuviera esperándola, no quería encontrarlo y cabía la posibilidad de que el hombre estuviera por allí,  aquella era su casa y podía estar donde él quisiera, pero ella no podía verlo tan pronto, no hasta que calmara lo que estaba dando vueltas dentro de ella desde que lo tuvo tan cerca y al parecer Dios la había escuchado, pues todo estaba como siempre que regresaba después de su fin de semana fuera de la casa, o eso pensaba ella, porque desde la oscuridad, sin hacer el menor de los sonidos estaba Massimo, esperando para verla y muriendo de deseos de pegarse a su espalda y susurrarle cuanto la necesitó y cuanto quiso tenerla entre sus brazos desde que pudo acercarse por fin a ella el día anterior.

Y aquellos dos fueron a sus respectivas habitaciones, en la que ninguno iba a dormir de la manera adecuada, una por no querer sentir lo que estaba sintiendo y que veía como una traición a lo que la había resguardado casi toda su vida y el otro por no encontrar una explicación coherente a sus deseos y a la necesidad de tener a la chica a su lado.

Fue una noche muy larga, pero como todas siempre da paso a un nuevo día, y como siempre Lía fue a la cocina antes de las seis.

- Buenos días- escuchó cuando encendió las luces y si llega a tener algo en la mano se lo habría lanzado a la persona que le habló.

- Dios señor Costa ¿Quiere matarme?- él pensó que sí, que en aquel momento la quería matar, pero no precisamente de un susto, quería verla morir de deseo, en su cama, gimiendo junto a él, pero contuvo todo aquello para si mismo.

- ¿Cómo me llamaste Lía?- le dijo obviando que ella ni siquiera le había contestado el saludo de buenos días y la chica se puso tensa de pensar que él pudiera acercarse otra vez y hablarle al oído.

- Perdón, Massimo. - contestó con temor.

- No pidas perdón Lía, solamente no lo olvides, me gusta como se oye mi nombre en tu boca.- se atrevió a hacer un comentario con un sentido que de inocente no tenía nada.

- Por favor, no diga esas cosas.- le pidió ella roja como tomate.

- ¿Por qué? Eso es lo que siento, solamente soy sincero contigo.- y para ese entonces ya había pasado lo que más Lía temía, el hombre estaba parado frente a ella e impregnaba el cuello de la chica con su aliento mientras hablaba- ¿ No te gusta la gente sincera Lía?- y a ella le pareció que su nombre no lo había dicho como otras veces.

- Sí- le contestó sin moverse.

- ¿Sí qué? Habla- le dijo como si estuviera ordenándole.

- Sí me gusta la gente sincera.

- Ves, no era tan difícil de decir.- y separó sus labios del costado de su cuello, el que no había tocado a no ser con el aire que salía de su boca- ¿Vas a hacer tortitas?- le preguntó como si nada hubiera hecho por volverla loca hacía un momento y ella tuvo que mover la cabeza para salir de su ensoñación.

- Creo que sí- le contestó todavía confundida.

- Que bueno, me gustan mucho, tienes unas manos que me hacen sentir muchas cosas y nunca me has tocado- y se giró para irse de la cocina- Vendré más tarde a comerlas, muchas gracias.- y salió de allí sabiendo que su plan estaba surtiendo efecto,  que por suerte ella lo único que necesitaba en su vida era un hombre que supiera descolocarla y sacarla de su espacio justo y no intentar violentarla como había pensado hacer al principio, y él lo había descubierto al ver como se puso el sábado en su consulta, para pesar de la chica.

El día no había comenzado bien, ella tuvo que ponerse agua en la cara para poder centrarse en lo que haría en la cocina y estar más de diez minutos con la frente pegada a la mesa repitiéndose una y otra vez "tómate un descanso, tómate un descanso " hasta que pudo ordenar nuevamente su cabeza,  le parecía que era el momento justo para salir huyendo de aquel sitio hacia el mundo tranquilo y tradicional en el que siempre había vivido, pero no sabía porqué seguía allí, sin moverse y sin correr con todas sus fuerzas tan lejos como pudiera de aquel hombre.

Sin embargo Massimo subió a su habitación muy contento, para el hombre el día había comenzado más que bien, con él proclamándose vencedor sobre la fortaleza de la chica y haciendo temblar su voto de castidad, que para él solamente significaba un reto más. Se sentía bien, estaba feliz, tanto que hizo algo que ya ni recordaba cuando había sido la última vez que lo hizo, se lanzó sobre su cama otra vez y se durmió sin demorar mucho.

Un rato más tarde Lía ya había regresado a su habitación,  terminó en la cocina a duras penas, le había pedido a Dios que todo lo que preparó fuera comestible, hubo momentos en los que despertó de sus pensamientos con ingredientes en las manos que nada tenían que ver con lo que estaba preparando y ahora estaba allí, debajo de la ducha de su baño y dando gracias de que este fuera solamente para ella y no haber tenido que esperar para meterse bajo el agua fría.

Y sin darse cuenta sus manos estaban acariciando su cuello, allí donde casi habían estado los labios del hombre, y esa fue la primera vez en su vida que tomó conciencia de su desnudez y de su deseo y del cuello las manos bajaron hasta los senos y los acariciaron con descaro y de allí hasta su vientre. Pero en ese momento tuvo la suficiente claridad de darse cuenta de lo que estaba haciendo y se detuvo.¿Acaso se estaba volviendo loca? Ella tenía veintitrés años y nunca había sentido necesidad de sexo o de tocarse, eso no era para ella.¿O sí? Ya ni sabía, de lo que sí estaba segura era que aquello era una prueba, una que Dios había puesto en su camino y que ella la iba a enfrentar, si él no hubiera estado seguro de que ella saldría triunfadora no la habría puesto de frente a la tentación, ella era fuerte, siempre lo había sido y Massimo no era el primer hombre guapo que aparecía en su vida y en sus sueños.

- No te engañes Lía, en tus sueños nunca hubo un hombre, ni guapo ni feo, este es el primero.- le habló el pequeño demonio que todos llevamos sentado en el hombro izquierdo.

- No hagas caso, ya verás como salimos de esta sin un rasguño, él no podrá con nosotras. - ahora habló su angelito del hombro derecho.

- Dios mío,  este hombre me está volviendo loca.- se dijo a si misma y salió de la ducha y se envolvió en una toalla.

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Comments

Valentina Rocha

Valentina Rocha

eres el diablo Massimo!

2024-04-14

6

Momys.rub

Momys.rub

Manaaaaaqq Noooooi!!!
Iraaaaaa, mejor date baños de agua fría y tírale un baldazo al cabron de Maxi!!!!
No le des gusto jum!!

2024-01-12

3

Yenyfer Ospino

Yenyfer Ospino

A ver quien sale perdiendo en este juego Massimo yo creo que serás tú

2023-11-01

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