A la mañana siguiente, Alicia estaba de pie en la playa, observando el vaivén de las olas en el horizonte. La brisa marina le acariciaba el rostro, y el sonido del mar resonaba en sus oídos. Aunque la playa estaba repleta de gente disfrutando del sol y la arena, Alicia se sentía incómoda y decidía retroceder hacia la orilla.
De repente, en medio de la animada playa, Alicia sintió el impacto de algo sólido y cálido. El choque la tomó por sorpresa, y su cuerpo dio un paso atrás instintivamente. Cuando finalmente reunió el coraje para girar la cabeza y enfrentar lo que había causado la colisión, se encontró cara a cara con figuras familiares: Bety, Laura, Jony y Ben. La sorpresa inicial la hizo retroceder aún más, pero antes de que pudiera escapar, sus amigos la sujetaron con firmeza.
La realidad comenzó a desmoronarse a su alrededor, y las lágrimas llenaron sus ojos mientras la confusión y el temor se apoderaban de ella. Alicia cerró los ojos con fuerza, con la esperanza de que todo lo que estaba viendo fuera simplemente una ilusión, un capricho de su mente perturbada. Pero cuando finalmente abrió los ojos de nuevo, la incredulidad la golpeó como una ola.
De repente, se encontraba de nuevo en el pasado, en esa etapa de su vida en la que tenía 17 años. Estaba parada dentro de la casa en la playa, un lugar que había compartido con sus amigos durante innumerables momentos felices. El entorno era vívido y realista, cada detalle de la casa y la playa estaba intacto, como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento específico de su juventud.
Las emociones se agolparon en el corazón de Alicia mientras miraba a su alrededor. Sus amigos, que ahora parecían más jóvenes de lo que habían estado en años, la miraban con sonrisas familiares. La voz de Ben trató de calmarla: "No te preocupes, Alicia, todo está bien. Fue solo un mal sueño". Sin embargo, Alicia no podía deshacerse de la sensación de que algo estaba terriblemente mal, que esta reaparición de su pasado no podía ser simplemente un sueño.
La confusión y la incredulidad se apoderaron de Alicia mientras miraba a su alrededor. Bety la miró con una sonrisa traviesa y le dijo: "Ni que hubieras visto un fantasma, te quedaste dormida. ¿Estás bien? Tuve una pesadilla". Aunque las palabras de Bety parecían tranquilizadoras, Alicia no podía evitar sentir que algo estaba terriblemente mal.
Alicia seguía sin entender lo que estaba sucediendo. Miró a sus amigos, todos con la misma apariencia que tenían en su juventud. Ben, siempre el tranquilo, trató de calmarla. "No te preocupes, Alicia, todo está bien. Fue solo un mal sueño". Pero Alicia no podía quitarse la sensación de que algo no encajaba.
En ese momento crucial, Bety emergió en la escena, sosteniendo el ominoso libro que habían utilizado anteriormente. Su presencia parecía aún más inquietante en este extraño contexto. Con una sonrisa perturbadora en su rostro, pronunció las palabras que resonaron en los oídos de Alicia como un eco siniestro: "Te dijimos que no ibas a escapar". Cada sílaba de esa frase la envolvió en un aura de temor y desesperación, como si estuviera atrapada en un ciclo interminable de pesadillas.
Alicia se sintió como si estuviera siendo arrastrada hacia un abismo oscuro y aterrador. De repente, el entorno cambió drásticamente, y se encontró en un lugar que era completamente opuesto a la playa soleada en la que había estado momentos antes. La oscuridad lo dominaba todo, y el aire era escaso y asfixiante. La sensación de claustrofobia la envolvió con fuerza, apretando su pecho y haciéndola sentir atrapada en las sombras.
Desorientada y luchando por respirar, Alicia comenzó a tocar a su alrededor en busca de una salida. Sus manos temblaban y sus dedos se encontraron con algo que le resultaba dolorosamente familiar. Era el mismo libro que había aparecido misteriosamente en su vida en el pasado. Lo agarró con urgencia, sintiendo su textura rugosa y ominosa bajo sus dedos.
Mientras el pánico se apoderaba de ella, Alicia no pudo resistirse a abrir el libro. Las páginas parecían cobrar vida propia, revelando un lienzo en blanco ante ella. Con las manos temblorosas y el corazón latiendo con fuerza, comenzó a escribir en el papel con letras torpes y desesperadas: "Deseo salir de aquí".
Cada palabra que trazaba en el papel era una súplica, un grito silencioso por escapar de la pesadilla que la envolvía. La tinta parecía fundirse con el papel en un acto de magia oscura. La desesperación de Alicia se intensificó mientras el tiempo parecía detenerse en ese oscuro abismo. La pregunta que la atormentaba era si su deseo tendría el poder de liberarla de este tormento o si solo la sumergiría aún más en la espiral de pesadillas que había experimentado desde su regreso a su ciudad natal.
A las pocas horas, en un cuarto que irradiaba esterilidad y luminosidad blanca, Alicia recobró la conciencia. Su mente estaba en un torbellino, tratando de procesar lo que había experimentado en el oscuro abismo del que había intentado escapar. La confusión y el miedo la embargaron mientras miraba a su alrededor, buscando desesperadamente alguna pista que le diera sentido a su situación.
Las paredes blancas y la puerta cerrada con llave que tenía ante ella no ofrecían ninguna respuesta. Estaba atrapada en este espacio desconocido y claustrofóbico, sin entender cómo había llegado allí ni por qué. Sus pensamientos se convirtieron en un enigma sin resolver mientras intentaba recordar los eventos previos a su llegada a ese lugar.
En ese momento, la puerta se abrió y un hombre vestido con una bata de médico entró en la habitación con una sonrisa amable en el rostro. Su presencia solo aumentó la confusión de Alicia, quien lo miró con una mezcla de desconfianza y temor. "Hola, Alicia", saludó el médico con voz serena. "¿Cómo te sientes?".
Alicia, con la voz temblorosa, no pudo evitar preguntar: "¿Quién es usted? ¿Dónde estoy?". La respuesta del médico fue tranquila y cuidadosa, como si estuviera acostumbrado a lidiar con situaciones similares. "Recuerda, estás en el hospital psiquiátrico. Estás aquí para recibir ayuda", explicó con calma, como si eso fuera suficiente para disipar las preocupaciones y preguntas que inundaban la mente de Alicia.
Sin embargo, para Alicia, estas palabras solo aumentaron su confusión. ¿Cómo había llegado al hospital psiquiátrico? ¿Por qué necesitaba ayuda psiquiátrica? No recordaba haber estado allí antes, y la sensación de que algo incomprensible estaba sucediendo la atormentaba.
Las palabras del médico resonaron en la mente de Alicia como un eco inquietante. "Pero yo no estoy loca", protestó con desesperación. El miedo y la incertidumbre se apoderaban de ella a medida que luchaba por comprender por qué había sido llevada al hospital psiquiátrico. La idea de que la consideraran mentalmente inestable era aterradora y confusa para Alicia, quien había vivido una vida relativamente normal hasta ese momento.
El médico trató de tranquilizarla, explicándole que estaba allí debido a sus episodios de confusión y alucinaciones. Le aseguró que el hospital era el lugar adecuado para recibir tratamiento y ayuda. Sin embargo, para Alicia, esta explicación no era suficiente. Las preguntas seguían girando en su cabeza: ¿qué la había llevado a experimentar esos episodios? ¿Por qué no podía recordar su llegada al hospital?
Mientras intentaba luchar contra la inquietud que la embargaba, un enfermero entró en la habitación con una jeringa en la mano. Sin previo aviso, administró una inyección a Alicia para calmarla. El efecto del medicamento se apoderó de ella rápidamente, haciendo que sus pensamientos se volvieran confusos y borrosos. La voz del médico se desvaneció en la distancia mientras Alicia caía en un sueño profundo, atrapada en un mundo de incertidumbre y misterio.
Alicia se despertó, aún desorientada por la experiencia que acababa de vivir. Miró a su alrededor, sintiendo una mezcla de alivio y miedo. Sabía que algo extraño y sobrenatural estaba ocurriendo, algo que iba más allá de su comprensión.
El médico estaba junto a su cama, observándola con interés. "¿Qué has visto, Alicia?", preguntó con un tono intrigado. "¿Qué experimentaste en ese lugar oscuro?". Alicia, aún confundida y aterrorizada, no sabía cómo responder. No podía distinguir entre la realidad y los sueños que la habían atrapado.
El médico continuó hablando, mencionando que Alicia había estado bajo tratamiento debido a la creencia de que ella había matado a sus amigos: Bety, Laura, Jony y Ben. Alicia no podía entender cómo podía ser acusada de algo tan atroz. Ella sabía que nunca podría hacerle daño a sus amigos, pero la confusión y la incertidumbre la atormentaban.
Mientras el médico hablaba de su supuesta implicación en la muerte de sus amigos, una sensación de impotencia y desesperación la envolvió. ¿Cómo podía demostrar su inocencia cuando todo lo que había experimentado parecía sacado de un sueño o una pesadilla?
Alicia se sentía atrapada entre los sueños y la realidad, sin saber en quién o en qué confiar. La línea entre lo que era verdadero y lo que era ilusorio se desdibujaba cada vez más, y Alicia se encontraba en un torbellino de confusión y miedo.
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