Lía se había quedado en su consulta descolocada y pensando en qué fue lo que le sucedió que tembló de aquella manera cuando Massimo se le acercó y le habló al oído, tuvo que estar un buen rato controlando el sonido desbocado de su corazón, nunca nadie la había hecho salir de su zona de confort, ni siquiera aquel patán que hizo de todo para enamorarla cuando empezó en la escuela de medicina y que lo único que quería era llevársela a la cama para así tener un control sobre ella y su dinero, nadie la había hecho sentir nerviosa con su aliento calentando su oído o con la vibración de su voz cosquilleando en el lóbulo de su oreja, nadie la había hecho pensar nunca en la vida que no había vivido y que iba a dejar a un lado para siempre en unos meses, ni le había hecho cuestionarse si sería capaz de vivir así por el resto de sus días.
- Vaya, que buen humor traes.- le dijo Alessio al ver a su amigo y jefe entrar en la casa silbando una canción- ¿Por dónde andabas? Cuando desperté ya te habías ido y no has contestado mis llamadas.
- Lo siento, tenía algo que hacer y puse el teléfono en silencio porque sabía que me ibas a interrumpir.- le aclaró pero lo que hizo en realidad fue dejar más dudas en el hombre.
- Ese algo estoy seguro de que entra en la categoría de muy bueno, porque hace mucho que no te veía sonreír tanto.
- Alessio déjalo, no voy a decirte donde estaba, así que no intentes hacerme hablar.- Massimo sabía perfectamente lo que se jugaba si su amigo se enteraba de lo que estaba intentando hacer, así que lo mejor era mantener todo en secreto el mayor tiempo posible hasta que se diera cuenta por sí solo, y para ese entonces él confiaba en que ya tuviera la batalla a medio ganar.
- Bien, allá tú, solo espero que no sea ninguna locura.- y lo vio sonreír aún más- Massimo tú tienes treinta y seis años y un hijo, lo recuerdas verdad, no sé porqué me parece que regresaste a los diecinueve.
- No es para tanto- se quejó- ¿Te preocupa mucho verme feliz?- Alessio asintió- Digamos que el plan que tengo sobre ciertos asuntos promete bastante, va saliendo bien y si sigue así no demorará mucho en tener un buen final.
- No quiero saber de tu plan si voy a salir mal parado de él, y por lo que noto no es de trabajo o yo ya lo sabría, así que es mejor mantenerme al margen.
- Como quieras.- le dijo sonriendo y siguió de largo a la cocina, sabía que habían tortitas y quería las que le correspondían a él. - Hola mi príncipe- le dijo al pequeño Dante que estaba junto a Bea y le dio un beso lleno de alegría al niño.
- Que bueno que llegas, necesito ayuda, no me gusta que Dante esté aquí mientras cocino, a ver para cuando Alessio logra encontrar una nueva niñera, y por favor no te la comas esta vez y así evitamos muchos problemas.- Bea parecía querer tener más de dos manos mientras hacía las cosas.
- ¿Papá se come a las niñeras?¿Por eso no tengo? - preguntó el inocente niño y el padre comenzó a reír mientras que Bea quería explotar.
- No mi amor, no hagas caso a lo que yo digo, tú papá no se come a nadie, pero yo sí me lo comeré a él si se vuelve a portar mal.
- ¿Y me quedaré sin papá?- volvió a preguntar el niño con un puchero.
- Jajajajajaja- siguió riendo el padre- Déjalo Bea, cada vez lo empeoras más, Bea no se comerá a nadie porque no tiene tanta hambre, entendido campeón.- le dijo al niño besando la punta de su nariz- Y ahora vamos a dar un paseo hasta que esté la cena.- y siguió con el pequeño en los brazos para salir de la casa.
El resto del sábado pasó sin que el hombre intentara tener algún contacto con la chica y el domingo llego para que comenzara desde temprano a pensar en ella, el desasosiego por saber que en la noche regresaría a la casa y que él no tenía un motivo para acercarse a verla no lo dejaba estar en paz.
Estaba en la piscina con Dante, su mejor forma de relajarse siempre había sido jugar con su hijo para olvidar los problemas, pero esta vez no iba bien la cosa con lo de olvidar, sobre todo porque el pequeño hablaba de la chica constantemente recordándole de esa forma que estaba cada vez más loco por verla y eso le dio una idea.
¿Sería muy sinvergüenza de su parte utilizar a su hijo para llegar hasta la chica? Ella solamente se rendía frente al pequeño y eso lo podría usar para llegar más rápido a su meta. No, el era un mafioso, que más sinvergüenza se podía ser en esta vida, además, el fin justifica los medio.
- Dante- le dijo al pequeño y este dejó de jugar para mirarlo- El pelo de Lía ¿Te gusta mucho?- el niño asintió varias veces muy feliz- ¿Y por qué te gusta tanto?
- Es muy suave, y huele muy rico, siempre me da sueño si lo toco. - el padre sintió un poco de celos del niño y de los beneficios que tenía con la chica.
- ¿Y no quisieras que lo tuviera siempre suelto para poder tocarlo cuando lo desees?- el niño volvió a asentir varias veces.
- Pero ella siempre lo guarda para que nadie lo vea.- le dijo con tristeza.
- Pero puedes hacer algo, que te parece si le pides que no se ponga otra vez el velo.
- ¿Qué es el velo?- preguntó con inocencia.
- El velo es ese pañuelo que ella se pone para que no vean su pelo.- le explicó- Puedes pedirle que no lo ponga más y así vas a poder ver su pelo siempre, y cuando le pidas si te deja tocarlo no tendrás que esperar a que lo destape, ella te quiere mucho y cuando una persona quiere mucho a otra lo complace en todo, así que si tú se lo pides ella no se lo va a poner más.
- Siii- gritó el niño y comenzó a dar saltos en el agua y a salpicar hacia todos lados y el padre se sintió satisfecho, ahora tendría otro aliado en su lucha, y este era el más sincero de todos.
Massimo estaba jugando sucio y lo sabía bien, pero él necesitaba verle su pelo y de ser posible tocarlo, si lograba hacer eso sería como alcanzar una paz que había perdido mucho tiempo atrás, no entendía el porqué de la obsesión que había desarrollado tan rápido con aquella mujer, sí, su pelo era parecido al de Martina, pero no había nada más de una chica en la otra, sin embargo él la necesitaba, quizás fuera el simple hecho de saber que no había nadie que estuviera más lejos de su alcance que ella o que para llegar a poseerla iba a tener que sortear muchas pruebas, no sabía cuál de las razones sería pero lo cierto era que ella no salía de su mente ni un instante.
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Comments
Vane
esperen yo llegue hasta no me odies ,después sigue esta o hay otra por los comentarios creo que si
2024-11-27
1
Topacio
y paso con Martina?? me gustaba esa historia,pero si la monja se enamora de Massimo y todavía está confundido, no me va a gustar ver sufrir a la monjita!!
2024-06-21
4
Eri Cruz
jajajaja 🤣🤣🤣 la inocencia de Dante 🤣🤣🤣
2024-04-30
1