¿Señor Costa?- dijo extrañada Lía al ver al hombre entrar a su consulta antes de que ella comenzara con los primeros pacientes del día- Si llega a decirme que necesitaba de mis servicios de médico no habría tenido necesidad de venir hasta aquí, lo de usted se resuelve con una simple bolsa de hielo puesta en el lugar adecuado.- se burló de él recordándole el golpe que le propinó y vio lo que provocó en el hombre cuando notó como apretaba los puños.
- Jajajajajaja, muy graciosa señorita.- quiso restarle importancia.
- No me llame señorita, se que mucha gente lo hace pensando que es algo de respeto pero no me gusta, dígame solamente Lía. - y ya la voz de ella no era la misma al escuchar como la llamó.
- Si me dices Massimo y no señor Costa prometo no volverte a decir señorita. - le hizo él un trueque.
- Es diferente, yo soy su empleada.- justificó ella la forma de hablarle.
- No te importó mucho ser mi empleada el martes en mi despacho cuando me pegaste.- dejó él en claro que su justificación no le valía.
- Usted se lo buscó así que no voy a disculparme.
- Y yo no quiero que lo hagas, por el contrario, yo soy el que vino a disculparse. - ella se recostó en su asiento detrás de el escritorio, nunca esperó una disculpa del hombre- No voy a justificarme por lo que intenté hacer, solamente disculparme y pedirte tu comprensión para comenzar de nuevo desde cero.
- No voy a negar que me deja usted asombrada, no pensé que fuera a disculparse. - le dijo sin preocuparse por esconder su sorpresa.
- ¿Tan mala impresión dejé en ti?
- Quizás es la mala impresión que han dejado otros como usted.- le dijo y él no supo si hablaba de los que han intentado besarla o de otros mafiosos que haya conocido.
- ¿Has conocido a muchos como yo?
- Conocer como conocer, muy pocos, la mayoría huye despavorido de mi lado cuando se dan cuenta de que la inocente monja pega como un estibador del puerto.- ambos sonrieron con aquella comparación que tuvo y a el hombre le pareció que tenía una sonrisa preciosa, y se dio cuenta de que no se parecía en nada a aquella que le había mostrado cuando quiso obligarla a que se quitara el velo.
- ¿Y los que no huyeron?- quiso saber un poco más de ella.
- Unos pocos se disculparon y terminamos en buenos términos el resto del tiempo que compartimos carrera y los otros me siguieron mirando con resentimiento hasta el final, y estoy segura de que si los vuelvo a encontrar me mirarían igual, dejando a un lado la modestia, me gradué con muy buenas calificaciones, fui una de las mejores en mi curso, y que una monja te golpeé la entrepierna y el ego no deja buen sabor de boca.- la sonrisa no se quitaba de la cara de aquellos dos mientras hablaban.
- Lo de ser una de las mejores me lo imagino, si no, no estarías trabajando en esta clínica y con una consulta en exclusividad.
- Lo de trabajar aquí me lo gané con mi esfuerzo como usted se imagina, pero lo de la consulta en exclusividad es otra historia, yo hace un tiempo soy la dueña de la mitad de esta clínica - y esa información hizo que el hombre levantara una ceja mostrando su asombro- Y la atención que doy aquí los sábados sale de mi bolsillo, si no fuera de esa manera los otros socios no lo permitirían, el diagnóstico y tratamiento de los pacientes que veo aquí es costoso y se hace totalmente gratis sea hijo de quién sea el niño que esté allí donde usted está ahora. - y en ese momento la sonrisa que tenía Massimo pasó a ser de incredulidad, no podía creer que todavía existiera gente así, aquello no era ayudar, era dar mucho, y tuvo que hacer un esfuerzo para no sentirse culpable de su plan de acercarse a ella para poder conquistarla costara lo que costara.
- Vaya, me deja sin palabras.
- No se preocupe, no espero que diga nada, ni usted ni nadie, no pretendo hacer de esto una nominación al premio Nobel ni mucho menos, se lo he dicho por decirlo, y espero que no ande usted por ahí propagándolo.
- No se preocupe, será nuestro secreto, y espero que no sea el único.- le guiñó un ojo y ella no tuvo ninguna expresión para con el gesto.
- Señor Costa- le dijo.
- Massimo- la interrumpió para recordarle como le había pedido que lo llamara.
- Massimo- le dijo y a él le pareció que su nombre dicho por ella era como un canto en sus oídos y en un momento se la imaginó gimiendo mientras lo repetía una y otra vez- Señor Costa- volver a escuchar su apellido lo despertó de el corto sueño que tuvo- Creo que se perdió usted en algo.
- Sí, sí, pero ya estoy aquí otra vez y te vuelvo a pedir que me llames por mi nombre.
- Está bien, Massimo, creo que ya es hora de que te vayas, mis pacientes empezarán a llegar dentro de poco y todavía no tengo algunas cosas que necesito.
- ¿Puedo invitarte a comer?- le pidió mientras se levantaba de la cómoda silla en la que estaba sentado- Como una ofrenda de paz, así hablamos un poco más, nos conocemos y te das cuenta de que lo que hice fue un error.
- Lo siento, siempre como aquí mismo con la enfermera que me ayuda, la clínica se encarga de traernos un menú.
- No tengo problemas en comer aquí y puedo traer algo para la enfermera también y así no comen el menú insípido de la clínica, prometo que lo que traeré estará mejor.- ella lo miró un momento como si estuviera dudando.
- Está bien, ya veo que usted se vuelve muy insistente y necesito que se vaya.- el hombre sonrió triunfal.
- ¿Tienes alguna preferencia? Traeré lo que quieras.
- No, puede escoger usted.
- No te vas a arrepentir, tengo muy buen gusto.- le dijo con una gran sonrisa y salió de la consulta con un solo pensamiento, su plan ya estaba en marcha, solamente tenía que meterse en su vida y convencerla para que lo dejara ir más allá y para eso tenía que lograr que ella confiara en él y ya estaba dando los primeros pasos.
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Comments
Alcenia Acosta
Ojalá se enamoren pero el tiene que sincerarse con ella y decirle que es un mafioso
2024-09-05
1
Laura Puente
jajaja 🤭 !!
el aplica de dicho.
el que persevera... alcanza!! 👍
2024-05-29
5
Maigualida Ramirez
jajajaja qué hombre
2024-03-13
3