Once

Tres días habían pasado desde el incidente entre Lía y Massimo y ellos no se habían vuelto a ver, o por lo menos él no la había vuelto a ver, pero no era que le extrañara pues en tres meses no la había encontrado por la casa nunca, aunque sí estaba enterado de que ella estaba allí.

Massimo sabía que tenía que disculparse con la chica, pero primero quería calmar las ansias que sentía cada vez que pensaba en ella o miraba aquella fotografía que tenía en su teléfono, no quería volver a equivocarse y que esta vez Alessio no pudiera convencerla para que se quedara, además tenía que pensar en las palabras adecuadas a decir sin ofenderla, él no se iba a dar por vencido con ella y dejarla escapar, no le importaba si era monja o lo que fuera, ella terminaría en su cama por todo el tiempo que pudiera estirar su salida de la casa, y después podía irse a África o a la luna si quería, él solamente tenía que ser paciente.

Era viernes, sabía que ella se iría el sábado muy temprano, así que o tomaba una oportunidad en ese día o se iba a tener que aguantar hasta el lunes.

Estaba sentado en su cama, recostado al cabecero de esta pensando en que momento la vería,  se sentía cansado, el hombre hacía mucho tiempo que dormía poco en las noches y aunque no se levantaba de la cama aún estando despierto, solamente descansaba a intervalos, y todo había ido a peor desde el martes, incluso los momentos que había logrado dormir ella había estado presente y le daba rabia, ni en sus sueños se quitaba aquel maldito velo que no lo dejaba admirar su pelo.

Entonces tuvo una idea, dejaría la conversación pendiente que tenían para el sábado,  cuando ella saliera de la casa la seguiría hasta donde fuera que trabajaba, Alessio le había dicho que un guardia se encargaba de llevarla hasta la clínica donde hacía la consulta así que en caso de que vieran un auto seguirlos se daría cuenta de que era el suyo, y nada más que ella tuviera un instante sin pacientes le diría lo que había pensado decirle y no podría armar un escándalo, tendría que escucharlo.

El hombre dejó que ella fuera un fantasma en la casa un día más,  después de la conversación que tendrían ella lo vería hasta el cansancio, iba a aparecer en la casa a cualquiera hora y por cualquier motivo y le demostraría que de él no huye nadie sin que él lo encuentre.

El sábado se levantó bien temprano, eran cerca de las cinco de la madrugada cuando bajó con mucho sigilo hasta la cocina y no llegó a entrar cuando escuchó a alguien dentro y con cuidado deslizó la puerta para verla a ella, le pareció que ya estaba vestida para salir, llevaba la misma ropa de siempre y aquello en la cabeza e iba de un lado a otro de la cocina preparando algo que por el olor que despedía él supo que eran las tortitas que tanto le gustaban, y maldijo a Bea por hacerle creer que las hacía ella, si llega a saber que Lía era quién las preparaba la habría conocido antes, aunque sea por matar la curiosidad de saber sobre la persona que hacía aquella delicia.

No llegaba a las seis cuando ella tomó el bolso que estaba en una silla y salió a la entrada de la casa con un pequeño recipiente de plástico en las manos y él vio como se lo entregaba al guardia que la llevaría hasta la clínica y el hombre le agradeció de mil formas antes de entrar los dos al auto, allí estaba seguro que iban algunas de sus tortitas, le estaba dando a otro la comida que preparaba y los celos se lo comieron, aquellas tortitas eran solamente de él y bueno de Alessio porque aunque le prohibiera que las comiera él no le haría caso, pero de nadie más.

El camino a la clínica no fue muy largo, cuando llegaron pudo darse cuenta que era una de las más caras y prestigiosas en cuanto a métodos y a resultados, así que pensó que mala doctora no podría ser si trabajaba allí,  lo que no lograba entender era el porqué solamente los fines de semana, la vio bajar del auto y dirigirse a la entrada, pero antes de hacerlo se desvío a otro edificio que estaba al lado y entro y por supuesto él la siguió.

No tuvo que llegar a entrar tras ella para saber que era aquel lugar, una capilla, llegó hasta la puerta y notó cuanta luz había dentro y la vio agachada en la parte delantera, y se quedó allí solamente viéndola desde lejos.

- ¿Necesita ayuda?- le preguntó un cura bastante mayor que no supo en que momento llegó a su lado- Puede entrar si lo desea.- le ofreció.

- No, gracias- le contestó sin dejar de mirar a Lía, la última vez que había entrado a algo que tuviera que ver con una iglesia fue para el funeral de su sobrina y se fue de allí tan enfadado con Dios que le dijo que no esperara verlo nunca más por su casa.

- Sabe una cosa, Dios nos da regalos a lo largo de nuestras vidas, regalos por los que nos cobra.- el hombre le habló mirando también a Lía.

- Es el primero de ustedes que escucho con ese discurso, siempre dicen que él lo da todo sin pedir nada a cambio.- le rebatió sus palabras.

- No, él siempre pide algo de nosotros- le explicó- Que recibamos su regalo y lo amemos como nos amamos a nosotros mismo ya es pedir algo no crees, y cuando él ve que su regalo no es cuidado como él espera, simplemente lo quita de nuestro camino y lo deja para otro, o para si mismo.- Massimo dejó de mirar a la chica y puso los ojos en el hombre.

- ¿De qué me habla?

- De la vida, y de Dios, y de los hombres, tú escoge de cuál de ellos quieres hablar.

- Lo siento, no le entiendo y es mejor que me vaya.- le dijo cuando notó por el rabillo del ojo que Lía se levantaba y salió para ir directamente a su auto antes de que ella notara su presencia.

- Padre Arsenio- lo saludó la joven al llegar a él con mucha alegría, era uno de los curas más viejos que conocía y conversar con él siempre era una bendición para ella, por él había llegado hasta la clínica y había invertido la mayoría de su herencia allí,  por eso le permitían dar aquella consulta gratis a todo el que la necesitara, sin importar si podía pagarla o no, los gastos salían de parte de sus ganancias y de algunos de los ricos que recibían el servicio gratis y consideraban que podían ayudar a otros después.

- Querida- le tomó las manos- Me alegra mucho verte cada fin de semana por aquí.

- A mi también me alegra mucho verlo, ¿pero qué está haciendo en la puerta?

- Ayudar a alguien,  la gente cada día está más perdida en este mundo y siempre intenta nadar en contra de la corriente sin darse cuenta de que su camino ya está escrito, tú solo eliges la forma de andar y con quién.

- Cuanta sabiduría,  ojalá algún día yo pueda ser como usted.

- Lo serás hija,  lo serás.

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Comments

Jessica Flores

Jessica Flores

Exactamente 💚 🕯️ 🧹 🌻

2024-10-30

1

Valentina Rocha

Valentina Rocha

wow, ese es su secreto!

2024-04-14

5

Valentina Rocha

Valentina Rocha

jajaja, eres un tonto, pero me matas de ternura!

2024-04-14

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